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Tartufo contra la piratería de programas Roberto Hernández Montoya Lunes, 16 de julio de 2001
¿Quién compra programas legales? ¿Tú? No estoy promoviendo la piratería, dicho sea antes de que me acusen de apología del delito, de instigación a delinquir y de ser más malo que Montesinos. Ya lo hacen los vendedores de programas legales, así que no necesitan de mi débil ayuda. El usuario común compra su computadora y si acaso el único software legal que usa es el que viene con ella, sistema operativo, algunos programas de promoción o de demostración y ya. Lo demás es pirata. O se los compra a un bucanero o los recibe de algún conocido. Las copias son idénticas a los originales. Se compra o copia sin el más módico problema de conciencia. De modo que la advertencia moral, amigos publicistas, no sirve para disuadir al usuario, aún menos al pirata mismo y todavía menos al comercializador de programas legales. Apenas el usuario usa el programa va encontrando sabia su decisión de piratear. El programa tiene fallas graves, es difícil de comprender, produce crashes, no siempre hace lo que se espera, tiene incompatibilidades con el sistema operativo, colide con otros programas, no está optimizado, cada nueva actualización es más grande y lenta que la anterior, viene con nuevos problemas y añade pocas ventajas que valgan la pena. Lo peor es que entregan programas inacabados de modo que el público honesto paga para trabajar como beta tester, o sea, como examinador de versiones de prueba. Conozco las rabietas que se cogen cuando pasa solo una de estas cosas luego de pagar cientos de dólares. Hay mil modos de inflar el precio: caja y manual suntuosos y mil miriñaques que justifican un costo alto. Muchos programas se podrían vender por Internet a costo bajísimo. Ya pasa con algunos, pero a costo altísimo. Eso ha hecho proliferar la venta mediante el sistema de programas compartidos (shareware): lo encuentras en Internet, ponle, lo instalas, lo usas, si te sirve lo pagas; si no, lo borras. En los Estados Unidos, donde el capitalismo tiene las ventajas de que carece en Venezuela, muchos comercios te venden el programa a prueba. Si no te sirve ni te gusta te devuelven tu dinero. Pensar que hay modos sencillísimos y altamente lucrativos de acabar con la piratería y que tendrían la eficacia que no tiene ni puede tener la policía. Lo diré sin ánimo alarmista: ¿sabes de algún país donde la policía haya erradicado la piratería de lo que sea? El único modo es dar razones para que el usuario no necesite piratear. El mercado chino, por ejemplo, está esperando. Es igual con la pareja: es imposible evitar con vigilancia su infidelidad si quiere cometerla (me estoy copiando de Balzac): darle razones para no ser infiel, como, por ejemplo, que cada noche tenga su menú. Lo que debes hacer es reducir las probabilidades cultivando tus propios atractivos. Eso mismo puede y debe hacer la industria del software. Sugiero algunas ideas bien sencillas, porque tampoco es que soy un genio:
Hay programas tan buenos que uno los compra solo para premiar al productor y estimularlo a seguirlo haciendo y mejorando. Ningún corsario tendrá palabras para persuadirte de jugar sucio a quien te juega limpio. Larga vida a esos programadores. Son los únicos adversarios que los piratas temen. Exprese su opinión |
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César Manzano
Iván R. Méndez
Manuel Valencia |
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