En enero de este año escribía para El Universal un artículo al que titulé ¡Que callen a los medios pero a Venezuela no la callarán! Lo hice después de ver que a tres estaciones de televisión se les hacía de su conocimiento la apertura de un recurso administrativo en su contra. También escribía que no me había sorprendido ver las acciones violentas que se ejecutaron contra unos medios impresos del Estado Lara y de Caracas. Si bien es cierto que no se han atrevido aún a hacerlo con los mayores rotativos del país, les cortaron las divisas impidiendo la compra del papel para periódico _lo cual es una manera de evitar su funcionamiento_ también lo es, que los ataques vociferantes del mandamás y su suerte de acólitos se escuchan repetidamente todos los días.
Las últimas semanas arremetieron nuevamente contra los medios de comunicación social, así como contra periodistas que sin miedo han desnudado la verdad y desenmascarado al régimen. El Proyecto de la Ley de Contenidos es el envoltorio que faltaba para acomodar el paquete.
Creo que el título de aquél artículo no pierde vigencia. ¡A Venezuela no la callarán! No se han atrevido a hacerlo porque ahora los que tienen miedo son ellos. No se atreverán a cerrar ninguna televisora, ningún periódico, ninguna estación de radio porque les ha quedado claro que los venezolanos no lo permitiremos.
No se atreverán a callarnos porque somos demasiado rebeldes para dejar que nos amordacen y quedarnos quietos, demasiado cuerdos para soportar sus enajenaciones, demasiado sensatos como para no saber que gracias a esos medios que ellos atacan, despertamos del letargo en que vivimos tantos años.
No se atreverán porque aquí los revolucionarios somos nosotros, los que estamos haciendo una verdadera revolución en democracia, llamando a la participación ciudadana en la toma de decisiones trascendentales para nuestro destino. No se atreverán porque todos estamos ‘conspirando’ abierta y públicamente para recuperar nuestros beneficios, nuestros empleos, nuestros hospitales, nuestra comida. No se atreverán, porque somos demasiado sesudos para creernos una mentira más de los mediocres.
No se atreverán porque no hay quien pueda con una autopista llena de gente, escribiendo sobre el pavimento, filmando con cámaras de video domésticas, fotografiando la dignidad de los venezolanos. No se atreverán a callarnos cuando cantemos el Himno Nacional frente a la Asamblea Nacional, bandera en mano. No se atreverán porque no pueden matar a veinticuatro millones de venezolanos que buscan la paz obtenida mediante la paz. No se atreverán porque todos nos declaramos en rebelión civil contra las arbitrariedades, las injusticias, los desafueros.
No se atreverán porque nuestra voluntad y nuestra valentía se han agigantado frente a las iniquidades. No se atreverán porque los venezolanos defenderemos con coraje nuestros medios de comunicación, nuestra comunicación, por todos los medios pacíficos posibles. No se atreverán porque preservaremos nuestra libertad de expresión como la mejor muestra de expresión de nuestra libertad.
¡A Venezuela no la callarán! ¡No se atreverán!