La conversión de deuda en inversión ¿Una idea vieja pero viable?

María Inés Fernandez

Entre los planteamientos expresados dentro del marco de la política económica del próximo gobierno se ha mencionado la conversión de deuda en inversión. Este mecanismo ya se había planteado anteriormente no sólo en Venezuela sino también en varios países latinoamericanos. La idea general del mismo consiste en intercambiar deuda externa por inversiones en Venezuela, presentando ventajas claras tanto para el inversionista como para el Estado venezolano:

El inversionista adquiere la deuda externa a precios que se ubican alrededor del 60% del valor par del título, lo que representa una ganancia de capital ya que el gobierno reconocería esa deuda a un valor inferior al 100% pero superior al 60%.

El Estado pagaría por la deuda externa en bolívares, o, en caso de tratarse de una privatización, en forma de empresas que actualmente operan en forma ineficiente.

Aumenta la inversión en el área productiva nacional, impulsando el crecimiento económico y el empleo.

Existen dos mecanismos que el Estado podría utilizar a la hora de la conversión. El primero consiste en abrir un cupo por la cantidad que se tiene intención de convertir y posteriormente realiza una subasta. El segundo consiste en establecer un precio para la conversión.

Este mecanismo se puso en práctica a partir de 1985 en Chile y posteriormente en Argentina, Brasil, México, Uruguay y Venezuela. El monto total de la deuda convertida por esta vía en inversión no alcanzó los US$100 millardos lo que representa menos de una cuarta parte de la deuda externa latinoamericana, siendo sólo medianamente representativo en Chile en términos del total de su deuda.

Estos resultados son desalentadores para cualquiera que proponga este mecanismo como vía para reducir la deuda externa y/o aumentar la inversión. Entre las causas señaladas para explicar estos pobres resultados se han esgrimido las siguientes:

Aumenta la participación extranjera en las compañías locales. Este argumento podía ser válido en el entorno económico de la década de los ochenta pero hoy en día ha perdido mucha vigencia, ya que se ha reconocido que la inversión extranjera puede ser un medio para obtener un crecimiento económico sostenido y un aumento del bienestar de la población.

Frena la entrada de dinero fresco. Si por la vía de la conversión de deuda se realizan inversiones que podrían interesar a inversionistas extranjeros, es menos factible que los mismos inviertan recursos directamente. Sin embargo, este mecanismo puede hacer más atractiva ciertas inversiones que se consideren estratégicas.

Presiones inflacionarias. Esta es la explicación generalmente utilizada, sin ser por ello completamente válida. Las presiones inflacionarias se producirían por la nueva emisión de bolívares que emitiría el Banco Central para pagar dicha deuda en moneda local. Sin embargo esa emisión de bolívares sería muy semejante a la que se produce cuando el mismo inversionista extranjero trae sus divisas a Venezuela y le son cambiadas por bolívares. El Banco Central debe tener una política en la cual tenga claro cual es el nivel de liquidez monetaria aceptable para la economía y mantenerla en ese nivel, a pesar del proceso de conversión de deuda, por medio de los diferentes mecanismos que tiene a su disposición. En este aspecto se puede añadir además que las actuales emisiones de Títulos de Estabilización Monetaria son más inflacionarias que cualquier política de conversión de deuda y al mismo tiempo en lugar de aumentar la inversión productiva la coarta.

Específicamente en el caso venezolano hubo varios decretos que regularon la conversión de deuda en inversión, entre abril de 1989 y mayo 1995, en los cuales se regulaba el tipo de inversionista que tenía acceso al proceso (nacional o extranjero), los cupos disponibles para cada accionista, el mecanismo de asignación (directa o subastas) y los sectores a los que debía dirigirse la inversión (petroquímica, pulpa y papel, aluminio, turismo e infraestructura). La principal razón del fracaso de este proceso a principios de la década fue la restricción sólo a megaproyectos que al final nunca se llevaron a cabo. La siguiente razón en importancia fue la falta de información sobre el mismo lo que conllevó a que fuera pobremente llevado a cabo.

La conversión de deuda en inversión parece una buena idea para impulsar ésta dentro del país en las áreas menos atractivas, aquellas en las que, como en el caso del aluminio, los inversionistas están reacios a invertir. En caso de intentarse de nuevo este procedimiento es importante que se tomen en cuenta las razones por las cuales fracasó cuando fue implementado de manera de subsanar las fallas y efectos negativos que podría traer consigo.



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