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Opinión y análisis Esta residencia, ubicada en Caraballeda es hoy, después de la tragedia de Vargas, un ejemplo de constancia y fe en un proyecto bien estructurado, que ha sido capaz de sobrevivir para hacer de la vida de nuestros mayores un camino placentero y jovial. En una entrevista exclusiva para Venezuela Analítica, Julia Márquez, Emilio Figueredo, Ysrrael Camero y Andrea Imaginario tuvimos la oportunidad de conversar con la señora Anala Planchart, quien nos dio a conocer los detalles de esta residencia-fundación y de cómo han logrado superar todos los problemas hasta hoy enfrentados.
Armando quería dar algo, entonces pensamos en un acuario, después pensamos en algunas cosas de niños, pero en esto se murió mi madrastra. Mi papá quedó viudo, y la soledad es muy larga, incluso, más para los hombres que para las mujeres… Entonces pensamos en una casa para los ancianos. Fuimos a París y vimos las casas allá, en España también, hasta que nos decidimos a hacer una residencia para los ancianos.
VA. ¿Cómo se concretó la historia?
Vimos muchas casas en muchas partes y luego decidimos… Armando compró aquel terreno en la playa. Carlos Gómez, que fue quien hizo el proyecto, no cobró ni un centavo… Hizo todo como nosotros le decíamos.
VA. ¿Por qué en la playa?
Porque la playa es muy buena para los viejos.
VA. ¿En qué año se inició?
Mmm… Cumplió 27 años más o menos. La residencia ha estado funcionando ininterrumpidamente durante ese tiempo, salvo por la tragedia de Vargas, pero ya la volvimos a abrir.
VA. ¿Cómo salió la gente de allí? ¿Qué pasó después de la destrucción de Vargas?
La gente allá no se dio cuenta. Esa noche le pusieron sus hallacas y comieron hallacas… El camino estaba muy trancado. Un Padre vino hasta la casa y rompió una pared; el agua salió por allí, pero, en realidad, a la casa le entró muy poquita agua, no le pasó absolutamente nada.
![]() Juan Carlos Escotet prestó su helicóptero y él mismo fue a buscar a la gente que estaba allá. Después sacaron a todo el mundo, para lo que se hicieron varios viajes. Pero los viejos decían "¿por qué nos van a sacar de aquí si nosotros estamos bien?"… No querían irse. Después, el lugar fue pedido por unos militares para cuidarlo. Más tarde llegaron los médicos cubanos y, gracias a la presencia de los militares y a los médicos, el lugar no fue saqueado. El problema que tuvimos después es que no había agua, no se podía llevar. Entonces hicimos un pozo y ahora tenemos agua. Gracias a eso, estamos haciendo un jardín bonito en la residencia.
¡Ah! ¡Eso fue tristísimo! Todas se las llevaron a distintas partes. Cada una es una historia más triste que la otra. Yo fui a verlas en esos lugares. Vivían en lugares en que les cobraban bastante, o vivían juntas… Hay un cuento sobre eso: una secretaria vivía con su mamá… Su papá y su mamá estaban divorciados, y él vivía en la residencia. Entonces no hallaban donde meterlo y la mamá le dijo "vente a mi cuarto y le das tu cuarto a tu papá". Pero al tiempo, él se murió. Se han muerto como cinco de los que se fueron. VA. ¿Y cuántos han regresado? Yo creo que como diez personas. VA. ¿Cuántos eran en total los residentes? Cerca de ochenta. VA. ¿Y no van a volver? Hay muchos que no vuelven: unos se murieron, otros se quedaron en Valencia, o con sus familias… Y además, nosotros hemos subido los costos. Eso empezó costando Bs. 1.500,00 mensuales (con comida, ropa limpia, etc.), y ahora yo pretendo que eso se mantenga para que subsista, deseo que con lo que produzca, se pueda mantener, pero no es que yo espere ganar nada con ello. Antes, con mil quinientos bolívares nosotros teníamos, al final del año, 200.000,00 bolívares economizados, que servían para comprar otra vez sábanas, cosas para la casa, etc… Es muy bella la residencia. Es de estilo alegre. No es como una casa de viejos tristes. Las monjitas me la iban poniendo triste con sus bordaditos y esas cosas, y mientras ellas los ponían por un lado, yo los quitaba por otro… (risas)
No… En pleno siglo XXI ser monja es muy triste… (risas) VA. ¿Quién está encargada de eso ahora?Magdalena Mayer es la que se encarga ahora de eso, y hay un matrimonio allá. Ellos tienen el departamento que era de las monjas. Magdalena es la que lleva la administración y ellos son los que pasan y preguntan "¿cómo pasaron la noche?", o dicen "cuando necesite, me llama". VA. ¿Hay enfermeras o atención médica? No, no hay enfermeras. Hay médicos que viven allá cerca, a quienes se puede llamar cuando se necesiten. VA. ¿Hay entretenimiento para los residentes? Sí. Tienen mesa de billar, canasta, bingo, todo muy bonito… Tienen pecera… Tienen música, hay también una virgencita en el jardín para que recen el rosario. Esto es una casa, pueden entrar y salir cuando quieran, no es un sistema de reclusión.
Sí, todo el personal es de la zona. VA. ¿Y la carretera hasta Caraballeda cómo se encuentra? Perfecta, porque como allá fue el presidente… Pintaron de amarillo y no sé qué, pero si te atraviesas un poquito, eso es horrible… Pero el pueblo no tiene agua. Ellos van al río. Nosotros no podemos darle agua a todo el pueblo. El jardinero nuestro se lleva el agua a su casa, algunos médicos también, pero no podemos con todo. Yo quisiera hacer más casas de esas, porque para mí esto nunca ha representado un negocio. Armando dejó una cantidad de acciones para la fundación a modo de sostener esta casa y esa, pero como pasó lo que pasó, las acciones no valen ni una locha, no valen para nada, todas se perdieron. Por eso, ahora mi esfuerzo es lograr que la casa se mantenga por sí sola. ![]() |
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