Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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La Corrupción en Venezuela (Introducción)

Cristian Camacho

Martes, 1 de agosto de 2000

A Francisco Herrera Luque coautor del concepto Sobrecarga delictiva, In Memorian

Capítulo I

Capítulo II


Prefacio

En este libro planteo el problema de la corrupción administrativa en Venezuela desde un punto de vista de la historia. Combino el análisis histórico y algunos conceptos de este saber con ideas y nociones psicogenéticas y sociogenéticas. En realidad se trata de un esfuerzo por disminuir la deuda que los historiadores tenemos con la sociedad venezolana porque, aún manejando un saber tan importante y con acceso a un conocimiento tan rico, no hemos empleado suficientemente este recurso para estudiar un fenómeno tan complejo como lo es la corrupción administrativa y todas sus derivaciones en nuestro país. Tratando de aminorar esa deuda es que hago un planteamiento hipotético sobre la base de un análisis serio y fundamentado. De esa manera, se exponen un conjunto de ideas con las cuales se explica históricamente el problema.

Durante el desarrollo de la investigación tuve la ayuda de personas e instituciones. Debo agradecer al ingeniero Wilmer Gavidia Araujo por sus enseñanzas y extraordinaria condición humana. Agradezco también por el apoyo intelectual y la ayuda recibida de parte de Miguel Angel Rodríguez Lorenzo, Egla Charmell, Yolanda Mattera y Luis Ramírez Méndez, personas de invalorable condición que con sus observaciones críticas y reflexiones, hicieron aportes muy interesantes. De manera muy particular debo reconocer la ayuda de la Revista de Ciencia Política y de la Revista de Historia Presente y Pasado, ambas pertenecientes a la Universidad de Los Andes y dirigidas por los profesores Simón Rosales y Robinzon Meza. Igualmente deseo expresar mi agradecimiento a la biblioteca de la Facultad de Humanidades de la ULA, especialmente a Martín Márquez, Enrique Boves, Julio Meza, Marbelis Duque y Xiomara Colls, personas que diligentemente me facilitaron gran parte del material empleado en esta investigación.

Introducción

En este trabajo se estudia la corrupción administrativa en Venezuela desde tres puntos de vista: como conducta, como fenómeno social del presente y como hecho constante en el proceso histórico. En el transcurso de la obra recurro al concepto de sobrecarga delictiva para demostrar históricamente, que existe y ha existido una tendencia y una mentalidad social en permanente conflicto con el Estado y la administración. Esa disputa se ha expresado variadamente. Desde simples rebeliones, alzamientos y todo tipo de turbulencia social, hasta formas soterradas e irracionales de corrupción y delitos en contra de un adversario todopoderoso, más interesado en sí mismo que en el progreso y bienestar de la ciudadanía: el Estado.

Por esta razón, la corrupción en nuestro país no es ni ha sido un fenómeno aislado en la sociedad. Tampoco la práctica exclusiva de un período o de un grupo particular en el gobierno, en complicidad con hombres de empresa y organizaciones privadas. En realidad, ha sido algo más profundo. En sus redes, queriéndolo o no, han caído todos los miembros representativos de la sociedad: desde un poderoso magnate, el cual, con o sin razón, delinque y viola descaradamente las leyes en pos de un provecho; pasando por un profesional, un político o un empleado público; hasta un humilde ciudadano que roba pequeñeces de gran utilidad social como las demás: instrumentos y equipos, barandas de viaducto, defensas de autopistas y carreteras, tapas de tanquillas y vertederos, etc.

Este tipo de conducta ha sido una constante en la historia de Venezuela. De ahí su trascendencia y el carácter estructural de sus manifestaciones. Luego, la corrupción se ha convertido en un complicado fenómeno que debe observarse desde planos diversos para hallarle mecanismos de control. La dificultad se magnifica porque no hay explicaciones razonables. Por sus dimensiones, la respuesta a los problemas de la corrupción administrativa en Venezuela no puede quedarse en el estribillo jurídico-penal de siempre: más delitos, más leyes, más sanciones. Tampoco puede ser gimnasia fácil acerca de lo que yo creo o me parece. Debe ser el resultado de una búsqueda, y buscar significa escudriñar, investigar.

Solo investigando el problema con seriedad pueden conseguirse respuestas apropiadas. Hasta ahora hemos tenido inconvenientes para saber qué ha sucedido en realidad, es decir, ¿Cómo explicar esa tendencia a robar y destruir los bienes propiedad de todos? ¿Por qué concebir al Estado como un adversario y enemigo cuando debiera ser nuestro primer aliado? ¿Por qué el carácter desviado en el comportamiento de la justicia? ¿Qué razones explican la conducta de los grupos sociales? ¿Qué dimensiones ha tenido la actitud de estos grupos? ¿Cuál ha sido el impacto del ejemplo proyectado por las clases dominantes y los sectores dirigentes, sobre la mentalidad y la conducta de los demás grupos?. Parte de la respuesta a estas y a otras interrogantes se hallan en este estudio. De ahí la necesidad del mismo y la justificación para que hayan más estudios en este sentido.

Es un error pensar que todo se ha escrito y dicho sobre la corrupción administrativa en Venezuela. Fuera de lo periodístico y su gran valor denunciatorio, se ha investigado muy poco desde un punto de vista sistemático de la historia. Esto constituye un defecto grave para una sociedad donde el delito se manifiesta con niveles sobrecargados. En realidad, lo que ha abundado en nuestro país es la denuncia de la corrupción, no el estudio de ella. Pensar y actuar como si todo estuviera dicho es un reflejo bien claro de ignorancia. El desconocimiento de la realidad nos ha conducido al fracaso al intentar desarrollar políticas públicas que no rinden los beneficios previstos, a pesar de la aplicación de leyes y diversos mecanismos de control.

En parte, esta dificultad se debe a la complejidad del fenómeno. Los delincuentes han sido hábiles para mimetizar sus delitos y esconderlos. La corrupción y el interés les ha permitido bifurcarse, crear, inventar, cambiar y adaptarse a las nuevas situaciones y formas de control. Por ejemplo: en 1945 se veía como relativamente fácil combatir y vencer la corrupción, apoyándose en los decretos de la Junta revolucionaria y la Ley contra el enriquecimiento ilícito (1948). Pero no fue así. Los decretos no sirvieron y en corto tiempo la ley se volvió obsoleta. Fue sustituida por la Ley de salvaguarda (1982) que en la actualidad es bastante cuestionada. Por una y otra razón, lo cierto es que en cualquier circunstancia, hasta ahora, el delito ha sido casi invencible porque los protagonistas actúan con ventajas, en una sociedad que ignora el conocimiento de los móviles delictivos.

La complejidad se multiplica por los nuevos cambios. Los países varían los esquemas de relaciones internacionales. De manera importante modifican el carácter delictual. Evolucionan, surgen y se amplían los conceptos. Esto significa un proceso constante de adaptabilidad en el tratamiento y enfoque de los problemas. Se hace necesaria la introducción permanente de reformas, p. ej., en el derecho penal económico, en cuanto a monopolios, delitos fiscales y transferencia de tecnología.

Por otra parte, las innovaciones aumentan o modifican la gama delictiva al crearse nuevas estructuras, o adaptarse a las existentes. Eso ocurre en la actualidad con la informatización de las relaciones económicas y administrativas, la globalización de la economía, la dinámica del comercio internacional y la protección al medio ambiente. Todo esto quiere decir que la corrupción administrativa en nuestro país tiene un vasto campo donde extenderse. Sin embargo, a pesar de sus posibilidades y el poder que ostenta, aún permanece como fenómeno insuficientemente estudiado. Esto demuestra que no todo se ha dicho en Venezuela, en cuanto a temas relacionados con corrupción administrativa

Ahora, los estudios al respecto se hacen más necesarios al comprobarse que la corrupción, unida a otros problemas, incluso más importantes, ocasiona perjuicios significativos de un elevado costo social y económico. No es novedad decirlo pero la corrupción es contraria al objetivo de bienestar y modernización; afecta la eficiencia administrativa; crea una imagen negativa del sistema no del todo cierta; promueve el conflicto y la ira colectiva; eleva el costo de los bienes; limita la inversión social; disminuye la actividad empresarial honesta; actúa contra la posición internacional del país; dispersa el concepto y la acción del bien colectivo; fomenta el particularismo y crea una sensación de inseguridad frente al futuro, incluso en grupos sociales acomodados.

Debe agregarse a esto los problemas creados cuando gran parte de los delitos quedan sin castigar. El rodeo delictivo y la habilidad de expertos defensores, ha facilitado que el delincuente recurra con éxito a los mecanismos de la impunidad: el carácter venal (lícito e ilícito) de la justicia, las presiones particularistas, las limitaciones legales y el formalismo jurídico. Gracias a estos medios, el culpable se disfraza de inocente y el interés de la nación se ve perjudicado. Es lo que se conoce en Venezuela como soberanía de la impunidad y doctrina de la irresponsabilidad (Rangel).

El propósito de estas reflexiones no es “hablar mal” de nosotros, sino alertar de que todo esto no es normal que ocurra en un país. Es corriente y hasta normal la existencia de corrupción en cualquier órgano administrativo, por muy “culta y civilizada” que sea la sociedad donde sirve; pero eso sí: siempre y cuando el delito se mantenga bajo límites de tolerabilidad social. Sin embargo, lo que ha pasado y pasa en Venezuela se caracteriza por una situación en la cual se han rebasado los límites tolerables.

Todos estos fenómenos merecen ser estudiados. No puede ser que al compararnos concluyamos en que el problema ético del país es producto de la situación internacional, o si no, del petróleo y la bonanza petrolera. Esto es ser indolente y actuar con mediocridad. Estoy absolutamente seguro de que al estudiarse este asunto, aparecerán “cosas nuevas”, las cuales podrían indicar que la cuestión no es como creemos o pensamos, y que, en consecuencia, existen otras alternativas.

Solo estableciendo un juego relacional y comparativo de nuestra realidad, podría llegarse a una conclusión simple pero importante: el problema ético de Venezuela no es en sí la corrupción, sino la sobrecarga delictiva en el seno de la administración y la sociedad. Al considerar este ejemplo menudo, es probable el cambio de algunos esquemas con respecto a la corrupción. Pero lo que es más importante: al descubrirse otras relaciones y variables, comienza una ampliación en el espacio de las alternativas, las cuales, en la actualidad, en el caso de la corrupción, no pasan del ámbito jurídico, penal y administrativo. Al respecto, no existen otras porque hemos tenido flojera intelectual para acercarnos a los lados ocultos del problema. Así de sencillo. Este trabajo constituye un aporte en ese sentido, desde el punto de vista de la historia.

Desde hace algún tiempo hasta hoy, uno de los intereses principales de los historiadores, tanto en Venezuela como en América Latina, es el estudio y análisis de proceso cortos en el tiempo, la temática y el espacio. Ha sido una especie de moda intelectual, promotora de un sinnúmero de investigaciones acerca de hechos y circunstancias concretas, ubicados como temas específicos y principalmente de carácter regional. Sin duda que esta metodología ha sido favorable en muchos aspectos y sería una insensatez no reconocer el valor y los aportes de este tipo de trabajo.

Por esta razón, en los últimos años han sido escasos los estudios de larga duración que abarquen amplios espacios históricos, y que tengan al proceso de conquista y colonización como puntos de arranque en el proceso de análisis, incluyendo aspectos necesarios de la historia de España.

Esta es, justamente, una de las características de este trabajo. Y es así por necesidad y conveniencia, mas no por oposición a la usanza. La necesidad y la conveniencia, en este caso, tienen que ver con el tema objeto de estudio y el criterio que se tiene acerca de su origen y manifestación histórica. En este sentido, no es lo mismo historiar la corrupción administrativa en Venezuela, como fenómeno atribuible al crecimiento exponencial de la renta petrolera, que hacerlo como manifestación estructural originada a partir de las condiciones sobre los cuales fue establecida y fundada la nacionalidad venezolana.

En el caso de la corrupción como producto del crecimiento de los ingresos petroleros, el estudio tendría que ser de proceso corto (30 ó 45 años). Sería un trabajo principalmente circunscrito a Caracas como centro del poder político y distribuidor de la renta. En el segundo caso, por razones obvias, tendría que ser un estudio de larga duración, y además, en un espacio mucho más amplio, incluso en áreas y regiones ubicadas fuera del país y del continente.

Este criterio se explica porque después de la independencia, los cambios históricos en Venezuela nunca fueron acompañados por transformaciones en su estructura. Las instituciones y la sociedad apenas fueron retocadas, y con algunas excepciones de forma, en el fondo siguieron conservando los mismos esquemas de conducta y respuesta. Por esa razón, viejos problemas son vistos como “nuevos” y se les trata como tales. La razón explicativa de este criterio radica en que los estudios realizados, en los casos en que estos existan, son exámenes de hechos y circunstancias fundamentados en procesos cortos, o exageradamente cortos.

Este es el caso de la corrupción administrativa en Venezuela. De ahí la importancia de estudiar este fenómeno pero como un proceso de larga duración, que se ha extendido en el tiempo y que persiste en la actualidad porque, en el fondo, la sociedad relativamente sigue comportándose de la misma forma ante el problema, y en consecuencia, sigue reproduciéndolo y generándolo. Es decir: hasta ahora el problema ha sido visto situacionalmente, mas no como un proceso. Y lo que es peor: como fenómeno situacional, salvo algunas excepciones, todavía no ha sido objeto de una explicación profunda y convincente. En todo caso, uno de los objetivos de este trabajo es explicar el fenómeno de la corrupción como proceso histórico, sin que esto signifique oponerse a otras consideraciones igualmente válidas.

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