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Educación a Distancia ¿Un gran negocio o una solución democratizadora?
Jorge Eduardo Padula Perkins

Martes, 8 de agosto de 2000

Una rápida recorrida por la oferta educativa contemporánea permite ver el creciente espacio que la Educación a Distancia (EAD) ocupa en ella.

Pareciera ser que, al amparo de la hegemonía de la globalización y aprovechando el acelerado desarrollo tecnológico, en especial en telecomunicaciones e informática, esta modalidad adquiere particular relevancia.

Por definición, la Educación a Distancia es una metodología educativa no presencial, basada en la comunicación pluridireccional mediatizada, que implica amplias posibilidades de participación de estudiantes dispersos, con un alto grado de autonomía de tiempo, espacio y compromiso y la orientación docente, dada en el diseño, en la elección de los medios adecuados para cada caso en virtud de los temas y con consideración de las posibilidades de acceso de los destinatarios a los mismos, y en las tutorías.

La mediatización es entonces, sin lugar a dudas, el componente que la singulariza desde su propia naturaleza y denominación, condición que le alcanza tanto en sus formas más tradicionales como la correspondencia, hasta en el uso de las nuevas tecnologías de comunicación.

Allí radica en gran medida su capacidad para democratizar y diseminar la educación tanto formal cuanto no formal. Sus posibilidades de alcanzar a individuos y/o grupos de lugares remotos y a sectores que por limitaciones de tiempo no pueden acceder a la modalidad presencial.

En nuestros días, la evolución constante de las tecnologías de la información y la comunicación dinamiza de tal modo las capacidades fácticas de la EAD que, aunque se conserven elementos constitutivos constantes como los que la definen, emergen variaciones de enorme magnitud en cuanto a los alcances reales y posibles.

Desde lo comunicacional, por ejemplo, la bidireccionalidad característica de la educación por correspondencia torna en multidireccionalidad en la era de Internet. Los materiales y ejercicios escritos pueden ser reemplazados por herramientas multimediales. La interacción se posibilita en tiempo real.

Estos y otros elementos emergentes del desarrollo tecnológico devienen en la generación de nuevos horizontes para la Educación a Distancia.

En su participación en el III Seminario Internacional de Educación a Distancia realizado por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) en 1998, el especialista R. Aparici aseveraba que las nuevas tecnologías abren inclusive la posibilidad real de una mayor participación del estudiante en la construcción y desarrollo del curriculum.

Sin embargo, el constante crecimiento tecnológico no puede ser considerado al margen de la realidad ni ideológicamente neutral, razón por la cual los principales desafíos previsibles para las instituciones virtuales de EAD son los emergentes de la calidad del uso que de las nuevas tecnologías se haga.

La creciente oferta de Educación a Distancia, como el desarrollo mismo de las nuevas tecnologías aplicables a ella, no aseguran por si mismas una diseminación más pluralista y democrática del conocimiento. Si ella se circunscribe al aprovechamiento comercial de un nicho de mercado conformado por estudiantes con acceso particular garantizado al desarrollo tecnológico y solvencia pecuniaria, será simplemente una de las formas que adopte la globalización económica. Si actúa como factor de imposición cultural homogeneizante y centralizada podrá atribuirse a intereses políticos hegemónicos. Pero si lo hace respondiendo a proyectos democráticos y pluralistas de promoción humana, habrá de constituirse en un factor real para el desarrollo sociocultural de los pueblos.

En este sentido. Aparici fue también preciso en la ocasión citada al advertir que “el uso de las nuevas tecnologías en la educación a distancia no va a desarrollar ninguna relación comunicativa distinta si, previamente, no se definen nuevos paradigmas acerca de las formas de enseñar, de aprender y de comunicar”, y aclaró que el desafío reside en "potenciar el uso racional del medio por parte de los alumnos y no en una fascinación por la tecnología que puede ser perjudicial a corto plazo” y “está en capacidad de acelerar una colonización cultural con contenidos educativos desarrollados al amparo de otras concepciones del mundo...”.

Da Costa Salvador (www.ilce.edu.mx) ha reclamado al respecto que las nuevas tecnologías no resulten en “un conjunto instrumental al servicio de un Proyecto Educacional impuesto de manera exógena” sino que permitan jugar un rol cierto “en la propia elaboración de dicho Proyecto”, a través de una “intervención estratégica” que implique la utilización de “un instrumento de reflexión crítica y competente, capaz de indicar procesos y medios no sólo técnicamente adecuados sino dominables y discutibles por los usuarios”.

De lo referido se infiere que el núcleo de los desafíos previsibles para las instituciones virtuales de EAD radica en el uso creativo y potencialmente emancipador que se haga de las nuevas tecnologías, considerando que los contenidos y diseños, y no las tecnologías en si mismas, son quienes albergan la capacidad generadora de actitudes críticas, enriquecedoras del hombre, atento a su realidad social, cultural, política y económica.

Paralelamente, las instituciones virtuales de EAD deberán ser conscientes del hecho de que son limitados en número los potenciales usuarios de las nuevas tecnologías. Por tal razón, cualquier diseño educativo que se pretenda democrático debería considerar una oferta académica que, superando los límites informáticos, alcance a los sectores sociales ubicados en el otro extremo de la brecha, carentes de toda posibilidad de acceso a las modernas tecnologías de la información y la comunicación.

Jorge Eduardo Padula Perkins es Periodista, escritor y docente. Asesor en comunicación pedagógica para la educación a distancia

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