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La libertad de expresión en Venezuela

Riesgo y espacio de la libertad
Charles Páez Monzón

 
Miércoles, 28 de mayo de 2003

En una democracia la información difundida determina el espacio de libertad que conforma la ventana al mundo, la orientación general de las políticas públicas internas y externas, la selección de los dirigentes y programas. La opinión pública formada por la información constituye el contrapeso político para imponer correcciones a los poderes públicos; mientras se cumple el periodo de poder democrático. Esta es la razón de la gravedad de la mentira en la información en una democracia. Una ley que regule los medios informativos solo debería apuntar a corregir la prevalencia de la mentira en la información difundida y establecer responsabilidades y penas. Para ello no se requieren más de cinco artículos. Todo lo demás debe estar permitido.

Hoy, el asombro se crea con el reporte instantáneo del acontecimiento a través de la imagen. Si el acontecimiento es relegado por una imagen descontextualizada, en la que reside la fuerza de la TV, acompañada de parcialidad e incompetencia la opinión se forja desde la mentira en el medio. Lo que aspiramos es el micro que muestre la imagen contextualizada en la importancia del acontecimiento y comentada con imparcialidad y competencia para que la opinión que se construya sea desde una verdad difundida en la TV. Así habrá sociedad abierta.

La mentira prevalece en la información en el totalitarismo donde solo hay censura y es la orden cotidiana en el autoritarismo donde coexisten libertad y censura. La información solo puede ser veraz en una democracia. Pero la democracia de información veraz no existe. En el espacio de la libertad se permite que la mentira y la verdad en la información sean difundidas. Los intereses son tan diversos que al encender la TV estamos expuestos a la desinformación. El mejor control en la democracia es el aparato de control remoto del televisor y no el funcionario. El poder de los medios no es un sexto poder constitucional sino un poder de hecho que otorga y retira la población televidente. Es el éxito de la confianza lo que genera tele-audiencia. Ni siquiera el Estado democrático es capaz de ofrecer una TV estatal como un servicio público donde se encuentre el debate de las ideas y la información imparcial y de calidad. Esa probidad requiere de una resistencia a todas las presiones. En una democracia, tampoco el poder Ejecutivo requiere de una ley de contenidos o de una ley mordaza, salvo que sea una dictadura.

Cuando la izquierda es gobierno se tiende a imponer a la información no el obstáculo de la censura (eso lo hará Chávez por gorila) sino el tabú (eso lo impulsará José Vicente, Juan Barreto), ese temor de los intelectuales y comunicadores al “que dirán ideológico” que guían los prejuicios, la parcialidad, los odios entre partidos que tiranizan y amordazan la libertad de opinión. La aplicación de la ley mordaza busca imponer ese tabú ideológico que impide la información que atente contra el proceso y la imposición del modelo cubano en Venezuela. Las dictaduras y los procesos de derecha los hemos desmontado con opinión y movilización publica. En estos días, la colonización cubana al régimen de Chávez, la dictadura castrista, la detención de los dirigentes del proyecto Valera, la violación a los derechos humanos que EE.UU. ejecutan en Guantánamo, la guerra en Colombia y la perturbación autoritaria de Chávez son temas principales de opinión pública continental. Requieren de la misma medicina. La defensa del espacio de libertad pasa por el riesgo. El de no firmar el acuerdo que resuelve la situación de Gaviria y Chávez, , más no la de Venezuela.

paezch00@hotmail.com

 

 

 
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