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Éxitos o pifias
Jaime Requena

Miércoles, 1 de julio de 2009

Según el ministro Jesse Chacón, la revolución bolivariana ha incrementado la inversión nacional en ciencia y tecnología de un 0,4% a un astronómico 2,7% del Producto Interno Bruto (o PIB). La diferencia la marcaría la ley Locti con su impuesto del 0,5% y el 2% sobre los ingresos de las "grandes" empresas. Si bien hay quienes sostienen que el peso relativo de ese impuesto sobre el PIB no es capaz de engordar tanto al indicador, hay que concurrir y admitir que la ley Locti está llamada a tener un efecto significativo sobre el financiamiento de la actividad de ciencia y tecnología en nuestro país. Pero eso sí, para que ello ocurra, realmente haría falta que sus recursos llegasen a los laboratorios de investigación. Hoy en día, ese no parece ser el caso: los fondos Locti están siendo escamoteados por burócratas o patronos.

En efecto, el Ministerio de Ciencia sólo entrega recursos Locti a los rojos rojitos, como la Unefa o la Universidad Bolivariana, instituciones sin capacidad para llevar a cabo proyectos de investigación de envergadura. Por otra parte, muchas empresas aplican en su interior lo que les toca erogar por concepto Locti, para autofinanciar programas que muchas veces no tienen nada que ver con investigación científica, desarrollo tecnológico o innovación de productos. Pareciera que la norma fuese burlar el espíritu de la Ley, mientras que la excepción es honrarla.

Lo otro considerado como gran éxito gubernamental es el aumento del número de investigadores, pero eso ya lo comentamos hace quince días. Sin embargo, entonces desconocíamos que el gobierno estaba cumpliendo con el mandato presidencial de darle otra vuelta de tuerca a la ciencia, cuando le bajó la santamaría a Fundayacucho.

¿Ahora, adónde se deben dirigir los buenos estudiantes que aspiran a una beca para ir a formarse en alguna universidad de prestigio? Sobre el satélite, fueron los chinos quienes lo pensaron, diseñaron, construyeron y lanzaron, aunque no han podido activarlo del todo; nosotros apenas pusimos los cobres. A todo evento, si para calcular el aporte nacional a la investigación se estima que comprar un aparatote es lo mismo que invertir en ciencia, queda justificado añadir todas las cosas que nos ha chuleado el combo de Fidel Castro. En el mismo orden de ideas, no se puede pretender que los infocentros sean un logro de la investigación científica o tecnología local. Como éxito, los laureles le corresponden al Ministerio de Participación Social.

En cuanto a Misión Ciencia, fue una operación de un solo tiro ¬apareció en el 2006 y desde entonces brilla por su ausencia. Algo similar ocurre con las semillas de granos que, si bien y de acuerdo a burócratas del Ministerio de Ciencia, en un 85% son ahora producidas en el país, su cultivo no alcanza para alimentarnos y buena parte de las caraotas y afines que consumimos deben ser importadas.

Como con la Misión Ciencia, de la cual aspiramos ver algún día un informe detallado y pormenorizado de actividades y resultados, nos gustaría también ser informados de qué pasó o está pasando con la producción de semillas de papa.

El principal problema para evaluar logros y fracasos de la gestión bolivariana y revolucionaria en ciencia y técnica es que la comunidad no cuenta con interlocutores válidos en el gobierno. Cada nueva autoridad que llega a la esquina de El Chorro nombra como burócratas a milicos, activistas políticos o profesionales sin liderazgo académico; personas que no sienten la necesidad y menos la obligación de rendir cuentas claras a nadie, y menos si se las reclaman.

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