Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Breve recuento histórico: aquellos polvos, estos lodos

Edgard J. González

Lunes, 6 de agosto de 2012

Chávez la tuvo fácil en 1998, el sistema había colapsado a tal extremo que lo puso a competir con tres candidatos que eran lo más representativo del deterioro de los partidos AD y COPEI







   Foto: Google
De la dictadura militar a la naciente Democracia. AD y COPEI se habían turnado para gobernar desde 1959, atravesando dos etapas plenamente diferenciadas. La etapa de los tres primeros quinquenios, con tres presidentes de mucho prestigio, que supieron estar a la altura de las circunstancias sociales, políticas y económicas que cada uno debió enfrentar; Rómulo Betancourt (1959-1964) encontró las arcas vacías (los principales vicios de la dictadura perezjimenista fueron el Peculado y la feroz represión de la disidencia, que incluyó torturas y asesinatos de opositores), y durante su período hubo alzamientos militares de los reducidos focos que permanecían afectos a la dictadura militar (Nov 1948- Ene 1958), y también surge la subversión armada, rural y urbana, inspirada (y patrocinada) por la “revolución” cubana, desde antes de huir de Cuba el dictador Fulgencio Batista (1º Ene 1959), con la excusa de la exclusión del PCV (del Pacto de Punto Fijo, que no era el pueblo en Paraguaná, sino el nombre de la casa de Caldera, donde firmaron ese acuerdo AD, COPEI y URD), y de los “cabezas calientes”, que conformaban la extrema izquierda en AD, que crearon el MIR, y con el PCV constituyeron las guerrillas venezolanas. Optaron por el atajo violento, en lugar de mantenerse dentro de los parámetros civilizados y competir democráticamente por el respaldo mayoritario. Betancourt debió resolver problemas en tres frentes, el económico, el político y el social. En lo económico busca simultáneamente reducir la absoluta dependencia del país respecto del petróleo, por ello devalúa la moneda de 3,35 a 4,50 para estimular la producción nacional de otros rubros, tanto agrícolas como industriales, creando Pro-Venezuela e incentivando a las empresas privadas para combatir las elevadas importaciones. Las medidas dieron ciertos resultados a corto plazo, y revaluaron a 4,30 el bolívar (la única vez que se ha cotizado positivamente luego de una devaluación). En el país aumentaron: el empleo, las vías de comunicación, las Escuelas, Liceos, Universidades, los Hospitales, las Medicaturas rurales y, modestamente, las Reservas del Tesoro.

En lo político, durante casi todo su quinquenio debieron enfrentar los ataques armados, los secuestros y atracos, organizados por los diversos grupos enguerrillados, lo que distraía una importante porción del presupuesto, el tiempo, y el esfuerzo de los empleados del Estado, que hubieran podido dedicarse a labores productivas, sin la constante amenaza de los que buscaban imponerse por la vía de la violencia. En lo social, las migraciones internas tuvieron un nuevo incentivo a raíz de la caída de la dictadura perezjimenista (como antes, al comenzar la era petrolera de 1914 a 1920, y a la muerte de Gómez en 1935), y grandes oleadas de población de los espacios rurales se dirigen a las grandes ciudades, con especial énfasis en Caracas, para consolidar la condición Urbana de la Población de Venezuela, que ya había llegado al 50 % en 1950. Los barrios marginales fueron invadiendo primero espacios periféricos de las ciudades, luego ocuparon espacios relativamente céntricos, hasta depredar las montañas, que dejaron de ser zonas verdes para convertirse en zonas rojas, conflictivas y en creciente demanda de urgentes soluciones.

El gobierno de Raúl Leoni (1964-1969) heredó los tres grandes problemas, aunque ya en lo político y en lo económico su predecesor había logrado satisfactorios avances, con la guerrilla procastrista reducida a focos cuantitativa y cualitativamente menos peligrosos, la diversificación de la economía había logrado crear cientos de empresas cuyos productos competían con los importados y, más importante aun, generaban empleos productivos y permanentes, lo que a su vez incentivaba la construcción de miles de viviendas, para dar respuesta a las necesidades de las miles de familias pobres que mejoraban su condición socioeconómica, y pasaban a engrosar la clase media, dentro de la cual también ocurría la movilidad social, que llevaba a muchos de los niveles bajos a los medios y altos, resultado de la prosperidad de un país donde los egresados de las Escuelas Técnicas, Normales, y las Universidades encontraban un mercado laboral abierto que requería de sus servicios, en las Instituciones Educacionales, en los Hospitales y Clínicas, en la agroindustria, en la extensa gama de empresas públicas y privadas que se multiplicaba en el país.

Rafael Caldera en su primer gobierno (1969-1974) recibió una economía saneada, mantuvo los lineamientos básicos anteriores, formalizó la “pacificación” que derivó de la derrota contundente que sufrieron los grupúsculos que tercamente seguían alzados en armas, la mayoría se reintegró a sus familias y a la sociedad. En líneas generales, esos tres primeros gobiernos tuvieron que trabajar con las uñas, aumentaron la infraestructura, educativa, hospitalaria, comunicacional, estimularon las inversiones extranjeras y la creación de miles de pequeñas y medianas empresas, que a su vez dieron empleo y mejoraron las condiciones de cientos de miles de venezolanos. Pero no enfrentaron el grave problema de la población marginal, que seguía creciendo sin límites, invadiendo espacios, y generando problemas de hacinamiento, promiscuidad, desempleo y subempleo, tráfico y consumo de drogas, delincuencia. En realidad, ninguno de los gobiernos que hemos tenido los venezolanos se atrevió a enfrentar y tratar de resolver el problema de la Marginalidad, por lo que ésta creció hasta alcanzar dimensiones que representan una amenaza constante para el funcionamiento idóneo de cualquier Sociedad, con el agravante de que el régimen militar que sistemáticamente se ha dedicado a destruir al país, (1999-2012), ha estimulado el crecimiento de la marginalidad y utiliza a una mayoritaria porción de ese gran segmento, como su respaldo esencial, tanto en lo cuantitativo (apoyos electorales) como en lo cualitativo (aumento de la delincuencia en todas sus expresiones, como parte del “proceso de destrucción de la vieja sociedad”, que es fundamental en la concepción marxistoide, del esquema anacrónico y fracasado que pretenden imponer).

Los gobiernos de Carlos Andrés Pérez (1974-1979), Luis Herrera Campins (1979-1984), Jaime Lusinchi (1984-1989), CAP II (1989-1993), Ramón J. Velásquez (1993-1994), Caldera II (1994-1999), fueron paulatinamente alejándose de la praxis responsable hasta escorar en dinámicas cada vez más interesadas en repartir dádivas, ganar adeptos para mantener el respaldo electoral, sin ser ello reflejo de un correspondiente aumento en la calidad y cantidad de las obras realizadas. URD había desaparecido, AD y COPEI estaban convertidas en carapachos donde frenaban a la generación de relevo, la viveza y el oportunismo substituían a la preparación y el trabajo permanente, agencias del clientelismo donde no había lugar para el Debate y la actualización. Los grandes partidos se fosilizaron, el país se estancó, las zancadillas fueron desplazando a los méritos, a la época de los profesionales mejor preparados, llamados a ocupar los cargos más exigentes, le sucedió la era de las amantes más ambiciosas, y de Pérez Alfonzo -creador de la OPEP- y Sucre Figarella -súperministro de Obras Públicas- descendimos a Blanca Ibáñez y Cecilia Matos, con el imprescindible círculo de adulancia y corrupción en torno a ellas y sus complacientes machos con poder. Velásquez ocupó un breve período de transición, sin avances ni transformaciones, y Caldera sentó un dañino precedente, al demostrar que se puede retornar a la Presidencia traicionando al partido que se fundó, a los principios que hasta entonces se defendieron, aprovechando las absurdas simpatías que el sangriento golpe militar del 4 de febrero del 92 suscitó, discurseando con absoluta demagogia para ponerse a la cabeza de la antipolítica que agreste florecía, liderando al “chiripero” para abonarle el camino al demagogo que, con su injustificado sobreseimiento (pudo indultarlo, pero eso cancelaba los planes del ahijado barinés), vendría a cosechar los frutos de la pésima siembra de desconfianza en la Democracia, que sin dudas es el peor de los sistemas, si eliminamos todos los demás.

Ganar indulgencias con escapularios ajenos. En 1998 era evidente el desgaste del bipartidismo, la presunta antipolítica tomaba cuerpo y era fertilizada nada menos que por los cerebros mejor amueblados, los Notables, la mayoría de los intelectuales, editores, medios de comunicación, se fueron sumando a esa moda “contestataria”, iconoclasta, en apariencia reñida con todo lo que representaban los 40 años del bipartidismo, sin imaginar que lo que iba a tomar su lugar, establecería récords en todos los vicios que repudiábamos de la mal llamada “cuarta república”; Corrupción, Inseguridad, malos servicios, dependencia del petróleo, exceso de importaciones, insuficiente mantenimiento de la infraestructura, con el terrible añadido de la siembra del odio, el estímulo al parasitismo, la militarización, y el sometimiento a los intereses del menguante castrismo, derrotado entre 1960 y 1972, antipatrióticamente empoderado por sus testaferros rojos, del 2003 al 2012.

A pesar de contar con un importante y mayoritario respaldo en febrero del 99, cuando inicia el régimen chavista, y los mayores recursos que gobierno alguno haya podido disfrutar (más de UN BILLÓN DE DÓLARES, un millón de millones), la prioridad de la secta militar y sus sigüises civiles, durante estos trece años y seis meses, no ha sido el gobernar bien y para todos, sino procurar por cualquier vía mantenerse en el poder, aun a costa de violar la Constitución y los Derechos de más de la mitad de los venezolanos. Para ello ha colocado incondicionales e inescrupulosos en todos los cargos, en todos los poderes, precisamente para que la maquinaria funcione a su favor, aunque no cuente con el respaldo de la mayoría, ni sus ejecutorias sean legítimas o legales. Responde a los reclamos y denuncias, con campañas de descrédito, abusando de su control sobre la mayoría de los medios radiales, televisivos e impresos, la opinión única del híper-líder a través de las antidemocráticas e insoportables cadenas (en las cuales puede decir barbaridades, mentir, ofender, descalificar, y está inmune a cuestionamientos o sanciones), ó criminalizar la disidencia utilizando a los poderes no independientes, que controla cual monarca tropical, amenazando, multando, encarcelando, juzgando sin pruebas, haciendo de inocentes opositores, convenientes chivos expiatorios, para los delitos que él y sus cófrades cometen.

Chávez la tuvo fácil en 1998, el sistema había colapsado a tal extremo que lo puso a competir con tres candidatos que eran lo más representativo del deterioro de los partidos AD y COPEI, y la fatiga programática, cuya discusión abandonaron para hacer negocios y mantener endebles respaldos; el ex copeyano Salas Römer, el “caudillo” adeco Alfaro Ucero y la ex Miss Irene Sáez. Hoy, luego de 162 meses y algunos traspiés de la Oposición democrática, habiendo Chávez dilapidado todo ese tiempo, todos los enormes recursos así como las oportunidades que tuvo para realizar los cambios que ofreció, sin Obras qué mostrar, sólo su esquema de reparto de limosnas y humillaciones, bajo el nombre de Misiones, temeroso de caminar por los pueblos y barrios que asegura le respaldan ( a donde llega, a pesar de sus círculos de seguridad y autobusadas de seguidores trasladados, lo caceroléan, y no llena sino calles reducidas, ¡ ah mundo, quién te haya visto !). Saben, él y sus cómplices, que no cuentan ni siquiera con la lealtad de los pocos que se apretujan sobre el camión-carroza, ya la realidad se ha encargado de demostrarle que son millones los que han desertado de su proyecto cubanoide, ergo estalinista y retrógrado, y que no hay ni un opositor que se haya sumado a las huestes del chavismo, durante estos trece años y medio. Que, desesperado, tuvo que recurrir a la misión LÁSTIMA, utilizando goebbeliánamente el presunto cáncer, (a estas alturas da igual si es real o un recurso del G2 cubano para compensar por la pérdida de popularidad, que es demasiado evidente, y se hace más obvio cuando inventan unas diferencias de 15 o 20 puntos por encima del Candidato de la Unidad Democrática, Henrique Capriles, que hace rato le viene latiendo en la cueva a la lapa roja rojita). Para colmo necesita ir montado en ridícula y cómoda carroza, y terminarán, el cáncer mostrenco y las encuestas infladas, en el mismo tobo de basura, al cual irán a dar los millones de afiches del candidato del castrismo, en imagen de hace varios años, y con el falso amor que usa cada vez que se disfraza de oveja para cazar votantes, pues son pocos los que ignoran que su patria es Cuba, a cuyos dictadores sirve, los parásitos que nos hicieron daño en los años 60, y nos siguen haciendo daño desde que su agente alcanzó, con engaños, la presidencia, de la cual va a salir como corcho de limonada, por la vía que más rechaza, pacífica, democrática, ciudadana, civilizada.

"El presidente no decide quién es venezolano, pero los venezolanos sí decidimos quién es presidente". Henrique Capriles Radonski.-

carpediem1245@gmail.com

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