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Sección: Global y Social
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Manuel Caballero, biógrafo de Rómulo BetancourtRomán José SandiaViernes, 22 de julio de 2005
Rómulo Betancourt es el político del siglo XX venezolano. En él confluyen las líneas de la organización, el pensamiento y la acción populares que impulsaron el proyecto democrático. Nadie tuvo tan definida su vocación política como Betancourt para conducir, mediante el diálogo unas veces, la audacia otras y el pulso en todas, hombres, ideas y programas que transformaron a Venezuela. A casi un cuarto de siglo de su muerte, su legado está presente en los venezolanos. Quizás no de modo consciente para muchos. Pero el régimen democrático, producto fundamental de su diseño, se mantiene como última fortaleza en el imaginario popular ante los embates del militarismo y el autoritarismo. El libro de Manuel Caballero, “Rómulo Betancourt, político de nación” (FCE-Alfadil, 2004), es una documentada, razonada y muy bien escrita biografía. Betancourt era un obsesivo acumulador de papeles. Guardaba todo cuanto pudiera interesar a su actividad política, pero igualmente atesoraba aquellos documentos que consideraba de valor histórico, aunque no estuvieran relacionados directamente con su trajinar. Un hombre preocupado por su papel en la historia. En ese oceánico archivo ha buceado Caballero con la intuición del oficio. (Este archivo ha tenido una accidentada publicación debido a razones financieras que han hecho imposible su total aparición en libros. Por lo tanto, la Fundación Rómulo Betancourt ha racionalizado el proyecto y encargado a diversos investigadores una selección de los documentos) El método de Caballero es el de mostrarnos los hechos verificables pero también las diversas interpretaciones que de éstos han hecho los adversarios de Betancourt y otros escritores. Con maestría nos introduce en la historia y nos conduce al debate de aquellos días, para luego revelarnos su proceso de descarte de leyendas y versiones no verificables o su crítica de las fuentes consultadas. Así, Caballero nos hace partícipes no sólo de la historia que nos cuenta, sino de su elucidación. Sin hacernos trampas, puesto que pone todo lo que sabe en blanco y negro, nos lleva a conocer el proceso que ha realizado para llegar a sus conclusiones. La honestidad intelectual de Caballero se manifiesta hasta en el hecho de reconocer sus fallas en un trabajo anterior. En 1971 (después, en 1977, fue publicado con algunas modificaciones por Centauro) escribió un largo ensayo sobre el líder adeco en el que hacía acotaciones no verificadas y que lo llevaron a cometer gruesos errores sobre la acción política de Betancourt en Costa Rica en los tempranos años treinta. Luego, un alumno suyo, Alejandro Gómez realizó una investigación en el país tico que desmentía los conceptos de Caballero. El maestro no se ha cansado de reconocer su equivocación y de recomendar la lectura del libro de Gómez, “Rómulo Betancourt y el Partido Comunista de Costa Rica: 1931-1935” (UCV, 1985). Caballero no hace el ejercicio facilón, tan caro a algún periodismo de hoy, de mostrarnos diversas versiones sobre un hecho, entrevistando a tirios y troyanos, para quedarse en un limbo donde “el lector decide”. No, Caballero, repito, nos hace ver las variadas vertientes para desembocar en una, la que le parece más ajustada a lo que ha conseguido documentar. También ha explicado nuestro autor que al escribir historia lo hace evitando que influya lo sucedido después del periodo en estudio. Trata, entonces, de ver sin más (con su propia caja de herramientas, claro está) cómo ocurrieron las cosas para llegar a lo más cercano que se pueda de la realidad. Escribir teniendo presente lo ocurrido después puede crear distorsiones insuperables. Se corre el riesgo de encontrar causalidades donde no las hay. O el historiador se descubre haciendo maquillaje para justificar posiciones más recientes de sus personajes. Caballero se acerca a su biografiado con asepsia, sin contaminarse con los prejuicios, animadversiones, simpatías o idolatrías que Betancourt en su extensa vida política engendró. No sucumbe ante el ditirambo, en primer lugar porque siendo historiador de tan larga y reconocida obra nunca esa ha sido su costumbre. Pero es que además Caballero, como se ha preocupado en subrayar él mismo, fue un oponente de Betancourt muy persistente tanto desde la militancia política como desde la prensa. Y teniendo en cuenta que siendo un opositor, pluma en ristre, Caballero se olvida de la acrimonia que algún día le dispensara en la imprenta para tratar de comprender las razones y las circunstancias del fundador de Acción Democrática. Recorre Caballero el arco vital de Rómulo con una prosa envidiable. Siempre clara y precisa, sin “estilismos” que hagan torcer la boca al lector. Lectura agradable que invita a seguirla y a apartarse para mayor deleite. Aunque el libro se adentra en el análisis político, no es una historia política exhaustiva de esos años. La obra de sus gobiernos no está suficientemente analizada. Pero creo que sería otro libro (y muy grueso) aquél que se dedicara a analizar todo lo hecho en el trienio de 1945-1948 o lo realizado en el quinquenio 1959-1964. Es verdad, también, que el lector desprevenido puede echar en falta la mención de algunos acontecimientos políticos que pareciera el autor dar por conocidos. Esto quizás se podría subsanar, en una edición posterior, con una cronología. En un país de tan frágil memoria y enfrentado a un proceso de falsificación y manipulación de la historia, el libro de Manuel Caballero se hace necesario para conocer a un hombre que tanto hizo por la construcción democrática del país. |
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