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Sección: Global y Social
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Construyendo el reino de Dios en la tierraHéctor Eliel Medina GarcíaLunes, 27 de julio de 2009
El Sr. Presidente en la exposición de motivos de la Reforma Constitucional, sometida a referendo el 02 de diciembre del 2007 y que fue rechazada, específicamente en el apartado donde hablaba de la política internacional afirmaba “la revolución bolivariana asume la consigna de reafirmar la existencia, la extensión y la esperanza de la solidaridad, como estrategia política para contribuir a la construcción del Reino de Dios en la Tierra ”; también señalaba al principio del proyecto, que hay que “construir el socialismo venezolano como único camino a la redención de nuestro pueblo, a la salvación de nuestra Patria y a la construcción de un mundo donde se haga realidad el sueño de tantos y tantas venezolanas "la mayor suma de felicidad posible"; aunque la reforma fue rechazada, la construcción del proyecto socialista de Chávez sigue avanzando de por las buenas y de por las malas.
Por tanto, es importante hacer algunas aclaratorias: primero el Dios del cristianismo –cristiano es todo aquel que cree y sigue las enseñanzas de Jesús de Nazareth-, pregona que el mandamiento principal y el más importante de todos es el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo (Lc. 10, 25-28). Y San Juan en una de sus cartas afirma “si alguno dice amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn. 4, 20-21).
Ese Mandato del Amor nos invita y nos empuja a convivir con el prójimo, es decir, con el otro, el vecino, el compañero de trabajo, el conocido, el que me encuentro a diario, el que no me cae muy bien, el que tiene un color de piel diferente, el que piensa diferente; en un clima de fraternidad, de hermandad, de respeto. Ese es el camino y la clave para construir el Reino de Dios en la Tierra. El Gran Mandamiento de Jesús de Nazareth es inclusivo, y se aparta radicalmente de la intolerancia, del odio, de la confrontación, de la descalificación, de la venganza, del resentimiento, de la envidia, de la manipulación, del engaño, de la exclusión.
Por tanto, cuando se escuchan frases como: “los periodistas son unos miserables y traidores”, “desde el Cardenal para bajo son unos retardados mentales, estúpidos”, “comienza lo que a mi más me gusta el contraataque”, “son unos traidores y enemigos de la patria”, “llamo al pueblo a defender la revolución”, “estamos armados así que cuídense”, “quien no esté conmigo está con el imperio”, “a quien no le guste que se la cale y sino que se vaya”, “no quiero hablar con los traidores y enemigos de la revolución”, “los borraré del mapa político” … y se podría continuar registrando un sin fin de expresiones que alejan a la nación de la construcción del Reino de Dios en la Tierra, es decir la construcción de un país donde quepamos todos.
Esas expresiones llevan consigo toma de decisiones y acciones concretas en el mundo real, que se manifiestan en exclusión, en intolerancia, en odio, en división, en violación de derechos humanos consagrados en la Norma Suprema –La Constitución-, en persecución, en confrontación verbal y física; y cualquier persona que conozca y vivencie el cristianismo, podrá afirmar que las manifestaciones anteriores nada tienen que ver con el Mandamiento del Amor.
Y segundo hay que dejar de ponerle a Dios los defectos y miserias humanas, porque El posee la expresión Suprema del Bien, del Amor y de la Justicia, por tanto no cabe en el Todopoderoso ni una pizca de maldad, odio, envidia, intolerancia, descalificación. Todos las manifestaciones de maldad, de desencuentro, de odio, de resentimiento, de venganza son producto del egoísmo, de la perversión, de las ansías de poder, del narcisismo que posee el hombre; y que para justificar dichas elecciones y acciones recurre a Dios e intenta presentarlo como cómplice de la maldad y perversión que alberga y corroe su corazón.
El Reino de Dios se construye desde el Amor, que se manifiesta en la capacidad que tiene el hombre de perdonar, de reconciliarse y de tolerar, respetando y reconociendo la diversidad, incluyendo la pluralidad y negociando intereses, para poder convivir en paz y armonía. |
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