| |
Sección: Global y Social
ENVIAR A UN AMIGO
|
ENVIAR AL DIRECTOR
|
ENVIAR AL EDITOR
“La Guerra por la Paz”
La teoría de la Paz
Enrique Prieto Silva
Sábado, 1 de agosto de 2009
En la anterior entrega analizamos el concepto y la teoría de la guerra. En esta oportunidad, para ser consecuentes con el objeto de estas publicaciones, nos referiremos al contradictorio: La Paz, que no es precisamente lo contario a la guerra, sino el fin principal de la convivencia social, sin el cual no se permitiría el desarrollo de la vida en comunidad. Es, como bien pudiéramos decir, el sentido de la vida, del amor y de la felicidad. Sin paz, ni siquiera los muertos logran el descanso eterno.
Un proverbio árabe dice: que “la diferencia entre la guerra y la paz está, en que en la paz los hijos entierran a sus padres, mientras que en la guerra, los padres entierran a sus hijos”. Hobbes decía: que las dos primeras leyes naturales consisten en buscar la paz y en defenderse por todos los medios que se tengan al alcance. Decía también, que para asegurar la paz y la seguridad, el mejor procedimiento con el que cuentan los hombres es el de establecer entre ellos un contrato y transferir al Estado los derechos que, de ser conservados, obstaculizarían la paz de la humanidad.
La paz es el deseo o meta de la convivencia social. Es el anhelo de todo pueblo, pero este anhelo se vulnera, cuando algunos gobernantes que codician fortaleza en su poder, estimulan en sus gobernados ideas fratricidas para exacerbar el nacionalismo y lo hacen promoviendo la guerra y, aunque la guerra para la sociología y la politología es estimada como un flagelo, pareciera ser una parte integral de la condición humana, de allí la estimación que, desde el año 1000 a.C. solo menos de 300 años se han visto libres de conflictos armados.
La Paz en el Estado
Uno de los más grandes objetivos de un Estado es el logro de una paz perdurable. Se traduce entonces en la motivación de su política y la orientación fundamental en su legislación y de su sistema de gobierno. Ello implica, una clara política que permita una grande y homogénea población; la obtención de un alto producto nacional bruto (PNB); la organización y estabilización de un eficiente sistema de justicia respaldado por un equilibrado e imparcial sistema de seguridad, que tienda a la organización de cuerpos armados integrales, bien capacitados y entrenados para la seguridad interna y para la defensa ante ataques externos. Debe propender a lograr una equilibrada y positiva relación económica con los otros Estados y fundamentalmente, promover e incentivar grandes inversiones y propiedades; con un adecuado desarrollo tecnológico independiente y una gran capacidad de autosuficiencia. Solo así se logrará un Estado en paz.
Las teorías pacifistas
Muy lejos ha estado siempre el mundo de lograr la paz. Han provenido las guerras pero siempre visualizando la paz, de donde surgen los esfuerzos para con prontitud volver a ella. Vienen los acuerdos posbélicos y los deseos por una paz duradera, pero la realidad empalidece ante los designios de lo que pareciera ser una ley natural, donde el hombre lucha contra el hombre. Ha surgido en la historia de la humanidad el deseo permanente por mantener la paz y para ello legisla al respecto, pero la verdad nos indica que el esfuerzo siempre es tenue ante el morbo bélico, que pareciera imperar en la mente y el poder del hombre.
En la historia reciente, los más de 80 conflictos acaecidos desde la desaparición de los bloques al término de la Guerra Fría y los sucesos de septiembre de 2001 en Estados Unidos, las guerras en Afganistán y en Irak y los constantes conflictos entre Israel y los países árabes, confirman que el final de la guerra fría no produjo la esperada paz mundial y que a pesar de haberse alcanzado acuerdos y tratados sobre el control de armamentos, el desarme, la prevención de conflictos y la gestión negociada de las crisis, la inestabilidad es un fenómeno de nuestro tiempo y un riesgo que amenaza con afectarnos a todos. Multitud de factores de violencia estructural como la pobreza, el hambre y la carencia de justicia social contribuyen con esta realidad, incrementando el desorden mundial, lo que se traduce en violencia social, anarquía criminal, flujos de refugiados, tráfico de drogas, crimen organizado, nacionalismo extremo, fundamentalismo religioso, limpiezas étnicas, devastación ambiental, etc. Condiciones de desestabilización que tienden a ser explotadas por nacionalistas, ideólogos, fundamentalistas, terroristas y autoproclamados profetas, para alcanzar sus propios objetivos.
Así, el mundo experimenta un aumento de guerras con disímiles desarrollos, que se bautizan con nuevos nombres: limitadas, de guerrillas, camufladas, sin restricción, asimétricas, etc., y en las que aparecen variados niveles de violencia. Pareciera que faltara juicio concienzudo, aunque siempre reflota el deseo sobrenatural de paz. Ese deseo que en los siglos recientes solo se ha visualizado en la religión.
Cristianismo y paz “No matarás”
La historia ubica al pacifismo, como el mayor apremio religioso y principio del Cristianismo, al entender, que en ningún otro campo social o ideológico, han sido mayores ni más apremiantes las reprobaciones al problema entre la guerra y la paz. Los Padres de esta Iglesia, proporcionan un arsenal inagotable de argumentos contra la guerra. Para el Cristianismo, “toda guerra trae consigo un cortejo infinito de crímenes y desgracias, que cae principalmente sobre los inocentes”. Erasmo, como ejemplo, se manifestó en tal sentido, indignado ante las acciones bélicas que eran conducidas por eclesiásticos, incluyendo algunos Papas.
Ius naturalismo y paz
Hobbes, aseveraba que el hombre social no existe, sino que el hombre siempre estará en lucha contra el hombre. En tal sentido manifiesta: que el poder se ejerce, mediante diversas formas, en las que se incluyen: la persuasión intimidatoria, la guerra ideológica y la psicológica, la coerción económica, la persuasión moral, el imperialismo cultural, las acciones legales de conflicto, la amenaza de guerra y finalmente, ésta. Según él, “el estado, de naturaleza es un estado de guerra y de anarquía. Los hombres son iguales por naturaleza; de la igualdad proviene la desconfianza, y de la desconfianza procede la guerra de todos contra todos”. Pare él, “La vida es solitaria, pobre, embrutecida y corta”. “No existe la noción de lo justo, y tampoco la de propiedad. No hay industria, ni ciencia ni sociedad” y con esta visión pesimista, se opone a los teóricos del derecho natural y a todos los que disciernen en que el hombre tiene una inclinación natural a la sociabilidad. Según él, “el soberano no tiene ningún límite exterior a su poder”.
Sin embargo, al referirse al derecho natural -ius naturale-, manifiesta que “éste se emparienta con el instinto de conservación”, definiéndolo como “la libertad de cada cual para usar de su propio poder, en la forma que quiera, para la preservación de su propia naturaleza, es decir, de su propia vida”.
Socialdemocracia, antimilitarismo y paz
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, aparecieron las ideas orientadoras de la Internacional Socialista, cuya doctrina oficial declaró enemigo al imperialismo capitalista aliado al militarismo. En el progreso doctrinario, la ideología oficial enseñaba, que el auge de la democracia y más aún del socialismo, llevaba inevitablemente consigo una evolución hacia el pacifismo. No obstante, las tendencias para lograr el objetivo, indicaban lo contrario. Los compromisos del socialismo para lograr su esperanza de revolución y la eliminación de los Estados capitalistas, obligaban a mantener la “defensa nacional”. La guerra pasaba a ser el medio necesario en la transformación del Estado apareciendo entonces una aparente visión que estimaba que: “Todas las luchas en la historia, se han orientado a condenar el militarismo en procura de la paz. Surge así como visión maligna la necesidad de la guerra para lograr la paz.
Los socialdemócratas alemanes, entre los que se menciona al teórico marxista Karl Johann Kautsky, quien fuera uno de los primeros líderes del Partido Socialdemócrata de su país; amigo y discípulo de Karl Marx y Friedrich Engels, trataron de conciliar al “patriotismo” con el “internacionalismo”, pero para ellos, el fondo del problema consistía, antes que tomar partido a favor o en contra de las políticas nacionales, impedir o hacer imposible la guerra. En Francia, el famoso caso del capitán Alfred Dreyfus, logró agrupar a los republicanos con los liberales y los socialistas, cuya alianza terminó con una derrota del militarismo.
EL Fascismo y la negación de la Paz
El término “fascismo” implica un régimen de partido único. Su relación con la paz no requiere explicaciones ni interpretaciones vagas o fuera de contexto. En 1932, Mussolini decía: "Ante todo, el fascismo, en lo que concierne en general al futuro y al desarrollo de la humanidad, y dejando aparte toda consideración de política actual, no cree en la posibilidad ni en la utilidad de la paz perpetua. Por esa razón rechaza el pacifismo, el cual en el fondo esconde una renuncia a la lucha y una cobardía ante el sacrificio. Para él, únicamente la guerra lleva a su punto máximo de tensión todas las energías humanas e imprime un sello de nobleza a los pueblos que poseen la valentía de enfrentarse a ella. Las restantes experiencias son sólo sucedáneas, que no colocan nunca al hombre frente a si mismo ante la alternativa de la vida o la muerte. Es por ello, que una doctrina que parta del postulado previo de la paz, es ajena al fascismo”.
La ONU y el mantenimiento de la Paz
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), establece en su Carta Constitutiva, que el Consejo de Seguridad es ante todo responsable de los asuntos relativos al mantenimiento de la paz y la seguridad; la Asamblea General tiene en esta materia, sólo una autoridad residual. Los artículos 33 al 38 de la Carta autorizan al Consejo para instar a naciones en conflicto a que resuelvan sus diferencias por medios pacíficos, mediante negociaciones, investigación, mediación, conciliación, arbitraje y por la vía legal. En el desempeño de esta atribución, el Consejo puede nombrar representantes o crear comités especiales, que investiguen las disputas y recomienden alternativas de solución. Y, cuando determina que una disputa representa una amenaza para la paz, puede aplicar sus recomendaciones, ya sea por medio de sanciones económicas y diplomáticas, o mediante la utilización de fuerzas militares, cumpliendo con los artículos del 39° al 51°. Acción ésta, que está sujeta al voto unánime de los cinco miembros permanentes del Consejo.
En el mismo orden de ideas, se encuentra el contenido del artículo 26°, mediante el cual, el Consejo de Seguridad tiene también la responsabilidad de formular planes “para el establecimiento de un sistema de regulación de armamentos”, aún, cuando la Carta de la ONU concede menos importancia al control internacional de armas y al desarme como instrumentos para alcanzar la paz, herencia del pacto de la Sociedad de Naciones. Pero en el tema que nos ocupa, la historia ha sido testigo de las dificultades del Órgano internacional, para lograr la paz mundial, motivo por el cual, debido a algunos sucesos ocurridos entre las dos grandes conflagraciones mundiales, muchos líderes consideraron que la paz sólo podía lograrse a través de la cooperación de las principales potencias. Surge así el valor del criterio de Roosevelt, de actuar como “policía del mundo”. Consideración que se estima inspiradora de la necesidad de la unión de las grandes potencias para las acciones de fuerza, a la vez que explica por qué se ha llamado a la Carta de la ONU, “sistema de seguridad colectiva limitada”, ya que no se puede emprender una acción coercitiva en contra de la voluntad de un país que tiene un puesto permanente en el Consejo. En estos casos, aunque estas acciones coercitivas no califican de guerra, necesariamente conllevan como fin el lograr mantener la paz. No obstante, es evidente que siempre ha sido violada esta normativa. Hemos visto como USA ha emprendido guerras con o sin sentido, muchas veces por propia iniciativa, pero todas han sido siempre avaladas por la Organización
La paz sigue siendo un deseo ansiado pero costoso. Cada vez que se asoma como fin social o como fin político, el hombre de Estado lo condiciona con una premisa: “Para mantener la paz, hay que prepararse para la guerra”, sin embargo, el poder cuando obnubila al hombre lo saca de la normalidad y lo transforma en un ser subyugador, que condiciona la paz social a su mandato. En este caso, no dudamos en pensar que: “Pareciera una perversidad propugnar la paz y al mismo tiempo provocar la guerra”
eprieto@cantv.net
|
|
|