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Sección: Global y Social
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Eugenio Montejo al encuentro con lo sagradoCarmen Cristina WolfDomingo, 8 de junio de 2008
Quién podía imaginar que en la madrugada me enteraría de la partida definitiva del poeta y amigo Eugenio Montejo. Sentí frío, aún estoy aterida por su viaje hacia donde no hay aviones ni barcos, ni nada. Solamente la sombra de su ausencia y sus libros que siempre me rodearon. En 1998 escribí una nota sobre el poemario Trópico Absoluto, uno de los libros que más he leído en mi vida. Vuelvo a las líneas que llevaban como título Al encuentro con lo sagrado: La poesía de Eugenio Montejo es una conversación, con su propio ser. Y es un viaje hacia su concepción del mundo, una re-creación del universo a través del lenguaje. Trópico Absoluto, un libro de cincuenta y cinco poemas, publicado por Fundarte en 1982, conduce a una ciudad presentida en medio de la vegetación cerrada verdinegra del trópico. Ciudad de muros que cuentan su historia entre millones y millones de árboles abrazados, frescos como las noches de primavera: El ritmo en la poesía de Eugenio Montejo, tiende un puente al encuentro de su razón de ser en el mundo: La fascinación que obra Aquello que nos falta, nos persigue desde la infancia, nos atrae como si estuviéramos incompletos. De pronto, aparece alguien a quien no habíamos visto jamás y ese ser se vuelve la parte de nuestro ser que andaba perdida. Desde ese instante, la persona encontrada se nos hace imprescindible, no podemos estar sin su presencia o, al menos, sin su memoria: “Descubre tu presencia/y máteme tu vista y hermosura;/mira que la dolencia/de amor, que no se cura/sino con la presencia y la figura” , dice San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual. ”No hay aviones que lleguen adonde se dirige/ninguna palabra me borra su silencio” dice Montejo. El ser amado no es sustituíble por nadie ni por nada. Así Eugenio Montejo, encuentra a su amada transformada en sí mismo, confundida con la ciudad que soñó. Confiesa su experiencia con lo sagrado. Como él dice a Miguel Szinetar en una entrevista publicada en el diario El Nacional: “la poesía es una bendición, porque uno tiene la certeza, cuando se vincula con ella, incluso como lector, de que la poesía es la última religión que nos queda, substratum de lo que en un tiempo fue lo sagrado en la tierra.” En el poema “La Durmiente” de Trópico Absoluto, el poeta es un testigo de la muerte transitoria: “La que amo duerme lejos, en otro país,/en otro mundo,/aunque su cuerpo al lado me acompaña. Montejo aguarda su regreso: “Su cuerpo está conmigo pero adentro ,no hay nadie/…una llama dorada titila/y nunca se apaga. Poeta de alto vuelo, vuelo de águila hacia su propia alma, que se refleja a veces en un rostro, un río, un árbol:
“En los llanos estuve Ahora tu viaje es para siempre. Ya nos veremos para que nos cuentes donde encontraste a Dios, ¿o lo llevabas en tu alma? |
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