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 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

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  Sección: Global y Social

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"Gobierno en mano" memorias (1958-1963) de Enrique Tejera Paris

Roberto J. Lovera de Sola

Sábado, 21 de noviembre de 2009

Después de lo que significó su primer libro autobiográfico La formación de un caraqueño.(Caracas: Planeta, 1994. 510 p.) era lógico esperar con todo interés la continuación de las memorias de Enrique Tejera París(1909). A sus noventa lúcidos años nos ofrece Gobierno en mano(Caracas: Libros Marcados, 2009. 366 p.) el relato de su actividad bajo el gobierno de Rómulo Betancourt(1908-1981), el primero del régimen democrático iniciado en 1958. Para hacerlo se ha saltado el tomo(1945-1958) que sigue a La formación de un caraqueño para ofrecernos el recuento de régimen betancurista(1959-1964) lo cual es acuciante viviendo el país “el oscurantismo que deteriora a Venezuela desde 1999”(p.164), ya que nos permite ver todo lo positivo que se puede hacer desde el poder en bien del país cuando este tiene una elite dispuesta a servirlo, a gobernar constructivamente. En este sentido Gobierno en mano es un libro lleno de esperanza, nos dice que ello a lo que aludimos es posible hacerlo. De hecho, en sus entre líneas, está también inserto una suerte de manual de cómo gobernar bien totalmente contrario a lo que hemos denominado(ver nuestro “Los cuatro reyes de la baraja”, El Universal, Caracas: agosto 16,1992), el antimaquiavelo criollo: que no es otra cosa que gobernar sin un proyecto ni programa, a lo que vaya saliendo. Y ello no nos lleva a ningún sitio. Tal y como no está sucediendo.

PALIQUE EN NEUVA YORK

Todo parte en Gobierno en mano de la decisiva reunión celebrada en Nueva York, en donde estaban exilados, por los lideres de nuestra democracia, Betancourt, Rafael Caldera(1916) y Jóvito Villalba(1908-1989). Estaba presente el industrial Eugenio Mendoza(1906-1979), el expresidente Eleazar López Contreras(1883-1972) e incluso el doctor Gonzalo Barrios(1902-1993), el llamado “segundo de primera”. Allí se echaron las bases del sistema que nos regiría, el cual apuntaló meses más tarde el Pacto de Punto Fijo(octubre 31,1958), así llamado porque ese era el nombre de la casa de habitación del doctor Caldera en Chacao en donde fue firmado. Esta fecha es trascendental para la historia venezolana. De ese acuerdo surgió la estabilidad política de la cual gozó el país durante cuarenta años y es mas largo régimen político que el país ha tenido porque fue más largo que el paecismo, el guzmancismo y el gomecismo.

UNA IDEA EJE

Quizá la idea eje de esta obra la encontramos en la cita que hace de Nicolás Maquiavelo(1469-1527) cuando el florentino escribió: “Nada es más difícil de hacer, o de éxito más dudoso, o más difícil de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas”(p.137).

LA ENTRAÑA

Tejera explica lo que se propuso al redactar su libro cuando anota: “ni estoy informando ni estoy historiando; apenas estoy rememorando”(p.206), “Los contemporáneos podemos ayudarnos con testimonios, con petite historie, pero no debemos pretender historiografiar”(p.9) o “Este libro ni es científico ni pretende otra cosa que reflejar recuerdos y experiencias”(p.347), aunque una seria metodología en su exposición lo preside. Aunque no hay que olvidar esta observación suya, fundamental para la comprensión de este libro: “No querían creer la realidad;  y yo mismo, tantos años después, me impuse leer y releer la documentación para no correr el peligro de fantasear. Eso sí, el gobierno que organizó Betancourt, venía preparado, teníamos metas e imaginación. Faltaba saber si además lograba ese gobierno convencer y mantenerse en el poder”(p.106).

POLITICO INTELECTUAL

El doctor Enrique Tejera París, no hay que olvidarlo, es un político activo. Pero una persona que siempre tiene tiempo para leer, para llevar el registro de lo que hacía en sus agendas, gracias a las cuales ha podido escribir sus memorias con tanta precisión. Pero siempre tuvo Tejera tiempo también para ocupar su cátedra universitaria o enseñar desde cualquier aula a quien lo necesitara. No hay que olvidarlo, es una de las buenas lecciones de Gobierno en mano, la política es una actividad intelectual, sin fundamento no puede haber acción. Ese tiempo para el estudio, que algunos creen que solaz, pues consideran erróneamente que los que leen son personas que nada tienen que hacer, también le dieron tiempo a Tejera, en los diversos cargos ejercidos en esos años para escribir sus libros(Dos elementos de gobierno, 1960; Administración pública,1962). E incluso convivir con su esposa, Josefina Coto, y los hijos de sus dos matrimonios y tener nuevos retoños con su pareja. Entre sus lecturas recalca Tejera una obligatoria para todo político venezolano(p.327): los quince tomos de la Historia contemporánea de Venezuela(1891-1915) de Francisco González Guinan(1841-1932), catorce de texto y uno, el último, de índices sabiamente compilados por don Jesús María Herrera Irigoyen(1847-1929). Para saber como fue y es Venezuela hay que leerlo línea a línea. Urge su reedición porque la última, impresa en 1954, hace medio siglo, mandada a editar sin duda por el ministro perejimenista Laureano Vallenilla Planchart(1912-1973), no sólo está agotada sino que ha desaparecido de toda circulación.

EL PROYECTO

La acción política que nos narra Tejera en Gobierno en mano es la que procede un proyecto bien estructurado, única manera de poder edificar algo sólido. “Donde no hay proyecto no hay mérito” nos enseño don Simón Rodríguez(1769-1854). De allí la singularidad de los primeros tres gobiernos de “Punto Fijo”: Betancourt, Raul Leoni(1905-1972) y Caldera.

Para entender el proyecto que comenzó a desarrollarse en 1958, y sobre todo desde el 13 de febrero de 1959, no hay que olvidar que esta dirigencia se pasó todo el exilio estudiando los problemas de Venezuela, preparándose para volver a gobernar. Betancourt el primero de todos. Caldera hizo lo mismo desde Caracas.

De allí que fueran escuchados desde el comienzo. Por ello anota Tejera al referirse a su gran contribución: el sistema de planificación: “No fue difícil convencerlos, ni a ellos, ni a los militares, que entendían perfectamente la noción de Estado Mayor y la necesidad de crear un aparato planificador en Venezuela”(p.19). Se refiere a los miembros y ministros de la Junta de Gobierno que sucedió a la dictadura, presidida primero por el contralmirante Wolfgang Larrazabal(1911-2003) y después por el doctor Edgar Sanabria(1911-1989).

EL SISTEMA DE PLANIFICACIÓN

Ya hemos señalado que la instalación del sistema de planificación fue la gran contribución de Tejera París a nuestro desarrollo contemporáneo. Lo fue por largo tiempo.

Comenzó a trabajar en este proyecto el 3 de febrero de 1958, a los diez días de la caída de la dictadura. El 21 lo tenía listo(p.16,17,19,50,51,52,53). Tuvo este sistema repercusión internacional, fue estudiado en los Estados Unidos por sus scholars, incluso tenido en cuenta en los países socialistas de la época como Polonia y Chescolovaquia. Así siempre sucede siempre con lo bien pensado por los venezolanos: en esos meses se planeó y organizó el sistema que daría estabilidad política a la democracia: el pacto de Punto Fijo, después fue el sistema de planificación, a poco lo sería la iniciativa de la OPEP. Y más tarde en el decurso del tiempo el proyecto de Luis Alberto Machado sobre la revolución de la inteligencia, que fue objeto de mofa entre nosotros y ahora lo que significa el sistema de las orquestas juveniles del maestro José Antonio Abre. Todo ello es el mejor mentis de lo que podemos hacer los venezolanos cuando nos organizamos, tenemos metas e ideales.

El sistema de planificación se basó en diez principios: “1)no era cuestión de ignorar el pasado. Esto lo que obligaba a conocer nuestra historia; 2)la inseparabilidad de la planificación y la ejecución;3) la planificación no puede ser meramente contemplativa; 4) la planificación es fundamentalmente una operación de Estado Mayor; 5)sintonizar las operaciones en curso; 6)la planificación debería ser un proceso constante:7) presupuesto-programa, que facilitaría además la inspección y comprobación de resultados; 8) que la ley autorizara al Jefe del Sistema a llamar a los funcionarios planificadores para que trabajaran temporalmente en Miraflores, porque Tejera siempre concibió la planificación como mano derecha del Presidente de la República. Así fue por mucho tiempo, cuando la sacaron de allí perdió su eficacia;9) era necesario establecer un sistema de consultas, permanente; 10) crear conciencia de la planificación mediante unas conferencias del sistema y una Escuela de Planificación…este fue el origen del Cendes que quedó deformado en su objetivo al aceptar mis sucesores las ideas del señor (Jorge) Ahumada, de la CEPAL, ‘para darle independencia’ y lo crearon y financiaron por muchos años dentro de la Universidad Central divorciándolo totalmente del acontecer del gobierno y terminando por antagonizarlo con más y más estudios y menos y menos rendimiento;11) que la comisión tendría que comprobar sus hipótesis con argumentos administrativos y económicos”(p.22-25), hemos resumido aquí esta importante iniciativa de Tejera París, a veces utilizando sus propias palabras. En verdad no fueron, como se puede leer, diez principios sino once. Y todo esto lo hizo el autor de Gobierno en mano en momentos en que el nuevo gobierno vivía en medio de la inestabilidad, en medio de las conspiraciones, tantas que una reunión de trabajo casa de Arturo Sosa(1924-1996) fue interrumpida por unos militares que fueron allá a ofrecerle la presidencia en un golpe que pensaban dar(p.25). Sosa no los tomó en cuenta, él era miembro de la Junta de Gobierno en ese momento y siguió siendo hombre de influencia en los sucesivos gobiernos. Fue quien le “sacó las patas del barro” al presidente Luis Herrera Campins(1925-2007) ante lo que fue el “viernes negro”(febrero 18,1983), reorientando la marcha de la hacienda pública.

El sistema de planificación creado por Tejera París, sin duda como ampliación y desarrollo de la Oficina de Estudios Especiales de la Presidencia de la República(1953), logró dar todo un ejemplo: enseñar que para gobernar, como escribió Augusto Mijares(1897-1979), se requiere de “valor, paciencia y constancia”(La luz y el espejo. Caracas: Ministerio de Educación, 1955,p.109). A la vez subrayó Tejera que había que insistir, sobre todo en un país donde a todos, como dice el mismo maestro Mijares, “fascinan los problemas políticos y nos fastidian los administrativos…nadie quiere la solución posible, necesariamente parcial, transitoria, de recíproco advenimiento y sujeta a rectificaciones posteriores…es porque siempre pedimos todo o nada; porque somos imaginativos y no analíticos; porque el análisis es prudente y a menudo escéptico, mientras que la imaginación es insaciable y crédula” por ello, seguimos todavía a Mijares, hay que trabajar todo “no se logra con talento…sino con conocimientos especializados y precisos…el trabajo administrativo, tanto como cualquier otro, exige estudios previos a cada paso concreto, coordinación de esfuerzos, perseverancia, dinero, tiempo”(La luz y el espejo,p.110-111). Esto que dice Mijares, que no en vano fue quien puso en acción el proyecto educativo de 1936, es lo mismo que nos ofreció Tejera con su proyecto de planificación nacional. Y ello porque, como también señala Mijares, refiriéndose al doctor Vargas, “su trabajo siempre fue igual; ese trabajo tenaz y abnegado que de días siempre idénticos forma una vida excepcional”(La luz y el espejo,p.168). Eso es lo que hay que hacer, es el único camino para Venezuela sea y vuelva a ser, superadas estas horas en donde se ha impuesto la indolencia y la impreparación, y la incultura, Venezuela sea lo que deseamos. Pero ello no se puede construir sin estudios, sin la callada labor del despacho, en el trabajo tesonero de cada día.

RÓMULO BETANCOURT

Figura central en este recuento es la de Rómulo Betancourt. Su figura crece con el paso del tiempo, como siempre sucede con los buenos gobernantes. Cita Tejera al norteamericano Arthur Schlessinger(1917-2007): “Como bien saben los historiadores, la reputación de una figura señera con frecuencia está en lo más bajo en el período de diez a veinte años después de su muerte. Estamos en una zona de visibilidad imperfecta como en lo más hondo de una ola; solo cuando estemos en la cresta de la próxima es que podremos voltear y estimar con propiedad lo que pasó”(p.9).Vimos esto, los que hoy pasamos de los sesenta años, con López Contreras e Isaías Medina Angarita(1897-1953), mas tarde con Betancourt, cuyos mejores estudiosos son aquellos que fueron sus antagonistas políticos. Y lo veremos con Rafael Caldera. Ya el presidente Leoni tiene su lugar. Y sobre el doctor Caldera, asienta Tejera,”Y añoro para Venezuela más gobiernos como se de Rómulo Betancourt o los siguientes de Leoni y Caldera…esos héroes civiles gozaron del placer de gobernar combinando con la seguridad de ser respetados para siempre. Pero el respeto no se les debe solo por ser honestos y buenos administradores. Se les debe más todavía cuando imponen honestidad. Y se les debe porque mostraron capacidad para bien resolver las crisis y aprovechar las coyunturas”(p.199. Subrayado de Tejera). Y más adelante: “Rafael Caldera, demostró ser lo que la Historia le reconocerá con seguridad: uno de los más prominentes políticos e ideólogos que ha producido nuestro Continente. Y lo demostró desde aquel momento al dirigir el más necesario soporte para la democracia venezolana en una época bien delicada de la democracia mundial”(p.244). Y señala que tras la firma del Pacto de Punto Fijo “otro importantísimo factor de estabilidad en Venezuela fue esa lealtad de Caldera y del Partido Copei”(p.244). No en vano fue por cierto Alberto Silva Guillen, el secretario general de Copei en Sucre el máximo apoyo con el cual contó Tejera en sus años como gobernador de esa entidad.

Y volviendo atrás, a los antagonistas de la democracia, a la que esta misma le enseñó su poder de convicción porque fue ella la que venció la lucha armada y terminó convenciendo a aquellos izquierdistas de los sesenta de su error. No hay que olvidar la zahorí observación de Gonzalo Barrios, en una carta a Manuel Caballero(junio 16,1983), “Los adversarios suelen ser amigos que no se  conocen”.

Pero vimos también en todos años otro hecho que no se señala: los venezolanos no gustan mucho de los que están en el poder: no sabemos si se ha señalado todo lo que ganó el maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001) cuando se retiró de la política activa, de la acción partidista en 1973: desde ese momento fue considerado por todos un faro nacional, por todos escuchado.

BETANCOURT EN EL PODER

Y sobre el régimen de Betancourt asienta Tejera que ese gobierno “se caracterizó, además, por una honestidad y una templanza hasta agresivas por su rigidez y constancia”(p.9). Eso fue posible porque el timón fue llevado por el “político de mayor preparación y firmeza”(p.67) que en aquella hora era Betancourt, quien había asimilado todas las lecciones del suceder del trienio octubrista(1945-1948) y sus errores, había pasado de “loco” a “loquero”, según la expresión de Enrique Aristighieta Gramcko. Por ello sabía actuar de forma tan peculiar:“en política, raras veces daba órdenes. Más bien dejaba escapar insinuaciones y estímulos parcos”(p.67).

Y su tarea esencial era, como lo dijo el guatireño, “Yo me ocupo de los militares y de  la política y de que no tumben al gobierno, desde dentro o desde fuera de Venezuela”(p.68). Y lo hizo. Ese fue su triunfo. Por vez primera en la historia de Venezuela un gobierno legítimamente electo en comicios entregó la banda presidencial a su sucesor, Raul Leoni, también electo con el voto de las mayorías.

OTRAS FIGURAS

Pero no sólo aparece aquí la relevancia de Betancourt. Hay otras figuras cuya acción recalca Tejera. El primero es el doctor Juan Pablo Pérez Alfonso(1903-1979) de quien dice:”era jurista y abogado de verdad…pensaba, viajaba y creo que hasta dormía raciocinando. Era patriota como se era en esa época: vehemente sin alzar la voz, obseso por los derechos de Venezuela”(p.255. Subrayado nuestro). Y es ello, sus constantes estudios los que le permitieron vertebrar la OPEP: la primera asociación de países del Tercer Mundo creada para defender el precio de su producto básico, el petróleo, ante las apetencias de las multinacionales. Al hacerlo cumplió Pérez Alfonzo con el carácter anti-imperialista que siempre tuvo la administración de Betancourt. La anécdota de cómo fue fundada y puesta en marcha la OPEP está relatada aquí con todo su lógico pormenor  y en sus ilustrativos pormenores.

Otro es José Antonio Mayobre(1913-1980), “era un hombre templado. Pocos he conocido así, tan controlados: ciertamente dos Eloy Lares Martínez y Nicomedes Zuloaga. Ejercían todos tres y con maestría, las virtudes de prudencia, justicia, fortaleza y templanza”(p.237).

Otros, singularísimos que aquí aparecen fueron el general Rafael Alfonzo Ravard(1919-2006), oficial a ingeniero del Instituto Tecnológico de Massachusets de Boston, creador del Plan Hidroeléctrico nacional, todavía bajo Pérez Jiménez, en la Oficina de Estudios Especiales de la Presidencia de la República(1953-1958), antecesor de Cordiplan, creador del gran desarrollo de Guayana y más tarde primer presidente de PDVESA, después de la nacionalización, quien convirtió la empresa en la gran institución que fue. El general Alfonso Ravard es uno de las grandes civilizadores de la Venezuela contemporánea, otro hombre que cada día hizo lo mismo pero bien, buscando la excelencia.

El otro, citado por Tejera, fue el técnico petrolero Carlos Pérez de La Cova, diplomático ocupado siempre en nuestros hidrocarburos.

Tejera pudo actuar en el período que cubre Gobierno en mano, como creador del sistema de planificación, gobernador del Estado Sucre y presidente del Banco Industrial de Venezuela y Embajador en Washigton, ante la Casa Blanmca y la OEA,  porque sabía que  “solo se conoce a alguien cuando se le ve de cerca trabajar en su mente”(p.14), por ello supo, sin crear discriminaciones, reunirse con los mejores en cada caso porque lo que le interesaba al regresar del exilio y ponerse ante Venezuela era la acción constructiva(p.60). Y lo hizo. Y nos mostró lo que es posible hacer. Eso es lo que da tanta singularidad a este libro y se ofrece como un acto de esperanza en nosotros, en nuestras posibilidades.

Tuvo también buen ojo zahorí le hizo comprender en la importancia de las Fueras Armadas como sostén del régimen democrático. Por ello escribe: “igual empeño debíamos poner en los militares…Desde muy jóvenes intimamos con los cadetes, que ahora(1958) eran oficiales superiores. Procuramos hablar su lenguaje y ellos el nuestro, todos rechazando siempre cualquier politización de las Fuerzas Armadas”(p.13).

El gobierno betancurista, visto con la óptica de Tejera, fue de tal envergadura que “pocas veces había sido gobernada Venezuela con mayor apoyo popular y por hombres más honestos”(p.65), “era de tal altura y austeridad que, simplemente, no se hacía propaganda”(p.126).

En esos años la impaciencia de la izquierda les hizo marchar a la guerrilla de raíz e imitación castrista, como si Venezuela fuera Cuba. Instauraron una guerrilla rural en un país urbano y conspiraron por acabar lo que todos deseaban: un sistema democrático. Así se equivocaron. Apunta Tejera: “viendo tan de cerca el trabajo del gobierno, pudieron reflexionar y transmitir sobre lo absurdo de oponer una revolución ‘real’ a una revolución realista y activa como la que comenzaba ese año. Pero fue inútil. Contra convencidos ‘agiprops’ pareciera que no hay ejemplo ni raciocinio que valga. Muchos quedaron en su línea, participaron en guerrillas de poca monta y, cuando los sorprendió la ‘autocrítica’ que tardíamente iban a hacer sus mayores, pasaron de la frustración al resentimiento y, en su madurez, alguno a la más total y desfachada inescrupulosidad”(p.133-134). En este Betancourt y su equipo también triunfaron. La subversión terminó bajo Leoni, con algunos resagados que no comprendieron aquellos sucesos. Y después el presidente Caldera pudo desarrollar la política de pacificación a partir de 1969.

Una de las cosas que Betancourt hacía con mayor cuidado era examinar la política internacional de la época, lo que le obligaba a leer numerosas obras sobre ellas. Por ello eran inteligentes muchas veces sus observaciones sobre su desarrollo, como las que cita Tejera, sobre todo en lo relativo a las relacionadas con Cuba, gran en enemiga de nuestra democracia, pues sabía Betancourt con claridad el derrotero que esa nación estaba tomando uniéndose a la URSS, cosa que le fue comunicada por Ernesto Guevara de La Serna(1928-1967), el Che, al propio Tejera en La Habana. Los cubanos de Fidel se rindieron a otro imperialismo, ajeno completamente a nuestra realidad latinoamericana.

Pese a ello Betancourt porfió en  la política venezolana de “la no intervención”: por ello se opuso a la entrada de Estados Unidos en Vietnam y la invasión a Cuba en Bahía de Cochinos(1961). Estaba convencido de lo dicho por Gonzalo Barrios a Betancourt: “que si invadían los gringos a Cuba les iría muy mal a los dos; y eso mismo creo yo”(p.191) le dijo Betancourt a Tejera: así fue, así sigue siendo aun: no se ha encontrado aun un sendero. Ello, sin duda, será así mientras Fidel Castro viva, aunque cada día la vida se le acorta. Los norteamericanos le están concediendo una “muerte dulce”. Su hermano Raúl, hoy en el poder, no está nada bien orientado, no comprende la realidad mundial hoy y Cuba sigue aislada. Y cuando fallezca Fidel Castro sin duda se presentara otra realidad: la dictadura comunista no puede continuar en el mundo democrático que vive nuestro tiempo. Y en Cuba, y en la Florida cubana, pugna la democracia por re-establecerse en la isla. Es el signo de los tiempos. Pero la isla está tan atrasada, como nosotros mismos pudimos comprobarlo, que al morir Fidel Castro y entrar los grandes capitales cubanos del exilio el régimen socialista no podrá resistirlo y caerá. Y ya hay claras formas de agrupaciones democráticas dentro de la misma ínsula, que espera un buen gobierno, tan bueno como el de Sancho en la isla Barataria.

Betancourt siempre tuvo, anota Tejera, la “capacidad para ir convirtiendo cada crisis en una oportunidad de deslastrarse y avanzar”(p.196). Y lo hizo dentro de “aquel gobierno casi agresivamente austero”(p.198).

UNA REVOLUCIÓN EN SUCRE

Fue dentro de ese gobierno que Tejera hizo como gobernador toda una revolución en el estado Sucre. Revolución, en el sentido que da a ella Augusto Mijares, “proyecto y no violencia; doctrina y no gesticulación y palabras”(Lo afirmativo venezolano.3ra.ed.Caracas: Dimensiones, 1980,p.349).

Y lo hizo Tejera por poseer coherencia política al dirigirse a Cumaná, por su sentido político, por estar bien atento a todo lo que sucedía, desde lo más grande hasta lo considerado nimio. Dedicaba largas jornadas al trabajo, continuas, seguidas, actuó con coherencia en la relación de los partidos políticos puntofijistas, pese a los constantes actos de URD contra el acuerdo (ver las p.131,191,199,209-210,220,221), por sus buenas relaciones con los militares, pero siempre distinguiendo entre ellos al buen militar, cuyo arquetipo allá es Antonio José de Sucre(1795-1830) del “pendenciero” José Francisco Bermúdez(1782-1831) a quien nunca se le debe rendir tributo.

Y en cuanto a la salida de URD del Pacto de Punto Fijo, a la que también se refiere varias veces Tejera, hay que añadir una consideración más, ya observada antes por nosotros al estudiar este período, avalada ahora por los argumentos que encontramos en Gobierno en mano: no se dio cuenta Jóvito Villalba la gravedad que para URD y para él tuvo la lamentable decisión: la salida de URD de Punto Fijo(noviembre 17,1960) significó el fin de la carrera política del doctor Villalba porque no calibró la significación que en el desarrollo del proceso político venezolano tuvo ese acuerdo. En URD lo que Betancourt denominó “los comunistas y sus satélites…los que quieren subvertir el orden”(p.221) se impusieron. Fueron los elementos castristas, representados por Luis Miquilena y José Vicente Rangel, lo que fueron escuchados en contra de la lógica política de aquellos días. Y las ideas democráticas de la mayoría de los “joviteros”.

Fue constante la movilidad de Tejera por todo el estado, no sólo visitó constantemente sus ciudades sino hasta sus pueblos más pequeños y lejanos. Logró darles  escuelas a  todos los niños del Estado. El mismo fue profesor en los cursos que creó para formación del magisterio de la región. Y más tarde apoyó a Luis Manuel Peñalver(1918-2004) en la fundación de la Universidad de Oriente, en la cual, aunque era el gobernador, comenzó a dictar clases inmediatamente.

Logró asfaltar todas las carreteras. Y lo que es esencial prohibió recibir regalos a  ningún funcionario del gobierno, cumpliendo él, primero que nadie la decisión. Ni siquiera recibió una la caja de chocolates(p.193) que una navidad le llevó don Francisco de Paula Aristiguieta(1892-1978), figura casi arquetípica de la región.

LOS CUENTOS DEL PODER

Hay en estas memorias a veces sabrosos cuentos del poder contados por Tejera. Le había dicho Betancourt: “Si en Miraflores pides café, y te lo dan, quédate. Si no aparece, sal corriendo”(p.11).

Comprobó también el valor de tomar la palabra a tiempo y lograr ser escuchado(p.12).

Supo escuchar este consejo de Betancourt: “No chico, ese no resulta para eso: no tiene poder de aguante, y en política hay que tener poder de aguante”(p.19). Y comprendió un día un error: “tenía razón para irritarme, y eso es pésimo en política”(p.127).

Pero no se les escapó el mal que para el país significa cuando todo lo hecho positivamente se esfuma como consecuencia de “la acidia, por la dejadez y el deterioro”(p.109) porque la pereza, la flojera, la tristeza y la angustia no son buenas para la marcha de un país.

CONSEJOS PARA UN BUEN GOBERNANTE

Y, claro, del libro de Tejera París se deduce también una especie de Manual del Buen Gobernante, antítesis del anti-Maquiavelo criollo. Sus bases son estas: tener un plan de acción;“metas e imaginación”(p.106), “convencer y mantenerse en el poder”(p.106); saber que  “Es la administración, la organización, la disciplina lo que nos dio el triunfo”(p.120), como le confesó un día Arnoldo Gabaldón(1909-1990); tener una doctrina que sustente la acción(p.164); que haya siempre continuidad administrativa(p.36); “La nación no debe olvidar que todo el mundo no puede ser activista político”(p.36); poner en  práctica “todo antídoto a la adulancia”(p.44); actuar contra “la pervertida dinámica del deterioro”(p.53); “consagrar la no reelección absoluta”(p.63) del Presidente de la República; saber “que las mejores instrucciones son las que se sintetizan, para dar flexibilidad a los responsables directos”(p.69-70); estar siempre lejos del “mar de énfasis en los negativo que embargaba a Venezuela”(p.103); “Cuando el contrario te acepte tu proposición, coge tu sombrero y sal corriendo…no sea que si sigues argumentando le des tiempo para pensar y echarse para atrás”(p.115), según a Tejera recomendó Nicomedes Zuloaga; saber que “Gobernar significa arbitrar, llenar lagunas de la ley, aplicarla ‘conforme a su espíritu, propósito y razón’, como dice la Constitución”(p.129); “evitar los pasos torcidos”(p.137); mantener la “pugnacidad contra todo lo que parecía errado”(p.138) como lo hacía el doctor Enrique Tejera Guevara(1899-1980), el científico, su padre, gran conocedor de de nuestra realidad, esa que se toca cada día; buscar siempre soluciones no conflictos(p.190); nunca perder el equilibrio ni caer en desprestigio de la investidura presidencial(p.243); aprovechar certeramente las coyunturas(p.245);  poner siempre énfasis “en lo que falta por hacer”(p.179) según la observación de Carlos Marx(1818-1883) a Federico Engels(1820-1895); saber diferenciar entre la política, que es permanente,  y las políticas que son marcadas por las circunstancias(p.197); saber ver la “diferencia entre la realidad y la percepción”(p.198); comprender el tiempo en el que se actúa. Por ello, indica Tejera de aquellos días del gobierno de Betancourt que sucedió  en “la década de los sesenta, una de las más severas inflexiones de la historia y de las costumbres…Vietnam y las protestas, los de la píldora y la liberación femenina, los de Luther King(1929-1968) y su asesinato, los de la muerte tan trágica y misteriosa de los dos hermanos Kennedy”(p.236) John(1917-1963) y Robert(1925-1968); darle la importancia que para la comunicación tiene el contacto directo del político con la gente(p.211). Estas observaciones constituyen todo un proyecto para la acción pública.

UNAS OBSERVACIONES

EL HOMBRE DE CAPACHO

Ya casi para terminar nos gustaría añadir algunas observaciones. Coincidimos con Tejera cuando llama a Cipriano Castro(1858-1924): “loco peligroso”(p.100), fue para nosotros un presidente descocado.

MEDINA & ESCALANTE

En cambio cuando anota que Medina Angarita fue “víctima de la enfermedad de Escalante”(p.339) disentimos. Hubo mucho más: la administración medinista no usó en aquella grave crisis, que terminó arrasándola, ninguno de los cinco sentidos: no vio con claridad lo que estaba ante si: un partido político que ya era nacional y tenía vocación de poder y lo que pedían los oficiales del ejército. Prefirió el general Medina jugar golf con los millonarios en vez de irse a comer sancocho en los cuarteles con los soldados y oficiales, como lo observó aquel viejo zorro de la política criolla llamado José Gil Fortoul(1861-1943); no escuchó a quienes le pidieron hacer la reforma constitucional; no supo olfatear lo deseos de las mayorías;  no abrió la boca saborear la atmósfera política. Y lo que es peor: llamó al muy preparado doctor Diógenes Escalante(1879-1964) para que hicieron lo que Medina y su gente no se habían atrevido hacer por el conservadurismo de aquella dirigencia. Y entonces se cruzaron en el camino los hados de la historia: Escalante enfermó y ya nada pudo ser posible, ni la misión providencial que le habían puesto en sus manos. Solo a él.

SARTRE

Interesante que se encuentre una mención en estas memorias(p.179-180) al guión cinematográfico de Jean Paul Sastre(1905-1980) El engranaje que tanto interesó a Betancourt. Fue don Rómulo Gallegos(1884-1969) quien le envió su ejemplar subrayado. Es la historia de un dirigente democrático europeo de una nación petrolera, aunque el relato, que mucha gente ha leído como una pieza de teatro, tiene todos los matices de lo sucedido en un país de América Latina. Hacía muy poco tiempo que su autor había andado viajando por los países del Caribe, un querido amigo nuestro lo saludó en Curazao. Fue en 1949, viajaba junto con uno de sus “amores contingentes” a quien Simone de Beauvoir(1908-1986), siempre celosa, pese a sus acuerdos sexuales, que en su caso incluían mujeres porque Simone era bisexual, solo denomina “M” en sus memorias(La fuerza de las cosas. Buenos Aires: Sudamericana, 1979,p.269). Era Dolores Vanetti. Y además El engranaje es la historia de un político que quiso hacer una revolución en un país petrolero(¿Venezuela?) y no pudo porque los intereses petroleros se lo impidieron. Ni siquiera pudo hacer una revolución social y lograr convivir con los intereses de las trasnacionales. Así podemos deducir que una revolución en Venezuela es imposible. No la pudo realizar Betancourt, a quien muy posiblemente se retrata en El engranaje, en quien pensaron todos sus amigos al leer El engranaje. Esa revolución no la pudieron hacer los adecos en 1945, tampoco los guerrilleros de los sesenta y menos lo podrá hacer el comandante Chávez hoy: el mundo depende, ayer como hoy, del oro negro nuestro. Y el día que se deje de vender petróleo a los Estados Unidos nos invadirán, conducta por cierto, de todas las potencias imperiales, probada por la historia universal.  

Además de las referencias a El engranaje que trae Tejera, fue Betancourt quien le prestó su ejemplar para que lo leyera, también a ello se refiere su viuda René Hartmann Viso en sus memorias(Rómulo y yo. Caracas: Gribalbo,1984,p.37). E incluso en unas declaraciones suyas aparecidas en El Nacional(Caracas: octubre 30,1982) que nosotros recortamos y pegamos en nuestro ejemplar de El engranaje.

Coincidimos con Tejera París en que la revolución más importante que ha tenido Venezuela en el siglo XX ha sido la de la Sanidad, la de la salud, gracias a la cual, para 1963, habían dejado de morir tres millones de venezolanos. Así los nombres de su padre el doctor Tejera Guevara, fundador del Ministerio de Sanidad en 1936 y las de los doctores Gabaldón, José Ignacio Baldó(1898-1972), Pastor Oropeza(1901-1991), Martín Vegas(1897-1991) son esenciales en esta revolución sustancial, esencial. Una revolución preparada por hondos estudios, con programas, sin algarabía ni violencia, con la disposición, celebrada también por Augusto Mijares, de estar siempre dispuestos a vivir por y para el país.

Que diferencia tiene todo esto con lo que vivimos hoy, tanto, que dice Tejera París, “Es difícil que nuestro país llegue en su política más bajo de lo que ahora está”(p.9). Sobre todo este horror que vivimos en estos días trágicos escribió este autor su Venezuela y el dios de los borrachos.(Caracas: Libros Marcados, 2007. 285 p.).

roberto.loveradesola@gmail.com


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