Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

La libertad de expresión en Venezuela

Diez enseñanzas para Conatel
Soledad Morillo Belloso

 
Miércoles, 30 de enero de 2002

Conatel, como bien lo aclarara su Director General, Teniente Jesse Chacón, es un organismo técnico. Acaso por ello, por su carácter técnico, desconoce las complejidades intelectuales de los procesos de comunicación. Eso explica que el Teniente Chacón jamás se refiera a Marshall McLuhan o a David K.

Berlo cuando hace presentaciones públicas o declaraciones a los medios, y sí insista en hacer énfasis en su carrera en sistemas y telemática, creyendo tal vez que la comunicación es un asunto de herramientas y mecanismos, de chips, de bits o bytes, no de interacción intelectual entre seres humanos a través de una amplia gama de medios. Pero dado que un organismo técnico se abroga competencias legislativas que requerirían conocimientos del campo de la Comunicología, toca entonces enseñar, que no aleccionar.

En el mundo actual, moderno y progresista, del cual cada vez más pareciera que algunos países no formamos parte, la libertad de pensamiento y expresión es un valor innegociable. Se considera de la siguiente manera:

En primer lugar, se la plantea como "absoluta", a diferencia de "la mayor posible". Se la tiene o no se la tiene. No es posible tenerla a medias. A las sociedades con respecto a las libertades ciudadanas, como a las mujeres, no les es posible estar "medio-preñadas". A la Señora Libertad de Pensamiento y Expresión se la define como "sin límites ni cortapisas". Si los tuviera, no sería tal. A esta buena señora se la considera una conquista de la civilización, un logro de la humanidad. Que al fin y al cabo, la historia revela que fueron muchos siglos de mordazas, de yugos, de cadenas.

Pero pareciera que hay humanidades que lo son menos que otras. Y hay países en los cuales sus gobiernos y funcionarios insisten en aplicar conceptos largamente superados.

En segundo lugar, se establece clara diferencia entre lo que es información, interpretación y opinión. Pero se está también claro con respecto a que las líneas divisorias son tan y tan finas, que unas y otras pueden entremezclarse y formar una nueva categoría. La tendencia moderna entonces es referirse a la libertad de información y a la libertad de prensa, dándoles el calificativo de hijas predilectas de Doña Libertad de Pensamiento y Expresión.

En tercer lugar, a la Doña en cuestión se la considera "indispensable". Sin ella, sin su ejercicio pleno, abierto e incondicionado, no existe verdadera democracia. Los atentados a la libertad de pensamiento y expresión constituyen dardos envenenados contra los valores democráticos.

En cuarto lugar, hace rato que el mundo desarrollado cayó en cuenta que los comunicadores no tienen que ser graduados en Comunicación Social ni ser profesionales del Periodismo, y menos que menos tener que estar colegiados.

La gremialización se considera voluntaria. El imponerla se considera una medida compulsiva, y se califica como involución y mediocridad. McLuhan, acaso el comunicólogo más destacado del siglo XX, jamás estuvo colegiado.

Creó asociaciones profesionales y académicas, propició la instrumentación de espacios de discusión, motivó a los comunicadores del mundo a desarrollarse intelectualmente para producir y divulgar grandes ideas, pero nunca estuvo de acuerdo con establecer organismos controladores. Fue McLuhan quien estableció que el mundo necesitaba que cada uno de sus habitantes entendiesen que la comunicación le es natural al ser humano, que la incomunicación es una perversidad generada por hombres con mentalidades inferiores.

En quinto lugar, en el mundo desarrollado, se ha llegado a la conclusión que las diferencias o disputas se dirimen en los tribunales. Los comunicadores, sea cual fuere el medio de comunicación en el que se desempeñen o la profesión que tengan, y con independencia de su carácter de empleados o colaboradores a destajo o ad honorem, no pueden ser llevados ante tribunales militares (Chile, alabado sea Dios, acaba de legislar en la materia). Los medios, vehículos al fin de la comunicación, no pueden ser responsabilizados de las opiniones que libremente expresen sus columnistas, y tampoco pueden censurarlos, pues se considera que al fin y al cabo siempre les queda el recurso, perfectamente válido, de no incluirlos en su "staff". El concepto de co-responsabilidad es considerado absurdo, descabellado y generador de nefastos procesos de autocensura. La censura previa o "ulterior" es censura, perversa, perjudicial.

En sexto lugar, los funcionarios públicos sólo pueden hacer aquello que les está expresamente permitido; los ciudadanos pueden hacer todo aquello que nos les esté taxativamente prohibido. Esto está directamente vinculado a que los gobiernos son poderosos por diseño, y por tanto, deben ser limitados en su acción, no así los ciudadanos.

En séptimo lugar, los Estados no pueden ni deben establecer censuras, ni abiertas ni veladas, ni pueden ni deben marcar condicionamientos, ni pueden ni deben intervenir en los contenidos de los mensajes. Están pasadísimas de moda, por decir lo menos, las ideas que convierten a los Estados y Gobiernos en suertes de "Pater Noster". La tendencia moderna gira en torno a entender que primero fue el Individuo, quien se unió con otros pares y armó "Sociedad". Esta creó el Estado, el cual siempre está para servir y proteger a la sociedad, nunca para sojuzgarla. Esos Estados que se sienten con deberes de padres protectores, terminan tomando decisiones que restringen los derechos ciudadanos. En aquellos países donde tal cosa ocurre, impera un anacronismo contraproducente y decadente.

En octavo lugar, no caben las discriminaciones por ninguna razón, ni por raza, religión, ideología política, edad, sexo, nacionalidad. Los Estados no pueden ni deben pre-establecer balances, pues ello supondría que se da espacio a conceptos descartados ya como "la verdad verdadera".

En noveno lugar, se considera que los ciudadanos tienen derecho a que haya de todo en información y opinión, y que ellos pueden tener acceso a tal diversidad. Y los Estados tienen él deber de poner a disposición pública todas aquellas informaciones relativas al ejercicio gubernamental y legislativo, en cualquiera de sus niveles. Más aún, si bien se entiende que existe información cuyo secreto está vinculado a razones de necesidad, la tendencia mundial gira en torno a que no existe razón para que esa información sea confidencial "per secula seculorum", y debe establecerse una fecha de desclasificación.

En décimo lugar, los Estados no pueden hacer uso de su poder de convocatoria o de su disponibilidad de medios bajo su control para opacar a los medios no oficialistas. Al único comunicador al que se le pone límites es al gobierno.

Esos diez puntos, casi mandamientos, están presentes tan sólo a medias en algunos países. Hay legislaciones tercermundistas que los contravienen.

Acaso incapaces de entender que el mundo gira, y cambia, y el sol y la luna salen y se esconden sin preguntarnos, muchos gobernantes y legisladores están persuadidos que deben ser los grandes controladores, y que con ello están cumpliendo una suerte de "deber patrio"... Flaco servicio se le hace a la justicia, al progreso, al desarrollo, a los valores democráticos y a la sociedad cuando se auspicia o apoya una ley de tan lamentable factura como la anunciada Ley de Contenidos, o la Ley de Prensa con la cual ahora se nos amenaza desde los predios de la presidencia de la Asamblea Nacional.

El mejor censor de una comunicación es el receptor, quien suele ser lapidario en su juicio y categórico en su castigo, pues lo hace de la manera más dura: regalando indiferencia. Es un acto de petulancia que desde el poder se pretenda tomar decisiones que sólo nos competen a los individuos.

Teniente Chacón, le seguiremos escribiendo...

E-mail:marsmorb857@cantv.net

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.