Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Alquimia Política

El paradigma emergente: una lectura a Miguel Martínez Miguélez

Ramón E. Azócar A.*

Martes, 28 de marzo de 2006

La pregunta que se plantea Miguel Martínez M. en el marco inicial de su trabajo “El paradigma emergente”, es lo suficientemente explícita para entender cuál es su postura ante los tópicos en que versará en su obra: ¿puede existir una ciencia que no se base exclusivamente ni preponderantemente en la medición, una comprensión de la realidad que incluya tanto la calidad y las relaciones de las cosas percibidas como la experiencia de ellas y que pese a ello, pueda ser llamada científica? Su respuesta es inmediata: Esta comprensión es posible. La ciencia no tiene que estar limitada forzosamente a mediciones y análisis cuantitativos. Debemos de considerar científicamente cualquier manera de abordar el conocimiento siempre que satisfaga dos condiciones: que el conocimiento se base en observaciones sistemáticas y que se exprese organizadamente desde el punto de vista de modelos coherentes, aunque sean limitados y aproximativos.

La percepción de Martínez M., es que hay cause fructífero para develar en el ámbito cualitativos inmensos escenarios de producción científica que bien pueden estar equiparados con las conclusiones de los estudios más rigurosos en el ámbito cuantitativo. Es un tiempo, no de un cambio de paradigma, sino del reconocimiento de un nuevo paradigma que fundamente la profundización y la retórica de lo cualitativo, como una propuesta fehaciente de veracidad y verdad. Pero para comprender mejor lo expresado por Martínez M., él revisa el planteamiento de Thomas S. Kuhn, en su búsqueda por definir los paradigmas. Según Kuhn: “El estudio de los paradigmas,...es lo que prepara al estudiante para entran a formar parte como miembro de la comunidad científica particular con la que trabajará más tarde. Debido a que se reúne con hombres que aprenden las bases de su campo científico a partir de los mismos modelos concretos, su práctica subsiguiente raramente despertará desacuerdos sobre los fundamentos claramente expresados. Los hombres cuya investigación se basa en paradigmas compartidos están sujetos a las mismas reglas y normas para la práctica científica. Este compromiso y el consentimiento aparente que provoca son requisitos previos para la ciencia normal, es decir, para la génesis y la continuación de una tradición particular de la investigación científica.”

Los paradigmas, en un sentido más concreto, vienen de las distintas formas en que se despliega la episteme; por ésta ha de entenderse un modo de vida producido por un sistema de relaciones económicas, sociales y humanas, que abarcan un período precisable en el tiempo. De esta manera, y tal como nos lo dice Miguel Martínez M., las respuestas que el hombre persigue están condicionadas por la episteme, que viene a ser entonces el cauce por el cual circula todo proceso y acto de conocimiento, y aunque su régimen es duro y rígido, es flexible en la multiplicidad de formas en que se manifiestan los procesos y productos cognoscitivos.

Los paradigmas nos muestran la diversidad de formas de conocer una época y cada paradigma constituye un modo común, fuera del cual no es posible conocer más allá que otros paradigmas o puntos de vistas científicos. La presencia de paradigmas nos justifica la existencia de criterios “posibles” para la estructuración, supervisión y control de una organización, ya sea social, política, económica, administrativa o cultural.

La modernidad no es más que una conciencia crítica que niega lo instituido para postular un nuevo orden de plenitud. Lo moderno se concibe como la creación de algo que se supone superior a lo existente

Las características de este pensamiento moderno se sintetizan en los siguientes aspectos: Las organizaciones piramidales, en donde prevalece la jerarquía de unos pocos y las líneas verticales de mando; Los postulados de Newton y Descartes, en cuanto a que el mundo está inmerso en coordenadas masa-espacio-tiempo; La ética a la obediencia, o el reino de los “subalternos sumisos”, en acepción de Hurtado y Toro; La racionalidad como principio y la instrumentación de lo formal como procedimiento para alcanzar el conocimiento; El sujeto disciplinado, amoldado a perfiles de cargo y rangos preestablecidos para la inserción en la sociedad (comunidad autómata guiada por las leyes); Importancia a los fundamentos de la historia, la visión social de progreso y la valoración de las utopías como ideas posibles; El manejo de un discurso cuantitativo, que observa la realidad a través de lo palpable y rígido, con preponderancia a calificativos de óptimo, objetivo, verificable, observable, etc.; y Creación de una unidad cultural e ideológica en razón de las ideas de racionalidad y objetividad de principios.

En este contexto la investigación cualitativa proporciona una descripción verbal o explicación de los fenómenos, su esencia, naturaleza, comportamiento, en contraste con la exposición ofrecida en la investigación cuantitativa que se circunscriben a cifras. La investigación cualitativa es corriente en las ciencias humanas, mientras que en las ciencias naturales la tendencia es a favor del enfoque cuantitativo. No obstante, y esto lo deja claro Martínez M., muchos fenómenos pueden ser estudiados con cualquiera de ambos métodos, o con ambos, y es al investigador a quien corresponde elegir. A veces el análisis puede estar basado en un modelo teórico anterior que tal vez pueda ser tratado en una hipótesis que pongamos a prueba. La presencia o ausencia de tal modelo afecta en gran medida al proceso lógico de análisis. A este respecto hay tres alternativas principales: investigación exploratoria, investigación con miras a la ampliación o depuración de un modelo anterior, e Investigación para probar hipótesis (escasa en investigación cualitativa).

El objetivo de cualquier ciencia es adquirir conocimientos y la elección del método adecuado que nos permita conocer la realidad es por tanto fundamental. El problema surge al aceptar como ciertos los conocimientos erróneos o viceversa.

Los métodos inductivos y deductivos tienen objetivos diferentes y podrían ser resumidos como desarrollo de la teoría y análisis de la teoría respectivamente. Los métodos inductivos están generalmente asociados con la investigación cualitativa mientras que el método deductivo está asociado frecuentemente con la investigación cuantitativa.

Los científicos sociales enfrentan en la actualidad problemas epistemológicos y metodológicos que tienen que ver con el poder y la ética en la generación de datos así como con la validez externa de los mismos. La investigación cuantitativa se ha caracterizado por recoger y analizar datos cuantitativos sobre variables. La investigación cualitativa evita la cuantificación. Los investigadores cualitativos hacen registros narrativos de los fenómenos que son estudiados mediante técnicas como la observación participante y las entrevistas no estructuradas o en profundidad. La diferencia fundamental entre ambas metodologías es que la cuantitativa estudia la asociación o relación entre variables cuantificadas y la cualitativa lo hace en contextos estructurales y situacionales. La investigación cualitativa trata de identificar la naturaleza profunda de las realidades, su sistema de relaciones, su estructura dinámica. La investigación cuantitativa trata de determinar la fuerza de asociación o correlación entre variables, la generalización y objetivación de los resultados a través de una muestra para hacer inferencia a una población de la cual toda muestra procede. Tras el estudio de la asociación o correlación pretende, a su vez, hacer inferencia causal que explique por qué las cosas suceden o no de una forma determinada.

Si bien Martínez M. aborda otros temas de suma emergencia en el ámbito metodológico, no es menos cierto que su gran aporte es responder la viabilidad del enfoque cualitativo en la cultura científica, sin menospreciar lo hasta ahora existente como veracidad y verdad desde el campo cuantitativo, pero sí haciendo ver que la investigación puede ser asumida desde diferentes frentes, pero que la sistematicidad y la coherencia en el manejo de ideas y pensamiento, tiene que ser una constante a la hora de pensar científicamente un tema.

Para Miguel Martínez Miguéles, cada disciplina deberá hacer una revisión, una reformulación o una redefinición de sus propias estructuras lógicas individuales, que fueron establecidas aislada e independientemente del sistema total con que interactúan, ya que sus conclusiones, en la medida en que hayan cortado los lazos de interconexión con el sistema global de que forman parte, serán parcial o totalmente inconsistentes. En este sentido, las diferentes disciplinas deberán buscar y seguir los principios de inteligibilidad que se derivan de una racionalidad más respetuosa de los diversos aspectos del pensamiento, una racionalidad múltiple que, a su vez, es engendrada por un paradigma de la complejidad.

El pensar, esgrime Martínez M., cambia en gran medida nuestra apreciación y conceptualización de la realidad. Nuestra mente no sigue sólo una vía causal, lineal, unidireccional, sino, también, y, a veces, sobre todo, un enfoque modular, estructural, dialéctico, gestáltico, interdisciplinario, donde todo afecta e interactúa con todo, donde cada elemento no sólo se define por lo que es o representa en sí mismo, sino, y especialmente, por su red de relaciones con todos los demás.

El denominado paradigma emergente no es más que la nueva concepción de la "objetividad científica", basada en una renovada teoría de la racionalidad, que ayuda a superar las antinomias descritas anteriormente y que pone de relieve el carácter complementario, interdisciplinario y no contradictorio de las ciencias experimentales, que crean y manipulan sus objetos, y las ciencias humanas, que tienen como problema la descripción del sentido que descubren en las realidades.

El objetivo del nuevo paradigma, expresa con claridad Martínez M., será lograr un todo integrado, coherente y lógico, que nos ofrezca una elevada "satisfacción intelectual", que es el criterio y meta última de toda "validación". La tendencia al orden en los sistemas abiertos supera el carácter simplista de la explicación causal lineal y unidireccional y la ley de la entropía, establecida por el segundo principio de la termodinámica, y pone ante el hecho cotidiano de la emergencia de lo nuevo y de lo imprevisto, como fuentes de nueva coherencia.

Por otra parte, la ontología sistémica y su consiguiente metodología interdisciplinaria cambian radicalmente la conceptualización de toda entidad. El conocimiento personal supera la imagen simplista que tenían los antiguos y la misma orientación positivista de un proceso tan complejo como es el proceso cognoscitivo, y resalta la dialéctica que se da entre el objeto y el sujeto y, sobre todo, el papel decisivo que juegan la cultura, la ideología y los valores del sujeto en la conceptualización y teorización de las realidades complejas.

La meta-comunicación y la auto-referencia, esgrime Martínez M., coloca al frente una riqueza del espíritu humano que parecen ilimitados por su capacidad crítica y cuestionadora, aun de sus propias bases y fundamentos, por su poder creador, por su habilidad para ascender a un segundo y tercer nivel de conocimiento y por su aptitud para comunicar a sus semejantes el fruto de ese conocimiento.

Finalmente expresa Martínez M.: “Lo más claro que emerge de todo este panorama es que el término ciencia debe ser revisado. Si lo seguimos usando en su sentido tradicional restringido de comprobación empírica, tendremos que concluir que esa ciencia nos sirve muy poco en el estudio de un gran volumen de realidades que hoy constituyen nuestro mundo. Pero si queremos abarcar ese amplio panorama de intereses, ese vasto radio de lo cognoscible, entonces tenemos que extender el concepto de ciencia, y también de su lógica, hasta comprender todo lo que nuestra mente logra a través de un procedimiento riguroso, sistemático y crítico, y que, a su vez, es consciente de los postulados que asume.”

azocar1968@cantv.net

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