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Sección: Global y Social
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El ObituarioFrancisco Kerdel VegasLunes, 20 de noviembre de 2000
El “Obituario” o nota necrológica es un género literario desconocido en nuestra prensa. No entra dentro del ritual de la despedida formal de los ciudadanos esclarecidos que dejan este mundo, y que los medios de comunicación reconocen e identifican como tales, y sienten el deber cívico de destacar su obra –ya póstuma- momento de su desaparición física. Tal vez sea un eslabón faltante en la cadena de lo que representa el proceso de cohesión social que tanto necesitamos. Cuando abrimos un periódico en los países más representativos de los que integran la Civilización Occidental (Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, Italia, Estados Unidos) siempre encontramos una o más páginas dedicadas a resaltar las virtudes cívicas de aquellos hombres y mujeres que habiendo cumplido su ciclo vital, ya no están más entre nosotros. Me imagino que igual sucederá en otras culturas, donde es bien sabido que sus acendradas costumbres los inducen a una constante veneración de sus antepasados que es parte importante de sus ritos religiosos (como sucede en Japón). Estas notas necrológicas u obituarios son redactados muchas veces antes del fallecimiento de la persona, previendo tal probable o inminente situación, y se dice que a veces los editores de los diarios (por ejemplo en Londres) tienen que escoger entre escritos sobre el mismo personaje fallecido, de la pluma de diferentes autores. Incluso alguna vez oí el chiste macabro de dos señores mayores, amigos desde la infancia, que por casualidad se encuentran en un club de “gentlemen” en Londres, cada uno sentado escribiendo en una mesa de la biblioteca, y cuando uno de ellos se para a saludar al otro, este esconde rápidamente lo que esta escribiendo. En realidad lo que pasaba es que cada uno de ellos estaba escribiendo el obituario del otro, para tenerlo listo en el momento oportuno, y que nadie se le adelantara en este rito social de la despedida formal, por escrito, de toda persona de algún nombre y valía. Me pregunto, ¿qué ha pasado en nuestro país, que ha impedido que esta costumbre universal, jamás se haya implantado? ¿No es justo y conveniente que el público en general y los jóvenes en particular se enteren de la obra y virtudes de quienes nos dejan para siempre? El reconocimiento de lo que cada uno hace, por parte de su familia, sus colegas, sus pares, su ciudad, su provincia, su país, y finalmente... el reconocimiento internacional, es un motor que mueve la conducta de todos nosotros... los seres humanos. Es probable que aún “el reconocimiento póstumo”, juegue un papel constructivo y edificante (consciente, subconsciente o inconsciente) en las formas y maneras que rigen nuestro comportamiento ciudadano. Tal vez nos haga falta la cultura del obituario, es decir, el público reconocimiento por escrito de la obra y virtudes cívicas de los eminentes ciudadanos desaparecidos. |
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