| La ciencia en el nuevo gobierno Rafael Rangel La ciencia, quizás, tenga un alto relieve en los planes de desarrollo del próximo gobierno que se estrena en febrero del año que viene. Al menos eso es lo que parece al juzgar por el programa que publica el MVR en su página de Internet, y en las declaraciones recientes a un diario nacional por parte del Coordinador del Area Social que participa en las llamadas comisiones de enlace. De acuerdo a estos planes, la ciencia dejaría de ser considerada un "sector" aparte de la sociedad para participar en las mas altas "decisiones del ejecutivo", y su presupuesto se verá incrementado hasta llegar a "un 2% del PIB al final del quinquenio". Igualmente, y esto es nuevo, estimularán la "participación del sector privado a través de la exoneración de impuestos a las empresas que invierten en investigación". Continúan las propuestas reformistas con las necesarias reinvidicaciones para los mal remunerados investigadores y para las universidades que han quedado marginadas del desarrollo nacional. En efecto, los nuevos gobernantes establecerán un "salario mínimo digno", y la obligatoriedad de tener un título de postgrado para desempeñar "ciertos cargos públicos". Además, crearán mecanismos para que los "ministerios y organismos estatales" acudan a las universidades nacionales para resolver sus problemas tecnológicos. Igualmente se habla de promover soluciones tecnológicas populares. Hay que darle la bienvenida a medidas como estas, y apoyarlas para que se puedan cumplir, pero, ¡cuidado con la teoría de donde salen muchos de estos buenos deseos!. Analicemos algunos de estos objetivos a la luz de la realidad venezolana actual, y de la experiencia vivida en otros países o en universidades y empresas que tomaron este camino desde hace ya muchos años antes que nosotros. El próximo gobierno, por ejemplo, establecerá para tales medidas áreas prioritarias como la "agro-alimentación, la salud, y la vivienda". Esto, luce bien a simple vista por la tremenda importancia que tienen tales sectores en la vida de cualquier país y más aún de Venezuela, pero involucra el peligro de esconder proyectos mediocres sacrificando la calidad científica tal como ocurrió en los años setenta con el I Congreso de Ciencia y Tecnología. En nuestro país, la ciencia no se ha desarrollado de acuerdo a nuestras necesidades socioeconómicas sino más bien siguiendo a los temas de la moda internacional o latinoamericana que es donde están nuestros mejores talentos, y así nos encontramos que en el sector de alimentos, por ejemplo, no hay centros de excelencia científica de calidad internacional en nuestras universidades sino que éstos, se concentran en los temas relacionados con la biología molecular y la bioquímica de agentes causales de enfermedades tropicales. En la agricultura, es poca o nula la investigación en ingeniería genética para producir plantas resistentes a plagas, o con mayor valor nutritivo; y en la medicina, se abandonó hasta dejarla al mínimo la investigación clínica de calidad que se hacía en los hospitales públicos durante las décadas de los setenta y ochenta. Las universidades venezolanas, o sus centros e institutos de investigación, no son precisamente generadores de tecnologías (tampoco lo son las extranjeras), ni los postgrados venezolanos estas orientados hacia la investigación de calidad internacional tal como lo demuestra el crecimiento vegetativo de nuestras publicaciones en revistas con arbitraje internacional. Esto, se debe al descuido de la infraestructura científica y al éxodo al exterior de dos sucesivas generaciones de relevo científico, al punto que la edad promedio de nuestros más productivos investigadores supera fácilmente los cuarenta y cinco años en un país donde más del setenta por ciento de la población son jóvenes menores de veinte!. Los pensa de estudios de nuestras carreras tecnológicas no tienen nada que ver con la oferta de trabajo de las empresas privadas y ni siquiera con los requerimientos técnicos de los organismos públicos donde se les dará empleo en un futuro distante, de allí la disociación existente entre la universidad y nuestra sociedad actual. Todo ello nos lleva a la inescapable conclusión de reformar antes (o paralelamente) la educación universitaria para que los cambios que pretenden los nuevos gobernantes en la ciencia puedan tener algún asidero fáctico. Sobre esto hemos escrito en la prensa nacional al referirnos a la necesidad de formar la Universidad Competitiva. Los estímulos a la investigación científica y tecnológica privada o empresarial tienen precedentes, exitosos o nulos, según el país que uno analice. Entre los primeros destacan Australia y Singapur donde por cada dólar invertido en I+D las empresas se descuentan hasta dos dólares del impuesto sobre la renta. Esto, hizo que la financiación de la investigación científica en Australia, por ejemplo, llegara en cinco años hasta el uno por ciento del PIB de ese país. Pero en un gran país latinoamericano, donde ahora se trata de aplicar una medida fiscal de estímulo a la I+D no ha habido cambio alguno en el sector privado puesto que muchas de sus empresas evaden el fisco ocultando sus verdaderas ganancias tras una maraña de ingeniería financiera que sería descubierta si tratan de obtener beneficios por sus inversiones en I+D. En el controvertido proyecto de ley de ciencia y tecnología que finalmente no se aprobó en el Congreso Nacional que ahora termina, se consideró alguna vez incluir un desgravamen fiscal para la ciencia, solo que el texto era tan intervencionista y el estímulo tan exiguo que hasta los propios legisladores se dejaron de eso. Ante este panorama se podrían preguntar los lectores, ¿que y como hacerlo, entonces?. Es obvio que la ciencia y la tecnología no se pueden reformar sin tomar en cuenta a dos grandes sectores conexos, la educación y la economía, con todo su marco legal correspondiente. Habría que reformar la Ley del Impuesto sobre la Renta para crear estímulos fiscales tan agresivos como los de Singapur o los de Australia; igualmente, habría que establecer una nueva Ley sobre la Propiedad Intelectual para facilitar la transferencia tecnológica de los países más desarrollados del Norte y proteger a los inventores criollos, y sería necesaria una nueva Ley de Educación Superior que favorezca la universidad competitiva y el financiamiento atado a la calidad de la enseñanza y la investigación científica en todas sus áreas. Para que la universidad actual se pueda acercar a la empresa hay que impulsar a la pequeña y mediana industria a través de programas audaces de incorporación de científicos y profesionales universitarios hacia compañías de base tecnológica. Los franceses, por ejemplo, están considerando un proyecto de ley para que los profesores universitarios puedan participar activamente en empresas privadas aportando su trabajo científico y hasta un 15% del capital accionario de la empresa (Ver La Recherche, Décembre, 315, 11, 1998). Igualmente, el gobierno francés reembolsará a las empresas de I+D los créditos fiscales a que se hagan merecedoras por sus inversiones de capital en el lapso de un año en lugar del período actual de 3 a 5 años. Con estas medidas, similares a la de los ingleses, Francia espera salir del letargo en que se encuentra con relación a Inglaterra y Alemania en el campo de las altas tecnologías (ver Genetic Engineering News, December, 1, 1998). Como complemento a esto, en Venezuela habría que impulsar el capital de riesgo a través de una reciente Ley aprobada por el Congreso, y dotar de mejores recursos a organismos como Corpoindustria y Foncrei. Es una constante en los países de rápido desarrollo el binomio Estado-Empresa privada en el financiamiento e impulso a la innovación tecnológica. Finalmente, sería bueno que el nuevo gobierno tomara en cuenta que para "estimular soluciones tecnológicas populares" que uno podría entender como aquellas que le sirvan a la mayor parte del colectivo (incluyendo personas naturales y jurídicas), será también necesario ligar el desarrollo científico a la demanda social (Ver El Universal, página 2-2, del 20 de julio de 1998). Para ello, habría que plantearse proyectos muldisciplinarios de envergadura que abarquen a varias instituciones del sector público y privado que puedan así estar en capacidad de proveer soluciones tecnológicas a los ingentes problemas socioeconómicos que tiene Venezuela ahora. E- Mail: rafdrana228@cantv.net |
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