Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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¿Testimonios del pasado?

Elías Pino Iturrieta

Lunes, 27 de agosto de 2012

Abundan testimonios como los que se han copiado, referidos a nuestro siglo XIX







   Foto: Google

1831: En la Memoria del despacho de Interior y Justicia se lee: "En toda Venezuela no hay un edificio que pueda llamarse adecuado para la detención y seguridad de los presos... Es asombroso el descuido que se nota en este ramo y es tan importante su mejora, cuanto que de ella depende, en gran manera, la administración de justicia.

1843:

Escribe en El Relámpago el diputado Tomás Lander, fundador del Partido Liberal: "La cárcel que tiene Caracas es una mansión de horrores. El venezolano que se ve encarcelado deprava su moral con la vista de los objetos que lo circundan, se degrada a sí mismo, porque cuanto ve y cuanto oye lo empuerca y lo envilece, y se familiariza con el crimen por el inmediato roce en que la sociedad lo coloca con todos los criminales.

1851:

Opinión del editor de El Candelariano sobre la prisión principal de la capital: "No es cárcel, sino un lugar adecuado especialmente para hacer morir muy en breve a un hombre en medio de los tormentos más atroces... La indiferencia con que se miran nuestras cárceles es el origen de este abandono que horroriza y contagia a cuantos tienen la pena de acercarse a aquellos focos de inmundicia y corrupción".

 

1845:

 

Informe de la Jefatura Política de Calabozo: "El seis de marzo en la noche, a las ocho y media, hizo sacar el Jefe Político al presidiario Francisco López y al preso Urbano Figuera, les amarraron bien y fueron conducidos a la sabana por una escolta de guardias armados de trabucos, carabinas y machetes. El Jefe Político concurrió personalmente a esta escena, para darle más importancia. Cuando tuvieron en campo abierto a las víctimas de su perversidad, les amenazaron con el tren de armas e intimaron: que si no decían verdad afirmando cuanto se les interrogase, les quitarían las vidas: estas amenazas e intimaciones eran tan continuas como que a cada pregunta se las repetían".

 

1836:

 

Correspondencia del Concejo Municipal de Maracaibo al despacho de Hacienda: "No podemos cumplir el deber que se nos impone de vigilar los lugares de salud, porque ignoramos los fondos con que ha de atenderse a éstos, y si el Gobierno no adopta medidas eficaces y prontas, perecerán muchos de los desgraciados que antes vivían en nuestros asilos y que ahora vagan por lugares inmundos en busca de sustento".

 

1856:

 

Desde Barcelona se remite el siguiente oficio para el Ministerio del Interior y Justicia: "La clase pobre más particularmente carece de los principales elementos de la vida y de la salud, como alimento, medicinas y lo que es más, asistencia médica, pues de los médicos unos se han embarcado para el extranjero, otros se encuentran enfermos y los que actualmente prestan sus servicios no son suficientes".

 

1838:

 

Correspondencia de Cumaná para la Diputación de Caracas: "Con esta fuerza no se puede hacer nada, pero más que todo diríamos que porque los abigeos viven en unas plazas imposibles de penetrar. El mejor amigo de los cuatreros son estos andurriales y los chamizales. Hay que ser animal para pasarlos, o ser pescado para meterse en los raudales, de manera que estamos con problemas".

 

1839:

 

Informe de la posta de Valencia: "Nadie nos quiere contratar una caballería por el infernal camino de la costa, que en todos tiempos es casi insuperable a caballo y malo para los conductores a pie".

 

1843:

 

Carta de Felipe Larrazábal para Antonio Leocadio Guzmán: "No pude llegar a Maturín porque el camino está cerrado, y tampoco he podido regresarme con ustedes, lo que indica que los locos seguirán diciendo y atemorizando a la gente, sin que podamos pararlos, y que nosotros seguimos en el limbo".

 

1843:

 

El pintor Bellermann se queja del trayecto de La Ceiba a Maracaibo: "Nunca en mi vida me había imaginado que fuese posible atravesar un camino semejante; además, fue un trabajo terrible, ora se quedaba pegado un animal de carga, ora un jinete, y muchas veces solo con el mayor esfuerzo lográbamos sacarlos".

1857:

El naturalista Karl Appun, escribe como sigue sobre la ruta principal de Yaracuy: "El abandono en que actualmente se encuentra este camino refleja claramente el desorden político que reina en este país. Todavía hoy perdura en el pueblo el antiguo odio a los españoles por cuya razón, aún hoy poco instruido, mira con repugnancia las buenas cosas que aquellos hicieron por Venezuela mediante la construcción de grandes edificios y caminos, ahora completamente descuidados y casi en ruinas".

Abundan testimonios como los que se han copiado, referidos a nuestro siglo XIX. No sé por qué los ofrezco ahora, tan alejados como se sienten del adelanto que experimentamos en la actualidad, pero tal vez puedan servir para que pasen el tiempo en naderías. Ustedes tienen la última palabra, desocupados lectores.

 

 

eliaspinoitu@hotmail.com

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