Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Miseria y Exilio

José Musse Torres

Martes, 29 de octubre de 2002

Valjean es el hombre absorbido por el mal y lanzado al infierno. Hay respuestas que no encuentra, caminatas de medianoche y noches a plena luz del día. Hugo, él mismo es un exiliado. Desde las Islas del Canal de la Mancha se roba la imagen de Francia, llora en silencio el haber partido de la patria, igual su mirada se fija en sus costas. Hay añoranza y seducción. Esta lejos y cerca, es la perfecta armonía con el desacierto de voluntades. El “ser o no ser” trastocado por el “estar y ausencia”. En el extranjero uno puede sentirse propio y ajeno, es el debate de todos los que fijan raíces fuera y siempre se saben extraños. En 1851 Víctor Hugo escoge ser un desterrado por denunciar las ambiciones dictatoriales de Luis Napoleón Bonaparte. En esa vitrinal sala de estudio en donde la luz nunca le abandona Hugo descarga los debates filosóficos que lo atormentan. En 1862 logra “Les Miserables”.

Ser miserable tiene dos connotaciones contrapuestas. Se refiere al despojado, al que nada tiene y nada parece alcanzar. También es para el alma impía, cruel, egoísta que resulta insensible a las necesidades humanas.

Víctor Hugo se burla de nuestra razón al plasmarnos el alma más moral de la obra: Es el inspector Javert. Su ética es simple y llana. Esta escrita, se reduce a reglas, su acción no proviene de oraciones, ni de meditación o comunión religiosa. No hay debates ni contradicciones en su proceder, esta todo escrito en procedimientos. Solo hay que cumplir con la ley. Es esa rigurosidad que hay para el inmigrante que cruza el río grande, el refugiado, para el diferente.

Hugo nos trae con genialidad al más miserable de los personajes. La vida de Javert es ejemplar pues nunca viola la ley y cuando lo hace se mata. Su vida es tan rica como la nada, solo sirve para hacer miserable a otros. Es la lógica frente a la razón, es una debate entre Rousseau y Robespierre. El escritor francés hace una critica al sistema penitenciario, a la sociedad de la esencia de la prosperidad y solidaridad. Valjean logra redimirse de la ira y furia. Se vuelve en un empresario noble y funcionario que es tan moral que se confiesa como el reo contumaz que es buscado, con ello no quiere que un inocente vaya a las mazmorras a perpetuidad. Más reciente Nietzsche en “Humano, demasiado humano” lo aborda. «Yo también he estado en los infiernos, como Ulises, y a ellos volveré otras veces; y no sólo he sacrificado carneros para poder conversar con algunos muertos: no he escatimado mi propia sangre” También al debate de la dignidad humana, de la razón y ética se suma el libro de Keith Ansell-Pearson, “Nietzsche contra Rousseau”

Miseria y exilio parecen palabras que van bien en una misma línea. Llegado a Madrid comencé a buscar las raíces de las bases políticas que influyen en América Latina. Encontré más de lo que supuse. Una imagen que sea perpetuado en mi retina es “Exilio” una grandilocuente exhibición en el Palacio de Cristal, una bella joya arquitectónica dentro del imprescindible Parque del Retiro que da alojamiento temporal al episodio más sensible de la historia reciente de España. En ese parque se congregan venezolanos, ecuatorianos, colombianos, peruanos, dominicanos. Son los sin techos y sin fortuna. Aquellos que para muchos europeos como Berlusconi y otros adefesios de la política occidental son la lacra de la sociedad. Cumplir con las leyes, son los Javert de la post modernidad del Siglo 21. La calle Montera se extiende desde Gran Vía hasta la Puerta del Sol, luce un racimo creciente de prostitutas sudamericanas como la Cossette de Hugo. Lanzadas a la calle por un exilio forzado, uno que no viene de una guerra como la colombiana, sino por la falta de una guerra contra la corrupción.

No conocí a inmigrante que no deseara retornar a la patria por pobre que esta sea, pero la necesidad de mantener bocas, sean la de hermanos menores, bocas de niños o madres ancianas los hacían escoger este camino. No roban un pan, roban un sitio, impostan la pertenencia de un lugar ajeno. Valjean no encuentra trabajo por tener que presentar el documento amarillo que lo delata como ex recluso. Se inventa de nuevo, renace con una nueva identidad. Es el “sin papeles” moderno que falsifica una identidad para lograr un empleo.

¿Quién es responsable de esta tragedia humana? En América Latina la respuesta es simple. Es el empobrecimiento de las naciones. La razón se sustenta en gobernantes corruptos que han saqueado los países, me van diciendo todos los latinoamericanos con los que me entrevisto. Nuestra culpa radica en la tolerancia que hemos tenido con los Trujillos que nos describe Vargas Llosa.

Vladimiro Montesinos con más de mil millones de dólares en cuentas bancarias. Funcionarios que saquean las arcas estatales, bomberos que queman el país, licitadores que se compran así mismos. Son los enemigos del pueblo, son los que nos traicionan como nación sudamericana y nos arrojan al exilio. El camino para la prosperidad esta en darnos cuenta que como los personajes de Víctor Hugo, hemos rendido pleitesía a seres miserables y nosotros mismos en ese trance nos hemos convertido en míseros.

* Director Ejecutivo del Instituto Cultural Iberoamericano "Mario Vargas Llosa" de Madrid.

http://www.vargasllosa.org

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