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Sección: Global y Social
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Guerra a la ignoranciaFrancisco Kerdel VegasJueves, 19 de octubre de 2000
Aunque no falta nunca quien añore el pasado, pensando que se trataba de un mundo mejor, la verdad es que la humanidad no ha cesado nunca de aspirar a un futuro más promisorio, a un mundo más justo, y en ese camino lento y tortuoso, es cierto, de obtener avances importantes desde el punto de vista social y económico. Sin embargo no todas las naciones marchan al mismo ritmo, y esos grandes logros se han hecho realidad primero en los países Occidentales y sólo en forma gradual en otras partes del mundo. Los derechos del hombre, la abolición de la esclavitud, el voto universal, la democracia como sistema de gobierno, la incorporación de la mujer a la educación superior y al pleno ejercicio de sus derechos políticos, son ejemplos bien conocidos. Ese mundo más justo, con paz y tolerancia, donde se convive en respeto por los derechos humanos, igualdad ante la ley, donde hay trabajo, educación, salud, cumplimiento de la ley, orden, seguridad social, propiedad privada, y progreso, ha tomado -y seguirá tomando- mucho tiempo en implantarse y tenía que circunscribirse a localidades, mas tarde a naciones y hoy en día a extensas partes de varios continentes (el llamado Norte). Todas esas conquistas sociales se han logrado con mucho esfuerzo y en un progreso continuo que ha tomado siglos. Hoy en día debido a los rápidos avances en transporte y comunicaciones, de pronto el mundo se ha "globalizado" y ya nadie puede ignorar (o intentar hacerlo) lo que pasa en otros países, por más remotos que aparezcan a primera vista. Las imágenes de ese otro mundo profundamente injusto viajan a la velocidad de la luz de un punto a otro de nuestro planeta e impactan diariamente a todos los seres humanos con acceso a la información, por una multitud de medios, a los cuales están más o menos expuestos, casi sin excepción. ¿A qué se debe esa enorme diferencia entre esos países del Norte y el subdesarrollo en que estamos sumidos los llamados países del Sur? ¿Qué podemos y debemos hacer para remediarlo? Muchas son las teorías económicas que han salido a luz a lo largo de la historia para explicar este fenómeno, problema fundamental de la humanidad en el futuro. "La vieja división del mundo en dos bloques de poderes, Este y Oeste, ha desaparecido. Ahora el gran desafío y amenaza es la brecha en riqueza y salud que separa ricos y pobres. A menudo se les conoce como Norte y Sur, porque la división es geográfica; pero una significación más precisa debería ser el Oeste y el Resto, ya que la división es también histórica. Aquí radica el problema específico más grande y peligroso que enfrenta el mundo del Tercer Milenio. La única otra preocupación que le sigue de cerca es la deterioración del ambiente, y los dos están íntimamente conectados, de hecho son sólo uno" . La brecha sigue creciendo a diario, y a título de ejemplo Landes nos cita la diferencia existente entre la nación industrializada más rica del mundo (Suiza) y la más pobre (Mozambique) que viene a ser de 400 a 1, en tanto que hace doscientos cincuenta años esa diferencia era tan sólo de 5 a 1. Tenemos que analizar primero cual ha sido la fórmula del éxito de los países del Norte para poder entender que nos ha faltado en el Sur, para alcanzar semejantes niveles de desarrollo. En general se pueden agrupar las diversas opiniones expresadas en tres teorías principales:
Diferentes investigadores ponen el énfasis en factores coyunturales que sin duda tienen su importancia pero que siempre dependen de un sustrato fundamental que es la ignorancia. Por ello la única guerra justificable que podremos librar en el futuro es la guerra contra la ignorancia, raíz de todos nuestros problemas, de nuestro atraso y de la pobreza que nos está aniquilando progresivamente. Canalizar los instintos agresivos del hombre en esa dirección será un logro fundamental de la raza humana, en cuyo cerebro e ilimitado potencial está la clave de nuestro futuro como especie biológica. La razón por la cual la civilización occidental haya triunfado e impuesto sus valores, se puede encontrar en la educación, en la importancia y prioridad que siempre ha puesto en la formación de su potencial humano. "Pueden por que saben: Los países desarrollados han logrado el adelanto económico, la extensión gigantesca del consumo, la agricultura con excedentes suficientes, el abaratamiento de los costos y la producción masiva de costos y servicios, debido al enorme énfasis que ha puesto en el desarrollo de su potencial humano, mediante procesos adecuados de educación y el fomento de la investigación para el progreso de la ciencia y la tecnología. Todo esto se convierte en un sistema de vida, en una cultura de avanzada que opera y funciona permanentemente cualesquiera que sean las circunstancias". Ese desarrollo del potencial humano se logra mediante la educación, tanto en las aulas como en el hogar, mediante todo un sistema destinado a transmitir a la nueva generación los valores éticos y los conocimientos que en forma acumulativa, digerida y comprobada sirven para preparar a la gente joven para el mundo del trabajo, para entrenar sus mentes a pensar en profundidad e independientemente, y que puedan así comportarse como ciudadanos responsables y seres humanos tolerantes y decentes. En realidad la educación es un proceso que no cesa a lo largo de toda la vida, que con toda probabilidad se inicia en la matriz de la madre y persiste hasta el mismo momento de la desaparición física de cada uno de nosotros. Lo que varía es el grado de respuesta y de susceptibilidad a esa transmisión de conocimientos, que es mucho más receptiva y permeable en los niños y jóvenes. La educación formal -en las aulas de las escuelas- es un sistema harto conservador, y hay buenas razones para que así sea. El sistema es instintivamente refractario a cualquier cambio. Cualquier desviación negativa -por más loable que haya sido su propósito- puede producir efectos catastróficos a toda una generación, y esto no lo comprobaremos sino muchos años más tarde. Las rectificaciones en este campo son tardías y costosas (en el sentido social). Lo aconsejable en casos como éste es permitir (función básica del Estado) el mayor grado de diversificación. Allí tal vez radica el éxito del sistema educativo norteamericano, que debido a la descentralización (federalista) y a la convivencia entre educación pública (donde hay instituciones de la más alta calidad académica) y privada (donde para subsistir tienen que competir arduamente en cuanto a calidad), han logrado un sistema que se caracteriza por la más amplia diversidad, con opciones válidas para todas las capacidades, gustos e inclinaciones. No hay sino que observar y comparar el comportamiento de la economía norteamericana en los últimos años para comprender que está basado en la flexibilidad y diversidad de su sistema educativo, que le permite adaptarse continuamente a nuevas situaciones. Lo más preocupante del desempleo en muchos otros países desarrollados industrialmente es observar que las cifras más alarmantes están entre los recién graduados de las universidades. En ese desempleo y subempleo de jóvenes universitarios está el caldo de cultivo de las futuras conmociones sociales y políticas. Es evidente de que sus programas educativos permanecen atados a sistemas incapaces de reaccionar rápidamente a los cambios culturales, económicos y sociales que estamos viviendo a una velocidad en continuo aumento. ¿De qué manera podemos lograr que nuestra educación -de lo que depende fundamentalmente nuestro futuro como país y como cultura regional-, responda a las necesidades perentorias y al gran reto que reclama este mundo globalizado y acelerado del Tercer Milenio? En primer lugar no vacilaría en aceptar la premisa de permitir el mayor grado de diversificación, siempre que prometa con hechos comprobables un mejoramiento del sistema educativo rígido que siempre hemos tenido. Quitarnos de los ojos esa telaraña que nos permite pensar de que lo estamos haciendo mejor que los países más adelantados del mundo. Aceptar racionalmente que no es pecaminoso, ni atenta a nuestra identidad nacional, estudiar eclécticamente los sistemas educativos de países que están en un nivel cultural y económico más desarrollados. Tal vez aquí, como en otros aspectos de la vida económica, la mano invisible del mercado sea superior a los planificadores educativos de un Gobierno centralista, y no necesariamente por el ubícuo argumento de la incapacidad burocrática, sino porque estamos actuando en un mundo dinámico, donde -como en biología-, sólo la diversidad nos garantiza la posibilidad de supervivencia y éxito. Hace pocos días, en relación con el programa del Bachillerato Internacional, afirmaba: "Ya ensayado el sistema en Venezuela, primero en colegios que se rigen por el sistema educativo norteamericano, y luego por varios otros colegios privados -la mayor parte en el interior de la república-, vale la pena hacer el ejercicio de evaluar los resultados obtenidos y determinar en que forma puede extenderse ese valiosísimo experimento docente a planteles públicos, ya que el evidente beneficio de programas que representan el pasaporte válido para el acceso a las mejores universidades del mundo, tiene necesariamente que ser extendido a los sectores de la población que no tienen los medios económicos para enviar a sus hijos a costosos colegios privados." Es obvio que la masificación de los estudios ha producido en nuestro medio una constante erosión en la calidad de los mismos. El Ministerio de Educación tiene por lo tanto el doble reto de por una parte proporcionar educación a ese número creciente de niños y jóvenes y velar por mejorar los niveles de calidad de esa educación tan deteriorada por tantos años. Pero, algo nuevo ha ocurrido en este mundo de la educación. Algo novedoso, penetrante, omnipresente y de potencial incalculable. Se trata del instantáneo y económico acceso a la información a través de Internet y la Web, utilizando los computadores (con modem y acceso telefónico). Algo que hace una década hubiese sido ciencia ficción, como son la universal utilización de las computadoras y el procesamiento de digitalización aplicado a la escritura, las imágenes, el video, el sonido, hoy en día son una realidad bien establecida. Información al alcance de quien posea estos instrumentos, que son en términos realistas accesibles a gran parte de la población, y que con un mínimo de esfuerzo por parte de gobiernos inteligentes y esclarecidos, podrían extender su accion a la casi totalidad de la población (como de hecho ocurre ya en los Estados Unidos y los países escandinavos, y está ocurriendo en una miríada de otros países desarrollados y en vías de desarrollo, que han despertado y hacen frente a las oportunidades reales del mundo actual). Ya no hay excusas para no incorporarse con todos los hierros a la revolución de la información. Los hechos demuestran a la saciedad los efectos y consecuencias que tienen en las sociedades las políticas destinadas a democratizar el acceso a la información y los esfuerzos destinados a crear una población que sabe lo que es un computador y sabe utilizarlo en su propio beneficio. Allí tenemos, en un país hermano, Costa Rica, lo que ha sucedido en pocos años, desde que el presidente Oscar Arias inició su estrategia de "un computador por aula", y lo que ha sucedido desde entonces con la instalación en ese país de una de las más grandes fábricas de microprocesadores y de numerosas empresas multinacionales de programas de computación con creación de millares de nuevos empleos, ingresos para el Estado que superan a los del monocultivo tradicional, y la generación de nuevas esperanzas bien fundadas por un futuro mejor. No se trata de quimeras, sino de realidades tangibles y comprobables. Por ello no he vacilado en calificar y jerarquizar al computador como "el más importante de todos los inventos", ya no tanto por el concepto filosófico de Buckminster Fuller (ver Anexo No. 1, al final de este escrito) de que el computador libera al cerebro humano de la tarea del análisis para poder concentrar su poderosa acción en la más noble de la síntesis, sino por ese nuevo poder inconcebible hace pocos años, de acceder a cualquier información, en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, en forma instantánea y económica mediante Internet y la Web. Por ello doy todo mi apoyo a la iniciativa lanzada por el Dr. Alí Domínguez Sánchez (en carta dirigida al Presidente Chávez) de eliminar el IVA (y todos los demás impuestos que pudieran gravarlos) a la importación y comercialización de los computadores. Aquí no se trata de un artículo de consumo más o menos sofisticado y de moda, se trata de la herramienta más extraordinaria inventada por el hombre, que nos permite acceso indiscriminado, sin censura, sin limitaciones, a la información. De allí que esté involucrado activamente en el establecimiento del primer INFOCENTRO COMUNITARIO del país en la Parroquia María de San José del popular y humilde Barrio Ezequiel Zamora de Catia la Mar, intentando crear un modelo de cooperación entre la comunidad, su líder religioso nato y las personas e instituciones dispuestas a colaborar en esta iniciativa que puede representar un modelo de acción para democratizar el acceso a la información. Con toda una penetrante influencia en la educación complementaria que pueden recibir los estudiantes del barrio durante el horario escolar (en rotación organizada) y los adultos durante las noches, fines de semana, y días de asueto. Por ello no he vacilado en prestar toda mi colaboración y apoyo para adaptar el programa de alfabetización ACUDE -un tanto olvidado y engavetado por falta de apoyo económico en los últimos años-, para digitalizarlo, hacer de sus manuales, ilustraciones y discos un CD-Rom y una página Web, que lo haga accesible a los INFOCENTROS COMUNITARIOS del futuro, y de todos los países hispanohablantes. Semejante titánico y loable esfuerzo ya realizado en sistemas convencionales, debe permanecer en el tope de nuestras prioridades, cuando sabemos que la sumatoria de los analfabetos absolutos y funcionales se acerca al 40% en esa población marginal de las metrópolis y del medio rural. Para concluir, sólo deseo hacer énfasis en la comprensión cabal por parte de los venezolanos, de que por vez primera en la historia de la humanidad esas nuevas tecnologías que dan acceso a la información están al alcance de casi todos (y virtualmente de todos, con una inteligente estrategia de jerarquizar las prioridades por parte de nuestro Gobierno), por ello quiero dar la más amplia divulgación a estas ideas, pues no son exclusivas de nadie y pienso que sólo la presión de la opinión pública moverá a nuestros gobernantes a favorecer el proceso de esta auténtica revolución, y a motivar a nuestra población a hacer todos los esfuerzos necesarios para incorporarse a este movimiento que le permitirá mejorar su nivel de vida y saciar sus necesidades de conocimientos prácticos y teóricos (estos últimos para quienes tienen esas inquietudes intelectuales). En un documento oficial titulado "La Economía Digital Emergente II" (Junio de 1999) el Sub-Secretario de Comercio para Asuntos Económicos de los Estados Unidos, Sr. Robert J. Shapiro nos dice: "Las revoluciones, por su naturaleza, crean nuevas y no anticipadas oportunidades, retos y riesgos para aquellos en ellas atrapados. Nos encontramos todos en medio de una revolución tecnológica propulsada por el procesamiento digital. Todo alrededor nuestro, de formas y maneras que no apreciamos en su integridad, estamos inmersos en innovaciones económicas basadas en la digitalización que están cambiando los hábitos de trabajo colectivo e individual, así de cómo nos comunicamos y relacionamos, consumimos y descansamos". No creo en panaceas. Posiblemente existan muchas otras formas y maneras de mejorar la educación en nuestro medio. No pienso que lo que proponemos sea exclusivo, ni pretenda suplantar o inhibir otras iniciativas. Pero se trata de algo bastante obvio. La democratización de la información puede lograrse a través de los INFOCENTROS COMUNITARIOS (o instituciones semejantes, donde la población en general y especialmente los estudiantes, tengan acceso a Internet y la Web, mediante computadoras). El experimento de Catia la Mar puede ser un modelo, apto para replicarse en cualquier parte de nuestra geografía. Su virtud esencial es que nació como respuesta a una inquietud y un planteamiento de la comunidad. Se originó en una necesidad sentida por ellos. No como de costumbre, una imposición desde arriba. Esa es la gran diferencia. Los resultados están por verse, pero la historia nos enseña el valor de estos sentimientos cuando son tomados en serio por toda una comunidad. La única guerra permisible del futuro será contra la ignorancia, y ello en el sentido figurado de "oposición de una cosa con otra". Por ello debemos concentrar nuestros esfuerzos en ese combate contra la ignorancia, pues su derrota es el triunfo contra la pobreza, y contra esa posición de desidia y abandono que jamás nos permitirá salir del foso en que nos encontramos. El desarrollo integral y universal de nuestro potencial humano es el único camino válido hacia esos logros para mejorar nuestra calidad de vida y recuperar la autoestima y la esperanza. El primer paso en esta dirección es muy simple: apercibirnos de estas realidades y fijarnos unos objetivos muy precisos. Queremos más y mejor educación. Darle la prioridad necesaria a la educación elemental. Ningún venezolano debe ser excluido. Mejorar la calidad. Utilizar las modernas tecnologías en ese empeño. |
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