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El fatídico 2 de Octubre de 1968
José Rafael López padrino

Domingo, 5 de octubre de 2008

El pasado 2 de Octubre se cumplieron 40 años de la masacre de Tlatelolco. Al anochecer de ese aciago día, miles de estudiantes, trabajadores, profesores y vecinos de la zona se habían congregado en la Plaza de las Tres Culturas, en la Ciudad de México, para escuchar el discurso de los líderes del Consejo Nacional de Huelga (CNH) órgano directriz del movimiento. En las últimas dos semanas la policía había disuelto casi todos los mítines y había practicado cientos de detenciones entre los participantes de dichos actos. Los estudiantes reclamábamos la libertad de los compañeros apresados durante las jornadas previas de protesta, mejoras sustanciales en el sistema educacional, la destitución del jefe de la policía del Distrito Federal, la eliminación del cuerpo de Granaderos, grupo elite antimotín de la policía mexicana, y el diálogo público entre el Gobierno y los estudiantes.

La masacre comenzó aproximadamente a las 5:30 p.m. casi finalizado el mitin, cuando desde un helicóptero se lanzaron dos bengalas, una primera de color verde seguida por una de color rojo. Presumiblemente, fue la señal para que elementos de civil pertenecientes al batallón Olimpia (un batallón especial encargado de seguridad en las olimpiadas) atacaran a los oradores del CNH que estaban en un balcón del tercer piso del edificio Chihuahua y abrieran fuego en contra de quienes nos encontrábamos en la plaza. Acción que fue secundada por el avance, desde ambos lados de la plaza, de soldados integrantes del Batallón de Fusileros Paracaidistas, elementos del Estado Mayor Presidencial y unidades blindadas (M-8 Greyhound) quienes dispararon a mansalva en contra de los participantes, quienes corrieron en busca de protección en medio de la descargas de fusiles y ametralladoras.

Hasta ahora no se sabe exactamente la cifra de las víctimas asesinadas en Tlatelolco: 20-32 fallecidos según el parte oficial, 325 según una cuidadosa investigación del periódico inglés Manchester Guardian y 500-800 según algunos defensores de los derechos humanos y testigos presenciales. Sin embargo, de alguna manera, la estimación se ha establecido en 300 fallecidos. Pero además hubo 6.000 detenidos, 2.000 de los cuales fueron encarcelados, algunos de ellos durante varios años, sin juicio, o con procesos amañados y sin garantía alguna de defensa. El gobierno justificó sus actos acusando al movimiento estudiantil de terrorista, de ser parte de una conspiración "comunista" promovida por agentes internacionales que atentaban en contra de la seguridad de la República. A escasos diez días después de la masacre se inauguraron las olimpiadas en una atmósfera de brutal hipocresía. Llenas de murales proclamaban en una docena de idiomas y colores: "todo se puede con paz" y los XIX Juegos Olímpicos, fueron bautizados irónicamente como “La Olimpiada de la Paz“.

A pesar de que más de 25 ex funcionarios de gobierno y jefes militares fueron acusados por genocidio, incluyendo a los expresidentes Gustavo Díaz Ordaz y José Luís Echeverría, ni uno sólo de los señalados como responsables de estos trágicos sucesos, han sido condenados por los tribunales competentes. Por más de 40 años el Estado mexicano se ha transformado en cómplice de estos crímenes al no sancionar judicialmente a los responsables. La Masacre de Tlatelolco fue una sangrienta represión en contra de miles de estudiantes universitarios que reclamaban mejoras en el sistema educacional y mayores libertades para el pueblo mexicano.

La lucha contra la impunidad propia de los gobiernos fascistas y autoritarios, no es una batalla de un día, sino de todos los días. Volver a poner en primer plano a la memoria y a la verdad, es “indispensable para construir una Patria más justa para todos”. Finalmente, mi reconocimiento a Tito Olivio Parra y a Rene Martínez camaradas venezolanos, participantes de las luchas estudiantiles del 68 y compañeros de prisión durante nuestra reclusión en las celdas del servicio secreto mexicano.

lopez@zeus.bwh.harvard.edu


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