Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Pasando la Hoja

Día Nacional del Periodista

Manuel Isidro Molina

Lunes, 27 de junio de 2005

El 27 de Junio fue escogido como “Día Nacional del Periodista Venezolano” por la Asociación Venezolana de Periodistas, exaltación histórica del nacimiento del “Correo del Orinoco” (1818-1821), palanca informativa y discursiva de la renaciente República, camino al Congreso de Angostura de 1819, y al extraordinario triunfo de las fuerzas patrióticas en la Batalla de Carabobo, el 24 de Junio de 1821.

Nuestro Día Nacional del Periodista tiene arraigo histórico, y así lo asumió el Colegio Nacional de Periodistas, constituido en 1976, por mandato de la primera Ley de Ejercicio del Periodismo (1972). Y desde diciembre de 1994, la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo -ratificada en todas y cada una de sus partes por sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en julio de 2004-, lo mantiene en los siguientes términos: “Artículo 40.- El Día Nacional del Periodista Venezolano será el 27 de Junio de cada año, en conmemoración del nacimiento del ‘CORREO DEL ORINOCO’ en 1818, vocero de la emancipación nacional; y considerado día feriado para los periodistas.” Nuestra efeméride cubre, entonces, una ruta de lucha por la libertad, la independencia y los derechos políticos y sociales, de 187 años. De ellos, los últimos 64 corresponden al esfuerzo histórico gremial de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), constituidos en 1941, 1946 y 1976, respectivamente. Al calor de las luchas de la AVP y el SNTP, fue decretada en 1946 la creación de la primera Escuela de Periodismo, cuyos cursos comenzaron en nuestra querida Universidad Central de Venezuela, en 1947. También, los círculos especializados de periodismo, entre ellos los de Periodistas Deportivos, Reporteros Gráficos, y Periodismo Científico, los más estables, entre otros. El gremio periodístico venezolano fue uno de los propulsores de la creación de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

Lamentablemente, en Venezuela está de moda olvidar la historia o manipularla impunemente, lo que facilita la irrupción de la piratería y el menosprecio al talento y la responsabilidad profesional, dentro del marco ético del periodismo venezolano, emanado de la Ley de Ejercicio del Periodismo (1972 y 1994) basada en las Constituciones de 1961 y 1999, como fue establecido definitivamente por la poco difundida sentencia del TSJ, en julio de 2004.

La realidad que confrontamos es que cualquier pirata sin formación universitaria ni adscripción legal al CNP (Art. 43 de la extinguida Ley de 1972), locutores de radio y televisión, técnicos superiores universitarios (TSU) formados en áreas afines o profesionales universitarios de otras disciplinas, han invadido el campo reservado por Ley a los “periodistas profesionales”, en sus artículos 1, 2 y 3. Ni siquiera la ratificación total de nuestra Ley, por parte de la Sala Constitucional del TSJ, ha servido para revertir el proceso de depredación del campo profesional periodístico. Agentes del gobierno y de los dueños de medios de comunicación social, se dan la mano en la idea ultraliberal que opone resistencia a las leyes de ejercicio de los profesionales universitarios.

Incontables casos existen en entes públicos adscritos al Poder Ejecutivo Nacional, como ocurre en el Consejo Nacional Electoral, en la Fuerza Armada Nacional y otras instituciones del Estado como la Alcaldía Mayor, gobernaciones y concejos municipales, donde los altos funcionarios violan abiertamente la Ley de Ejercicio del Periodismo, plenamente vigente en Venezuela desde el 22 de diciembre de 1994.

Los piratas de marras, gustan ser llamados “licenciados” y otros no soportan su minusvalía profesional por lo que intentan llamar “colegas” a los periodistas profesionales, desde altos cargos burocráticos, enfermos del poder efímero que acompaña a todo subalterno zalamero y petulante.

Se suma el manejo sectario y excluyente del poder público a la hora de conformar el jurado del “Premio Nacional de Periodismo”, con resultado monocolor y una gama de menciones especiales a gusto del oficialismo, que independientemente de los méritos profesionales de los galardonados, lanza sobre el país y el gremio un halo de parcialización, no sólo innecesario sino impropio de una sociedad democrática y participativa, plural y libre como la venezolana, según lo establece la Constitución vigente desde el 15 de diciembre de 1999.

En el ámbito empresarial privado se continúa violando la Ley de Ejercicio del Periodismo, como les da la gana. Sin consideración alguna piratean la Ley, con sueldos y otras remuneraciones que no hacen ni una media de seiscientos mil bolívares mensuales (Bs. 600.000,oo), o sistemas neo-esclavistas de “productores independientes” cuya peculiaridad principal es que al periodista profesional corresponde concebir el programa, realizarlo y financiarlo con publicidad, de cuya facturación apenas le queda el 40%, norma vigente en radioemisoras y televisoras. Esa es parte de la dura realidad: los propietarios de medios se dan la gran vida, viajan en circuitos cinco estrellas, mantienen propiedades y fuertes depósitos bancarios en diversas plazas del exterior y se muestran cual potentados, mientras sus trabajadores –y no sólo periodistas- tienen que conformarse con asignaciones miserables, algo por encima del salario mínimo nacional.

Por si fuera poco, tenemos el lamentable estado en que se encuentra el Colegio Nacional de Periodistas: una Junta Directiva Nacional, electa en junio de 1998, totalmente fuera de contexto y sobregirada en su ejercicio desde junio de 2000, por lo que ha perdido legitimidad y representatividad.

El CNP lleva cinco años sin realizar elecciones, no sólo por su culpa sino por las alteraciones de la vida política nacional y las manipulaciones del Consejo Nacional Electoral, poder público que tiene embargadas todas las elecciones gremiales del país, salvo excepciones como el Colegio de Ingenieros de Venezuela, la última realizada, a comienzos de 2004, y en la que el oficialismo resultó abrumadoramente derrotado.

En ese ambiente hostil celebraremos nuestro “Día Nacional del Periodista Venezolano”, este año. Junto al abrazo fraterno, nos queda la reflexión profunda, crítica y autocrítica, sobre la vida gremial y el ejercicio profesional en Venezuela. Por lo pronto, como presidente del Colegio Nacional de Periodistas que fui en el período 1996-1998, no cohonestaré con mi modesta presencia ningún acto de mero cumplido por parte de la Junta Directiva Nacional del CNP, las autoridades de los Poderes Públicos Nacionales o las instancias empresariales privadas que gustan, año tras año, “felicitar” a los periodistas profesionales desasistidos y vulnerados en sus derechos legales y constitucionales. Al restringir el acceso a las fuentes informativas y el derecho a la libre expresión del pensamiento, se dan la mano por abuso de poder muchos de quienes rigen los medios informativos y las oficinas de información adscritos a los entes estatales, y quienes son propietarios o dirigen los medios privados de comunicación social. La historia de siempre.

Más de doce mil profesionales universitarios integran el Colegio Nacional de Periodistas, egresados de universidades públicas y privadas. Un caudaloso río de talento y dignidad profesional, ciertamente afectado por la indignidad de unos pocos que se venden al mejor postor y pisotean el Código de Ética del Periodista Venezolano y los demás postulados de la Ley de Ejercicio del Periodismo. Es un colectivo plural y libre, diverso, imposible de ser sometido a la unicidad de pensamiento, cualquiera sea su tendencia o doctrina.

En esencia, el gremio periodístico venezolano es intelectualmente pluralista y hasta díscolo, aguerrido y a la vez bondadoso, generoso. Eso nos distingue: ventaja y desventaja, a la vez, porque por un lado somos la voz de quienes no tienen voz, y así nos respeta el pueblo venezolano; y por el otro, objetivo del acecho instrumental de los poderes establecidos, públicos y privados, cuyos exponentes nos quieren maleables y obedientes, prestos a la manipulación y el engaño, la propaganda burda y el silencio, muchas veces con la fuerza del dinero fácil (“palangre”), y otras con la del abuso de poder sobre quienes necesitan sus legítimos ingresos profesionales para la manutención familiar.

Llegue a los periodistas profesionales honestos de toda Venezuela, mi estima y alta consideración. Celebremos nuestro histórico “Día Nacional del Periodista Venezolano” con dignidad, sapiencia y deseos de superación, en lucha permanente contra la piratería en el ejercicio profesional, el sectarismo excluyente, las injusticias, la corrupción y el abuso de poder que carcome los cimientos de la Patria.

Reciban mi abrazo fraterno.

manuelisidro21@hotmail.com

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Manuel Isidro Molina

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