Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Las telecomunicaciones en Venezuela: los primeros pasos (1883-1946)

Fernando Spiritto

Lunes, 19 de septiembre de 2005

1- Introducción

Este trabajo reseña los primeros sesenta y tres años del teléfono en Venezuela. En el mismo se describen las circunstancias en las cuáles nacieron las primeras redes telefónicas y los condicionantes políticos y económicos que marcan su desarrollo desde 1883, cuando se instalan los primeros aparatos, hasta 1946 cuando el Estado cambia su condición de regulador a proveedor directo del servicio.

En 1883 Antonio Guzmán Blanco intentaba estimular, mediante la inversión extranjera y las obras públicas, una economía destruida por muchos años de guerra y conflicto político. En 1946 el país atravesaba por una profunda transformación socio- económica producto de la participación de las masas en la política y la creciente importancia en la economía del gasto fiscal de origen petrolero. Se trata de un largo período de tiempo que al final muestra pocos resultados tangibles, si por esto entendemos la amplia cobertura de las redes telefónicas y su total imbricación en la economía nacional como ya era evidente en los países más avanzados. No pudo ser de otra manera en un país básicamente agrario, pobre e inserto en una economía internacional que giraba alrededor de la manufactura como el principal generador de riqueza. A la era de los servicios y la información, que se desarrolla sobre las redes de telecomunicaciones, le faltaba mucho tiempo por llegar.

El desarrollo de la infraestructura nacional también ocupa espacio en estas páginas. Durante el siglo XIX no fueron suficientes los esfuerzos por dotar al país de una infraestructura adecuada. A la falta de recursos se sumó la ausencia de una administración pública eficiente capaz de ejecutar proyectos de gran envergadura. Los caminos, el telégrafo y el correo, por ejemplo, fueron herramientas de integración nacional altamente valoradas por la elite que fundó la República en 1830 y que tuvo que enfrentar la dura realidad de un país disgregado en lo político y lo económico. Aquí le prestamos amplia atención al nacimiento de la infraestructura nacional ordenando sus principales hitos históricos y como forma de poner en perspectiva la instalación de las primeras redes telefónicas a finales del siglo XIX. Pasarán muchos años para que el teléfono adquiera la misma importancia y el Estado dedique recursos a su desarrollo. Mientras tanto, el capital privado internacional será el motor de su expansión y el gobierno se dedicará a regularlo sin involucrarse en su provisión directa.

Los temas antes enunciados se desarrollan en el siguiente orden. En la segunda, tercera y cuarta sección, se hace un repaso del ambiente socio-económico en el cual nace la infraestructura nacional, destacando la disgregación del territorio y las tendencias tecnológicas y económicas que se daban en el ámbito internacional. Los caminos, el correo, el telégrafo y la radiodifusión son presentados como herramientas de integración política, aunque sólo se reseñan sus principales hitos históricos. En las secciones quinta y sexta se relatan los primeros pasos del teléfono en Venezuela, haciendo constante referencia a lo que sucedía en otras latitudes (particularmente los Estados Unidos). Después de todo, el país se encontraba en la retaguardia del desarrollo científico y económico de la época, hecho que hace difícil tratar su caso separadamente. En este sentido, dedicamos una sección completa a revisar los problemas que el crecimiento de las redes originaba en los grandes mercados, dadas las restricciones impuestas por el estado de la tecnología durante el último tercio del siglo XIX. En la última sección se describen los principales aspectos regulatorios de la telefonía. Allí vemos cómo cambia la visión del Estado a medida que se desarrolla el sector y cambian los actores políticos.

Este es un artículo histórico y como tal ha tenido que enfrentar la escasez documental y estadística en un sector cuyo potencial económico y social no se desarrolló plenamente durante el período estudiado. Los servicios telefónicos no eran importantes en una economía agraria y de poco dinamismo. Entre 1883 y 1946 la escasa inversión y las políticas públicas del cada vez más relevante Estado petrolero tenían otras prioridades. Tampoco atrajo la atención de los estudiosos como fue el caso de la agricultura o los caminos(1) . Sin embargo, se sentaron las bases de lo que vendría después, cuando las telecomunicaciones pasarían a formar parte integral de la vida de los ciudadanos.

2- infraestructura e integración política

La Venezuela que se independiza en 1830 nace en medio de un esfuerzo intelectual notable por crear una nación moderna y próspera. El signo de 1830 fue la preeminencia de la iniciativa individual y la limitación del Estado, según el credo liberal entonces en boga. En el plano político, la Constitución de 1830 consagró una República censitaria en la cual la condición de ciudadano era el resultado de la propiedad y los bienes de fortuna. “El grupo que comienza a dirigir a Venezuela así en el gobierno y en el control de las tierras y de la mano de obra, como en posiciones de relevancia por su acceso a la imprenta y a los organismos de representación ciudadana, se observa compacto en la pretensión de fabricar un régimen civil susceptible de asegurar el control de la sociedad por los poseedores de los bienes materiales”(2) .

En 1829 José Antonio Páez había convocado a los notables de la época para que lo ayudaran a estructurar un plan viable de fomento material que diera bases sólidas al país independiente. Así nace la Sociedad Económica de Amigos del País, que tenía como objetivo difundir los progresos de la época en materia de agricultura, comercio e industria. Fue notable su actuación como órgano consultivo del gobierno, especialmente durante el período constitucional de Páez (1831-1835). La Sociedad, por ejemplo, recomendó el fomento del trigo mediante la adopción de nuevas técnicas, apoyo financiero, exoneraciones tributarias y entrenamiento en escuelas especiales; la creación de una banco mercantil para estimular el estancado aparato productivo; la lucha a fondo al contrabando y la aprobación de un Reglamento General de Policía que velara por el orden y la seguridad ciudadana. La Sociedad tuvo como miembros a los personajes más destacados de su tiempo. Su primer presidente fue el sabio José María Vargas (3) .

Sin embargo, dos temas sobresalen en el inventario material de la República que entonces hizo la elite gobernante: inmigración y caminos. El documento clásico en este sentido es la memoria que Antonio Leocadio Guzmán, Ministro del Interior de Páez, dirigió al Congreso en 1831. Un gigantesco territorio despoblado y con regiones aisladas impedía la creación de un mercado unificado que impulsara el intercambio y la prosperidad general. El país necesitaba más brazos, los cuales podían importarse de Europa, y caminos que le hicieran fácil circular y transportar el fruto de su trabajo. El fundador del Partido Liberal, Tomás Lander, captó con sorprendente agudeza el papel de los caminos en las economías modernas: “Son medios eficaces de prosperar…como primero es buscar los medios de prosperar que ostentar la prosperidad, claro es que los caminos deben ser preferidos”(4) . Dicho en términos más actuales: los caminos forman parte de la infraestructura básica de cualquier economía que sirve de soporte a la creación de riqueza. Tal como se argumenta hoy en día.

La Venezuela del siglo XIX era un país desintegrado en lo económico y lo político. Las mayorías campesinas apenas subsistían en medio de una pobreza generalizada. Los venezolanos estaban sumidos en la pobreza porque los mecanismos económicos tradicionales no operaban en forma expedita, es decir, no se contaba con infraestructura, grupos económicos poderosos o polos dinámicos de desarrollo (con excepción, tal vez, de Los Andes y ciertos lugares de la costa) que generaran suficiente empleo e ingresos para el Estado. La agricultura, la actividad económica más importante del país, atravesaba por una grave crisis de productividad como resultado de muchos años de guerra, baja inversión y bajos precios en los mercados internacionales de productos agrícolas. En esas circunstancias, Venezuela no ofrecía condiciones favorables en términos de apoyo estatal o demanda privada, para el desarrollo de las redes de comunicaciones.

Un caso ilustrativo de los beneficios que trajo al país la dotación de infraestructura en la Venezuela del siglo XIX, lo constituye la inauguración de la carretera Caracas-La Guaira en 1845. Francisco Cobo, Secretario de Interior y Justicia de la época, señala en su memoria de 1846 que gracias a la nueva vía los fletes de transporte disminuyeron en cincuenta por ciento y se hizo posible el acceso a cierto tipo de maquinaria que antes no estaba disponible para las incipientes industrias(5) . Lamentablemente, la carretera Caracas-La Guaira no formó parte de un esfuerzo sostenido por dotar al país de nuevos caminos. La falta de recursos, la guerra y la incapacidad administrativa retrasaron la política vial por más de un siglo.

Como resulta obvio, la integración de la Nación venezolana se inició mediante políticas públicas de fomento a las comunicaciones internas. El desarrollo del correo, por ejemplo, mereció atención temprana por parte de la elite que fundó la República. El servicio como tal fue establecido durante la Colonia: en 1751 se inauguró el intercambio entre Maracaibo y Santa Fe de Bogotá. A partir de 1830, fue considerado como un medio de estabilidad política y como herramienta de creación del mercado interno hasta entonces inexistente. En 1832 José Antonio Páez fundó la primera administración postal y estableció oficinas de correos en los puertos y ciudades principales. El gobierno emitió igualmente las primeras regulaciones para el transporte de correo por mar. En 1834 se promulgó la ley rectora de la actividad mediante la cual se regulaban las tarifas de acuerdo a las distancias y se otorgaban condiciones preferenciales a las comunicaciones públicas y de contenido científico. En 1850 Maracaibo y Ciudad Bolívar iniciaron intercambio de correos por medio de vapores.

El 28 de julio de 1859 se ordenó, por decreto ejecutivo, la emisión de las primeras estampillas postales(6) . Ello fue posible gracias a la acción resuelta del administrador de correos José Ignacio Paz Castillo. La medida se tomó para combatir la corrupción y asegurar los ingresos del fisco, puesto que las tarifas se cobraban en efectivo(7) .

En 1852 el Ministro de Hacienda consideraba al correo como “un agente de seguridad pública…necesario para dar vigor e impulso a todos los ramos de la administración, trabar relaciones de los extremos con el centro de la República y facilitar las ramificaciones de las empresas particulares”(8) .

Durante la Guerra Federal (1859-1863), el servicio de correo, al igual que el telégrafo, prácticamente desapareció como resultado de la violencia y la anarquía. Fue Antonio Guzmán Blanco quién lo impulsa en el marco de la acción modernizadora de sus gobiernos (1870-1877,1879-1884,1886-1888). Guzmán nombra nuevos administradores y reorganiza el servicio. Entre 1874 y 1898 el número de oficinas aumentó de 70 a 200. Durante ese período la actividad postal mejoró debido a la masificación de la instrucción pública y la incorporación del país a la Unión Postal Internacional, que aumentó el intercambio postal con las otras naciones del mundo(9) .

El correo tuvo un desarrollo insatisfactorio durante el siglo XIX venezolano. No pudo ser de otra manera en una país analfabeto, en guerra permanente, enfermo y con poca actividad económica. La cobertura era limitada a las ciudades más pobladas de la zona norte como Caracas, Valencia o Puerto Cabello, mientras que las del interior prácticamente no contaban con rutas de reparto. Vale recordar que la evolución del correo está ligada al crecimiento económico. Ello explica su pobre desempeño en la Venezuela pre-petrolera.

Aunque el Estado asumió desde el principio al correo como actividad exclusiva y lo financió con el presupuesto público (como es común en todas partes) algunas iniciativas para su desarrollo, tomadas por los gobiernos, resultan interesantes. Así, por ejemplo, a finales del siglo XIX el correo era una actividad subcontratada con los particulares para alimentar la mayoría de las rutas existentes. Un paso atrás en este sentido fue la Ley Postal de 1881 que creó la Junta Administradora de los Servicios de Correo y Telégrafos, adscrita al Ministerio de Fomento, la cual asumió directamente la prestación del servicio. Los resultados fueron negativos. Al poco tiempo desapareció la Junta, se restablecieron las direcciones de correo y telégrafo del ministerio y se subcontrató de nuevo la entrega con los particulares(10) . En 1893 el gobierno de turno suscribió un contrato con Camilo Michelena para transportar correspondencia a gran parte del territorio nacional, lo que implicaba una erogación equivalente al 1,32% de los ingresos fiscales de ese año(11) . No obstante, ningún subsidio era suficiente para dinamizar el servicio dado el estado de atraso general que mostraba el país.

A mediados del Siglo XX, se observa una reanimación de la actividad postal, liderizada básicamente por el correo aéreo. Según cifras aportadas por Aurelio Pérez Vila(12) , durante el período 1941-1949, este aumentó 344% contra 70% del correo ordinario. En ello influyó el empuje económico de la postguerra y el creciente flujo de inmigrantes que reforzó el intercambio del país con el exterior. Las estampillas de correo aéreo fueron introducidas en 1930.

La historia reciente del correo en Venezuela no es tan sombría como la del siglo XIX. En enero de 1978 se creó el Instituto Postal Telegráfico (IPOSTEL) con el objeto de explotar los servicios postales y telegráficos. El crecimiento económico y la inserción en las corrientes globalizadoras han significado una mayor actividad postal en el país, debido especialmente a la facturación de servicios públicos y a la información bancaria. No obstante, el sistema continúa subutilizado. Según el presidente de IPOSTEL, los venezolanos reciben en promedio ocho cartas al año contra sesenta y cuatro que reciben los chilenos(13) . En el país no existe cultura del correo. La ineficiencia de IPOSTEL, la inexistencia de economías de escala asociadas a volúmenes crecientes y la consiguiente desconfianza del público, pone la mayor responsabilidad en los operadores privados que manejan paquetes y cartas importantes a un costo mayor, limitando así la demanda. En 2002 existían más de ochenta empresas privadas activas en el ramo sin que la competencia beneficiara a los consumidores. Igualmente, en 2002, la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión la Ley Orgánica de los Servicios Postales elaborada por IPOSTEL. El proyecto introduce cambios importantes como la creación de un organismo regulador y la posibilidad de transformar a IPOSTEL en empresa privada. También introduce la noción de Servicio Postal Universal.

El servicio postal no escapa a las profundas transformaciones que se derivan de la apertura de los mercados, los avances tecnológicos (equipos sofisticados que manejan las piezas más rápido, a menor costo y pueden determinar su ubicación en cualquier parte de la ruta) y la presión de los usuarios que demandan servicios diferenciados y ajustados a sus necesidades. El correo debe adaptarse a las nuevas situaciones que plantea el crecimiento del comercio electrónico. A pesar de que la actividad continúa siendo estatal, los gobiernos comienzan progresivamente a permitir la participación privada en los organismos postales y en sus monopolios de cartas de poco peso. La Directiva Postal de la Unión Europea de 1997 y 2002 exhorta a sus miembros a abrir sus mercados por completo.

A pesar del esfuerzo intelectual y la voluntad de la elite gobernante por impulsar el desarrollo material del país, la violencia política que lo azotó durante el siglo XIX frustró tal objetivo. La Oligarquía Conservadora (1830-1848) sucumbió ante la autocracia monaguista(14) y la Guerra Federal (1859-1863). La mala administración y la destrucción material devastaron la economía y arruinaron las finanzas públicas. Es por ello que el primer intento consistente de construcción de infraestructura en Venezuela tuvo que esperar hasta el último tercio del siglo XIX.

Fue el presidente Antonio Guzmán Blanco (hombre fuerte del país entre 1870 y 1887) quien primero implementó una política sostenida de desarrollo de la infraestructura nacional. Su proyecto político necesitaba de instituciones eficientes y de los medios materiales que insertaran al país en las revolucionarias tendencias económicas y tecnológicas que sacudían al planeta. Novedosas instituciones políticas como el matrimonio civil, la obligatoriedad de la educación primaria o el situado constitucional, se unieron a políticas de fomento económico como la renovación urbana de Caracas y el estímulo a la inversión extranjera, para darle a su obra de gobierno un carácter progresista. De hecho, al analizar el siglo XIX en su conjunto, observamos que es durante el último tercio que se produce el mayor nivel de actividad económica como resultado de las políticas modernizadoras de Guzmán Blanco(15) .

Guzmán era un hombre culto, que había viajado por el mundo y con un agudo sentido para entender las nuevas realidades por las que atravesaba el capitalismo internacional. En su visión, la inversión extranjera representaba una especie de shock externo destinado a revivir un país extenuado por tantos años de conflicto político(16) .

Los generosos incentivos a la construcción de ferrocarriles, por ejemplo, eran expresión del proyecto modernizador de Guzmán Blanco. En 1883 el gobierno garantizó a los capitales que se invirtieran en esa actividad un 7% de rendimiento anual, siguiendo el ejemplo de otros países del continente. Para 1900 el país contaba con 956 kilómetros de vías férreas, aunque sus efectos positivos nunca se sintieron en una economía tan atrasada como la venezolana: las tarifas de transporte de mercancía se mantuvieron en niveles equivalentes a las de los otros medios de transporte de la época; los volúmenes transportados, contrariamente a lo que se esperaba, disminuyeron dada la falta de integración de las redes; y las compañías produjeron escasos dividendos que debieron ser compensados por el Estado(17) . El gobierno se convirtió así en deudor del Gran Ferrocarril de Venezuela, de capital alemán, viéndose obligado a acudir a los bancos extranjeros para honrar los compromisos asumidos con los inversionistas. En 1896, bajo el gobierno de Joaquín Crespo (1884-1886 y 1894-1898), la República se endeudó con la Compañía de Descuento de Berlín para pagar al Ferrocarril. El reclamo de la compañía alemana por el incumplimiento en los pagos de este empréstito (y de muchos otros, obtenidos, incluso, en la época de la Independencia) tuvo mucho que ver con la intervención que sufrió el país en 1902 y 1903 cuando Alemania e Inglaterra bloquearon sus costas para obligarlo a pagar las deudas pendientes(18) .

En el último tercio del siglo XIX, la Revolución Industrial continuaba su marcha indetenible en Europa y los Estados Unidos. La innovación tecnológica, que un siglo antes se hizo presente en la industria textil, también apareció en otras ramas de la industria como la metalúrgica, la química y la eléctrica. La Revolución Industrial significó la creciente sustitución del trabajo humano por máquinas y el uso intensivo de nuevas fuentes de energía (el vapor, por ejemplo). La organización de la producción en fábricas sustituyó al tradicional trabajo artesanal y descentralizado de épocas anteriores. Las redes de transporte se extendieron rápidamente. Las innovaciones tecnológicas desencadenaron un circulo virtuoso de mayor productividad, menores costos de producción y precios, mayor excedente de producción, mayor consumo, mayor inversión y aumento del ingreso disponible de los trabajadores. A su vez, la impresionante capacidad productiva sentó las bases para el aumento poblacional que comenzó a experimentar el planeta en esa época. Los mercados demandaban más bienes y servicios, con lo que se establecía un incentivo adicional para la innovación y productividad de las empresas.

El circulo virtuoso que desató el avance tecnológico se reforzó a sí mismo. Cada incremento en el stock de conocimiento de la humanidad hacía más fácil y rápido el paso a etapas superiores. Los “inventos de propósitos generales” ( general purpose inventions), es decir, aquel conocimiento técnico y científico aplicable en una amplia variedad de sectores, dinamizó el capitalismo internacional y su capacidad productiva(19) . Ello se hizo evidente durante la llamada Segunda Revolución Industrial de finales del siglo XIX, en la que los nuevos materiales, la química, la electricidad y los motores de combustión interna generaron enormes ganancias de productividad en los más diversos sectores productivos. En otras palabras, las maravillas tecnológicas desarrolladas durante el siglo se engranaron de tal manera en las economías, que su ausencia significaría sencillamente el colapso de la producción de bienes y servicios.

El dominio y uso intensivo de la electricidad es un buen ejemplo de las mencionadas “tecnologías de propósitos generales”. Avances en la comprensión de las leyes físicas que la rigen; en la construcción de más eficientes generadores, así como de alternadores y transformadores para la transmisión de corriente de alto voltaje; y el desarrollo de cables aislantes de mayor calidad, multiplicaron los usos de la electricidad en áreas como las telecomunicaciones, química, metalurgia e iluminación pública(20) .

3- El Telégrafo

En lo que a las telecomunicaciones se refiere, el potencial de la electricidad fue visto tempranamente. La posibilidad de enviar corriente eléctrica a grandes distancias, con pocas pérdidas y a gran velocidad, abrió un mundo de posibilidades comerciales. “Si esto es así –dijo Samuel Morse- y la presencia de la electricidad puede hacerse visible en cualquier parte del circuito que uno desee, entonces no veo obstáculo para que la información ( intelligence) pueda ser instantáneamente transmitida por electricidad a cualquier distancia”(21) . Así nace el telégrafo. En 1837 y 1854 la Corte Suprema de los Estados Unidos reconoció el derecho de Morse a la patente del invento(22) y en mayo de 1844 se inauguró la primera línea telegráfica, entre Washington D.C. y Baltimore.

A mediados del siglo XIX, la carrera por cubrir el planeta con los hilos del telégrafo estaba en pleno desarrollo. El invento de Samuel Morse fue un gigantesco paso para reducir las distancias en una economía internacional que desarrollaba a toda marcha sus capacidades productivas. Nacía la economía de redes que hoy caracteriza a la sociedad del conocimiento. Los capitales privados y los generosos subsidios estatales permitieron la expansión de las redes a los más remotos lugares, uniendo a pueblos y regiones y creando nuevas oportunidades para el intercambio cultural y económico. Los Estados Unidos completó su primera línea transcontinental en 1861(23) ; en 1866 se instaló el primer cable permanente a través del Atlántico; y en 1890 prácticamente la totalidad de América Latina se encontraba conectada por los maravillosos hilos.

La infraestructura telegráfica tuvo un papel destacado en la integración de la Nación venezolana. El telégrafo llegó a Venezuela en 1856. En ese año, el ingeniero español Manuel de Montúfar estableció la primera línea en el país la cual comunicaba a Caracas con La Guaira. Al año siguiente, Montúfar fundó la primera escuela de telegrafistas en Caracas. En 1858 ya se contaba con líneas entre Caracas y Valencia y entre ésta y Puerto Cabello.

Durante la Guerra Federal (1859-1863) la casi totalidad de las líneas telegráficas del país fueron destruidas. El gobierno resultante del conflicto no quiso indemnizar a Montúfar, quien se vio obligado a traspasar sus derechos. En 1866 Moisés Pardo asumió el compromiso de reparar la línea hasta Puerto Cabello y de allí extenderla a todo el país. Pardo no logró su cometido por falta de financiamiento. El gobierno quiso pagar una vez que la línea estuviera concluida y ningún particular se interesó en el proyecto. En los años posteriores, el servicio fue desarrollado por la Empresa del Telégrafo, propiedad de varios inversionistas locales. En 1876 Guzmán nacionalizó la empresa aduciendo mal servicio e incumplimiento con lo estipulado en los contratos. Por ley, el Estado se reservó el servicio telegráfico y se prohibió la construcción de líneas privadas. También se permitió al gobierno el control de la entrega de mensajes por razones de orden público(24) . En el fondo, prevaleció la ojeriza del presidente hacia los operadores, en cuyas filas no encontraba liberales confiables(25) . En 1889 existían 4.179 kilómetros de líneas telegráficas, 6.200 en 1896 y 6.480 en 1903(26) .

Un avance monumental en las comunicaciones modernas fue la instalación en 1858 del primer cable transatlántico para la transmisión de mensajes telegráficos. Aunque este primer intento no tuvo los resultados esperados (el cable se dañó prematuramente) el interés de los inversionistas no disminuyó y la instalación de nuevos cables prosiguió a paso acelerado. Destacaron varios proyectos exitosos en el mismo Atlántico así como la conexión de la India por la vía del Golfo de Arabia. En 1880 el número de mensajes a través del océano ascendió a 1500 por día. En la historia de las comunicaciones transatlánticas pueden mencionarse otros hitos importantes como fue la instalación del primer cable de voz en 1956 o la instalación del primer cable de fibra óptica en 1988.

En 1888 Venezuela se conectó con Europa por medio del cable submarino. En junio de ese año, la Compañía Francesa de Cables Telegráficos, o el Cable Francés, como popularmente se le llamaba, terminó el tendido con escalas en Curazao, Santo Domingo y Cuba. El cable permitió el envío y recepción de mensajes telegráficos así como la recepción de noticias internacionales, cuyo monopolio ostentaba en América Latina la agencia francesa Havas. El 20 de junio se publicó en La Opinión Nacional la primera noticia internacional recibida a través del cable(27) . El primer contrato con la República se firmó en 1889 y se renovó en 1895.

En 1887 Antonio Guzmán Blanco se cansó de ejercer directamente el poder y se marchó a Francia para siempre. Como el hombre fuerte del país, se las arregló para que se nombrara a un sucesor dócil que pudiera manejar a su antojo. El escogido resultó ser Juan Pablo Rojas Paúl (presidente de 1888 a 1890), hombre culto y civilista, quien pronto adquirió independencia y toleró la reacción popular contra Guzmán. El punto es que, mientras duró la lealtad de sucesor designado, “el nuevo cable submarino sería la vía para Guzmán mantenerse en contacto con Caracas y enviar sus recurrentes y detalladas instrucciones a Rojas Paúl”(28) . La importancia de las telecomunicaciones para el ejercicio del poder era ya evidente, como se comprobaría en los años iniciales del nuevo siglo.

El Cable Francés tuvo una destacada participación política en los años posteriores. En 1902 la compañía se alió con las fuerzas de la Revolución Libertadora que bajo las órdenes del General Manuel Antonio Matos se alzaron contra el gobierno de Cipriano Castro (1899-1908). Los operadores de la empresa actuaron diligentemente enviando y recibiendo los mensajes de las fuerzas revolucionarias. El fracaso del alzamiento tuvo graves consecuencias para la compañía y los representantes diplomáticos de Francia. En 1905 el Procurador General acusó a la empresa de conspiración contra el gobierno y cerró todas sus oficinas. “El gobierno disuelve su contrato por intermedio de la Corte Federal. Ordena el uso libre de las líneas costaneras y clausura el despacho principal del consorcio. Como es estentórea la protesta de París, los policías no permiten que el Embajador de Francia regrese a su sede después de la visita a un vapor en La Guaira. La prensa mundial anuncia que el gobierno ofendido ha roto los nexos diplomáticos y consulares hasta tanto no repare Venezuela el desaguisado”(29) . El episodio desató una ola de demagogia nacionalista y de ataques al capital internacional presente en Venezuela.(30) Por varios años el país quedó aislado del mundo y sus comunicaciones se hacían a través de Trinidad o Saint Thomas, a los cuales había que enviar los mensajes por vía marítima.

Una vez terminadas las querellas judiciales, El Cable Francés se convirtió en el único sistema de comunicaciones internacionales de Venezuela. En 1909 el gobierno de Juan Vicente Gómez (1908-1935) renovó su concesión y la dejó operar sin obstáculos. Mediante contrato firmado(31) entre el Ministro de Fomento, Juvenal Anzola, y el representante de la empresa, Desiree Brum, el gobierno obtuvo la propiedad de las líneas costaneras y le otorgó el monopolio de las comunicaciones cablegráficas cursadas en la línea que unía La Guaira y Curazao y, además, el derecho de preferencia para el uso de otras tecnologías inventadas o por inventarse. Se establecieron tarifas uniformes por palabras, más el cargo causado por el uso de líneas distintas a la de la compañía (por ejemplo, cada palabra a Nueva York costaba Bs. 5). El gobierno impuso descuentos para los telegramas oficiales y una pago de 25 céntimos por cada palabra transmitida hacia o recibida del exterior. Se exoneró a la compañía del pago de impuestos estadales, municipales o aduaneros. Igualmente, el gobierno tenía facultades para interceptar y revisar todos los mensajes y destituir a los empleados sospechosos.

En 1949 la concesión fue renovada nuevamente, esta vez bajo el control de la poderosa ITT y con el nombre de All American Cable. La concesión venció en 1969 y la nación reasumió sus derechos. De esa manera, la totalidad de los servicios de telegrafía y radiotelegrafía pasaron a ser proporcionados por el Estado venezolano.

El telégrafo fue una de las principales herramientas integradoras de los andinos en el poder(32) . El sometimiento definitivo de los caudillos, que a sangre y fuego inició Cipriano Castro, se apoyó en la apropiada escogencia de los mandos militares y el uso intensivo del telégrafo presidencial que le permitía a Castro controlar las operaciones militares. El telégrafo se convirtió en un medio estratégico, especialmente para las dictaduras. En los gobiernos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) era costumbre la rotación de los empleados por las distintas oficinas del país para evitar así el control de información importante o el descubrimiento de claves que servían al gobierno para impartir ordenes(33) .

4- Comunicaciones inalámbricas y radiodifusión

Otro paso trascendental fue la aparición de las comunicaciones inalámbricas mediante el envío de impulsos eléctricos sin la necesidad de cables. El conocimiento y posterior uso de las ondas electromagnéticas que viajan por el espacio fue también el resultado de varias mentes brillantes en varios países. Heinrich Hertz creó y midió ondas de radio en su laboratorio de Bonn y fue la primera persona en enviarlas y recibirlas (de allí el nombre ondas hertzianas). Guillermo Marconi diseñó el primer telégrafo inalámbrico de uso práctico y comercial. Los mensajes eran enviados usando el código Morse. El invento fue especialmente útil para la navegación marítima en el cual la comunicación por cables no era posible. De hecho, el tristemente célebre Titanic fue la primera embarcación en enviar señales de emergencia cuando tras chocar con iceberg en 1911 se hundió en las frías aguas del Atlántico norte.

Los primeros equipos de comunicaciones radioeléctricas llegaron a Venezuela en 1912 a bordo del crucero “Mariscal Sucre”. La nave fue comprada al gobierno estadounidense y sirvió como la primera escuela de radiotelegrafistas venezolanos. En 1917 se oficializó su existencia con sede en Puerto Cabello para prestar servicio al Ejército y la Armada(34) . En 1920 se estableció en Maracay la primera estación radioeléctrica. A los pocos años los principales puertos del país contaban con estaciones costeras destinadas a auxiliar el tráfico marítimo(35) .

A comienzos del siglo XX la nueva tecnología comenzó a utilizarse también en la telefonía de larga distancia mediante la instalación de potentes transmisores que permitían la comunicación, incluso, a través del Atlántico. Marconi había demostrado que era posible enviar señales sobre largas distancias a pesar de la curvatura de la tierra. Fue Reginald Fessenden quien tuvo la idea de utilizar las ondas para transmitir voz y música, lo cual logró en 1906 luego de pasar tres años construyendo un generador que emitía ondas de radio continuas en lugar de la transmisión basada en impulsos que requería el código Morse(36) . Fessenden “fue el primero en usar la Amplitud Modulada (AM) la cual combina la amplitud de la onda de radio con la amplitud de la señal eléctrica. Después de ser transmitida por una antena, el receptor la decodifica y convierte de nuevo las ondas de radio AM en el sonido original”(37) . Los tubos al vacío (vacuum tubes), inventados por John Fleming en 1904 y mejorados por Lee De Forrest en 1906, mejoraron ampliamente la recepción de señales al facilitar la detección y amplificación de las ondas de radio.

El primer servicio de telefonía de larga distancia, entre Nueva York y Londres, fue inaugurado por AT&T el 7 de enero de 1927. El presidente de la American Telephone Company y el Secretario General del Post Office de Londres mantuvieron una conversación que fue interrumpida en varias oportunidades por perturbaciones atmosféricas. Al principio se trató de un solo circuito que permitía 2000 llamadas al año. En 1928 el costo promedio de una llamada de tres minutos era de 9 libras. El servicio a los barcos fue inaugurado en 1929.

Los problemas de la radiofonía, como eran la falta de privacidad y las dificultades de transmisión, dieron origen, sin embargo, a otra actividad de mayor importancia en los tiempos modernos: la radiodifusión.

En sus primeros años, el uso de la radio se limitó a la transmisión de mensajes en código morse y a las comunicaciones militares. Durante la primera postguerra, no estaban claras cuáles eran sus aplicaciones comerciales, distintas a las comunicaciones marítimas. Sin embargo, poco a poco la radio fue encontrando su camino. La radiodifusión nació como el resultado de operadores individuales que transmitían música, noticias o simples comentarios a quien tuviera el equipo para escucharlos. Las empresas de la época vieron oportunidades de negocio en la venta de los equipos y los gobiernos la ocasión para recaudar nuevos impuestos de esas transacciones. La primera transmisión comercial se hizo el dos de noviembre 1920 cuando la KDKA de Pittsburgh, establecida por Westinghouse, cubrió la elección presidencial de ese año. Posteriormente, la idea de vender publicidad durante las transmisiones se impuso definitivamente como el “modelo de negocios” que impulsaría el crecimiento espectacular del la radio en los años siguientes.

La primera estación venezolana de radio comenzó a transmitir en mayo de 1926(38) . En ese año, Luis Roberto Scholtz y Alfredo Moller fundan AYRE, estación de música, información y obras de teatro que se financiaba con las contribuciones de los particulares que poseían equipos receptores. En 1930 se fundó Broadcasting Caracas (posteriormente Radio Caracas Radio) que inauguró el modelo actual de negocios basado en la venta de publicidad. En 1932 se decretó el primer Reglamento de Radiodifusión mediante el cual el Estado se reservó la actividad de la radiodifusión e introdujo la posibilidad de otorgar concesiones a los particulares para su explotación, regulación que fue confirmada por la Ley de Telecomunicaciones de 1940. En los años sucesivos los gobiernos otorgaron numerosas concesiones a los particulares. Radio Nacional, la primera estación del Estado, fue fundada en 1936.

5- El teléfono

La electricidad también hizo posible la transmisión de voz sobre largas distancias. Las alteraciones al flujo de corriente que pasa a través de un cable, mediante la vibración de una especie de tímpano mecánico que es activado por las ondas de la voz humana, hizo realidad tal proeza tecnológica(39) . El teléfono permitió la comunicación de dos personas “en tiempo real” sin que las mismas tuvieran que estar frente a frente.

El teléfono, al igual que el telégrafo, no es el fruto exclusivo de una mente en particular sino el resultado del conocimiento generado por muchas personas durante mucho tiempo. De hecho, David Hounshell habla de “inventos paralelos” (Paralell inventions) cuando reseña los orígenes del aparato(40) . No obstante, la historia acredita a Alexander Graham Bell como el genio que mejor supo aprovechar ese conocimiento acumulado y transformarlo en un invento práctico y de amplio uso comercial. La patente del teléfono fue formalmente registrada el 7 de mayo de 1876, pero los derechos de Graham Bell fueron cuestionados por una marea de demandas. Fue tan sólo en 1888 cuando la propiedad de Graham Bell sobre la patente fue ratificada por la Corte Suprema de los Estados Unidos con el estrecho margen de apenas un voto.

Técnicos brillantes como el alemán Philip Reis, o los estadounidenses Elisha Grey y Daniel Drawbaugh, produjeron con anterioridad aparatos muy parecidos al diseñado por Graham Bell. Elisha Grey, por ejemplo, era un técnico mucho más preparado que Graham Bell y desarrolló ideas tempranas sobre la transmisión eléctrica de la voz. No concretó el invento porque pensó, contrario a Graham Bell, que no había mercado seguro para tal aparato. Esa visión limitada fue la consecuencia de su intima relación con la industria del telégrafo a la que había dedicado desde joven su esfuerzo y gran talento(41) .

Entre 1876 y 1878 el naciente mercado estadounidense presenció un breve período de competencia entre las empresas Bell (“The Bell System”) y el gigante telegráfico Western Union. En 1879 ambas empresas llegaron a un acuerdo privado mediante el cual el sistema Bell aceptó no entrar al negocio telegráfico y compensar a Western Union por las pérdidas ocasionadas por la nueva tecnología. Las empresas Bell pagarían a Western Union un royalty de 20% por cada equipo alquilado mientras que éste permitiría el derecho de paso por sus postes. Las patentes del teléfono expiraron en 1893 y 1894, terminando así el período de exclusividad de la heredera de las empresas Bell: la poderosa AT&T. Para entonces, AT&T ya estaba bien establecida en las ciudades más pobladas y atendía a los rentables clientes comerciales. Los nuevos entrantes debieron conformarse con las áreas menos pobladas descuidadas por AT&T.

El teléfono se sumó al telégrafo (y a las mejoras en la construcción de barcos, al automóvil y, posteriormente, al avión) para integrar progresivamente a un planeta dividido por las distancias geográficas y culturales. Unos cuantos inversionistas de la época visualizaron el potencial comercial del nuevo servicio e invirtieron masivamente en él. En la mayoría de los países, el negocio surgió como una actividad privada que luego sería absorbida por el Estado. Las redes se extendieron rápidamente y pasaron a ser parte indispensable de las sociedades contemporáneas.

Alexander Graham Bell patentó el teléfono en 1876 y cuatro años después el prodigioso invento llegó a Venezuela en el equipaje de Gerardo Borges. Borges era un telegrafista venezolano que había participado en el Primer Congreso Mundial de Electricidad y Telegrafía que se realizó en Francia en 1881. En 1882 se hicieron las primeras pruebas conectando a Caracas y La Guaira mediante las líneas telegráficas.

La telefonía venezolana nació en el marco de las políticas del presidente Guzmán Blanco que favorecían a la inversión extrajera (básicamente inglesa y estadounidense) como forma de dinamizar a la estancada economía nacional. Así se construyeron también las primeras redes de ferrocarriles y electricidad. En 1883 el Gobierno Nacional autorizó la prestación del servicio y Alejandro Golding instaló las primeras líneas en el Litoral Central conectando a Maiquetía, La Guaira y Macuto. En ese mismo año llegó la Intercontinental Telephone Company of New Jersey y comenzó la expansión de la red telefónica por el territorio nacional. En 1884 el Ministerio de Hacienda adquirió 14 aparatos para sus oficinas. El contrato firmado entre el gobierno y el representante de la mencionada empresa, James Derrom, estipulaba que el servicio debía comenzar a prestarse en Caracas en un plazo de dos meses. Para los pueblos del interior, el plazo se extendía a tres años siempre y cuando existiera una demanda superior a los cincuenta suscriptores permanentes. A cambio, la compañía obtuvo derechos monopólicos por quince años(42) . Un anuncio de la época, publicado en la prensa por el Sr. Derrom, ofrecía “comunicación instantánea entre oficinas, almacenes y residencias”. El precio de suscripción en Caracas era de Bs. 26 mientras que los precios para el interior del país variaban de acuerdo con la distancia.

En 1890 la compañía inglesa The Telephone and Electrical Appliance Company asumió los derechos de la Intercontinental convirtiéndose en la principal operadora del servicio con más de mil aparatos instalados en 1891. La red heredada se extendía por La Guaira, Puerto Cabello, los valles de Aragua y Caracas. Para la fecha existían 1.300 suscriptores en Caracas, 18 en La Guaira, y 109 en Puerto Cabello.

Entre 1890 y 1929 el gobierno otorgó numerosas concesiones en distintas regiones del país. Como ejemplo pueden mencionarse(43) la otorgada al General Abdón Otazo para establecer comunicaciones entre Caracas y distintos pueblos de los estados Carabobo y Aragua; la otorgada a la compañía American Electric & Manufacturing Co, para dotar al Gobierno Nacional de teléfonos que comunicaran sus diferentes organismos; o la otorgada a Francisco Rincón para proveer servicio a la ciudad de Maracaibo y sus alrededores. Para la época el régimen de licencias era liberal en el sentido de que todo el que quisiera podía establecer su propia red. “Durante el mandato del General Juan Vicente Gómez las empresas telefónicas proliferaron por todo el país. Esto se debe a que todo hacendado o militar que necesitaba comunicarse rápidamente con sus haciendas o negocios, solicitaba una licencia y establecía su compañía de teléfonos, a veces con sólo dos o tres aparatos”(44) .

6- Los problemas de crecimiento de las primeras redes telefónicas

Vale la pena reseñar brevemente algunos aspectos tecnológicos, con importantes implicaciones financieras y organizacionales, que influyeron negativamente en el desarrollo de las primeras redes telefónicas. Ello fue especialmente evidente en los mercados más desarrollados (como el de los Estados Unidos) donde las redes crecían con mayor velocidad. En el caso de Venezuela, el lento desarrollo pudo amortiguar los efectos negativos que trajo el crecimiento, pero de todas formas, correctivos tales como la introducción de las primeras centrales automáticas, comenzaron a hacerse en la tercera década del siglo XX.

En efecto, en los inicios de la industria no existían las centrales automáticas que hoy facilitan la expansión ordenada de las redes. El bajo número de suscriptores permitía la conexión directa de un teléfono a tantos otros como fuera posible. Eran comunes las líneas privadas entre, por ejemplo, plantas o locales comerciales de una compañía. De hecho, el negocio de las comunicaciones estaba en el alquiler de los aparatos y no en el número de minutos de conversación. Por ello las tarifas eran “planas”, en lugar de basarse en servicios por consumo como fue la norma en años posteriores. El mayor número de usuarios hizo inmanejable ese arreglo. Llevado al extremo, continuar con ese esquema hubiera significado que las ciudades estuvieran literalmente cubiertas con cables al tener cada hogar u oficina que conectarse físicamente con tantos hogares u oficinas que tuvieran el servicio.

Pronto surgió la idea de una oficina central a la cual llegaran todas las líneas telefónicas (lo que se denomina conmutación) y que una persona (el operador) conectara a los suscriptores. Tal arreglo lógico no estaba libre de problemas. El servicio de los operadores era deficiente y limitaba el número potencial de llamadas. Si un suscriptor quería llamar a alguien fuera del área de cobertura de su central, el operador respectivo, a su vez, se conectaba al operador de la otra central y éste “pasaba” la llamada al usuario que era llamado. Una llamada de larga distancia implicaba en la práctica una incómoda cadena de operadores.

Las economías de escala(45) , que hoy forman parte indivisible de las telecomunicaciones modernas, no existían en los inicios de las redes telefónicas. Por el contrario, las primeras redes (o sistema “Williams” como era llamada por los ingleses) mostraban deseconomías de escala, es decir, costos crecientes a medida que aumentaba el número de suscriptores. Tales deseconomías eran el producto de factores tecnológicos y organizacionales. En otras palabras: las operadoras (desde el principio un trabajo mayoritariamente para las mujeres) tenían limitaciones físicas en cuanto al número de suscriptores que podían atender. Mientras más llamadas se hacían, las conexiones resultaban más complicadas y el servicio más lento, especialmente si las llamadas tenían que ser transferidas de un tablero en la central a otro. Como es obvio, esta situación era más aguda en áreas de alta densidad poblacional, hecho por el cual se le conocía como el “problema de las grandes ciudades” (big city problem). Un mayor número de suscriptores requería tableros o conmutadores manuales más complicados y costosos en las centrales al tiempo que nuevas operadoras tenían que ser contratadas. En este sentido, la expansión de las redes sólo era posible si las tarifas aumentaban. Y ello era difícil de explicar al público sobre todo en mercados de rápido crecimiento como el de los Estados Unidos. “Las deseconomías de las centrales telefónicas fueron la preocupación fundamental durante los primeros veinte años de desarrollo de las redes, afectando, por ejemplo, la estructura tarifaria del Sistema Bell y el clima político en el cual operaban”(46) .

Las respuestas técnicas al problema no se hicieron esperar. La primera innovación fue el desarrollo del llamado “tablero múltiple”. Este arreglo físico permitía la conexión de los suscriptores mediante una línea que unía a cada suscriptor de un tablero con cada uno de los suscriptores de los otros tableros, de la misma forma “que un primitivo sistema telefónico sin oficina central vincularía mediante un cable a cada teléfono con cada uno de los restantes”(47) . Se eliminaba así la complejidad de transferir llamadas entre tableros, pero continuaban intactos los problemas derivados del mayor número de suscriptores y conexiones físicas dentro del espacio de la central. Además se necesitaban mejores sistemas para la señalización (cuando una línea estaba ocupada) y técnicas de instalación de circuitos. Para empeorar las cosas, la expansión de las redes también complicó la conexión entre centrales porque su número creciente también hacía inmanejable la gran cantidad de líneas físicas que las conectaban.

Las líneas compartidas fueron el siguiente paso. Con ellas se simplificaba el sistema al disminuirse el número de conexiones y eliminarse el entramado de cables dentro de las centrales que eran necesarios para vincular a los usuarios entre sí. Las líneas compartidas se apoyan en el principio de que el número de circuitos en funcionamiento siempre es menor que el número de usuarios de la red. Algo parecido al funcionamiento bancario en el sentido de que no es necesario mantener la totalidad de los depósitos en forma líquida porque, a menos que haya una corrida, no todos los ahorristas retirarán su dinero al mismo tiempo. Con el nuevo sistema, por ejemplo, si existen 500 suscriptores no sería necesario conectar individualmente a cada uno de ellos. Bastaría con tener, digamos, 50 líneas en funcionamiento y dejar que los usuarios utilizaran cualquiera que no estuviera ocupada.

Tal como observa Muller(48) , para 1900 la mayoría de los problemas que limitaban el desarrollo de las redes telefónicas habían sido superados. Las fundaciones de los modernos sistemas telefónicos fueron puestas por varios desarrollos paralelos cuyos resultados sorprendentes todavía vemos hoy en día. Tales desarrollos contribuyeron a limitar los costos crecientes del servicio que enfrentaban las empresas a medida que aumentaba el número de usuarios.

En este sentido podemos mencionar: los adelantos en ingeniería de tráfico que ayudaron al uso eficiente de las líneas compartidas y al diseño de las centrales de forma que distribuyeran mejor la carga de trabajo entre operadores; la implementación de las “centrales divididas” (divided exchanges) mediante las cuales las funciones de atender a los suscriptores y establecer las conexiones se dividieron entre distintos operadores, en distintos tableros, los que debían colaborar para establecer la comunicación, principio contrario al de las centrales múltiples donde la conexión entre las partes la realizaba un sólo operador desde un tablero; el desarrollo de nuevas técnicas de señalización como la incorporación de los ganchos de conexión/desconexión en los teléfonos y la utilización de lámparas eléctricas que indicaban en los tableros cuando un usuario deseaba hacer una llamada; la centralización de la fuente de energía (baterías) en las centrales en lugar de ponerlas en cada aparato, lo que facilitó la integración de las redes, su mantenimiento y las funciones de señalización.

La invención de las centrales automáticas fue el siguiente paso en los esfuerzos por controlar el crecimiento de los costos de operación de las redes. En 1891 Almon Strowger construyó la primera central automática compuesta de un complejo mecanismo de interruptores y manivelas que se movían horizontal y verticalmente. Las primeras centrales de este tipo, llamadas “paso a paso”, permitían la conexión entre suscriptores mediante la marcación de un número. Cada número discado estaba asociado a un paso específico de un proceso que al completarse establecía la conexión entre las partes. De esa forma se podía discar directamente el número de otra persona sin que participara el operador de la compañía. Vale destacar que Strowger estaba disgustado por la supuesta discriminación que las operadoras hacían a su negocio funerario en favor de otros competidores.

El alto costo y la complicada operación de las centrales “paso a paso” impidieron su rápida difusión por el mundo dando como resultado la lenta sustitución de las operadoras telefónicas(49) . Las centrales Strowger comenzaron a operar en Venezuela en enero de 1928 cuando The Telephone and Electrical Appliances Company instaló la primera central automática en Caracas, en su sede principal situada (desde 1890) en la esquina de La Gorda y que dos años después pasaría a la recién fundada Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV)(50) .

No existen estudios confiables que permitan determinar con certeza a qué niveles llegó el “problema de las grandes ciudades” en Venezuela. No obstante, es posible pensar que tuvo un impacto limitado dadas las características de la economía nacional. Es obvio que The Telephone and Electrical Appliances Company se preocupaba por reducir costos, y ello sólo era posible mediante la reducción del elemento humano y la consiguiente automatización de las redes. Pero otros elementos pudieron contener el problema. El estancamiento económico y la baja capacidad de consumo de la población se convirtieron en un mayor obstáculo al crecimiento de las redes, que el aumento desproporcionado de los costos de operación. Así, en 1883 apenas existían en Caracas (donde se concentraban la inmensa mayoría de los clientes) 100 suscriptores, 400 en 1888, 1.300 en 1890 y 2.500 en 1912. Lo anterior representa un crecimiento acumulado del 2.400% mientras que, por ejemplo, en los Estados Unidos el crecimiento entre 1880 y 1915 fue del 19.389%(51) .

Tampoco hemos encontrado recuentos detallados de la evolución tecnológica de las primeras redes nacionales. No obstante, puede asegurarse que como país tecnológicamente dependiente, aquí también se recorrió, aunque con retardo, el mismo camino de los mercados más avanzados. Alfredo Shael, en un reportaje publicado en El Nacional(52) , nos dice que el sistema “múltiple”, sustituto a su vez del “Williams”, se utilizó en el país hasta 1905. A partir de ese año se inició un proceso de modernización incorporando equipos más sofisticados, líneas compartidas y sustituyendo progresivamente las baterías en los teléfonos por un sistema de energía centralizado, proceso que culminó en 1925.

Así mismo, las centrales automáticas comenzaron a operar en Venezuela en 1928, luego de un período de crecimiento importante del número de usuarios. En efecto, entre 1912 y 1930 los usuarios pasaron de 2.500 a 7.000, lo que representa un crecimiento acumulado del 180%. La masa de clientes justificó el inicio de la automatización para reducir costos. Ya en 1926 la compañía inglesa había planificado la introducción de la telefonía automática en el país y procedido a la compra de los equipos en los Estados Unidos(53) . A tales efectos, en septiembre de 1926, anunció un aumento de tarifas con el objeto de amortizar la inversión realizada. Edgard Wallis, gerente de la empresa, se dirigió al Ministerio de Fomento justificando el aumento como resultado de las inversiones necesarias en obras de infraestructura para poder ofrecer el servicio de forma automática. Ello generó una fuerte reacción del gobierno de Juan Vicente Gómez que prohibió el incremento. El Ministro de Fomento de la época le recordó a la empresa su estatus de concesionaria y la atribución del gobierno de “sujetar la expedición de tales permisos a una tarifa determinada según se haga el servicio permitido, cumpliendo el deber irrenunciable que tiene, como personero de la comunidad, de no abandonar nunca los intereses generales a merced de un interés privado”(54) . Con los equipos ya comprados, la compañía no tuvo más remedio que proceder a su instalación cuya puesta en funcionamiento se produjo en enero de 1928(55) .

En 1930 el Ministerio de Fomento otorgó una concesión a Felix Guerrero para la construcción de una red telefónica a escala nacional. Posteriormente, Guerrero se asocia con Manuel Pérez Abascal y Alfredo Damirón para crear la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV). CANTV creció en los años posteriores mediante la adquisición de las compañías de servicio local que cubrían el territorio. Caso digno de mención es la compra de The Telephone and Electrical Appliances Company en 1930. A CANTV se le presentó esta oportunidad como resultado de la mencionada negativa del gobierno a aumentar las tarifas en 1927. Ante tal situación, la empresa inglesa decidió irse del país y vender sus activos al mejor postor. En el mismo año CANTV compró la Compañía de Teléfonos de Maracaibo y al siguiente la compañía que operaba en Ciudad Bolívar.

Poco a poco se fue extendiendo el servicio. La comunicación telefónica era básicamente local, utilizándose las líneas telegráficas para las comunicaciones nacionales(56) . Las primeras llamadas de larga distancia nacional se hicieron por medio de transmisores de radio. En Tapatapa y Santa Rita, Estado Aragua, existían dos receptores de 10 KW cada uno. En 1931 se inauguró la larga distancia internacional (LDI), como servicio prestado por el Ministerio de Fomento. Juan Vicente Gómez hizo la llamada inaugural a su representante en Alemania(57)) . Como vimos anteriormente, las llamadas transoceánicas se iniciaron en 1927. América Latina se incorporó al servicio de LDI en 1930, siendo las llamadas iniciales las del presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover, a los presidentes de Argentina, Chile y Uruguay. La única central de larga distancia del país se encontraba en Maracay, Estado Aragua, y las comunicaciones con Europa se hacían a través de Nueva York. Para la época existían 12 canales disponibles con esa ciudad y se hacían 200 llamadas diarias con una tarifa de Bs. 10 por minuto, fijada según acuerdos bilaterales con los Estados Unidos(58) . Las llamadas a Europa eran mucho más caras. La primera lista de tarifas estipulaba precios por minuto que iban desde Bs. 150 para Alemania, 154,50 para Francia, 160 para Italia hasta165 para Inglaterra.

7- Aspectos regulatorios

Desde el punto de vista jurídico, es la Constitución de 1914 la primera que incorpora la potestad del Gobierno Central para regular el servicio telefónico. El artículo 79, ordinal 3, facultaba al Presidente de la República para reglamentar todo lo relacionado con la materia. La Constitución de 1936 ratificó esas potestades del Gobierno. En el artículo 32, ordinal 8, abrió la posibilidad de que particulares prestaran el servicio mediante concesiones y sin garantizar rentabilidad. Otro importante instrumento jurídico fue el Reglamento General de Telégrafos y Teléfonos Federales promulgado en 1936. En 1940 se promulgó la Ley de Telecomunicaciones que estuvo vigente hasta el año 2000.

El hilo conductor de las regulaciones producidas en esas etapas iniciales de las telecomunicaciones fue el creciente papel del Estado en el sector. En las corrientes políticas que aparecieron en los años finales del gomecismo, y que se desarrollaron plenamente una vez que éste desapareció, estaba firmemente enraizada la idea del Estado como rector del desarrollo. Así, tanto en el programa del Partido Revolucionario de Venezuela (1926) como en el Plan de Barranquilla (1931), partida de nacimiento de la socialdemocracia venezolana, encontramos la idea de la nacionalización o municipalización de las empresas de servicio público(59) .

En 1936 las masas comenzaron a movilizarse políticamente y la renta petrolera ganaba importancia en las finanzas públicas. El gobierno de Eleazar López Contreras (1936-1941), que puede considerarse como un régimen transitorio hacia un sistema más democrático, se vio en la necesidad de implementar políticas de fomento socioeconómico que calmaran la agitación política de la coyuntura. Fue una época de extraordinario avance institucional. Durante el período se promulgó la Ley del Trabajo y la del Seguro Social Obligatorio; se creó el Banco Central de Venezuela, el Ministerio de Comunicaciones y el Instituto Pedagógico, entre otras muchas instituciones importantes.

El 21 de febrero de 1936 el presidente anunció su Programa de Febrero, como respuesta “a los problemas de reconstrucción nacional que el gobierno y el pueblo tienen que enfrentar en las presentes circunstancias”(60) . El programa propuso reformas institucionales en materia municipal, administración de justicia y relaciones obrero-patronal. Propuso igualmente políticas de poblamiento y salud pública y de fomento material por medio de la construcción de caminos. “El desenvolvimiento económico, social y político del país, la colonización de las zonas incultas (sic), el acercamiento entre varias regiones del territorio, el acercamiento y, finalmente, la unificación nacional dependen, sobre todo, del perfeccionamiento y extensión de sus sistemas de comunicación”. En este sentido, el gobierno de López Contreras se propuso la “mejora de los servicios postal, telegráfico, telefónico, radiotelegráfico y radiotelefónico” así como la “reglamentación de las estaciones radioemisoras y el establecimiento de una red nacional de radiodifusión con fines principalmente educativos”. De hecho, López Contreras fue el primer presidente en dirigir mensajes oficiales al país por medio de la radio. Estamos así en presencia de la primera política pública nacional para el fomento de las telecomunicaciones venezolanas con el objeto de integrar el país, estimular la economía y desarrollar la política social. Nada distinto a lo que hoy en día se plantea.

Durante el gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-1945), en 1940, se promulgó la Ley de Telecomunicaciones que reguló el sector hasta el año 2000(61) . La Ley de 1940 otorgaba al Estado la competencia exclusiva en el establecimiento y explotación de los servicios de telecomunicaciones y le otorgaba a éstos el carácter de servicio público. En su exposición de motivos, por ejemplo, se lee lo siguiente: “El proyecto contiene varias disposiciones por las cuales se da expresa facultad al Ejecutivo Federal para adoptar determinados procedimientos. El (sic) encuentra su justificación en la naturaleza especial de los servicios a que se contrae (sic) dicho proyecto, que constituyen un verdadero monopolio del Estado, cuya administración, inspección, y vigilancia es el resorte del Poder Ejecutivo. Como supremo administrador de ese monopolio nacional es lógico que ese poder disponga del derecho a establecer las condiciones bajo las cuales los particulares puedan explotarlo en determinados casos…”(62) .

La Ley estableció en su artículo 1 que: “Salvo lo dispuesto en esta Ley, o en leyes especiales, el establecimiento y explotación de todo sistema de comunicación telegráfica por medio de escritos, signos, señales, imágenes y sonidos de toda naturaleza por hilos o sin ellos, u otros sistemas o procedimientos de transmisión de señales eléctricas o visuales inventados o por inventarse, corresponde exclusivamente al estado”. No obstante, a continuación el Legislador facultó al Ejecutivo Federal para “otorgar permisos y concesiones a particulares para el establecimiento y explotación, o para empleo con fines educativos, de los servicios expresados…”

De esta manera se inauguró un marco legal en el cual las telecomunicaciones (“todo sistema o procedimiento de transmisión de señales eléctricas o visuales, inventado o por inventarse” ) correspondían exclusivamente al Estado, el cual estaba facultado para otorgar permisos o concesiones que permitieran a los particulares proveer los servicios bajo estricta vigilancia y regulación. Igualmente, La Ley de 1940 reconoció el riesgo de rezago regulatorio ante el dinamismo tecnológico de las telecomunicaciones. El ámbito de la Ley se extendió a toda tecnología o servicio inventado o por inventarse. La flexibilidad de esta norma permitió a los gobiernos que ejercieron el poder durante la larga vigencia de la Ley dictar numerosos instrumentos legales para regular, incluso, productos tan avanzados como la telefonía móvil e Internet.

El nacimiento de la industria telefónica en Venezuela siguió los mismos patrones presentes en la mayoría de los países. El Estado tuvo una presencia temprana en el negocio mediante la política de concesiones a particulares y la estrecha vigilancia del servicio. En el sector privado (específicamente, el capital internacional) recaía la responsabilidad de establecer y expandir las redes. En los primeros años de la telefonía venezolana, el Estado no tuvo experiencia como proveedor directo del servicio, con la excepción de la compra en 1929 de la empresa operadora del estado Nueva Esparta, “cuyos resultados económicos, al parecer, no fueron nada satisfactorios”(63) .

Como mencionamos anteriormente, la reserva de la actividad al Estado quedó consagrada en la Constitución de 1914. Con el tiempo, el Estado dejó de ser un simple administrador de las concesiones para involucrarse directamente en la prestación del servicio. En 1946 la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945-1948) otorgó poderes al Ministerio de Comunicaciones para establecer y administrar redes telefónicas. Años antes, en 1936, esa atribución había quedado establecida en el Reglamento General de Telégrafos y Teléfonos Federales. En su artículo 128 se establecía que, “El Ejecutivo podrá, cuando lo juzgue conveniente, extender sus servicios telefónicos al público en general, bien ensanchando su red, o bien adquiriendo empresas telefónicas establecidas por particulares”. Así, en 1946 se produjo un cambio importante en las políticas públicas de las telecomunicaciones, al pasarse de una intervención en el sector, basado en el simple otorgamiento de concesiones, a la prestación directa del servicio. “Esta nueva política del Gobierno Nacional, habría de colocarlo en primer plano en lo referente a la explotación del servicio telefónico, desplazando del primer lugar a la CANTV, prácticamente la única empresa de importancia nacional en el área de servicio telefónico urbano”.(64)

Rómulo Betancourt, en su Venezuela, política y petróleo( ), habla del empeño de la Junta Revolucionaria de Gobierno que él presidía, en fomentar el desarrollo de las redes de telecomunicaciones. Durante sus tres años de gobierno se invirtieron más de 18 millones de bolívares en la modernización de las redes de teléfonos y telégrafos. Las oficinas de telégrafo aumentaron a más del doble de las que existían en 1945 y se incrementó el número de operadores así como sus salarios. El gobierno contrató con la compañía sueca Ericsson la construcción de la primera red telefónica regional en el Estado Táchira y la ampliación de la red de comunicaciones de larga distancia nacional e internacional.

Como puede observarse, en 1936 se produjo un cambio socio-político de mucha importancia en Venezuela. La muerte de Juan Vicente Gómez (el 17 de diciembre de 1935) y la dinámica política subsiguiente, marcaron el paso de un Estado de limitado ámbito administrativo y baja respuesta social, a uno de mayor presencia en la economía y mayor sensibilidad a las necesidades sociales de la población. En ello fue determinante la reacción (no siempre positiva) del nuevo gobierno a la presencia de los nacientes partidos y movimientos sociales organizados. Cuando Eleazar López Contreras asume la presidencia en diciembre de 1935, “el Estado venezolano era una entidad relativamente simple, soporte de una acción gubernamental dirigida prioritaria y casi exclusivamente a la concentración del poder, mediante la conformación de un ejército nacional y la unificación de la hacienda pública. El gasto público se circunscribió fundamentalmente a la construcción de obras relacionadas con el objetivo mencionado: el equipamiento militar y las vías de comunicación, se llevaron el grueso de los recursos estatales, mientras las necesidades sociales de educación, salud, vivienda, agricultura, comercio e industria eran ignoradas y desatendidas”(66) .

Según la cronología propuesta por Allan Brewer Carías(67) , entre 1863, año de la instauración del régimen federal que nace de la Guerra Federal, y 1935 se impuso en el país el llamado Estado Liberal de Fomento que tomó ante los problemas económicos y sociales un papel más activo que el asumido por la elite liberal conservadora que fundó la República en 1830. En este sentido, por ejemplo, en 1863 se creó el Ministerio de Fomento tal como lo había hecho España en 1832. “A partir de ese momento, no sólo el Estado Liberal Burgués va a regular la vida económica, sino que la va fomentar y promover, lo cual se refleja particularmente en las acciones de promoción y fomento de los servicios públicos, en particular el telégrafo y los ferrocarriles a partir de 1863, en la promoción y fomento de bancos comerciales a partir de 1865 con la creación del Banco de Londres y Venezuela, vinculado a la construcción del Ferrocarril Central de Venezuela, y en el fomento y promoción de la construcción de caminos y carreteras”(68) . Como vimos anteriormente, las telecomunicaciones venezolanas nacieron en el marco de un gobierno progresista y promotor como fue el de Antonio Guzmán Blanco.

La organización institucional de las telecomunicaciones se reflejó en el referido cambio de actitud del Estado ante el desarrollo nacional en general y ante el sector en particular. En 1936 se reconoció la importancia de las telecomunicaciones y de la infraestructura física y se crea el Ministerio de Comunicaciones, cuyas funciones fueron atribuidas durante el gomecismo a una dirección del Ministerio de Fomento. Según Bernardino Herrera, en 1891 y 1899 se habían dado dos intentos fallidos “por elevar a ministerio la administración del sistema telecomunicacional”(69) .

En 1937 se unió la Oficina Nacional del Trabajo, hasta entonces adscrita al Ministerio de Relaciones Interiores, y el recién creado Ministerio de Comunicaciones para crear el Ministerio de Trabajo y Comunicaciones, lo que desde la perspectiva actual no luce razonable. En 1945 la Junta Revolucionaria de Gobierno dividió el organismo y cada sector pasó a ser regulado de forma independiente por un ministerio. Como titular del despacho de Comunicaciones se nombró a Valmore Acevedo, importante dirigente del partido oficial Acción Democrática.

Durante el corto gobierno de Rómulo Gallegos (febrero a noviembre de 1948) se nombró ministro a otro importante dirigente de Acción Democrática, Leonardo Ruiz Pineda, y se realizaron cambios organizacionales en el ministerio: “se agregan con carácter de oficinas complementarias el Departamento de Ingeniería, a cuyo cargo estarían la confección (sic) de proyectos, la Escuela de Telecomunicaciones, la Oficina de Control y vigilancia de la Radiodifusión y la formalización de los cursos para locutores”(70) .

En suma, al culminar los primeros sesenta y tres años de la telefonía nacional en 1946, no puede hablarse de una completa interrelación, ni siquiera de una importancia creciente de las telecomunicaciones en la economía y la sociedad venezolana. En apoyo a esta afirmación puede mencionarse el diagnóstico de las redes nacionales realizado por George W. Hill y Ruth Oliver Hill en 1945: “Con excepción de las ciudades del Distrito Federal y del Estado Miranda, de algunos centros en los estados Aragua y Carabobo, de Barquisimeto y Maracaibo, la República carece de servicio telefónico”(71) . En otras palabras: el país era pobre y el aparato productivo no era lo suficientemente dinámico como para soportar un crecimiento sostenido de las redes telefónicas. No obstante, la historia continúa. Ya vendrán en el futuro condiciones más favorables, cuando el gasto público proveniente la renta petrolera, aumente la capacidad de consumo de la población y el Estado tome una mayor preeminencia en la economía. En los tiempos por venir, las redes crecerán más rápidamente y la dispersión de las empresas telefónicas será sustituida por la progresiva centralización, como forma de aprovechar las economías de escala y las externalidades de redes que distinguen a las telecomunicaciones modernas.

Notas
(1): En lo que a la agricultura se refiere, destaca Alberto Adriani y su libro “Labor venezolanista”. En los ensayos allí compilados se recomienda, entre otras cosas, la subvaluación del bolívar para mantener la competitividad de los productos agrícolas exportables ante la avasallante presencia del petróleo.
(2): Pino Iturrieta, Elías: “Las ideas de los primeros venezolanos”. Ediciones UCAB. Caracas, 2003. P. 29.
(3): Sobre este particular véase: Farías de Urbaneja, Haydee: “La autoridad de la Sociedad Económica de Amigos del País en la política gubernamental venezolana en la década de 1830”. Politeia N.8. UCV. 1979.
(4): Citado por Pino Iturrieta, op cit, P.56. Lander escribió esto en 1833.
(5): Planchart, María Elena: “Los caminos en Venezuela como factor de integración política: 1830-1848”. Politeia N. 8. UCV, 1979.
(6): Señala Ramón Veloz: “Para el franqueo de correspondencia se decretó el 28 de junio de 1858 la creación de estampillas de tres clases, a saber, de medio real, de un real y dos reales, las que debían ser rectangulares, de seis líneas de ancho y nueve de largo, impresas en papel adecuado de diferentes colores, llevando en el centro las armas de la República, en la parte superior la inscripción “Correo de Venezuela” y en la inferior el valor. Mientras se preparaban las planchas de acero para el grabado, se mandaron imprimir litográficamente, confiándose la dirección de las operaciones al Tribunal de Cuentas. Por varias dificultades ocurridas, sólo comenzó a girar la correspondencia con estampillas a partir del primero de enero de 1859. En el primer semestre de 1859 produjeron las estampillas Bs. 214.460,51, sin incluir los datos de varias provincias que no se recibieron a causa de la guerra”. “Economía y finanzas de Venezuela 1830-1944”. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1984. P.116.
(7): Maradey Fernández, Fernando: “Ipostel, una utopía”. El Universal, 1980. El día y mes no están disponibles.
(8): Memoria de Hacienda, 1852. Citado en: Rodríguez, Jeannette:”El correo en Venezuela 1870-1899. Una visión geohistórica”. Mimeo. S.F
(9): Rodríguez, op cit.
(10): Maradey Fernández, op cit.
(11): Herrera, Berdardino: “La expansión telegráfica en Venezuela. 1856-1936”. Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2001, P. 60.
(12): Vila, Marco Aurelio: “Geografía de Venezuela”. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, 1958. P. 369-371.
(13): El Universal. 23-9-2002.
(14): Presidencia de José Tadeo Monagas 1847-1851 y 1855-1858 y José Gregorio Monagas 1851-1855.
(15): Los datos del nivel de actividad económica en Venezuela durante el período 1830-1920 se encuentran en : Baptista, Asdrúbal: “Una nota sobre el desenvolvimiento de la economía venezolana”. Latin America Research Review. N.3. 1988.
(16): Germán Carrera Damas nos dice que Guzmán “advierte que el sistema capitalista se encuentra en el umbral de un nuevo desarrollo. La segunda revolución industrial –la revolución tecnológica, sobre la base de la electricidad, el petróleo, el acero barato, la industria química- anuncia un nuevo movimiento de expansión del capitalismo, y Guzmán comprende que la única posibilidad para la clase dominante venezolana de aspirar a desarrollarse como tal, de mantener su control de la sociedad, y sobre todo de darle al Proyecto Nacional en tanto proceso de implantación un nuevo auge, está en la vinculación con ese movimiento de transformación que está convirtiendo a los países de Europa en superpotencias lanzadas al reparto del mundo, y su afán modernizador se orienta a atraer la atención sobre Venezuela, a facilitar la articulación con esa fuente de poder que a su juicio habría de transformar la sociedad venezolana”. En: “Una nación llamada Venezuela”. Monte Avila Editores. Caracas, 1984. P.112.
(17): Cartay, Rafael: “Historia económica de Venezuela”. Vadell Hermanos Editores. P. 206-213.
(18): Carrillo Batalla, Tomás Enrique y Crazut, Rafael: “De la morocota al bolívar devaluado. Anotaciones para la historia del crédito público en Venezuela durante el siglo XX”. Edición aniversaria de El Universal. 1-4-1984. P.6/4.
(19): Easterling, Richard: “Growth Triumphant. The Twenty-First Century in Historical Perspective”. The University of Michigan Press. Ann Arbor, 1998. P.21. El software puede ser calificado como un “invento de propósitos generales”. En efecto, no existe actividad económica, bien sea servicios bien manufactura, donde la industria del software no esté presente.
(20): Landes, David: “The Unbound Prometeus. Tecnological Change and Industrial Development in Western Europe from 1750 to the Present”. Cambridge University Press. Cambridge, 1999. P. 284.
(21): Oslin, George: “The Story of Telecommunications”. Mercer University Press. Macon, 1999. P.16. (Traducción del inglés).
(22): En honor a la verdad, el telégrafo no fue el invento de alguien en particular. Se trató de un largo proceso donde intervinieron muchas personas en muchos países. Para una revisión de la polémica histórica en torno a esta materia véase Oslin, op cit, capítulos 2 y 3.
(23): “Suddenly a watch instead of a calendar became the measure of time”. Oslin, op cit, P.110.
(24): Herrera, Bernardino: “Leyes de telecomunicaciones en Venezuela en el siglo XX”. Anuario Ininco, N.12. 2001.
(25): García, Guillermo: “Por qué Guzmán nacionalizó el telégrafo”. El Nacional, 26-10-1980.
(26): Cartay, op cit, p.233-234.
(27): Díaz Rangel, Eleazar: “La conspiración del cable francés”. El Universal, 1-4-1984. P.7/12.
(28): Otálvora, Edgard: “Juan Pablo Rojas Paúl”. Biblioteca Biográfica Venezolana. El Nacional/Banco del Caribe. Caracas, 2005. P. 66.
(29): Pino Iturrieta, Elías: “Venezuela metida en cintura. 1900-1945”. Ediciones UCAB, 1998. P.31
(30): La New York Bermúdez Company, que explotaba el asfalto del Lago Guanoco, es expulsada del país y sus activos confiscados.
(31): El texto del contrato puede consultarse en El Universal 1-4-1984. P. 7/13.
(32): Se refiere a los gobiernos de Castro y Gómez, de 1899 a 1935.
(33): Manuel Carrillo entrevistado por María Isabel Salas en El Universal, 30-5-2004. P. 2-24.
(34): Díaz Requena, Rafael: “Servicios radioeléctricos del Estado”. El Nacional, 29 -7- 1979. P. A-5.
(35): García, Guillermo: “125 años del telégrafo en Venezuela” El Nacional, 9-5-1981. P. A-6.
(36): Sobre este particular véase: Chase, Alex: “Technology in the 20th Century”. Bluewood Books, 1997. P.37-41.
(37): Chase, op cit, P. 40.
(38): Lo que sigue se apoya en: Fuenmayor Espina, Alejandro: “Régimen jurídico de las telecomunicaciones. Instituciones fundamentales”. Los Libros de El Nacional y Unión Radio. Caracas, 2001. Sección 1.
(39): En 1877 Thomas A. Edison reemplazó el “tímpano mecánico”, o diafragma sensitivo, por el micrófono de carbón energizado con batería, creando un poderoso transmisor que hacía innecesario el gritar durante la conversación. Quedaron así establecidos los principios básicos de los teléfonos modernos. Oslin, op cit, P. 222.
(40): Véase: Hounshell, David: “Elisha Gray and the Telephone: On the Disadvantages of Being an Expert”. Technology and Culture. Volumen 16, N.2. April 1975.
(41): Hounshell, op cit.
(42): Sucre Eduardo, Andrés: “Ochenta años de telefonía en Venezuela”. La Religión, 17 –7- 1970. P. B-21.
(43): El Libro de la CANTV. Editorial Cromotip, 1973. P. 20.
(44): “J.V”: “Hoy se cumplen 50 años de las primeras comunicaciones telefónicas a través del Atlántico”. El Nacional, 7 – 1 – 1977. P. C/3.
(45): Tendencia de los costos promedios a disminuir a medida que aumenta la producción.
(46): Muller, Milton: “The Switching Problem: Scale, Signaling, and Organization in Manual Telephone Switching, 1877-1897”. Technology and Culture. July 1989. P. 535.
(47): La descripción del tablero múltiple se encuentra en Muller, op cit, p.545.
(48): Op cit, p. 549-557.
(49): En el caso de los Estados Unidos, un factor adicional retrasó la introducción de las centrales automáticas. En los primeros años, las redes telefónicas proporcionaban a los usuarios servicios de valor agregado (como diríamos hoy en día) a la simple transmisión de voz. Tal como señala Venus Green, la “personalización del servicio” iba más allá de la simple conexión, por parte de las operadoras, con el usuario al que se llamaba. Las operadoras asistían a los usuarios en una amplia gama de actividades tales como reservación de tickets, notificaciones, llamadas a organismos de emergencia, alarmas antirrobo, etc. En cierto sentido las operadoras eran vistas como asistentes personales de los usuarios, lo cual constituía un incentivo poderoso para unirse a las redes que muchos ejecutivos no querían perder.
(50): García, Guillermo: “La telefonía automática en Venezuela data desde 1928”. El Nacional, 1980. La fecha no está disponible.
(51): La información sobre Caracas se obtuvo de: Chang Motta, Roberto: “Historia del desarrollo telefónico en la ciudad de Caracas”. En: Estudio de Caracas. Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca. Volumen III. Caracas, 1969. P. 336. La información sobre los Estados Unidos se obtuvo de: Fischer, Claude: “Touch someone: The Telephone Industry Discovers Sociability”. Technology and Culture. January 1988. P.35.
(52): Shael, Alfredo: “Hace 86 años se instaló el primer teléfono en Venezuela”. El Nacional, 1970. El día y mes no están disponibles.
(53): Lo que sigue a continuación se apoya en García, op cit.
(54): García, op cit.
(55): Dice García, op cit, que los primeros beneficiados con la nueva tecnología fueron los diarios. El Heraldo tuvo acceso a ella el 26 de enero de 1928. Su número pasó de ser el 3480 al 7480. Igualmente, muchos comercios conservaron el nuevo servicio simultáneamente con el de operadora hasta tanto el primero alcanzara una mayor cobertura.
(56): Vila, Marco Aurelio: “Geografía de Venezuela”. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, 1958. P. 372.
(57): Sánchez, Juan de Dios: “El Teléfono trasatlántico”. El Universal, 4-1-1981.
(58): “J V”, op cit.
(59): Véase: Velásquez, Ramón J: “Aspectos de la evolución política de Venezuela en el último medio siglo”. En: Venezuela Moderna. Editorial Ariel. Caracas, 1979. P 32 y 34.
(60): El primero de enero de 1938 el presidente había anunciado al país un plan especial de inversiones públicas para los tres años siguientes. Los detalles fueron presentados al Congreso el 7 de mayo del mismo año. El Plan Trienal, como se le conoce, establecía un conjunto de obras públicas (escuelas, hospitales, caminos, acueductos, edificios públicos, etc.) y sus mecanismos de financiamiento. A tales efectos se solicitó autorización para la emisión de bonos del tesoro por la cantidad de 27 millones de bolívares. En sus tres años de vigencia, el gobierno realizó inversiones de aproximadamente mil doscientos millones de bolívares. Véase: Chiossone, Tulio: “El plan trienal de 1938”. El Universal, 28 -12- 1985.
(61): Gaceta Oficial N. 20.248 del 1-8-1940.
(62): El Libro de la CANTV, P. 30.
(63): Op cit, P. 31.
(64): Op cit, P. 31.
(65): Betancourt, Rómulo: “Venezuela, política y petróleo”. Editorial Seix Barral. Madrid, 1979. P. 443.
(66): Stambouli, Andrés: “ La política extraviada. Una historia de Medina a Chávez”. Fundación para la Cultura Urbana. Caracas, 2002. P. 21.
(67): “50 años en la evolución institucional de Venezuela. 1926-1976”. En: Velásquez, Ramón J, Calvani, Arístides y otros: “Venezuela Moderna”. Editorial Ariel y Fundación Eugenio Mendoza. 1979.
(68): Brewer Carías, op cit, P. 561.
(69): Herrera, Bernardino: “La no-revolución de la Revolución de Octubre”. Anuario Ininco. Vol 1, N.14.
(70: Herrera, op cit.
(71): Citado por Betancourt, op cit, p.443.

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