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Sección: Global y Social
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9 de noviembre de 1989, levántate y andaMarcelo Méndez RochaMartes, 10 de noviembre de 2009
El símbolo para muchos es la caída del muro de Berlín. De hecho, es el acto que marca la culminación de un proceso y el comienzo de otro. Sería difícil remarcar que hubo un punto final y de inmediato se dio vuelta la página. Estimo que, dejando de lado cualquier dicotomía política, aquella noche se comenzó a escribir otro versículo de la historia dentro de un mismo capítulo. Para muchos estudiosos el capitalismo había tirado al comunismo con un golpe directo al mentón. Y para unos cuantos, el prólogo necesario para un renacer de esperanzas individuales manifestadas colectivamente. Un personaje importante de ésta etapa era Erich Honecker Secretario General de la Alemania del Este. Se trataba de una persona de ánimos fuertes y que fue, hasta el final, uno de los más ortodoxos políticos comunista del bloque del Este. Fue un gran opositor a Mijaíl Gorbachov y su Perestroika. El propio Gorbachov fue un factor determinante junto al Primer Ministro de Japón Tasuhiro Nakasone y sus predecesores que lograron fijar horizontes para reformar y preservar un sistema social (soviético) socialista con el fin de innovar su hegemonía política y económica. La Perestroika fue vital; con sus rasgos democráticos en la vida política, la relación y ejecución de políticas exteriores más participativas y sus reacciones debido a las acciones económicas. También la denominada Doctrina Sinatra que permitía a los países del Pacto de Varsovia tomar resolución en sus asuntos y problemas internos y optar por su desarrollo político dejando a un lado la vieja Doctrina Brézhnev. Estos y otros factores asintieron repercusiones mundiales determinantes. Alemania del Este no podía, aunque quisiera, mantenerse al margen. La presión social interna también jugaba su partido. Se sumaban fuerzas y la “fruta” estaba madurando. Se prohibieron la emisión de visas y se reforzaron las vigilancias en las fronteras. El gobierno comenzó a reprimir con fuerza todo tipo de manifestaciones, incluso durante la visita de Gorbachov (7/10/1989, 40° aniversario de la RDA) se respiraba una “rara” paz. Pero la misma noche que el líder soviético abandono territorio de la RDA, Erich Honecker ordenó el desplazamiento de las fuerzas militares a las calles para una confrontación violenta y directa con los ciudadanos. Todo era una cuestión de tiempo. Los sucesos del 3 de junio de 1989 en la Plaza de Tiananmen y quizás, más sobresalientemente la apertura de la frontera de Austria y Hungría (Telón de Acero) desde el mes de agosto, fueron gotas de mucho volumen que terminaron por desbordar un vaso que tardó 28 años en llenarse. Honecker presento renuncia (algunos dicen que el propio Politburó lo obligó a dimitir) el 18 de octubre de 1989 y los sustituiría Egon Krenz. Aquel 9 de noviembre de 1989 en la RDA todo era sumamente tenso. Casi a las 19 horas en cadena abierta Günter Schabowski, daba a conocer (erróneamente) con efecto inmediato la anulación de todas las leyes que prohibían viajar al extranjero. La población se volcó en masa al control fronterizo, pero la orden no había llegado ni se le había confirmado al alto mando militar. Armados para la guerra, la guardia militar de la RDA tenía orden de disparar si alguno de sus hermanos intentaba atravesar el cruce de frontera. Finalmente, la masacre se evitó y el mundo respiró. Hace 20 años nacía para los alemanes “El Cambio” (Die Wende). Tal vez algunos alemanes de la ex RDA quisieran volver a sus orígenes sociopolíticos o socioeconómicos de aquella Alemania. Muchos lucharon (otros murieron) deseosos de un cambio primario hacia la libertad individual, segundo; hacia una expresión voluntaria hacia cualquier ideología política. ¿Fue un triunfo del capitalismo?. Políticamente la respuesta debería ser sí. Pero fue un triunfo parcial, incluso las políticas socialistas son un fuerte estandarte dentro de la Comunidad Europea. Con la caída del muro de Berlín no se puede hablar de un fin. De hacerlo, no reconoceríamos un comienzo. Será una figura emblemática al “Debemos Cambiar” que unificó dos ideologías situadas en las antípodas del pensamiento político. Hubo una unificación de criterios sobre algo que ya era insostenible. Hubo evidencias que tomó por sorpresa a la teoría. La teoría, en teoría, fue derrotada por la práctica. Todo andar comienza con el primer paso, se podrá tropezar o incluso caer, pero hay que seguir andando proponiendo mejoras constantes mediante el diálogo y la razón. Hacer el verdadero “Die Wende” no es sencillo (aún podemos estar en plena transición), pero el primer muro ya fue derribado. Vayamos por más. |
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