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Disparen primero y averigüen después
Roberto Hernández Montoya

Jueves, 17 de agosto de 2000

—¿Cómo te hiciste asesino?

—Fue un poco por accidente. Un día nos enfrentamos con un malandro y el tipo se nos murió. Nos había dado mucho trabajo y descubrimos que después de que lo dejamos pegado podíamos descansar más y hasta rebuscarnos con otros trabajitos por ahí, tú sabes. Además, eliminamos esa plaga que compite con uno. Que en una de esas viene un juez y te lo suelta después de haber pasado meses buscándolo. Cuestión de ser práctico. Es una profesión descansada, con largos períodos de reposo.

—¿No temes que la consigna de “plomo al hampa” les dé mucho trabajo?

—Al principio me atraía la idea, pero ahora que lo dices de repente nos ponen a trabajar sobretiempo. Habrá que plantear la cosa en el sindicato no sea que nos quieran explotar. Eso sí que no. Que contraten más personal, o que nos paguen por unidad. De todos modos nos apoya en la eliminación de malandros que compiten con uno, tú me entiendes, uno tiene que rebuscarse también jalando carros o entrompando gente por ahí. La calle está muy dura y uno tiene que defenderse, como todo el mundo.

—O sea, cobrarían por delincuente muerto.

—Así es. Eso nos daría un incentivo. Si quieren acabar el hampa a plomo tienen que pagar porque hay mucho landro en la calle. Dejarlos muñecos a todos va a tomar tiempo. Pero así es la vida, bueno... la muerte.

—Pero parece oficio fácil.

—No creas, tiene su según y cómo. Lo difícil es sacarlos del barrio, porque se te encuevan ahí y la gente te los esconde. Hay que cazarlos igualito que a un venado, con astucia y paciencia, hasta que caen. Es hasta divertido. Después es fácil.

—¿Y cómo sabes que un tipo es un malandro y que no estás matando a un inocente?

—Bueno, eso se huele. Y en la mayoría de los casos uno ya los conoce.

—Pero ¿y si te equivocas y matas a uno que no es?

—Pero, bueno, ¿qué quieren? ¡Uno no es infalible! Te pones a averiguar y se te va la presa. Si se ponen con perfeccionismos y remilgos no les seguimos matando sus malandros y que se joroben. ¿No quieren plomo al hampa, pues? Bueno, todo el mundo corre riesgos cuando sale para la calle. ¿O es que nosotros no corremos riesgos también? Este trabajo también tiene sus sacrificios, ¿o qué creen? Que entiendan. Lo que pasa es que algunos no entienden.

—Las organizaciones de derechos humanos.

—No me hables de esos bolsas, chico. Son los peores. ¿A que nunca hablan de los derechos humanos de la gente que los malandros matan? Ah, de eso no. Entonces quieren que uno trate a los malandros como a unas señoritas. Es que no tienen burdel, pana. No saben cómo es esta pasión salvaje aquí abajo. Además, mira: con este método de plomo al hampa el país se ahorra un realero y un tiempazo, porque así el policía resume todos los poderes: Poder Ejecutivo cuando atrapa al landro, Poder Legislativo cuando aprueba la pena de muerte, Poder Judicial cuando acusa, juzga, sentencia y ejecuta la condena, y se salta el podercito nuevo ese que llaman Moral, con Defensoría del Pueblo y esas maricadas. Y todo en el momentico que lleva pegar un pepazo en la sien.

—Pero es ilegal.

—Ah, pues, legal es lo que se hace, chico, lo demás son bolserías buenas solo para dar clases de derecho y esas pajas, pero no para defenderse de este país.

—¿Y no temes que en una de esas te juzguen y condenen?

—¿Quiénes? ¿Los que están diciendo “plomo al hampa”?

—Pero el presidente Chávez tiene otro discurso sobre eso.

—Bueno, él no tiene por qué saber lo que estamos haciendo. Además, pana, tú como que me estás oliendo a malandro también. Espera, no corras, párate ahí...


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