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La tecnología informativa, ¿camino a lo utilitario digital?
Alberto Rodríguez Barrera

Martes, 6 de mayo de 2008

Como en la historia de la ropa del nuevo emperador, alguien tiene que romper el embrujo. En mayo de 2003, Nicholas Carr asumió el rol de negativista al publicar un artículo titulado "IT Doesn´t Matter" (La TI -tecnología informativa- no importa) en la Harvard Business Review. En 2004 publicó el libro "Does IT Matter? Information Technology and the Corrosion of Compettive Advantage" (¿Importa la TI? La tecnología informativa y la corrosión de la ventaja competitiva). De tal manera, causó la ira de los buenos y los grandes en Silicon Valley y Richmond. Con ello, ganó un poquito de fama.

Ahora tiene un nuevo libro: "The Big Switch: Rewiring the World, from Edison to Google" (El gran interruptor: recableando el mundo, de Edison a Google), que sin duda influenciará a una gran audiencia. Carr argumenta persuasivamente que ahora nos estamos moviendo de la era de la computadora personal a la era de la computación utilitaria, con lo cual quiere decir la expansión de la computación de rejillas, la distribución y almacenaje en Internet, hasta dar cuenta por el grueso de lo que la raza humana hace digitalmente. Y explaya sus analogías históricas, detallando cómo la electricidad entregada sobre una rejilla suplantó la varias fuentes de energía utilizadas durante casi todo el siglo 19.

Muchos lectores encontrarán sus conclusiones poco convincentes y oscuras, o que no tomó en cuenta un viejo chiste: predecir es difícil, especialmente sobre el futuro. Dicho eso, se sospecha que tiene razón en sugerir que en una década, o por ahí, muchas cosas que creemos permanentes habrán desaparecido.

Dado que las conclusiones de Carr son controversiales, es bueno recorrer su tesis de lleno. En "IT Doesn´t Matter" argumentó que a medida en que las industrias maduren, los productos o servicios que suministran se vuelven comodidades (productos) que compiten sólo en cuanto a precios.

La industria de TI, continuó, había llegado a esa fase: para la mayoría de las compañías que no desarrollaran ellas mismas tecnología y vendieran tecnología informativa, la TI no ofrecía ventaja competitiva y era sólo otro costo de hacer negocios. No era difícil encontrar evidencia para la afirmación de Carr. Una verdad de las escuelas de administración desde que Clayton Christensen escribió en 1997 el libro "The Innovation Dilemma: When New Technologies Cause Great Firms to Fall" (El dilema de innovación: de cuando las nuevas tecnologías causan la caída de grandes firmas), es que se puede saber que un sector se ha "comodificado" cuando la competencia ha creado un "rendimiento de sobre-suministro", donde casi cualquier diferenciación de producto no se quiere.

Y sin duda, en algún momento antes del final del siglo XX, la vasta mayoría de las PCs tenían mucho más capacidad de procesamiento y almacenamiento del que los usuarios necesitaban para las tareas más comunes: email, navegar en Web, procesar de palabras. Carr señaló que el 70 por ciento de almacenamiento de una red Windows típica quedaba sin usarse.

Para el 2000, afirmó Carr, cerca del 50 por ciento del capital anual de las compañías norteamericanas se iba en gastos de TI: cada año, los negocios adquirían más de $100 millones en nuevas Pcs. El riesgo más grande de los negocios asociados a TI que enfrentaban las compañías, concluyó, era gastar de más. Era hora, afirmó, de que los negocios "exploraran solución más baratas, incluyendo aplicaciones de fuente abierta y redes esqueléticas de PCs. Si una compañía necesita evidencia del tipo de dinero que podría ahorrarse, sólo tiene que ver el margen de ganancias de Microsoft."

Naturalmente, los jefes de la industria lo regañaron por su tesis. El presidente de Microsost, Steve Ballmer, dijo que aún había mucha vida en l´ancien régime: "Nuestra respuesta fundamental es: bazofia. Vemos allá afuera como niños en una tienda de dulces diciendo en qué gran mundo vivimos." Hasta el co-inventor de Ethernet Bob Metcalfe, que ha podido mantener un desprendimiento olímpico, se quejó de que el artículo de Carr ("Why IT Matters") no quiere bajarse del pedestal. Como evidencia de la equivocación de Carr, Metcalfe se refirió a la expansión de Ethernet hacia los reinos de redes cada vez más nuevas, amplias y rápidas, así no entendiendo el punto de Carr.

Carr estaba diciendo que, como las tecnologías previas como el teléfono y la electricidad, la TI ya no confería ninguna ventaja competitiva porque ahora era parte de la infraestructura general de los negocios. Luego, la TI se volvería una simple utilidad, provista a los usuarios por las redes que Metcalfe ayudó a hacer posible. Hoy, por supuesto, la tesis de Carr es una verdad aceptada: casi todo el mundo está de acuerdo que los servicios de TI serán eventualmente suministrados sobre una base de suscripción, como una utilidad. Como observa The Big Switch, por esto es que Google ha estado construyendo gigantescas granjas de servidores en sitios rurales como Oregon, las Carolinas, Oklahoma, Georgia y Iowa. En otras partes, data centros similares han sido o están siendo construidos por Microsoft, IBM, Hewlett.Packard, Yahoo, Ask.com, y Salesforce.com.

El gigante detallista Amazon ha ofrecido los hasta ahora más comprensivos servicios de utilidad computacional. Ya había introducido su EC2 (Elastic Compute Cloud -nube de computación elástica- donde los clientes manejan software sobre sistemas de Amazon) y S3 (Simple Storage Service -servicio simple de almacenamiento- donde los clientes almacenan data por pocos centavos por gigabyte), cuando recientemente lanzó Simple DB, un websitio que provee de databases con capacidades medidas.

Respondiendo a la pregunta de que si estábamos realmente en la era de la compañía de Internet sin servidores que podrían manejarse a través del navegador, el jefe técnico de Amazon, Werner Volger, dijo que eso estaba ya sobreentendido, dado cuántas compañías nuevas estaban felices pagándole centavos por gigabyte a Amazon en vez de invertir en hardware que cuesta cientos de millones de dólares.

En The Big Switch, Carr señala los prospectivos beneficios de un mundo de computación utilitaria, pero también vuelve a jugar al negativista. Casi la mitad del libro describe los aspectos de posible "distopianos" de tal mundo. ¿Cuáles son éstos, desde su punto de vista?

Primero, la destrucción de negocios tradicionales por las extremadamente finas o flacas compañías que hacen posible la computación utilitaria. Segundo, la facilidad con que los gobiernos y las corporaciones podrán supervisar y explotar nuestro comportamiento digital. Tercero, la emergencia de una "economía You Tube" en la que muchos proveerán información gratis a la "nube", y unos pocos agregadores cosecharán la mayor parte de las ganancias. Cuarto, el deterioro de la cultura humana a medida en que la gente pase a depender en Internet para saber y hacer todo, mientras saben y hacen poco ellos mismos. Quinto, la continuada fractura de la sociedad civil a medida que la gente escoge leer o escuchar sólo las noticias que confirman sus prejuicios.

Las predicciones de Carr varían en plausibilidad. Aunque sobre todo, pueden ser separadas en dos categorías: por una parte, escenarios futuristas que podrían o no pasar a la realidad; por otra parte, escenarios que se remontan a lo que el gran economista Peter Drucker llamó "la cultura que ya ha sucedido". Drucker, quien murió en 2005, solía sostener que tratar de predecir el futuro no tenía sentido, que sólo era posible identificar tendencias en desarrollo que podrían tener efectos significativos en el futuro.

Drucker describe su modus operandi así: "Yo miro fuera de la ventana a las cosas que están sucediendo, cosas que ya han sucedido a las que la gente presta atención." Esa metodología hizo concluir a Drucker que la Economía del Conocimiento esta superando a la Industrial, siendo el obvio colateral el ascenso del trabajador del conocimiento, término que Drucker utilizó primero. Cuando Nicholas Carr escribió IT doesn´t Matter, estaba haciendo el tipo de análisis de Drucker, mirando por la ventana e identificando un futuro que ya había sucedido.

En su más reciente libro, Carr ha extrapolado similarmente desde tendencias en desarrollo. En muchas compañías pequeñas y medianas, no pocos ejecutivos están pensando, "Podríamos reducir el departamento de TI en una o dos personas." La TI es un centro de costos, después de todo, no tan diferente a los servicios de conserjería y cafetería, que han sido de "outsource" en la mayoría de las empresas. Las preocupaciones de seguridad no le impedirán necesariamente a las compañías "ousourcear" totalmente los servicios de data: los negocios hace tiempo que pagan los salarios y llevan la data de clientes con proveedores de confianza. Mucho dependerá de la compañía específica, por supuesto, pero es poco probable que las empresas más pequeñas se resistirán a la lógica económica de la computación utilitaria. Las grandes corporaciones simplemente se demorarán más para hacer el cambio.

Aunque algunos administradores re-entrenarán y encontrarán trabajo en los nuevos centros de data, tales lugares ofrecerán menos trabajos que los que desplacen: por ejemplo, el data centro de Google en Oregon es sólo de 200 empleados. Similarmente, los administradores emprendedores inclinados hacia la TI podrían unirse a las nuevas empresas que desarrollan tecnologías innovadoras. Aunque, una vez más, las oportunidades serán limitadas: la mayoría de los empresarios emprendedores fallan. Es difícil evitar la conclusión de que muchos administradores de TI -la categoría emblemática del trabajador del conocimiento, desde hace rato presumiblemente seguro de la economía destructiva tecnológicamente alimentada que ha eliminado tantos empleos-, muchos probablemente perderán su modus vivendi.

albrobar@gmail.com

 
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