Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Louis Pasteur (1822-1895)

Francisco Arias Solís

Martes, 28 de julio de 2009

“Desafortunados los científicos que sólo

tengan en la cabeza ideas claras”

Louis Pasteur



LA VOZ DEL PADRE DE LA BIOLOGÍA MODERNA

Después de más de cien años de aquel 28 de septiembre de 1895, en que tuviera lugar su muerte, en Villeneuve-l’Etang, todavía permanece sin duda, la leyenda Pasteur. Louis Pasteur un sabio, un héroe, una especie de santo laico cuyos descubrimientos han aliviado los sufrimientos de la humanidad, una figura merecedora del reconocimiento sempiterno de todo el género humano. La obra de Pasteur continúa salvando vidas muchos años después de su fallecimiento.

Sin miedo a exagerar, se puede afirmar que Louis Pasteur abrió el camino de la biología moderna y muy especialmente de la microbiología y de la inmunología, con lo que revolucionó el mundo de la medicina. Curiosamente el genio de la medicina no era médico, sino químico. Su mente ordenada y analítica superó dos obstáculos importantes: las dificultades que conllevaba una disciplina científica nueva como era el estudio de los microbios y el rechazo y las dudas que desencadenó entre médicos y veterinarios su intromisión.

Louis Pasteur nació el 27 de diciembre de 1822 y cursó estudios superiores hasta ser profesor de Química en la Universidad de Estraburgo. Allí se casó con Marie Laurent, hija del rector de la Universidad de Alsacia. El matrimonio tuvo cuatro hijas y un único hijo varón. Los Pasteur sufrieron el azote que por aquel entonces flagelaba a todas las familias: de sus cinco hijos sólo sobrevivieron dos. Las enfermedades infecciosas infantiles, a las que tanto contribuiría a vencer con sus estudios, se cobraron un durísimo tributo en la familia del profesor de química.

En el mismo año que Darwin publica la primera edición de su obra El origen de las especies, en 1859, Louis Pasteur comienza los experimentos que le llevarán a concluir sin lugar a dudas que no puede darse la generación espontánea de los organismos vivos, inaugurando uno de los descubrimientos que conforman la revolución pasteuriana, una de las más importantes en la historia de la biología. Y el descubrimiento de la estructura de la materia orgánica tiene en su obra un lugar clave, que le califica como pionero en la historia de las ciencias de la vida, que aplicará en su última etapa a la búsqueda de vacunas.

En su discurso ante la Sociedad Central de Medicina Veterinaria en 1889, declaró: “Mi carrera científica comprende tres periodos que aparecen bien diferenciados desde un principio. De 1847 a 1857 me ocupé especialmente de cristalografía; de 1857 a 1877 estudié las fermentaciones y los fermentos; desde 1877 me dedico sobre todo a las enfermedades infecciosas”. ¿Cómo pudo pasar de un campo a otro, siendo en apariencia tan dispares? Pasteur conocía la respuesta. Se trata, en efecto, de una única cuestión: la estructura íntima de la materia viva, su terreno preferido y básico de su acción, el de sus grandes descubrimientos.

El requisito indispensable para acercarse a lo viviente con garantías de éxito era poder ver la vida. Ciertamente para estudiarla, debía ser posible, al menos en cierta medida verla. Pasteurr popularizó el término microbio (vida diminuta) para todas aquellas formas de vida microscópica, vegetal, animal y bacteriana. Pero, pronto, el vocablo se aplicó a la bacteria, que por entonces empezaba a adquirir notoriedad.

Louis Pasteur fue el primero en establecer una conexión definitiva entre microorganismos y la enfermedad fundando la moderna ciencia de la microbiología. Los gérmenes tenían influencia en la vida diaria, en las actividades de industria humana, que padecía sus indeseadas consecuencias.

En 1861, Louis Pasteur logró demostrar para desesperación de sus enemigos, que un germen no puede tener como origen más que otro germen, que la vida procede de vida preexistente.

Pronto comenzó a asesorar a diversos hospitales acerca de las técnicas estériles –hervir el instrumental quirúrgico y esterilizar los vendajes- para impedir la infección y, con frecuencia, una muerte que era así evitable. En el decenio, de los setenta, Pasteur profundizó en su concepción de la unidad bioquímica fundamental de los procesos de vida, insistiendo en la analogía o semejanza entre la fermentación, la putrefacción y la infección.

El 28 de abril de 1881 realizó la prueba de su vacuna con unas cepas de virulencia atenuada del bacilo del carbunco. Pasteur siguió desarrollando vacunas contra otras enfermedades (cólera de las gallinas, erisipela de los cerdos). Pasteur dedicó el último periodo de la rabia que culminó con el descubrimiento de una vacuna que cambiaría el pronóstico de esta mortal enfermedad extendida por todo el mundo.

Pasteur era independiente y consecuente, una fuerza tranquila que no tenía inconveniente en poner cada cosa en su sitio. Los descubrimientos de Pasteur han salvado millones de vidas y han ahorrado a la humanidad inmensos, incalculables dolores. Sus atrevimientos, su osadía, su tesón, la riqueza de sus instituciones nos revelan que Pasteur fue sin ambages un verdadero genio en el universo de la ciencia. Y como dijo este gran observador de la vida: “En el campo de la observación, el azar solamente favorece a los espíritus preparados”.

Paz y Libertad.

aarias@arrakis.es

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