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Juan Pablo II, moderno y anitmoderno Luis DE LION Martes, 5 de abril de 2005
Sin duda, que la historia recordará a Juan Pablo II como un Papa fuera de lo común, de hecho, su muerte en sí misma constituye un hecho histórico. Pero al mismo, tiempo nos interrogamos en cuanto a su legado, y lo que sería el balance de su pontificado.
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Es evidente que se trató de un personaje paradójico; conservador en cuanto a temas de amplia discusión en el mundo civilizado, tales como el aborto y el matrimonio de los sacerdotes; pero al mismo tiempo moderno en cuanto al uso de los medios de comunicación. Aspectos incomprensibles, convertidos ahora en una herencia que el sucesor de Juan Pablo II deberá administrar con lucidez. Desde la elección de Juan Pablo II, se dijo que era un personaje conservador, dogmático, continuista y doctrinario. En cierto modo, son aspectos que podríamos catalogar de redundantes, ya que si Juan Pablo II fuera diferente, pues hubiera tenido que emigrar hacia otra religión. Son miles las páginas de escrituras que trazan el dogma y la doctrina de la iglesia católica, las cuales ningún Papa hasta ahora y seguramente los venideros, no han podido ni podrán cambiar, además que no está en las atribuciones papales el llevar adelante dichos cambios, en ese aspecto el grueso y pesado Código Canónico, estipula de manera clara y precisa, sin escatimar en eventuales coerciones, que el sumo pontífice que se aventure por la senda reformista podría ser removido de su altísimo cargo. Pero Juan Pablo II, estrenó un estilo papal moralmente distinto y es en ese terreno donde el sumo pontífice tenía un margen de maniobra, amén de la irrupción del mundo globalizado, el cual sin duda aprovechó al máximo convirtiéndose sin mayores inconvenientes en un papa viajero, trotamundos, excelente comunicador, publicista exitoso, héroe político, en fin un papa que desitalianizó el papado. Pero claro está, esto era la forma no el fondo. Extremadamente conservador, reaccionario para muchos, y es que Juan Pablo II en temas tales como el rol de la mujer en la iglesia, y en la sociedad en general, no tenía un ápice de modernidad. Su militante antimodernismo lo llevó a condenar de manera reiterada la homosexualidad, las uniones libres, el uso del preservativo, los métodos anticonceptivos, la medicina asistida, diabolizó el aborto, se crispó ante el protestantismo, guardó un silencio casi cómplice en cuanto a los múltiples casos de pedofilia en que estuvieron incursos sacerdotes a lo largo y ancho del mundo, pretendió inscribir al cristianismo en el preámbulo de la Constitución Europea y por último le otorgó un rol preponderante a la secta del Opus Dei. En fin una larga lista de ideas y actitudes, contrarias a las corrientes modernas de la humanidad y sin embargo Juan Pablo II era adorado por las multitudes en el mundo entero. ¿Cómo explicar tal contradicción? puede que la respuesta esté en las infinitas capacidades mediáticas de Juan Pablo II, por sus puestas en escena, envidiadas por la mejor de las estrellas del rock mundial. El comunicador más grande que el Vaticano haya tenido, el publicista que mayores beneficios en términos de imagen le produjo a la Iglesia, con sus 1300 beatificaciones y 500 canonizaciones, en 26 años de pontificado, avalancha ésta de santos que no pasó desapercibida. Pero, la Iglesia no es terreno fértil para revoluciones, sin embargo Juan Pablo II desde su llegada condenó al marxismo y al imperio soviético en general, a cambio coqueteó con el socialismo, hasta que en 1991 a través de una encíclica papal y ante múltiples evidencias, el papa reconocía los méritos del capitalismo, dejando sin efecto, las simpatías socialistas que la iglesia católica practicaba desde la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, por allá en mayo de 1891. En consecuencia, la misión de Juan Pablo II se centró en influenciar las sociedades, y no solo los gobiernos, y los políticos, salvo en Irlanda, pero por primera vez la Iglesia tenía un Papa cuya bandera no era otra que la libertad de los pueblos, y volviendo a las capacidades innatas del genio de la comunicación que fue Juan Pablo II, éste, a tales fines, hizo suyas las palabras del premio Nóbel de literatura Alejandro Soljenitsyne, “no tengan miedo”. La Iglesia y su globalidad, puede que hayan quedado marcadas para siempre, el papa deja un enorme legado moral, pero al mismo tiempo deja muchas cuentas pendientes. La tarea será cuesta arriba para su sucesor, en materia de ecumenismo, de condición sacerdotal, de liturgia, en fin asuntos internos de la propia Iglesia, y es en ese sentido interior, misterioso y secreto, en contrasentido absoluto a la mediatización y transparencia que hasta la gravedad y muerte misma del Papa fuimos testigos, comienza en los próximos días en Roma el cónclave, vital reunión de Cardenales a la cual la audiencia global no será invitada. Cónclave, perfil del nuevo Papa y humo blanco. El cónclave no es una reunión de la sociedad civil, ni tiene un espíritu meramente electoral, similar al que conocemos en determinadas sociedades democráticas. El mutismo debe regir dicho proceso, pero bien sabemos, que con mutismo no se tejen influencias, ni se hacen lobbys. Y si bien el cónclave es un acto de fe, sabemos que la fe puede ser influenciada por los intereses de determinados grupos de Cardenales. El experto periodista en temas religiosos que es el francés Jacques Duquesne no se cansa de repetir el adagio que dice que se entra Papa a un cónclave y se sale Cardenal, resumiendo así lo difícil que es anticipar el nombre del futuro Papa. Pero a través del mutismo, se filtran comentarios, quejas y opiniones, fue así como en el último cónclave se filtraron las quejas de varios Cardenales en cuanto a la falta de comodidades en la capilla Sixtina, lugar donde se escenifican los cónclaves, los Cardenales incómodamente sentados los unos sobre los otros, bajo un calor sofocante lograron que su queja trascendiera. Candidatos claro está que los hay, el Cardenal alemán Joseph Ratzinger es uno de ellos, junto a los Cardenales italianos Scola y Tettamanzi, y un gallo tapao sería el Cardenal francés Lustiger, quien a pesar de su edad, ayer dejó entrever su humilde disposición a convertirse en Papa. Otros creen que por el hecho que entre Suramérica y Africa se encuentra el mayor número de feligreses sobre el planeta, el próximo Papa debería ser originario de esa parte del mundo, como si los feligreses tuvieran derecho al voto. Ya veremos que resulta de todo esto. Por lo pronto en mas de cuatros siglos de historia, solo ha habido un Papa extranjero, se llamó Juan Pablo II, y su elección se debió en gran medida al hecho que para el cónclave de 1976 los Cardenales italianos se encontraban divididos, y en medio de la división se coló un polaco. ¿Cometerán los Cardenales italianos, los cuales siguen siendo mayoritarios, el mismo error? En la actualidad la influencia que puede ejercer el Cardenal Ratzinger es innegable, éste Cardenal alemán no solo es el decano del cuerpo actual de Cardenales, sino que era la materia gris de Juan Pablo II, lo cual lo convierte en la personalidad más influyente del Vaticano. Esos atributos no necesariamente lo convertirían automáticamente en Papa, pero si le permitirían decidir quien sería el futuro Papa, el preferido de Ratzinger, si lo tiene entre los 117 candidatos, podría muy bien ser catapultado en Papa, Ratzinger tiene todas las herramientas, sino, para influenciar la decisión final, al menos para orientar la reflexión en torno al futuro de la Iglesia y al mismo tiempo el nombre del Papa que mejor convendría para ello. Así pues, en estos días por Roma desfilarán igualmente un numero importante de Jefes de Estado, de Cancilleres y de personalidades influyentes del mundo entero, quienes además de presentar sus condolencias, en las agradables noches romanas, entre cenas y encuentros privados, igualmente se consolidarán o se destruirán influencias, circularan o se frenaran ideas, en fin habrá un particular e innegable ambiente de campaña electoral. |
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