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La madre fuente de los afectos Santiago Quintero Jueves, 8 de mayo de 2008
La Sociedad es una organización de personas en su mayoría desconocidas entre sí, que aglutina tanto individuos como intereses. Su basamento más importante, su referente mas directo, es la Familia. De acuerdo a como le vaya a la Familia así le irá a la Sociedad, el retrato grande de la Familia.
Uno de los elementos constitutivos de esa Familia, quien lleva consigo la mayor densidad afectiva, es la Madre. La Madre, fuente de los afectos de una Sociedad, es sin embargo el ser que ignoran las estadísticas. Nos hemos acostumbrado a tenerla silente, haciendo el trabajo básico de sustentar a la Familia en todos los terrenos. Cuando tratamos de buscar los males de la Sociedad, nos vamos por todos lados, menos por la vía principal que es la Madre. Hemos inventado todos los derechos, hemos asignado todos los deberes, pero a ella la hemos ignorado la mayor de las veces. Recibe todos nuestros reclamos, recibe todas las rabietas y malas caras. Y esto lo hace con un estoicismo ejemplar, con una fortaleza que asombra en su consistencia. Es la autora fundamental del éxito de sus hijos. Es el ser que está presente en los fracasos, en la hora mala.En el momento en el cual el desierto del mundo niega el agua al sediento, la Madre es el oasis que nos enseña que es posible tener una fuente de agua si nos proponemos a cuidarla con vegetación, a resguardarla con vida, a protegerla en medio de la vastedad que puede ser muy grande pero a la vez muy seca. Solo en la madre conseguimos esa especie de fuente de agua en la cual nos bautizamos desde el vientre y seguimos bautizándonos el resto de los días, porque aunque desaparezca físicamente entre nosotros, nos deja lo mas importante, la fuente de su amor que no se seca, oasis en medio del desierto que en su morada nos acobija para que no se agote nuestra vocación de bosque. El no pensar en la Madre y corresponder con creces a su cariño, nos acarrea la mayoría de los males que referimos en la Sociedad.Nos desvelamos en las mas sesudas investigaciones. Vamos del laboratorio al taller, del taller a la industria, de la industria a la oficina, de la calle a la plaza, de la plaza al aula y del aula al mercado. Perdidos. Extraviados, buscando la pieza que nos hace falta.La que hemos dejado en la casa. Usualmente, cuando algo se nos ha perdido y vencidos le confesamos que no encontramos lo extraviado, ella en su dulzura infinita nos indica que lo llevamos puesto, o nos acompaña a buscar, siendo solidaria con nuestro sentimiento de pérdida, porque ella es la encarnación del amor que necesitamos para emprender con seguridad todas las acciones. Ese amor es la fuerza que la mueve, es el motor que la anima a continuar, a luchar, a no dejarse vencer por la contrariedad, porque para ella, toda dificultad por muy grande que sea es superable en tanto mayor sea el deseo y la fe para lograrlo. Ese potencial que pone a trabajar como una orquesta de recursos afectivos, es el amor sabio que nos sorprende por ser grande en su sencillez y efectivo en sus métodos. ¿Queremos ser mejores como nación, como país, como sociedad y como cultura? Hablemos con nuestras madres, renovemos nuestra esperanza en su palabra amorosa, privilegiemos su palabra sobre la nuestra, oigamos con atención sin reproche, démosle las gracias por la observación que nos hace y pidamos su bendición a través de la cual nos llega la del Señor, autor de esas aguas que de ella emanan caudalosas, porque ella con su naturaleza materna nos las hace llegar prístinas y transparentes. ¿No se encuentra entre nosotros, está lejana o ausente? No hay lejanía que ella no pueda vencer.Ni siquiera la de la muerte. Pensemos en ella en cualquier condición, dirijamos nuestra palabra hacia ella, nuestra oración llegará a su destino.Y de regreso, nos retornará su bendición en forma de viento que nos hablará con las palabras que pronuncia su alma que no ha dejado de querernos. Escuchemos su rumor en la brisa del recuerdo siempre fresco. Las cosas se transformaron pero conservan la esencia de su identidad. Así es el amor de una Madre, fuente del agua vital de las almas que logran el encuentro con el Creador a través de su intercesión. |
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