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No le tengo miedo a Chávez Maibort Petit
VA:¿Cuál es su visión sobre la actual situación del periodismo en Venezuela? ¿Hacia dónde va el periodismo de nuestros tiempos? MC: Primeramente, pienso que no se puede generalizar a la hora de hablar sobre el periodismo que se está haciendo en Venezuela. Hay diferentes tipos de periodismo, y esas diferencias están muy marcadas. Las generalizaciones que se hacen a diario suelen ser muy injustas con el buen periodismo y con el mal periodismo. A mi juicio, hubo un cambio en la manera de hacer periodismo en el país desde que comenzó el ocaso del modelo político surgido del pacto de Punto Fijo, eso fue, aproximadamente, desde la presidencia de Jaime Lusinchi, Carlos Andrés Pérez, y se acentúo con la desaparición de RECADI. Cuando existía esa oficina, los periódicos tenían garantizado el papel barato pero, con el cese de funciones, los medios impresos se vieron en la obligación de enfrentarse al mercado y a depender de sus lectores. Fue en ese momento cuando empezó a tomar vigor el periodismo de denuncia, de sensacionalismo, que se quiso confundir con el periodismo de investigación. A Carlos Andrés Pérez no lo tumbó el pueblo ni el Congreso, sino los medios de comunicación que se convirtieron en implacables y ejercieron una influencia tremenda sobre los ciudadanos. Desde ese período, el periodismo se impuso como medio de guerra sucia y no de profilaxia social, que era su función de origen. El periodismo de investigación se ha ido disipando, se ha limitado a los trabajos excelentes que se hacen en El Nacional o en El Universal.
Para Marta Colomina estamos viviendo tiempos de grandes cambios. "En el periodismo, estamos frente la presencia de un periodismo de megáfono", donde el reportero sólo busca voces, y luego transcribe al pie de la letra, sin ahondar en lo que se está informando. VA: ¿ Ocurre lo mismo con el periodismo de opinión? MC: Con el periodismo de opinión no ocurre lo mismo. En Venezuela se hace buen periodismo de opinión, pero, lamentablemente, la lectoría de opinión es cada vez menor. Los lectores de los medios se dedican a pasar una mirada ligera por los titulares sin detenerse a leer la información completa, y pareciera que no hay tiempo para analizar el resto de las informaciones. Estamos en una sociedad que cada vez más busca la síntesis de la información sin importarle el resto. VA: Los medios audiovisuales ¿también se dedican a mostrar el mayor número de noticias en el menor tiempo posible? MC: Hoy día se habla del inmediatismo de los medios audiovisuales que obligan a reducir a menos de uno o dos minutos un hecho informativo de gran relevancia. La reseña de una información se ha convertido para los medios audiovisuales en un espectáculo. Priva la imagen sobre los hechos, sobre la noticia. Un buen ejemplo de ello, y ya citado muchas veces, fue la cobertura de la guerra del Golfo Pérsico hecha por CNN. Los periodistas de esa gran cadena de televisión dejaban que la cámara hablara sin ir a la profundidad de lo que estaba ocurriendo, es la técnica la que se sobrepone a la elaboración intelectual del hecho informativo. La participación del periodista se ha ido reduciendo para darle preeminencia a las imágenes. El fenómeno de las imágenes también se coló en el periodismo impreso, así vemos como el Diario El Universal, que había tenido una tendencia históricamente conservadora, ha incorporado a su diseño la fotografía abundante en la primera página. Prácticamente en todos los medios impresos se han ido incorporando elementos banales para atraer cada vez más lectores. VA: La crítica sobre el deterioro de los medios está ligada a las que señalan que los nuevos comunicadores sociales no están bien preparados, que ni siquiera saben escribir bien. Usted que ha sido formadora de periodistas, podría explicarnos ¿qué pasa en las escuelas de Comunicación Social? MC: Las escuelas de comunicación social tiene una responsabilidad en lo que está pasando. Hay grandes fallas en la formación de los periodistas. En la escuela de comunicación social de la UCAB, donde doy clases, los alumnos provienen de los colegios de clase media, no tienen cultura general, universal, no tienen una buena formación. He constatado que ni siquiera son capaces de diferenciar la primera, de la segunda guerra mundial. No tienen hábitos de lectura. Cada vez que comienzo un curso en la UCAB, le pregunto a los estudiantes quiénes leen más de dos periódicos y, de 80 alumnos sólo uno o dos levantan la mano. Eso se convierte en una lucha férrea durante todo el año académico, porque me preocupa mucho, porque doy clases en el tercer año de periodismo y se supone que los alumnos son casi periodistas. Imagínate tú, qué podemos esperar si no les gusta leer los periódicos ni estar bien informados. En ese problema tienen gran responsabilidad los mismos docentes, en las escuelas de comunicación hay profesores dando clases de radio, de televisión o de redacción que nunca han hecho radio, ni televisión, ni han trabajado en los medios. Son pura teoría, sin práctica. Otra cosa es que la escritura de los egresados es muy deficiente. Realmente, la mayoría del profesorado no conoce los rigores del oficio de periodista. La profesora Colomina considera conveniente alargar el tiempo de especialización o volver a los antiguos esquemas de formación de periodistas. Según su criterio, tres años son poco tiempo para aprender todas las herramientas de la profesión, sobre todo sí se toma en cuenta que en el bachillerato hay demasiadas asignaturas y los alumnos no aprenden bien la gramática "no saben lo que es un gerundio, un subjuntivo, ni los adjetivos". A juicio de Colomina, los estudiantes empiezan a aprender las técnicas de escritura en los medios de comunicación social "cuando empiezan a trabajar". Manifiesta su desacuerdo con el modelo curricular que se implantó en las escuelas, para pasar a ser de escuelas de periodismo a escuelas de comunicación social "porque salen puros híbridos". Dos años de supuesto perfeccionamiento no es suficiente para hacer un periodista, añade. Los estudiantes se convierten en toderos: un poco de publicistas, un poco de directores de TV, de productores, pero no son profesionales en nada. Pienso que hay que producir reformas y volver a las escuelas de periodismo; cada profesional del periodismo debe tener un alto conocimiento de la cultura universal, de la lengua española, y algo muy importante, debe hablar inglés o francés. No es posible que nuestros periodistas, con honrosas excepciones, no puedan cubrir eventos internacionales porque no entienden ningún idioma diferente al español. Cuando uno ve al periodista de las nuevas generaciones observa que tenemos una especie de caricatura de periodista. Estamos obligados todos a crear consciencia y a mejorar.
MC: Los cambios ya pueden percibirse. Las grandes fusiones de los consorcios informáticos tienden a la concentración del poder informativo y eso no es bueno para la libertad. La red, por ejemplo, ofrece densidad informativa pero en el mecanismo hay un aislamiento. El usuario de la red se concentra en un solo ámbito. La célebre aldea global, planteada por Mac Luhan, se cumplió en lo teórico pero en la práctica no se materializó porque no estamos globalizados en el fondo. Lo que hay es una mayor variedad en la selección de información, el uso de internet se ha vuelto una manía. En la red se encuentra todo el conocimiento, desde los inicios de la humanidad hasta el mismo futuro proyectado. Es impresionante todo lo que allí existe, pero la mayoría que usa la red no lo ve, sino que se dedica a visualizar cosas banales. Los jóvenes pasan una gran parte de su tiempo frente a las computadoras, pero no se instruyen sino que juegan. Según las estadísticas, las páginas más visitadas de la INTERNET son las de pornografía, los juegos electrónicos, los deportes, las páginas de comercio y los horóscopos esa es la realidad. VA: Pero, ¿qué va a pasar con los medios de comunicación tradicionales? MA: Los jóvenes no son lectores, los clientes de los medios impresos son personas mayores de 40 años. Eso crea una incertidumbre sobre el futuro de los medios y del periodismo impreso, especialmente el de análisis. El New York Times, por ejemplo, mantiene sus lectores pero las edades de esos lectores son mayores de 40 años, porque a los jóvenes no les gusta leer, y eso no es exclusivo de Venezuela sino de todo el mundo. El periodismo de la WEB, a pesar de sus innovaciones, también puede correr el mismo riesgo que los impresos, porque los ciberlectores, con excepción de los investigadores, prefieren lo banal, lo ligero, ante el análisis, la mayoría rechaza los materiales densos, hay como un rechazo a la documentación. En Venezuela, tanto los lectores como los periodistas sufren de una falta de memoria impresionante. Durante la campaña electoral había muchos elementos para el análisis que fueron ignorados por los periodistas. Las semejanzas entre el discurso de Rafael Caldera, cuando era candidato, y el discurso de Chávez son impresionantes; son prácticamente iguales, Hay referencias hemerográficas que permiten hacer trabajos sobre ese tema. Ya nadie se acuerda que Caldera llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción. Eso era digno de investigarse pero, lamentablemente, los periodistas no investigan ni indagan. Periodismo Generalizador del siglo XXI En el siglo XXI, Marta Colomina piensa que se consolidará la tendencia del periodismo generalizador. "El formato que se conoce hoy, va a ir desapareciendo para darle paso a un estilo de síntesis". --La información será cada vez más resumida y abundante en cada rubro para satisfacer las demandas de los usuarios. En los medios tradicionales, se llegará a la era de las audiencias, la idea de la opinión pública irá desapareciendo para pasar a esa especie de referéndum plebiscitario constante, donde no hay esencia en el debate. Las transformaciones nos están llevando a una seudo opinión pública, aclamatoria, que acepta lo que dicen y eso es muy lamentable. No comulgo con el periodismo de denuncia VA: Mucha gente dice que a través de sus artículos de opinión del Diario El Universal contribuyó a bajar a Irene Sáez del primer lugar de las encuestas ¿Piensa que el periodismo de opinión es capaz de convencer a los lectores y hacerles cambiar su opinión? MC: No. El periodismo de opinión sólo puede incitar al debate. Los artículos que escribí en El Universal sobre el discurso de Irene, por ejemplo, fueron buenos para la democracia porque sometieron a discusión la carencia de ideas en un discurso político. Las críticas que le hice suscitaron el debate, el intercambio de ideas para romper con la opinión pública aclamatoria, que aplaudía a Irene sin saber por qué. Igualmente, los artículos que hablaban sobre Henrique Salas y Hugo Chávez Frías no buscaban convencer a la gente, era mi opinión. Nunca hice mención de las debilidades de la vida privada de cada quién, porque eso no me interesa. Siempre me refiero a lo público, no me gusta el periodismo de denuncia y el chisme. Yo no comulgo con esas ideas. Siempre que haya algo público que someter a debate yo estaré dispuesta a prestar mi pluma, las críticas siempre serán basadas en las ideas y nunca en lo banal. VA: ¿Hugo Chávez la convenció definitivamente? MC: No. No estoy convencida para nada, aunque debo confesarle que estoy sorprendida por el tono conciliador que ha usado de Hugo Chávez desde que quedó electo Presidente. Ese mecanismo es beneficioso para el país, y soy de las que piensa que a todo lo que beneficie a Venezuela hay que ayudarlo. Ahora bien, no crea que seremos complacientes. Estaremos atentos y vigilantes a lo que haga para salir a debatirlo públicamente. Por ahora, hay que darle la oportunidad para que empiece a gobernar. No sería justo empezarlo a atacar y hacerle una oposición férrea desde el principio. El país está viviendo una aguda crisis económica y merece una tregua. A Chávez le llegó la hora de hacer. Hay grandes expectativas en la masa y nunca aclaró cómo iba a cumplir las promesas en tan poco tiempo. Ojalá y el pueblo tenga paciencia para esperar los cambios. Anhelo que los líderes de la oposición trabajen coherentemente. Proyecto Venezuela debe organizarse como un partido, mientras que AD y Copei deben renovarse y recuperar la función de intermediarios entre la sociedad y el poder. Si todos hacen lo que tienen que hacer podemos superar este escollo histórico y construir un futuro mejor. FIN |
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