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Sección: Global y Social
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Siga Usted Don MarioJuan José Barreto GonzálezMiércoles, 18 de noviembre de 2009
Prof. Titular ULA-NURR. Director del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas Mario Briceño-Iragorry
Una virtud, la única, del decreto 277 emitido el 30 de julio por la gobernación del Estado Trujillo es que movió las aguas del debate sobre el nosotros mismos colectivo. La obra de Mario Briceño-Iragorry en toda su extensión conforma una reflexión profunda sobre el tamiz de la memoria, la historia, los valores y los antivalores que sirven de piso cultural a la venezolanidad. En su obra literaria y ensayística, en su ideario político podemos reconocer y comprender un proceso dinámico de acercamiento desde dentro, desde la misma casa local y nacional que nos sirve de cueva colectiva para conflictuarnos, convivir, compartir proyectos o enfrentarnos en una diatriba la mas de las veces sostenida por intereses personalistas o de halago a los que circunstancialmente merodean y habitan los distintos lugares del poder constituido. La ganancia invisible pero sustancial, el germen creativo de todo este asunto es que nos acerquemos a leer a este hijo de la ciudad de Trujillo, ir a las páginas que fue escribiendo a lo largo de su vida, comprender sus contradicciones y fatigas, sembrar en sus encuentros y explicaciones sobre la teoría de lo venezolano, indagar más sobre la necesidad de la continuidad de la historia creadora y sobre la tradición que como comunicación y discurso activo alimenta lo que llama "la coetaneidad" entendida como la relación con nuestro ejemplar pasado histórico injertado en la república, tamizando las distintas vertientes y alteridades que pueden alimentar sustancialmente la constitución del "pueblo histórico". Decimos que pueden alimentar, porque se ha visto este proceso de manera deshilachada, a pedazos, donde cada quien toma la hilacha que le conviene para darle colorido a lo que podemos llamar su carnaval histórico. Pero, en todo caso, la cuestión se mueve en la tensión cultural. Nadie por sí mismo puede cambiar la memoria, lo que puede hacer es proponer nuevas lecturas de los depósitos de símbolos y códigos guardados en la memoria de los pueblos. Aquí está la gracia del decreto, puso en movimiento un debate necesario de cómo organizamos como pueblo este asunto de lo que hemos sido y de lo que queremos ser. El poder transita por lo momentáneo y pasajero. La memoria popular es el cúmulo activo de lo imperecedero, de los antiguos futuros que sirven para el presente y los próximos futuros. Para ello debemos hablar, comunicarnos, acabar con el silencio imbécil de los acomodaticios de turno. No se trata de un asunto de votos o cargos públicos. Se trata de la conciencia. El miércoles 28 de octubre, nos tocó hacer uso de un derecho de palabra en la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea Nacional para explicar los alcances nefastos del decreto 277 y cuáles son sus contenidos de ofensa a la memoria de los trujillanos a pretender declarar a Mario Briceño-Iragorry "traidor a la patria". Dijimos un poco qué significa para nosotros este adefesio jurídico y político, este acto de insulto a la inteligencia comprometida con la cultura profunda del pueblo del cual somos parte, recordando la significancia social de la obra de MBI, de su conducta cada vez más crecida de compromiso con la nación en sus mejores consignas, de cómo es reconocido su aporte por Fabricio Ojeda en su libro La guerra del pueblo, y de cuando en 1958 en su recibimiento del exilio, Héctor Mújica lo llama "caballero de la libertad y de la independencia venezolana". En tal sentido, la Comisión de Educación y Cultura resolvió tres cosas: 1. Difundir la obra de Mario Briceño-Iragorry, 2. Pedirle al Gobernador que muestre sus argumentos sobre el 277 y 3. Establecer un diálogo con la comunidad trujillana. El viejo Mario tiene la palabra, tiene mucho en sus páginas y el mejor homenaje que podemos rendirle es ir a sus libros y preguntarle qué opina sobre nosotros los venezolanos. De nuestra parte, el compromiso de siempre. El Caballo de Ledesma MARIO BRICEÑO-IRAGORRY |
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