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La libertad de expresión en Venezuela

Para Victoria Camps los ciudadanos deben organizarse y presionar para que los medios cambien y tengan más calidad
La autorregulación es una alternativa que nos compromete a todos
Perla Vonasek

 
Lunes, 26 de noviembre de 2001

En un momento en que CONATEL elabora una ley que pretende regular los contenidos que emiten los medios de comunicación, es pertinente tomar en cuenta la opinión de personalidades como la filósofa y ex senadora catalana Victoria Camps, una de las mujeres que más se ha preocupado por el rol que juegan los medios de comunicación, su impacto en la sociedad y las formas de control que se podrían aplicar

Las referencias de la filósofa, catedrática y ex senadora Victoria Camps llegan desde el otro lado del Atlántico y desde su natal Barcelona con los ecos de sus opiniones y pensamientos sobre un tema que inquieta y ocupa a los venezolanos: la posibilidad de que el Estado, a través de CONATEL, regule los contenidos de los medios de comunicación. Y es que Victoria Camps, a la par que se muestra muy crítica en relación a la manipulación que los medios de comunicación hacen de la información, expresa sus dudas sobre que los mismos estimulen la participación democrática. Sostiene que “los ciudadanos deberían comprometerse y participar más con aquello que leen y ven”. Coherente con este pensamiento del cual se deriva la responsabilidad social compartida, apuesta más por la autorregulación que por la regulación.

Profesora de Filosofía Moral de la Universidad de Barcelona, además de la docencia se dedica al la investigación desarrollando trabajos sobre ética aplicada y, más concretamente, sobre bioética, un ámbito que considera también precisa de autorregulación. Desde Barcelona, España respondió, vía e-mail, a las siguientes interrogantes.

-¿Cómo entiende usted la autorregulación de los medios de comunicación?

Entiendo la autorregulación como la voluntad expresa de cumplir el código ético de los periodistas y de respetar la legislación vigente. Dicho de otra forma: como la tendencia a moderarse y no medir los contenidos de los medios por su valor puramente comercial. Dado que tanto los principios éticos como las leyes siempre son interpretables (más aún cuando lo que controlan o regulan es la libertad de expresión), la autorregulación consiste en la disposición a interpretar y aplicar la norma lo más adecuadamente posible.

-¿Quién debería ejercer la autorregulación: los medios, los profesionales o los espectadores?

Todos, pero cada cual a su manera teniendo los medios y los profesionales la máxima responsabilidad. Entiendo que la autorregulación no puede entenderse como una actividad meramente individual, sino colectiva, organizada. Es a través de la discusión y el debate (la deliberación previa a la decisión) como se ejerce la autorregulación. De ahí que sean convenientes organismos (como un Consejo del Audiovisual) que ayuden e inciten a los medios a autorregularse.

-¿Qué responsabilidad le adjudica usted a los padres y a los ciudadanos en general en el tema de los medios?

La responsabilidad de ser más exigentes y no condescender ante una utilización estrictamente comercial de los medios. También los ciudadanos pueden organizarse y presionar para que los medios cambien y tengan más calidad.

-¿Qué opinión le merece el que sea el Estado el que quiera ejercer la regulación a los medios?

A un Estado liberal le compete facilitar la existencia de mecanismos que inciten a la autorregulación. Requisito para que estos mecanismos sean idóneos es su independencia política y económica. Los microparlamentos no sirven para la autorregulación porque la intervención de sus miembros sólo será partidista.

-¿Cuáles serían las ventajas y los peligros de que sea el Estado el que ejerza la regulación a los medios?

El estado ya suele ejercer tal regulación en la medida en que posee radios y televisiones públicas, las cuales nunca destacan por su calidad ni por su independencia con respecto al partido que gobierna. Por eso es bueno que exista una autoridad independiente de la lucha partidista y de los intereses económicos.

-¿Dónde ubicaría usted la línea divisoria entre la regulación y la censura?

La regulación tiene que ser muy general y genérica (defensa de la intimidad, protección de la infancia, respeto al pluralismo, etc.). De esta forma quien interpreta y adapta la ley al caso es el responsable de la noticia o de la emisión. No hay censura, la cual consiste en prohibiciones muy específicas.

-¿Qué pasa cuando la autorregulación raya en la autocensura?

Una cierta autocensura es inevitable e incluso buena si ésta se entiende como “moderación”: no todo está permitido ni todo vale. Si a esto se le llama autocensura, bienvenida sea.

-¿Cuando usted habla que los medios deben trasmitir las informaciones con imparcialidad y neutralidad a qué se refiere?

Yo no hablaría tanto de imparcialidad y neutralidad, ideales imposibles de alcanzar, sino de transparencia y voluntad de no engañar. Las informaciones siempre han sido seleccionadas y priorizadas por lo que difícilmente serán neutrales. Pero deben proponerse informar y no sólo escandalizar, llamar la atención morbosamente o hacer propaganda política.

-Algunos periodistas como Plynio Apulello Mendoza sostienen que una de las fallas del periodismo latinoamericano es que carece de punto de vista, de posición ¿Qué opinión le merece este criterio?

Tener punto de vista suele confundirse hoy con estar al servicio de un partido o de una ideología política. No es la mejor manera de tomar partido.

-Usted expresa dudas sobre que los medios estimulen la participación democrática; sin embargo, uno de los primeros síntomas de los regímenes autoritarios es el tratar de controlar y callar a los medios de comunicación. ¿No piensa usted que el hecho de que esto ocurra es un síntoma de que los medios de comunicación sí son una forma de expresión y de cultura democrática?

Los medios hoy están tan pendientes de la política que se da una circularidad entre unos y otros: los medios hablan para los políticos y éstos para los medios. Así es difícil estimular una real participación democrática. En realidad, los ciudadanos que tienen acceso real a los medios (que pueden expresarse a través de ellos) son tan pocos como los que tienen acceso real a la política (pueden presentarse a unas elecciones). La participación es más bien formal. Ahora bien, es cierto que una democracia admite una circulación de opiniones que los totalitarismos no toleran. Aunque sea formal, la democracia es un progreso.

-Usted se desempeñó como Presidenta de la “Comisión de estudios de contenidos televisivos” del Senado. ¿Qué elementos de importancia podría destacar de esa experiencia?

Los contenidos televisivos son un medio de socialización fundamental. Debería analizarse más esa función y tener una mirada crítica sobre la misma. Es lo que trató de hacer la Comisión del Senado elaborando un informe sobre el estado de la cuestión y proponiendo la creación de un Consejo del Audiovisual como órgano de control y de vigilancia de los contenidos. Si creemos que la autorregulación es básica, es preciso que existan comisiones y organismos que la inciten. Esa fue, a mi juicio, la principal conclusión del estudio realizado en el Senado.

-En el 2000 usted participó en unas jornadas relacionadas con el tratamiento de las tragedias personales por parte de la televisión. ¿Qué conclusiones se obtuvieron de esas jornadas y cuál ha sido su aplicación en la práctica?

Las jornadas no creo que tuvieran conclusiones muy precisas. Surgieron como reacción al tratamiento mediático de un accidente de carretera que costó la vida a varias decenas de niños en edad escolar. El tratamiento mediático había sido bastante correcto, pero se vio que podía haber sido mejor. El Consejo del Audiovisual de Cataluña (el único Consejo del Audiovisual existente en España) creyó oportuno aprovechar la ocasión para hacer una reflexión colectiva sobre el tema.

-¿Cuáles fueron las consecuencias prácticas?

Es difícil decirlo, pero seguramente si se da una reflexión de ese estilo cada vez que existe la tentación de aprovechar mediáticamente el morbo de las tragedias, la tarea de autorregulación y la moderación de los medios prosperará.

Doctora en Filósofa y catedrática de Etica, Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona (España) y Vicerrectora desde 1990 hasta 1993, Victoria Camps, además de su actividad docente se desempeñó como senadora socialista por Barcelona durante los años 1993 hasta 1996. Durante este período tuvo a su cargo la presidencia de la "Comisión de estudio de contenidos televisivos" del Senado. Más recientemente, el Consell Audiovisual de Cataluya (CAC) propició unas jornadas sobre el tratamiento de las tragedias personales en televisión, para lo cual se reunieron varios expertos entre los que se encontraba Victoria Camps.

 

 

 
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