Dios y el mercado

José Luis Cordeiro
Autor de "Benesuela"

El desafío de la miseria es de tal magnitud
que para superarlo hay que recurrir a fondo al dinamismo
y a la creatividad de la empresa privada,
a toda su potencial eficacia,
a su capacidad de asignación eficiente de los recursos
y a la plenitud de sus energías renovadoras.

Papa Juan Pablo II, 1987

Hay ciertos principios económicos fundamentales que son básicos para el desarrollo de todas las sociedades, uno es el derecho de la propiedad privada y otro es la ley de la oferta y la demanda dentro de un mercado libre y competitivo. Cuando esos principios económicos son violados, usualmente por el Estado, las sociedades no pueden progresar pues se profanan características básicas de la misma naturaleza humana.

UN DERECHO FUNDAMENTAL: LA PROPIEDAD PRIVADA

Las tres grandes religiones monoteístas (el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam) basan muchas de sus creencias en un conjunto de principios usualmente conocidos como los Diez Mandamientos originales. Dos de esos mandamientos reivindican la importancia de la propiedad privada cuando exclaman que no hay que codiciar ni robar lo ajeno.

La propiedad privada es uno de los fundamentos cristianos de la sociedad terrenal. Los seres humanos tienen el derecho de poseer bienes materiales y decidir personalmente su uso y destino. Cuando se dice que es más difícil "para un rico entrar al cielo que para un camello pasar por el ojo de una aguja", se hace referencia a que cada ser humano es quien determina que hacer con sus bienes, no que éstos no deben ser suyos. Precisamente, son los individuos quienes a través de su libre albedrío deciden que hacen con sus vidas y sus bienes.

Desde las sociedades más antiguas se ha visto la importancia de la propiedad privada en el desarrollo de los pueblos. El premio Nobel de Economía de 1994, Douglass North, durante su visita a Venezuela en 1995, hizo énfasis en que la primera "revolución económica" ocurrió en tiempos prehistóricos del neolítico cuando los seres humanos reivindicaron sus derechos privados y así comenzó la agricultura. Según North, la propiedad privada fue el motor de la revolución agrícola, pues los individuos demarcaron claramente áreas propias donde podían desarrollar su actividad económica. Entonces, el paso de sociedades nómadas a sedentarias se debe, en gran parte, a la definición de la propiedad privada de los individuos y grupos familiares.

La propiedad privada también estuvo ligada a otra gran revolución económica mucho más reciente: la revolución industrial. En los siglos XVII y XVIII algunos países europeos reforzaron el concepto de propiedad privada individual; así permitieron que cualquier persona pudiera patentar sus ideas y usar su capital financiero e intelectual para desarrollar nuevos bienes y servicios.

En el mismo desarrollo humano también se puede apreciar la importancia que la propiedad privada juega en los individuos. Desde la más temprana edad los niños pequeños identifican sus "padres" y hasta sus "juguetes". A medida que crecen van exigiendo más independencia y reivindican aún más sus posesiones, tanto materiales como de cualquier tipo, que luego pueden intercambiar de acuerdo a sus valores. Así nacen en el individuo tanto el concepto de propiedad privada como el de intercambio económico.

La propiedad privada pareciera ser una característica fundamental de la vida misma. Además de los seres humanos, las plantas y animales también tienen formas de delimitar lo que es "suyo". En el reino vegetal se observan plantas que "demarcan" tierras con sus raíces o "acaparan" fuentes de luz con sus hojas. En el reino animal no son raros los casos de animales que delimitan sus propiedades privadas con gestos de todo tipo, desde la orina hasta los chillidos. Muchos biólogos hablan de que las diferentes formas de vida requieren de su "propiedad privada" para desarrollarse.

Los seres humanos han dejado por escrito los logros conseguidos respecto al principio de la propiedad privada, desde los tiempos del Código de Hammurabi hasta nuestros días. Es así como la Declaración Humana de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, firmada en París durante 1789, expresa:

Los representantes del pueblo ... considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son la única causa de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre ... siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella.

Crónica de una muerte anunciada: El Socialismo

A finales del siglo XIX se popularizaron en Europa muchas de las ideas socialistas del revolucionario alemán Karl Marx. Aunque Marx había muerto en 1883, sus conceptos sobre la lucha de clases y la eliminación de la propiedad privada seguían extendiéndose por el viejo continente. En 1891 el Papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum (Reino Nuevo) donde condena el socialismo y, prácticamente, vaticina la muerte del sistema:

Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas junto con la miseria de los proletarios) los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada estimando mejor que, en su lugar todos los bienes sean comunes ... pero esa teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es además injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba fundamentalmente todo el orden social.

Cien años después de esas proféticas palabras el marxismo se derrumbó estrepitosamente por toda Europa. Para celebrar el centenario de la visionaria Rerum Novarum, el Papa Juan Pablo II publicó en 1991 la encíclica Centesimus Annus, donde explica:

El marxismo ha criticado las sociedades burguesas y capitalistas, reprochándoles la mecanización y la alienación de la existencia humana. Ciertamente, este reproche está basado sobre una concepción equivocada e inadecuada de la alienación, según la cual ésta depende únicamente de la esfera de las relaciones de producción y propiedad, esto, atribuyéndole un fundamento materialista y negando, además, la legitimidad y la positividad de las relaciones de mercado incluso en su propio ámbito. El marxismo acaba afirmando así que sólo en una sociedad de tipo colectivista podría erradicarse la alienación. Ahora bien, la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alineación, sino que más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia económica.

Esas palabras son bien importantes proviniendo de un Papa polaco que vivió bajó el desastre socialista y estatista de su propio país. Juan Pablo II hace continua referencia a la propiedad privada y dice que "el Estado no puede prohibir su formación", porque "el Estado debe tutelar los derechos naturales, no destruirlos".

Muchas de las teorías socialistas han llegado a Latinoamérica bajo la forma religiosa de la Teología de la Liberación. Paradójicamente, el socialismo es una ideología anticristiana y netamente materialista. Otros marxismos locales como el Sendero Luminoso en Perú han sido todavía peores y son la prescripción para un mundo antiespiritual y anárquico. A pesar de todas estas contradicciones, las ideas socialistas no terminan de morir en Latinoamérica, aún después que el muro de Berlín se desplomó y que hasta la China "popular" también abandonó formalmente el comunismo económico. El socialismo, sin embargo, parece vivir en las sociedades más retrasadas y menos libres de una idolatría similar a la del Estado. Como dicen ahora los chinos: "¡El comunismo ha muerto, viva el comunismo!"

La ley de la oferta y la demanda

La propiedad privada va unida al otro de los principios básicos del desarrollo económico: la ley de la oferta y la demanda en un mercado libre y competitivo. Obviamente, no todos podemos producir y tener de todo, por eso es necesario intercambiar. El libre intercambio nace como la forma más eficiente de distribuir recursos escasos en un mercado que funciona bajo la ley de la oferta y la demanda de bienes y servicios.

El Papa Juan Pablo II expresa el papel del mercado y del Estado dentro de la economía en su encíclica Centesimus Annus:

Ciertamente, los mecanismos de mercado ofrecen ventajas seguras; ayudan entre otras cosas a utilizar mejor los recursos; favorecen el intercambio de los productos y, sobre todo, dan la primacía a la voluntad y a las preferencias de la persona, que, en el contrato, se confrontan con las de otras personas ...

Estas consideraciones generales se reflejan también sobre el papel del Estado en el sector de la economía. La actividad económica de mercado no puede desenvolverse en medio de un vacío institucional, jurídico y político. Por el contrario, supone una seguridad que garantiza la libertad individual y la propiedad, además de un sistema monetario estable y servicios públicos eficientes. La primera incumbencia del Estado es pues, la de garantizar esa seguridad, de manera que quien trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y, por lo tanto, se sienta estimulado a realizarlo eficiente y honestamente. La falta de seguridad, junto con la corrupción de los poderes públicos y la proliferación de fuentes impropias de enriquecimiento y de beneficios fáciles, basados en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obstáculos principales para el desarrollo y para el orden económico.

También hace referencia el Papa a que no todo puede ser intercambiado como una simple mercancía. Hay bienes que por su naturaleza necesitan de consideraciones éticas y morales. Por otro lado, el papel del Estado también queda claramente definido no como productor de bienes sino como promotor de individuos responsables dentro de una sociedad libre.

Estados que empobrecen

Muchas veces se ha dicho en Venezuela que el Estado quiere tanto a los pobres que cada día crea más y más pobres. La verdad es que el estatismo no sólo desvirtúa y distorsiona la actividad económica sino que además empobrece a los ciudadanos. La encíclica Centesimus Annus añade sobre el intervencionismo estatal:

En los últimos años ha tenido lugar una vasta ampliación de ese tipo de intervención, que ha llegado a constituir en cierto modo un Estado de índole nueva: el "Estado del bienestar". Esta evolución se ha dado en algunos Estados para responder de manera más adecuada a muchas necesidades y carencias tratando de remediar formas de pobreza y de privación indignas de la persona humana. No obstante, no han faltado los excesos y abusos que, especialmente en los años más recientes, han provocado duras críticas a ese Estado del bienestar, calificado como "Estado asistencial". Deficiencias y abusos del mismo derivan de una inadecuada comprensión de los deberes propios del Estado.

Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos. Efectivamente, parece que conoce mejor las necesidades y logra satisfacerlas de modo más adecuado quien está próximo a ellas o quien está cerca del necesitado

De lo anterior se deriva que el Estado no debe interferir ni participar en las actividades que no le competen y que además debe dejar a los ciudadanos que resuelvan sus problemas al nivel que les compete. Los Estados no están para hacer caridades ni distribuciones mal entendidas. En Venezuela ya no necesitamos más ayudas de las que empobrecen.

Más allá de los nombres

Independientemente de cómo se llamen los sistemas económicos, éstos deben cumplir con ciertos requisitos prioritarios para ayudar realmente a las sociedades, el mismo Papa explica:

¿Se puede decir quizás que, después de fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de construir su economía y su sociedad? ¿Es quizás este el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?

La respuesta obviamente es compleja. Si por "capitalismo" se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, el mercado, la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva, aunque quizás sería más apropiado hablar de economía de empresa", "economía de mercado", o simplemente de "economía libre". Pero si por "capitalismo" se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.

La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo ...

Más allá de los nombres, hay principios económicos que funcionan o no funcionan. Lo importante es saber qué es lo que sirve y no cómo se llama. En ese sentido el Papa no propone ningún modelo o programa específico sino principios generales de aplicabilidad universal:

La iglesia no tiene modelos para proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afronten los problemas concretos en todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que se relacionan entre sí. Para este objetivo la iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual –como queda dicho– reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común.¡

¿Qué funciona y que no funciona?

La evolución del conocimiento humano ha permitido ir descubriendo leyes en todos los campos del saber y con aplicabilidad universal. Así aparecieron la ley conmutativa para la suma en matemáticas, la ley de gravedad en física y la ley de la conservación de la masa en química.

La economía, como las matemáticas, física y química, también tiene sus leyes que no pueden ser violadas sin resultados nefastos. Muy alto en la escala económica se encuentran la ley de la oferta y la demanda y el principio de la propiedad privada. Adicionalmente, existen una serie de axiomas básicos de la economía y con aplicación universal. Axioma, según el diccionario, significa "principio o sentencia tan claro que no necesita explicación". Sin embargo, muchos "estatistas" parecieran no entender ni los axiomas más básicos de la economía. El cuadro anexo identifica varios de los axiomas económico-político-sociales de mayor relevancia en una economía moderna. Esos axiomas van, por ejemplo, desde conocidos hechos de la vida cotidiana como "más burócratas, menos trabajadores productivos" hasta conceptos más sutiles como "flexibilidad en los despidos, más empleos".

Cuadro: Axiomas económico-político-sociales fundamentales

• Mayor gasto público, menor inversión privada.

• Altos impuestos, bajo crecimiento.
• Más burócratas, menos trabajadores productivos.
• Mayor inversión pública, menor ahorro privado.
• Más prohibiciones y reglamentos, mayor corrupción.
• Leyes complejas, menor productividad empresarial.
• Altas cuotas de seguro social, baja creación de empleos.
• Mayor gasto social del gobierno, menor gasto familiar.
• Subsidios a productos básicos, corrupción de mercados.
• Violencia política, salida de capitales.
• Mayor incertidumbre, alza de intereses.
• Bajos impuestos, mayor ahorro interno.
• Respeto a la propiedad, inversiones a largo plazo.
• Educación gratuita, poca calidad y desperdicio.
• Menor gasto público, mayor crecimiento.
• Flexibilidad en los despidos, más empleos.
• Déficit presupuestal, inflación o endeudamiento.
• Leyes simples y claras, mayor eficiencia empresarial.
• Expectativas optimistas, mayor inversión extranjera.
• Estabilidad política, menores tasas de interés.

Fuente: Basado en L. Pazos

La idolatría del Estado ha traído grandes presiones de parte de los nuevos dioses (léase los políticos) por violar las leyes y axiomas económicos. Pero al igual que Apolo y Zeus sólo podían violar la ley de gravedad en la imaginación de los plebeyos, los políticos sólo pueden violar la ley de la oferta y la demanda en la imaginación desesperada de un pueblo engañado.

Otra de las leyes más ignoradas por los gobiernos estatistas y populistas es la ley del gasto público. Aunque cualquier jefe de familia sabe que no puede indefinidamente gastar más de lo que gana, los gobernantes públicos oportunistas parecen siempre olvidarse de una ley tan elemental. Pero a diferencia de un jefe de familia, el Estado puede imprimir dinero sin fondos y así defraudar a toda la nación. El resultado inmediato de violar la ley del gasto público es la inflación, que siempre es el impuesto más diabólico, injusto y regresivo para la población. Ese, sin embargo, podría ser el tópico de otro libro.

La experiencia mundial del socialismo y del mercado

Las ideas pueden parecer funcionar en la teoría. El problema es cuando no funcionan en la práctica. Ese es el caso del socialismo que pretendía eliminar la propiedad privada y, por lo tanto, atentaba contra uno de los principios básicos de la misma naturaleza humana.

El fracaso del socialismo ha sido rotundo en todo el mundo. Varias décadas del experimento socialista han llevado a la pobreza a millones de seres humanos en todos los continentes. El colapso del sistema socialista con la caída del Muro de Berlín deja ver la tragedia resultante de esa nefasta experiencia. El caso más ilustrativo quizás sea el de varios países hermanos que fueron divididos en dos a consecuencia de diferentes sistemas económicos. Las dos Alemanias, las dos Coreas, las dos Chinas, o las naciones hermanas de Austria-Hungría, Tanzania-Kenia y Cuba-Puerto Rico son ejemplos indiscutibles de la desilusión y ruina total del socialismo.

Las dos Alemanias partieron de condiciones similares en 1950 al haberse creado dos naciones independientes en 1948 a consecuencia de la ocupación aliada del Tercer Reich después de la Segunda Guerra Mundial. En 40 años la Alemania Occidental libre creció enormemente mientras que la Alemania Oriental socialista ni siquiera alcanzó la mitad del nivel económico de su hermana occidental; a pesar que Alemania Oriental era antes la zona rica e industrial alemana por excelencia y Alemania Occidental correspondía a la zona más pobre y agrícola. Algo similar, pero todavía peor, ocurrió entre Hungría socialista y Austria capitalista. Ambas eran mitades del antiguo imperio Habsburgo de Austria-Hungría y, aunque no eran precisamente "hermanas", habían permanecido juntas por siglos y la mayoría de los húngaros hablaban también alemán. Para 1990 Austria había demostrado absolutamente la superioridad de su sistema frente al de Hungría.

El comunismo en Asia fracasó aún más rotundamente que en Europa. Las experiencias opuestas de China comunista (hasta su reciente intento de conversión al mercado) y China nacionalista, Taiwán, son impresionantes. En 40 años Taiwán sobrepasó económicamente casi por 20 veces a su hermana mayor. Igual se podría decir de Corea del Norte comunista y Corea del Sur capitalista. El gran éxito de Corea del Sur es evidente frente al enorme fracaso de Corea del Norte. (El mismo resultado también se observaba entre Vietnam del Norte comunista y Vietnam del Sur capitalista hasta la conquista militar del Sur por el Norte. Aún hoy se puede ver como la Ciudad de Ho Chi Minh, antigua Saigón y capital del Sur, es más rica que Hanoi, antigua capital del Norte comunista y actual capital de Vietnam unificado. Afortunadamente para los vietnamitas, el gobierno actual está iniciando reformas de libre mercado y su propia "reestructuración" económica para abandonar el comunismo y poner el "marxismo en la tumba".)

El ejemplo más interesante en Latinoamérica es la desigual evolución de una Cuba comunista y un Puerto Rico capitalista y abierto al libre mercado e inversión. A pesar que los cubanos eran más de 10% más ricos que los portorriqueños en 1950, cuando Cuba era considerada la "perla" del Caribe, la situación cambió radicalmente 40 años después, innegablemente para detrimento de Cuba. Por último, para mostrar que el fracaso socialista fue un hecho universal, el ejemplo de Tanzania socialista y Kenia capitalista demuestra lo sucedido similarmente en África. Tanzania y Kenia fueron las colonias británicas "hermanas" de África del Este hasta sus independencias en 1961 y 1963, respectivamente; sin embargo, en 1967 Tanzania decidió seguir una línea socialista mientras que Kenia siguió con un sistema económico más abierto y de mercado. En 1990 los resultados eran claros y Tanzania, que era más rica que Kenia en 1950, terminó mucho peor que su vecina no socialista.

Todos los ejemplos anteriores fueron escogidos de países prácticamente hermanos, con la misma raza, la misma religión, el mismo idioma, la misma historia, la misma cultura y hasta el mismo clima. También se escogieron ejemplos en cuatro continentes, África, Asia, Europa y Latinoamérica, para demostrar que las causas del desarrollo son las mismas en cualquier parte del mundo. De esa manera se puede ver (a pesar de lo que muchos "expertos" habían dicho con anterioridad) que no son la raza, la religión, el idioma, la historia, la cultura o el clima las causas del desarrollo o del subdesarrollo. No hay razas superiores o inferiores, tampoco hay culturas superiores o inferiores, lo que si hay son sistemas económico-político-sociales inferiores. Y el socialismo estatizante es uno de esos sistemas inferiores, de hecho, es uno de los peores sistemas jamás ensayados en toda la historia humana.

Al igual que el socialismo hizo "crecer pobres" a los países donde fue instaurado, el estatismo venezolano está haciendo "crecer pobre" a Venezuela. Nuestro país no es pobre por su raza, religión, idioma, historia, cultura o clima. Nuestro país es pobre por el terrible sistema socialista "disfrazado" que tenemos.

E-Mail: www.eud.com/lecturas/cordeiro.htm
Cordeiro@eud.com



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