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Enriquillo: Cacique de la resistencia indígena

Reinaldo Villegas Astudillo

Sábado, 11 de octubre de 2003

Enriquillo es uno de los primeros caciques de la resistencia indígena que en lo que actualmente es la República Dominicana, se levanta tempranamente en contra de los conquistadores españoles, que se dejan llevar por esas ideas segregacionistas imperiales hispánicas de no considerar como personas humanas a estos seres aborígenes que fueron encontrando a su paso por nuestro continente. Más que por la historia oficial, Enriquillo es conocido a través de un relato novelesco, cuyo autor es Manuel de Jesús Galván, el cual se publica por primera vez en el año 1882. Tal narración está considerada como una de las mejores logradas en este género, las cuales se vienen proyectando desde la primera mitad del siglo XIX, cuando surge la novela en América con la obra: “El Periquillo Sarniento” de José Fernández de Lizardi, en México.

La novela histórica en el plano continental asume una relevancia muy significativa por cuanto, a veces proyecta sucesos para los cuales faltaron historiógrafos en la región a lo cual se agrega el hecho de que aquéllos que escribieron la historia, en un altísimo porcentaje, la visualizaron de acuerdo con perspectivas interesadas que atendían a los lineamientos de gobernantes oligárquicos, dictadorzuelos y sátrapas de diversa naturaleza que han predominado en la inquieta realidad que hemos confrontado desde los inicios de los tiempos republicanos. De épocas distintas, citaremos a Alberto Blest Gana, el gran novelista chileno del siglo XIX, quien en sus creaciones narrativas nos ilustra sobre la realidad de su época y tiempos pretéritos. En el siglo XX, destacamos entre muchos, a Arturo Uslar Pietri con “Las lanzas coloradas” y al cubano Alejo Carpentier, autor de “El siglo de las luces”, obra narrativa, donde se proyectan sucesos desconocidos sobre la historia del Caribe, protagonizados por Víctor Hugues, un ferviente partidario de la Revolución Francesa, quien se transforma dentro del trópico caribeño en un sanguinario dictadorcillo, al alborear el siglo XIX, olvidándose de los conceptos más preciados de la revolución y se convierte en un ser autócrata que persigue y le inflinge padecimientos a las poblaciones de Martinica , y muy intensamente, a los habitantes de Cayena, ciudad-presidio de los galos en la Guayana Francesa.

Los sucesos relatados por Manuel J. Galván en “Enriquillo” se desarrollan en la colonial ciudad de Santo Domingo, justo cuando Cristóbal Colón ha naufragado y requiere ayuda al término de su cuarto y último viaje al nuevo continente. Es la época en que gobierna a “La Española”, el Comendador Nicolás de Ovando.

El escritor dominicano, dada la calidad estética que le infunde a su creación, se hace merecedor de un juicio de José Martí, quien en una de las primeras ediciones de la obra en la década de 1880, donde se incluye una carta laudatoria del pensador cubano, a modo de introducción, éste expresa: “Leyenda histórica no es eso; sino novísima y encantadora manera de escribir nuestra historia americana”, con lo cual coincidimos, dado que Galván no descuida ninguno de los elementos estructurantes de la narración, como lo son: el relato novelesco propiamente tal, el cual se entremezcla con aquellos elementos históricos, citados rigurosamente, donde surgen figuras de la historia de la conquista española, integradas a los entes ficticios, creados por el creador caribeño.

Perteneciente a una generación inserta en las tendencias románticas, que aún perviven para esa época en el continente, el narrador dominicano incorpora tres relatos sentimentales, dirigidos especialmente al corazón de los lectores: El primero está constituido por los amores que protagonizan en España, Diego, hijo de Cristóbal Colón y María de Toledo, integrante de la nobleza española. Ambos contraen enlace, para dirigirse luego con una corte propia en calidad de virreyes a Santo Domingo, donde Diego Colón ejercerá el cargo como representante de los monarcas de España en esta colonia de ultramar. El segundo, se produce entre Juan de Grijalva, soldado eminente del imperio, quien cae en manos de Cupido, cuando se enamora perdidamente de María de Cuéllar, dama de honor de María de Toledo e hija de un conspicuo funcionario del virreinato. Sin embargo esta historia de amor no concluye con una final feliz, porque se interpone en el camino don Diego de Velásquez, combatiente en la Isla y conquistador de Cuba, quien pretende a María, y se vale de su posición para solicitarla como esposa, ayudado por el intrigante y celestinesco Pedro de Mojica. Aunque tiene éxito en estas intenciones, sin embargo no logra nunca poseer la aceptación de María, quien fallece, amando a Grijalva y no cediendo jamás a don Diego, a pesar de haber contraído enlace por imposición de su familia, sin resistir tal trance en que la puso el destino. La historia tercera, la protagonizan uno de los protagonistas, Enriquillo, de ascendencia indígena , quien corteja a Mencía , también mestiza, hija de una indígena y un soldado español. Después de innumerables peripecias, logran vivir hasta el final de sus vidas enamorados eternamente.

En el plano histórico, en los inicios de la obra se hace referencias a las tropelías cometidas por el Comendador Ovando, individuo sanguinario, quien por medio de las huestes a su servicio emprende un ataque enfrentando a la apacible comunidad indígena de Jaragua que vive entre el presente y los sueños del pasado. Resultado de tal ignominia es una masacre, donde se eliminan a ochenta caciques, incluida Anacaona, la reina indiana que es procesada por Ovando y condenada a la pena de la horca.

En una nueva instancia, viene un periodo de aparente paz y reanimación: De todos los caciques eliminados a sangre y fuego, milagrosamente escapa Guaroa, un guerrero de temple y de carácter indomable, quien decide llevarse consigo a Guarocuya, infante, cuyo padre fue Magicatex, cacique de Barboruco, víctima del genocidio hispano y sobrino de Anacaona, que está siendo criado por su prima Higuemota, hija de la ajusticiada Anacaona. El destino de Guaroa es Barboruco, serranías inextricables, donde habita parte de su pueblo que no ha sido extinguida por la raza invasora. Guaroa, afirma : “Piensas, -le dijo a Higuemota,- que yo he venido a buscar la piedad o el perdón de esos malvados? ¡No; ni ahora, ni nunca¡”.Así, Guarocuya, abandonará por un tiempo la crianza española para internarse en las montañas con Guaroa y convertirse con posterioridad en el nuevo líder, conocido como Enriquillo.

Nicolás de Ovando, designa a su lugarteniente don Diego de Velásquez para arremeter en contra de Guaroa, que se ha atrincherado en Barboruco y quien con nuevos bríos decide vengar la muerte de sus hermanos de raza .El conquistador Velásquez no es un hombre tan criminal como Ovando, pero situado en este fatal contexto emprende la arremetida contra los indígenas. Y he aquí que en la obra surgen las primeras ideas en relación con la presencia de este nuevo ser americano. Por un lado, Ovando y en menor grado Velásquez, estiman que pertenecen a una raza superior invasora, la cual debe avasallar a como dé lugar a pueblos inferiores, no considerados como personas humanas, tal vez más cercanos a la animalidad, que a la humanidad; quizás, más vinculados con el instinto que con la razón y el sentimiento. Pero...los desvalidos tienen “un carnero en la zarza”. Surge la figura de Fray Bartolomé de Las Casas, quien por ese mismo tiempo se encuentra en “La Española” y cuya preocupación existencial de su dilatada vida, que se extendió hasta los 92 años fue abogar en favor de la preservación b de los pueblos indígenas del continente. De las Casas interviene ante Velásquez y le solicita un tiempo para internarse en el Barboruco, a fin de convencer a Guaroa que suspenda la rebelión a cambio de una mejor consideración para él y su pueblo por parte de las autoridades españolas. De Las Casas logra el objetivo por el prestigio y el cariño que tenía entre los indígenas. Guaroa acepta con cierto recelo la proposición, porque en el fondo intuye la maldad contenida en las mentes de los usurpadores. Deja en libertad a sus huestes para que decidan su propio destino. Un buen número bajan con el religioso, pero Guaroa desconfía y permanece al acecho con un grupo de guerreros. Diego de Velásquez se felicita de tal acción. Se imagina que la sangre por derramar se ha detenido. No obstante, cuando De Las Casas arriba a Santo Domingo sostiene un tenso altercado con Ovando, el Comendador de instintos asesinos, quien no acepta el acuerdo logrado. Expulsa a De Las Casas de “La Española” y le da nuevas instrucciones a Velásquez para arremeter nuevamente en contra de tan desamparadas criaturas. Finalmente, Guaroa es cercado y en un encarnizado duelo contra Velásquez, de improviso, decide matarse: “Precipitóse Guaroa a recobrar la espada, y habiéndose adelantado a impedírselo un español, el contrariado guerrero sacó la daga que llevaba pendiente de la cintura, y después de haber hecho ademán de herir con ella al que estorbaba su acción, viéndose cercado por todas partes , se la hundió repentinamente en su propio seno: “¡Muero libre¡, dijo; y cayó en tierra exhalando un momento después el último suspiro”.

La tercera etapa de la rebelión indígena le corresponde al cacique Enriquillo. Este, desde pequeño, huérfano de padres es criado por los franciscanos donde es conducido por el propio Bartolomé de Las Casas, tiempo después de la masacre de los ochenta caciques donde desaparece su progenitor. Asimismo, se convierte en un protegido de don Diego de Velásquez y de un hacendado, Francisco Valenzuela. Es bautizado, convirtiéndose en un cristiano y adopta en general todas las costumbres y modos peninsulares. Por ser descendiente de un guerrero connotado del Barboruco se le entrega una formación completa, donde figuran actividades como la equitación y la esgrima. No obstante, Enriquillo, no olvida a su pueblo autóctono. Sabe y conoce de sus padecimientos. Todo transcurre normalmente hasta que fallece uno de sus protectores directos, Francisco Valenzuela, quien lo estima como un hijo legándole importantes bienes de fortuna, justo cuando ha contraído enlace con Mencía, mestiza criada igualmente en el mundo cristiano occidental del cual forman parte los españoles. El único hijo del hacendado, Andrés Valenzuela, hace caso omiso de lo dispuesto en vida por su padre con respecto a Enriquillo y apoyado por Pedro de Mojica, un personaje intrigante y malvado, va perdiendo todas las posesiones, hasta tal extremo de convertirse en un perseguido y execrado por el hijo de su benefactor, Mojica y Badillo, este último personaje siniestro, representante del gobernador. Al final, después de padecer en carne propia la expoliación a que e han estado expuestos sus hermanos de raza, decide internarse en el Barboruco y se alza en armas apoyado por todo el pueblo indígena en contra de sus opresores. Como lugarteniente, lo acompaña Tamayo, otro indígena con el cual se crió en el convento de los franciscanos y con el que comparte los mismos ideales. Enfrentado con los españoles logra grandes triunfos, que significan el ajusticiamiento que hace Tamayo de Mojica y la derrota total de Andrés Valenzuela, su verdugo, quien por intervención de Enriquillo, no es eliminado por sus huestes, cuando es capturado en el campo de batalla. Así, se reparan las derrotas sufridas anteriormente por los 80 caciques y su reina Anacaona y por supuesto, el corajudo Guaroa..

Enriquillo. junto a su pueblo, el cual ha recuperado todos los bienes y derechos adquiridos, viven en paz integrados con los españoles, por lo menos hasta su muerte, que ocurre a una avanzada edad, con lo cual se pone término al acontecer fundamental de la obra narrativa.

Estos preliminares actos bélicos, escenificados por indígenas y españoles se multiplicaran en el futuro en todo el espacio terrígeno de América. Desde la misma “Española” se enrumba primero a Cuba y luego a México, Hernán Cortés para dirigir el genocidio de los aztecas, quienes ingenuamente lo confundieron con un dios. La eliminación de la etnia indígena se repite en diversos puntos del continente, incluyendo a mayas, arawacos, guárates, caribes, incas y un sinnúmero de razas aborígenes. El único lugar donde son detenidos estos hombres ávidos de botín y riquezas es en el territorio del pueblo mapuche, en las márgenes del río Bío-Bío, situado al sur de Chile, a mediados del siglo XVI. Este pueblo legendario por sus proezas guerreras, dirigidos por un eximio conductor, como lo es Lautaro, emboscan al Primer Gobernador del Reino de Chile, don Pedro de Valdivia, lo matan y exponen su corazón a los cuatro vientos como prueba del gran triunfo obtenido. Aunque Lautaro, posteriormente es sorprendido por las huestes españolas por delación de un yanacona traidor y perece al filo de las espadas hispanas, sin embargo ese pueblo durante trescientos años frenará a los españoles, quienes jamás pudieron traspasar sus fronteras y en un enfrentamiento intermitente, vengarán la muerte de tantos pueblos aborígenes, exterminados tempranamente, en el siglo XVI, lo que posteriormente dio paso a la importación de la mano de obra esclavizada para la agricultura, con jóvenes africanos cazados en su propio continente y trasladados a América para su venta por aventureros y traficantes de diversa nacionalidad, donde sobresalían ingleses, holandeses y portugueses.

Enriquillo es una obra narrativa que debe reeditarse y que debe ser conocida por las actuales generaciones para conocer cómo se inició esta contienda, sobre la base de la cual se han ido formando nuestras naciones , las cuales en sus orígenes tuvieron un parto difícil de lucha , de violencia sobre la base de ideas principistas, las cuales lamentablemente han predominado a lo largo de la historia hasta los tiempos contemporáneos, especialmente en los grupos oligárquicos, que han gobernado mayormente nuestras patrias caribe-latinoamericanas.

(*): Escritor chileno, radicado en Venezuela desde enero de 1976.

email:1134vill@cantv.net


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