Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Gobernabilidad, Cambio Constitucional y Sabiduría Indígena

Frank Bracho

Viernes, 30 de enero de 2009

Casos Estados Unidos Bolivia y Venezuela

La megacrisis en Estados Unidos, detonante a su vez de una megacrisis mundial, así como las esperanzas puestas en la inauguración de un nuevo gobierno en ese país a fin de enfrentar lo anterior, han sido la gran noticia mundial de los últimos tiempos.

Dicha crisis ha llamado la atención, en forma dramática, sobre el problema de la des-gobernabilidad que ha regido en el mundo, así como el tema la crisis de valores. De allí la gran relevancia central que ha dado el nuevo Presidente en su discurso inaugural a la búsqueda de un nuevo paradigma de gobernabilidad y participación, así como del rescate del viejo tema de las virtudes ciudadanas como base de la cohesión y gestión pública. En tan retadora tarea, en la cual Obama aún tiene que probarse plenamente en ejercicio, el nuevo Presidente ha invocado como principal inspiración el ejemplo de Abraham Lincoln, el cual, ante retos anteriores similarmente difíciles, le tocara hacer valer su famosa consigna “Una casa enfrentada en contra de si misma no puede subsistir”. Aunque el nuevo Presidente aun esta por probarse plenamente en ejercicio, y todavía esta por verse la forma que el nuevo gobierno habrá de encarar el tema de la redefinición como tal de la gobernabilidad en ese país, no han faltado voces sugiriendo incluso que la reforma constitucional sea una de las opciones –algo que sería en verdad muy significativo por haberse mantenido la admirada Carta Magna de ese país virtualmente incólume por mas de 200 años.

Por otro lado, el reciente significativo –aunque todavía inconcluso en el tiempo- desenlace boliviano en torno al referéndum para una nueva Constitución Nacional sin precedentes, también ha captado la atención mundial mas recientemente.

Por su parte, Hugo Chávez ha catalogado a dicho suceso como un “cambio épocal” para el continente y el mundo; e igualmente ha sugerido que el desenvolvimiento boliviano sería un aval para su propio referéndum de reelección presidencial hoy en curso, elemento central de su empeño de imponer en el país un nuevo marco constitucional, mas propicio para sus pretensiones de gobierno.

Mas allá de los aspectos de baja monta presente en los anteriores casos, relativos a la mera lucha entre factores poder, y a lo cual nos hemos referido ya en anteriores artículos, el asunto es que a partir de dichos escenarios se han estado ventilando algunos legítimos e insoslayables temas para el destino del mundo en materia de nuevas formas de organización política, ante los grandes y turbulentos retos que vive la humanidad y el planeta. Temas que reclaman de objetiva e inescapable atención.

Entre los mismos se encuentran los siguientes: la capacidad de la clásica noción del Estado-Nación para seguir respondiendo a las actuales necesidades –incluyendo la de los sectores mas vulnerables y los pueblos originarios; la reforma del modelo democrático representativo hacia formas de gobierno mucho mas participativas; el tema del respeto a las identidades nacionales, regionales y locales, incluyendo las culturales o étnicas, frente a la gobiernos o poderes transnacionales de pretensión hegemónica; el tema del liderazgo –incluyendo el de los autopostulados como “indispensables”- y los respectivos contrapesos al mismo; el tema del autoritarismo vs los sistemas de participación y consenso; el tema de la soberanía incontestable vs la responsable interdependencia; el tema de cómo mejor tener en cuenta en lo legal-formal los dictados de la moral natural (recordando la sentencia de Bolívar “Son ciudadanos virtuosos mas que leyes los que hacen las repúblicas”); el tema de que los pueblos y países puedan en efecto dotarse de formas de gobierno mas acordes con sus propias realidades e idiosincrasia en los actuales tiempos; etc.

A continuación, centrándonos en lo mas medular, nos referiremos a lo que esta en juego en relación al debate y pugna sobre los mencionados temas, tanto en los mencionados países como a nivel mundial.

Destacando en ello como la auténtica sabiduría indígena ancestral, tan influyente en la fundación de los EU, y hoy tan invocada en el caso boliviano y subordinada en el venezolano, en tanto que aun presente como herencia viva, y en tanto que relevante código moral natural –coincidente en lo esencial con todos los otros grandes códigos morales que han influenciado la organización humana, puede en efecto seguir siendo guía para el logro de mejores formas de gobernabilidad para el mundo.

El aporte de los Valores Indígenas a Formas de Gobierno para Todos

El aporte indígena tuvo una gran influencia en la formulación de la fundacional Constitución de los Estados Unidos de América. De hecho, fue un líder indígena norteamericano, el iroqués Canassatego, uno de los primeros en proponer a las recién independizadas trece ex-colonias inglesas de ese subcontinente, en 1774, que se unieran siguiendo el modelo de la Liga Iroquesa de seis naciones indígenas; ello para conveniencia también de los iroqueses que estaban encontrando difícil tratar con las trece entidades en forma separada.

El modelo iroqués, en aquel tiempo todavía de respeto entre los colonos y los nativos –que lamentablemente no duraría mucho- fue de hecho “copiado” en varios de sus aspectos fundamentales en la redacción de la Constitución del naciente Estados Unidos, por aquella inicial generación de sus fundadores-admiradores de lo indígena, entre los cuales se encontraron Paine, Franklin y Jefferson. En tal tarea, fueron recogidos en el nuevo texto o sirvieron de inspiración a él varios rasgos de la Liga Iroquesa , tales como los siguientes, según lo documentado en la clásica obra “Indian Givers” de Jack Weatherford:

i) Que la autoridad suprema descansaba en el grupo en vez de un individuo (de hecho la noción de “cacique” (“chief”), de origen francés, a fin de designar grandes jefes indígenas, era mayormente una conveniente fabricación europea para producir interlocutores con los cuales mejor negociar tratados o capitulaciones de tierras o recursos indígenas deseados por los colonizadores –una práctica que persiste hoy con las culturas dominantes interesadas en co-optar lo indígena).

ii) La separación de las autoridades civiles de las militares por la diferenciación de tareas inherentes a las mismas (esto lo comprendió muy bien en definitiva Bolívar cuando nos dejara dicho “No conviene que la opinión y la fuerza estén en las mismas manos..; no conviene que el jefe de las armas sea el que administre la justicia”).

iii) El modelo del gran Concejo de Sachems o los delegados de las seis naciones de la Liga Iroquesa, comprometidos a velar no solo por los intereses de las naciones que representaban sino los de la Liga toda (el nacimiento del “modelo federal”) .

iv) La forma indígena de tomar decisiones en forma participativa y por consenso (con largas discusiones de carácter informal previas a las decisiones finales, donde se evitaba la imposición por “mayoría”, y donde la abstención era inconcebible y tomada por un fracaso o por un “no” para las autoridades ! ).

v) El permitir a cada quien hablar sin interrupción, repudio o gritos de otros, etc.

Cabe añadir que el gran celo iroqués por mantener a raya toda concentración de poder, tan influenciador a su vez del sistema de “chequeos y contrapesos” que caracteriza a la Constitución de Estados Unidos, tenía mucho que ver con la desafortunada pasada experiencia histórica de los iroqueses con la concentración del poder como causal de conflicto o guerras. En tal sentido es interesante recordar la siguiente explicación del Cacique iroques Oren Lyon: “Los pueblos de las naciones enterraron sus armas convencidos de que cualquier sociedad dirigida por un solo hombre o una minoría dominante estaría estructurada según las costumbres de la violencia y seguiría alojada bajo las ramas del Arbol de la Guerra. Creían que la violencia es la raíz de una sociedad jerarquizada y que tales sociedades jamás conocerían la Paz”.

Toda la mencionada cultura de paz de los iroqueses se resumía a su vez en la La Gran Ley de la Paz, basada a su vez en los siguientes principios:

i) un Código Moral de Justicia compartido e internalizado en todos ii) la Salud física, mental y espiritual en cada individuo de la Comunidad iii) la Fuerza de la Unidad en la Comunidad.

La mayoría de investigadores admite que el sistema de valores iroqueses era representativo en general de la mayoría de las culturas indígenas del continente, y, por tanto, que se trataba o se trata de un modelo de influencia replicable en el resto del Hemisferio Occidental. Este señalamiento es de particular interés hoy cuando han estado o están en boga en la Región diversos procesos de “refundación constitucional” en los países.

En cuanto a la analogía en el Sur de dicho sistema, el reconocido investigador etnólogo y activista de la causa indígena en Venezuela Esteban Emilio Mosonyi, en base a evidencias locales, ha arribado a una similar caracterización en relación a los valores y prácticas de las culturas indígenas del caso venezolano –caso representativo a su vez del espacio suramericano-caribeño. Tales como las siguientes:

i) La gran valoración que lo indígena tiene por el respeto a la diversidad, la tolerancia y la búsqueda del consenso.

ii) El respeto, dentro del trabajo en conjunto, de la dignidad e individualidad de cada persona, siendo la masificación impensable.

iii) La aversión a jefaturas fuertes o el “endiosamiento” de lideres.

iv) El pensar siempre en las consecuencias futuras de toda decisión en función de mantener la continuidad cultural y la sustentabilidad; evitando “acumular tensiones, actuar de manera precipitada o improvisada, dejarse dominar por la impaciencia o el estresamiento..no le gusta al indígena ser molestado ni acosado”.

v) El convencer por persuasión mas que por imposición (en la cultura indígena “los insultos y recriminaciones son inaceptables y una persona de carácter nervioso o histérico es visto como un demente, como alguien que perdió el control de sus palabras y actos”).

vi) La resolución pacífica de los conflictos, evitando la muerte de las personas o destrucción del entorno ambiental.

vii) Su renuencia a colocar etiquetas o nombres abstractos sobre las ideas o la manera de pensar de un individuo o grupos (dentro lo cual caerían términos como “capitalismo”, “socialismo”, “derecha”, “izquierda”, “revolución”, etc), sin estar primero claro sobre la compatibilización de los mismos con los deseos y necesidades propias.

viii) Su renuencia a aceptar las ofertas “en bloque o entubadas” y “menos aun si vienen ya previamente elaboradas o si se requiere de ellos la obediencia sin crítica”.

Todo lo anterior lo que indica es que, muy por el contrario de las interesadas descalificaciones de los primeros conquistadores europeos, o del caricaturesco estereotipo presente por tantos años en las películas de Holywood, ó de la interesada imagen que algunos recientes movimientos políticos de corte “populista-revolucionario” han pretendido promover, el tan mentado inherente guerrerismo indígena ha sido mayormente una invención.

Por el contrario, y sin dejar de reconocer que hubo casos distintos como los decadentes imperios azteca e inca o la misma etapa iroquesa pre-Liga de las Seis Naciones, las investigaciones y evidencias históricas mas serias apuntan a que las culturas indígenas del continente eran mayormente culturas de paz, y principalmente comprometidas con sistemas de decisión armoniosos y de consenso así como de resolución pacifica de conflictos, siempre bajo una avanzada y socialmente compartida égida moral.

En tal sentido, vale la pena destacar la siguiente conclusión del trabajo “Culturas pacíficas vs guerreras en la América pre-colombina: lo que nos dice la evidencia antropológíca y arqueológica al respecto”, del reconocido investigador James DeMeo de la Universidad de Miami, publicado en el libro “Unlearning the Language of Conquest: Scholars Expose Anti-Indianism in America”: “En verdad, los pueblos indígenas de las Americas previo al arribo de Colón, en la mayoría de las regiones del Nuevo Mundo disfrutaban de una existencia pacífica y socialmente cooperativa, sin los patrones crónicos de guerrerismo que infectaban, y continúan afligiendo al Viejo Mundo…..Todo el resumen de evidencia indica que la vasta mayoría de valores y pueblos indígenas del Continente estaban del lado hacedor de la Paz en la historia”.

De lo anterior, también dieron fe comentarios de fundadores de las nuevas repúblicas del Continente como Thomas Jefferson y Bolívar.

El mismo Federico Engels, en su inicial concepción del comunismo al lado de Marx, tomó mucho y se inspiró mucho del mencionado legado indígena, expresando gran admiración por el pacifismo libertario y armonioso autogobierno indígena -de muy poca parafernalia institucional, en comparación a la autoritaria e institucionalmente cargada y rígida sociedad europea de ese entonces. Lamentablemente, los llamados “comunismos o socialismos reales”, con su degeneraron hacia el autoritarismo, burocratismo, imposición y guerrerismo, y su falta de la esencia espiritual-moral característica de lo indígena, terminaron alejándose totalmente del modelo indígena. En nuestro previo artículo Lo indígena como socialista o lo “socialista” como anti-indígena, hemos analizado lo anterior, centrándonos en el actual singular caso venezolano.

Compárese todo lo antes expuesto sobre el “modelo iroqués-norteamericano” y el “modelo indígena venezolano-caribeño-suramericano” con la realidad contemporánea o el modelo seguido por liderazgos contemporáneos en la Región –incluyendo algunos que se proclaman como redentores de lo indígena !.

En el Estados Unidos de hoy, tan en deuda con el aporte indígena, los pueblos originarios sobreviven en mengua…..o, frecuentemente, en una culturalmente suicida situación de rentistas o socios menores de explotaciones depredadoras de “recursos naturales” por empresas del sistema dominante en sus confinadas reservaciones territoriales; o -peor aún- aprovechando su supuesta autonomía legal en relación al resto del territorio norteamericano, como licenciadores en sus reservaciones de decadentes casinos limitados en el resto del País !! Un infortunado modelo que han tendido a ser copiado en el resto del mundo.

En países como Bolivia, Ecuador, Perú, México y Guatemala, en virtud de su mucho mayor peso poblacional y resistencia cultural, lo indígena ha tenido históricamente mayor peso político. Desde México el movimiento maya-chiapaneco, inicialmente insurreccional armado pero luego devenido hacia la desobediencia civil pacífica y la práctica de lo alternativo, ha estremecido la conciencia de ese país y del mundo –influenciando a tribunas como el Foro Social Mundial, con su consigna “Cambiar al mundo sin tomar” (sobre el alcance de la misma hemos hablado en extenso en nuestro anterior artículo con el mismo título)….Pero, en virtud de la situación política que aun prevalece en dicho país, no ha logrado aún repercusión en algo como una exitosa iniciativa de refundación constitucional de México, para un nuevo modelo de gobernabilidad que sirva mejor no solo a los intereses indígenas sino a los del todo el País –como aspira de hecho dicho movimiento !.

El movimiento indígena ecuatoriano ha tenido quizás mayor efecto tanto político como organizativo en la dimensión gubernamental ecuatoriana; pero le ha tocado aprender con el actual gobierno de ese país de Rafael Correa, supuestamente otro adepto a la noción de “Socialismo del siglo XXI” impulsada desde Venezuela, que aún la aprobación de una nueva constitución “plurinacional” y mas amistosa a la causa indígena como la aprobada el año pasado, NO es tampoco una panacea !……a juzgar por la vuelta a las protestas de calle y carreteras que ha tenido que librar la CONAIE –la principal organización de dicho movimiento- a fin de protestar contra la inconsulta, autoritaria, desarrollista-depredadora nueva ley de minas aprobada por el gobierno de Correa, particularmente lesiva a los territorios indígenas !.

Ha sido en Bolivia donde la causa indígena sin duda ha tenido mas chance de incidir sobre el orden constitucional establecido en pro de un nuevo modelo. Hay que reconocerle al gobierno de Evo Morales su liderazgo y logros positivos en tal sentido. Pero, por otro lado, en un estilo muy reminiscente del modelo chavista por el cual el mandatario boliviano no ha ocultado su devoción y aprovechamiento clientelar –incluso en forma mas bien escandalosa, Morales también ha pretendido basarse en la panacea nacionalizadora-controladora-estatista-rentista de una potenciada explotación los hidrocarburos y la minería….Un muy poco revolucionario en verdad modelo inherentemente desarrollista-depredador y por tanto anti-indígena –para no hablar de su riña con los mas altos intereses de toda Bolivia, en función de un bienestar ecológica y socialmente mas sustentable y sano ! El gobierno de Evo también ha pretendido, en el estilo de su mentora revolución chavista y la por detrás cubana, imponerse en forma autoritaria, autocrática y precipitada, en nombre de “la revolución”… Saltándose a la torera los preceptos de consulta genuina y esfuerzos de consenso que el modelo indígena del cual el mandatario boliviano se dice abanderado, así como las obligaciones democráticas vigentes mas elementales habrían requerido!…Exacerbando así una situación de impasse político con un 40% del país.. En el cual, aparte de los oligarcas racistas de siempre, jugando con intereses extranjeros neocoloniales indeseables, muchos reclaman legítimamente un mayor dialogo o entendimiento nacional, sobre una propuesta mas considerada, justa y equitativa, para un cambio mas sustentable o genuino.

Dicho autoritarismo, tan opuesto como hemos visto al auténtico modelo indígena, y tan seguidor en verdad del modelo chavista, también parece haberse impregnado mucho de la tesis del “gran líder indispensable” que este último ha querido imponer.

Tanto Chávez como Evo deberían recordar que “el Waterloo” o declinación de poder de Bolívar –a quien ambos tanto dicen rendir culto- comenzó precisamente en Bolivia cuando el Libertador, quizás ya no en sus mejores cabales luego de tantos años de fatigosa lucha independentista en toda Suraméríca, se le ocurriera pretender establecer en Bolivia la figura de una “Presidencia Vitalicia” –presuntamente a su personal medida- en la Constitución fundacional de dicho país, cuando antes había mantenido con singular contundencia y lucidez su oposición a tal tipo de fórmula !! I Pretensión infortunada que le granjeó a Bolívar una dura ola de críticas y rechazo entre sus partidarios en el continente, y que signó el comienzo del declive del poder bolivariano !!.

Estados, soberanía, interdependencia, nociones propietarias y el aporte de la sabiduría indígena

Los Estados-Nación, una figura política de apenas unos 300 años de vida, han pretendido regir sobre formas de organización humana de miles de años de antiguedad o sabiduría.

Los Estados-Nación, tanto los de las grandes potencias como de los países mas chicos que han imitado dicho modelo, con frecuencia se han escudado tras el concepto de la “soberanía nacional’’ no sólo para evadir su responsabilidad para con el medio ambiente local y planetario, sino también para reclamar en forma centralista propiedad sobre los “recursos naturales”(incluyendo hasta los del subsuelo y la atmósfera !). Dichas pretensiones están en riña con la visión indígena.

En cuanto al tema de la “soberanía”, se trata de un concepto ajeno a la sabiduría aborigen, que mas bien reconoce que en el Orden Natural no hay nada por el estilo sino que mas bien todo es “interdependencia” –en base a la máxima “Todo es uno y todo esta vivo”.

En cuanto a la propiedad como un derecho absoluto, tal noción choca con la enseñaza indígena de que “La tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra”, hecha famosa por el Cacique Seattle. Lo de “la tierra” refiriéndose por supuesto, mas que a la mera tierra, a la Tierra y todo lo que la rodea: abajo, arriba y a los lados; refiriéndose en verdad a la Madre Naturaleza, al Orden Natural; como nodriza vital, como sustento vital. Sobre el ideario de Seattle, tan emblemático de la sabiduría indígena universal, hemos hablado en nuestro anterior artículo: Sesquicentenario de Seattle, El Gran Profeta Indígena.

Por tanto, el término mismo “recursos naturales’’ es inapropiado porque ve a la Naturaleza en forma instrumental, algo de lo cual los humanos se sirven a conveniencia, y no algo de lo cual ellos son parte. Por lo cual lo mas correcto sería mas bien hablar de “”dones o bienes naturales”.

Por ello, a los indígenas el término “propiedad” como tal normalmente les es ajeno (recordemos la respuesta de Seattle a los colonos europeos “Cómo podemos venderles lo que no es nuestro?””). Prefiriendo ellos mas bien ver su relación con la Madre Naturaleza y sus dones como de custodia responsable, so pena de consecuencias desfavorables a revertirse sobre los propios seres humanos (en esto la sabiduría indígena ancestral coincide con otras reverenciadas sabidurías, como la de la misma Biblia que dice: “Dios traerá la ruina de los que han arruinado a la tierra”).

En cuanto al particular tema de las pretensiones propietarias absolutas sobre el subsuelo, no hay ningún “derecho divino” que otorgue a un Estado o gobierno tal tipo de potestad. En el caso de los países hispanoamericanos, el “absoluto derecho estatal al subsuelo” proviene de la “tradición legal” que la Corona Española nos impuso en la Conquista; sin duda, en “legitimación” de su avidez por los recursos mineros del suelo americano !.

Dicha pretensión legal fue a su vez copiada por Simón Bolívar en su régimen de decretos; interesado también el Libertador en poner a los nuevos libres estados americanos en posesión de la lucrativa economía minera heredada de la Colonia. En esto último, Bolívar, simpatizante de los indígenas, no probó ser ni muy ecológico ni muy pro-indígena.

Tampoco fue lo mas fiel a las advertencias de su eximio maestro Simón Rodríguez en relación a las miserias de la minería-adicción: Sobre las mismas éste dejo dicho: “La plata y el oro halagan la avaricia y al cabo empobrecen al minero; porque sus vetas se pierden o se agotan, y él sigue buscándolas como perro hambriento que después de haberse tragado el bocado se queda olfateando el lugar donde se halló”.

Por tanto, la noción indígena también desafía el concepto de propiedad subyacente en el “Estado como dueño absoluto del subsuelo”. Desde el punto de vista indígena sería, pues, muy cuestionable, que un Estado –para no hablar de una empresa privada capitalista- pueda arrogarse -a título de ejemplo- el derecho de explotar o licenciar la explotación a su antojo de un subsuelo minero, petrolero o gasífero.

El concepto indígena, el cual coincide por lo demás con todas las grandes tradiciones morales-espirituales humanas, pone pues, sin duda, límites al moderno concepto de la propiedad, imponiéndole –para usar términos de la Doctrina Social de la Iglesia- no sólo una “hipoteca” (responsabilidad) social” –como lo testimonian los fuertes valores indígenas del compartir y la solidaridad- sino también una responsabilidad ecológica –inherente al deber de cuido y custodia de la Madre Tierra presente en lo indígena !!.

Pero, por otro lado, dicha noción condicionante del concepto de propiedad nunca ha desconocido un respectivo espacio para la “propiedad personal o individual” o “grupal particular”..En consonancia con el profundo respeto a la dignidad personal y diversidad humana también inherente en lo indígena !!.

La Sabiduría Indígena como renovada inspiración para una Nueva Civilización

En base a todo lo antes dicho, en los actuales tiempos se requiere mas bien de un movimiento indígena que reivindique no sólo la allanada autonomía de lo indígena y la defensa de sus intereses propios, sino también una nueva relación del movimiento indígena con todo y para todos. Relación que puede y debe incluir un respetuoso reconocimiento mutuo entre lo indígena y la cultura moderna, así como un aporte de la mas alta sabiduría y moralidad espiritual indígena a la resolución de los grandes desafíos y problemas que seguimos confrontando –con la misma gallardía, autoestima y autoconfianza con que lo hicieran los iroqueses en el caso de EU.

..A fin de lograr una nueva Civilización de la Solidaridad y Sustentabilidad como la Verdadera Revolución, y no tan sólo simples cambios de gobierno o de “lucha por el poder”, dentro de la misma actual inviable civilización suicida.

Pues, mas allá de opciones como la del “capitalismo”, “socialismo” o “comunismo”, que se han quedado ambas cortas o han perdido el rumbo, es el Cambio de Civilización lo que debe resumir la nueva gran bandera de cambio para el mundo, la nueva Real Revolución.

En tal magna tarea lo indígena podría y debería fungir como un espacio de luces y encuentro para TODOS. Porque, como hemos dicho antes y a pesar de que reivindicamos también la sangre indígena que corre en nuestras propias venas en lo personal, en verdad: “Ser indígena es mas que un color de piel, tipo de raza o sangre; es, sobre todo, un estado de conciencia de vivir en estrecha comunión con la Madre Naturaleza y sus leyes” –las leyes de El Gran Espíritu o Dios.

Y, en ese sentido, TODOS, como hijos de la Tierra, venimos de ser indígenas, y tenemos que volver a realmente serlo. Por nuestra supervivencia, y por la del planeta que compartimos y del que vivimos.

*Activista en asuntos indígenas, ecológicos y de cambio de civilización; y autor de varios artículos y libros sobre dichos temas.

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