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Comienzan las lluvias en Caracas y, acto seguido, se forma la "sampablera" en cada una de las esquinas de nuestra ciudad. Lo que comenzó como un hermoso espectáculo fluvial para quien contemplaba el campo de golf del Country Club y un alivio al pesado calor que nos ha mortificado durante estos últimos días, terminó propiciando el caos de una ciudad no menos caótica, pero que a veces, se pone peor. Saque usted mismo la cuenta.
Si ya es difícil transitar por las calles de Caracas, por aquello de la anarquía reinante o por la incompetencia de algunos fiscales que parecen más enemigos de uno que funcionarios al servicio de la sociedad, imagínese usted —si es que ya no se ha percatado— el colapso general de una ciudad carente de planificación urbana coherente, de canales de desagüe, vías de escape, etc.
¿Quieren un ejemplo concreto? Ahí les va.
Cruce Country Club, Av. Fco. de Miranda, Chacaíto, vía El Rosal.
En el entramado vial donde se cruzan la avenida principal del Country Club, la avenida Francisco de Miranda (no poca cosa) y la avenida que viene desde la Libertador (naguará) para desembocar en el Rosal (a la altura de Chacaíto), donde a su vez cruza con la avenida Casanova (casi nada), cada vez que llueve puede, literalmente, hablarse del nacimiento de una laguna, que no permite el paso ni siquiera de los peatones. Los vehículos, con toda dificultad y ciudado, deben pasar en medio de la laguna porque no les queda más remedio, mientras el agua los cubre prácticamente hasta la altura superior de los neumáticos. Los transeuntes, quizá sorprendidos por el aguacero sin cargar paraguas, no pueden cruzar las calles sin que el agua los cubra hasta las rodillas. Es que hemos llegado al colmo de tolerar que las aceras desaparezcan de la fisonomía de la zona por las inundaciones que genera cualquier lluviecita (aunque la de ayer, ciertamente, fue impactante). Mientras tanto, el tráfico colapsa y nuestros trabajadores no pueden llegar a tiempo a sus labores cotidianas. Por ejemplo, los que estaban por llegar a esta oficina, no llegaron, y los que llegaron, no pudieron salir. Y eso sin contar todas las zonas afectadas tanto en transporte como en vivienda. En Caracas, entre lluvias, maleantes y marchas, estamos atrapados.
¿Y entonces? ¿No vamos a hacer nada? ¿Dónde están las autoridades? ¿Acaso el problema se resuelve con unos cuantos fiscales con ropa de invierno en medio de las aguas? Ni que fueran Moisés cruzando con su pueblo el Mar Rojo.
Chacaíto, Edif. Country Club. Nótese que las aceras están cubiertas de agua en su totalidad.
Definitivamente, el problema del tráfico en nuestra ciudad no lo resuelven los fiscales nada más, a menos que queramos seguir poniendo paños de agua tibia sobre los problemas de la ciudad. Un verdadero gobernador, alcalde o autoridad regional, ha de estar consciente de las necesidades de la zona. No es posible que las alcaldías sigan invirtiendo en rellenar callecitas, sin atender en profundidad el problema de las vías de comunicación, porque nuestros asuntos y necesidades van más allá de los agujeros, aunque también éstos entren en el saco.
Hace algunos años llegué a escuchar más de una crítica a la ex alcaldesa Irene Sáez porque sólo se dedicaba a “maquillar” las calles. ¿Pero acaso ahora es diferente? ¿Dónde están las buenas ideas, las soluciones para Chacao, para Libertador, para Sucre? ¿Dónde está nuestro Alcalde Mayor? ¿Es que hace falta decir una cosa como esta? ¿Las autoridades no transitan por Caracas? Pareciera que no, porque para mí, es evidente que la ciudad necesita arreglo, especialmente en zonas clave como el paso de Chacao a Chacaíto. ¿O seguirán acostumbrándonos a la fealdad, el desorden y la suciedad?
Necesitamos ordenar el espacio en el que vivimos, hacerlo “amable”, agradable, para sentir que nos pertenece, para sentirnos corresponsables de su cuidado. Sin duda, no son los vecinos quienes cuentan con los recursos económicos para resolver graves problemas como estos, pero sí son ellos quienes pagan los impuestos para que alcaldes y gobernadores se ocupen de estas tareas, que son parte de sus funciones. ¡¿El nuevo liderazgo seguirá incumpliendo al mejor estilo de la Cuarta?!
Los problemas de la cotidianidad citadina y las luchas por su resolución son muchas veces más importantes y dignos que las grandes contiendas políticas, porque es en este plano donde se puede hacer algo por rescatar y estimular un cambio en la mentalidad de la ciudadanía, y porque la justicia es aquí y ahora y no para cuando "haya tiempo". Después de la indolencia demostrada por las autoridades, en períodos electorales se atreven a decir que el pueblo es "apático".
Si se está haciendo algo para solucionar nuestros problemas comunitarios, tenemos el derecho de saberlo, y si no, en vez de estar invirtiendo las energías únicamente en apoyar u oponerse al presidente, ¡Señores! ¡Despierten a su pueblo con el impacto de soluciones concretas! ¡Que la justicia siga siendo lo primero!