| Cinco referencias históricas Luis Barragán
La sublevación del 18 de Julio de 1936 contra la república española, finalmente capitalizada por Franco, ofrece la oportunidad de aproximarnos a uno de sus más notables defensores en este lado del mundo: Germán Borregales. Una muestra de su obra, principalmente conformada por sus encendidos artículos de prensa, nos permite deducir la existencia de una peculiar corriente reaccionaria y sugerir su extinción o debilitamiento en el contexto populista venezolano. Borregales, nacido en Coro el 28 de Mayo de 1909 y muerto en Caracas el 2 de Febrero de 1984, ocupó un modesto pero llamativo espacio en nuestra agenda política, cuyos trazos más gruesos pertenecen a la etapa del derrocamiento de Gallegos en la que fue un terrible polemista bajo el seudónimo de "Mister X". Conocido por un anticomunismo militante y fervoroso, resurgió en 1958 cuando eran otros los actores que pugnaban por copar la escena frente a los líderes consagrados. Candidato presidencial en más de una ocasión, alcanzó la ansiada curul en 1968 y facilitó numerosas páginas al humorismo local. Fundó el Movimiento de Acción Nacional, refugio del catolicismo preconciliar, reconocido por la célebre consigna de "El MAN salvará a Venezuela", curiosamente en los días en que apareció el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), por 1960. Y, a la postre, su tarea esencial fue la "Fundación Borregales", mediante la cual desarrolló su innata vocación filantrópica. Sin embargo, todavía sorprende la acrobacia teológica de su familiaridad con seres extraterrestres dispuestos a defender el patrimonio de Jesucristo (por ejemplo, Ultimas Noticias, 28 y 29/11/76). La ultraconspiración Borregales vio en la segunda república española, ultimada en 1939 tras la pavorosa guerra civil, un atentado contra las instituciones imbuidas de la contrarreforma que hizo grande e imperial al país de naciones que vino a América y en la que, a su modo de ver, confluyen y se dan la mano los Reyes Católicos, los tercios valientes y los nobles requetés del "carlismo intrépido y cristiano", José Antonio y los "falangistas heroicos y misioneros", las mujeres "bravías como su Catámbrico" (SIC), el Cid y Santiago, Vásquez de Mella, Menéndez Pelayo y Balmes, según expresara en "Franco, tres años después o la felonía de un Rey" (1978). Y, al igual que Eduardo Comín, percibió la amenaza simultánea del liberalismo, el anarquismo, el krausismo, la masonería, con la institución del jurado, la separación Iglesia-Estado, el matrimonio civil, la legitimación de los hijos naturales, la libertad de conciencia, como frutos de los principios de la Gran Logia, la que incluía a los "invertidos" de acuerdo a su libro "Copei, hoy, una negación". En una confusa parentela, afirmará que la masonería y el liberalismo son los padres del comunismo. "hermanos gemelos, pero nacidos en distinto tiempo en un parto del infierno contra la Iglesia Católica", en estrecho maridaje con el judaísmo y protestantismo. Concibe que "el hecho histórico de la mal llamada Guerra Civil española, fue el primer episodio de una conspiración vertebrada" que "se proyecta hasta nuestros días" y cuyo eje y motor es la masonería. Como ha dicho en alguna parte Javier Tusell, la obsesión antimasónica tal jerarquía que hizo necesaria la creación de un organismo que se especializara en la cacería de reales e imaginarios masones, sobre los cuales Franco se hizo un erudito, imponiendo una "visión conspiratorial de la historia". Y es que siendo la masonería una "Institución de la Maldad", se vale de los concursos de belleza, los centros deportivos, las universidades laicas, las películas inmorales, la importación de prostitutas, los muñequitos infantiles (SIC), configurando "una gigantesca conspiración contra los sagrados intereses de la Cristiandad", dirá Borregales en "Así es la Masonería". Pero es el anticomunismo el que le concederá un espacio político más concreto en Venezuela que sus afanes antimasónicos, proclamando que "debemos ser dignos de nuestra ideología cristiana", muy diferente a la de los sacerdotes comunistas y la de los anticomunistas que pelearon en Indochina por dinero mientras en España lo hicieron por Dios y la Patria ( "La república sacrílega" de 1944 y Ultimas Noticias, 18/07/75). Respecto al 18 de Julio de 1936, dirá que "el mundo de entonces no comprendió el alcance de aquel suceso, ni de sus proyecciones", pues "se declaró la guerra al enemigo de la Cultura de Occidente antes que no fuera tarde e inútil" (Ultimas Noticias, 19/07/79). Y es que "el genio y la espada del General Franco", en cuya mente Dios planificó "la conducción de las batallas y el día y la hora de la Victoria", se anticipó a los tiempos. Y, "a 43 años de aquel Alzamiento Providencial", agregará, "pudo ver en España la imagen nítida de la postguerra". Concluye que España enseñó "las rutas que deberían seguir los pueblos libres en la lucha por la libertad ... lo que hizo Franco ... deben hacerlo todos los militares que vean sus países amenazados por la anti-patria", ya que "en vida, unió a sus fuerzas armadas" y fue "el más apto y de mayores méritos militares, morales ... valiente estratega consumado". Extemporaneidad de una posición En un interesante trabajo, Luis Cipriano Rodríguez incluye a Borregales en las filas de un anticomunismo de "centro" que no pretendió reforzar el gomecismo cada vez más diluído sino a través del Plan Trienal y la Ley del Trabajo- ensanchar la transición hacia un orden democrático-burgués. No obstante, podemos observar que, en la década de los sesenta, al anunciarse en forma tan vaga la "ideología anticomunista", afín a la coalición populista oxigenada por la renta petrolera, podríamos hablar de un anticomunismo doctrinario o de principios que no advierte la exactitud de su "proyecto histórico" frente a otra modalidad representada por quienes no deseaban perder sus privilegios, en el encabalgamiento de las demandas lanzadas al sistema con un desinhibido carácter utilitario. Borregales afirmó que toda la gente de la UNE apoyó el levantamiento franquista. ¿Acaso pretendió la construcción de un Estado Nacional-Sindicalista, totalitario, imperialista y ético-misional como caracterizara Carlos Rama al régimen que se impuso en España?. ¿El heroísmo y la santidad de los mejores frente a un Estado Corporativo?. ¿En Venezuela el conflicto religioso no tuvo sus más altos decibeles durante el guzmanato?. Por lo pronto, las posturas de Borregales, resultantes de las exageradas simplificaciones de su época de iniciación política, no se tradujeron a la realidad venezolana mediante un discurso y una acción sólida, eficaz y convincente. Vocacionalmente reaccionario, no provocó crisis o tensiones en el sistema político aunque resaltara el heroísmo providencial que ejemplificó con Anastasio Somoza y estuvo ausente en Medina Angarita y Fulgencio Batista (Ultimas Noticias, 05/07/79). La movilización que pretendió, a la par de darle unas cuotas marginales de poder, puso en evidencia a otros sectores que -nominalmente reaccionarios- obtuvieron mayores y/o mejores dividendos políticos. Al seguir la pista de Manuel Caballero ( "La Internacional Comunista y América Latina"), Jesús Sanoja Hernández (El Nacional, 26/08/79) o Víctor Sanz (Tierra Firme, nr. 4 de 1983), por ejemplo, constatamos la importancia que tuvo la guerra civil española en nuestro país pero no logramos colegir que su influencia haya sido tan virulenta, auspiciando un fanático sectarismo en los que se produjo de tal forma que sobreviviera como un factor de deslinde al principiar los años sesenta. Ya el escenario de balance de poder había dado paso a la bipolaridad, con una mínima incidencia de los conflictos culturales y religiosos en el marco internacional: el anticomunismo se hará defensa de la libertad y de la democracia. Evaporados los viejos mitos y prejuicios, grupos y lealtades como los vínculos sociales y psicológicos del medio rural ante la fuerza irresistible del proceso urbanizador, se evidencia una predisposición favorable al régimen capitaneado, paradójicamente, por el antiguo comunista Betancourt. La experiencia democrática que arranca en 1958, al "despersonalizar el debate político", logra recursos de equilibrio que obligan a una relación de mutua transformación de los actores. Borregales atacará el Pacto de Punto Fijo y propondrá luego, en 1963, un acuerdo semejante, haciendo esfuerzos por obtener el escaño parlamentario y síntomas de un "populismo reaccionario" bajo la promesa de que será "un Presidente viajando en autobús, recorriendo sólo los caminos de Venezuela y luciendo en su stadium su franela de viejo magallanero" (Elite, 10/11/68). En su programa de gobierno incluye la creación del Ministerio de los Pobres, la supresión del peaje para los carros de alquiler y la disposición de dispensarios médicos gratuitos promovidos por el partido. La posición de Borregales inevitablemente contrasta con el anticomunismo utilitario y oportunista. Valga el ejemplo de Hermógenes López: varias veces parlamentario gracias a los grandes partidos, tildó a Luis Herrera Campins de "muy izquierdista" por hablar mal de los gobiernos de Videla y Pinochet, con el cuidado de aclarar que "si el Congreso Presidencial de COPEI aprueba su nominación, no me quedará más remedio que respaldarlo" (El Universal, 14/12/76). Aquél mantuvo su devoción por la España Eterna hasta abrevar en las aguas del fascista Frente Nacional de Blas Piñar, sin que inmediatamente dijera algo cuando el Tte. Cnel. Antonio Tejero asaltara el Congreso en 1981. El itinerario de una fuerza reaccionaria como la representada por Borregales, a propósito de la felonía franquista de 1936, fondeada en la Iglesia preconciliar, debilitada o extinguida por el régimen populista, sugiera la posibilidad de una súbita reaparición como consecuencia del proceso de modernización pendiente. E, incluso, el eventual éxito de demandas que se afinquen en la cuestión religiosa como medio indirecto de expresión de otras demandas, en razón del índice de divorcios, el uso de anticonceptivos, la paternidad irresponsable, la legalización del aborto o la invasión de sectas fundamentalistas. El betancurismo de Sosa ¿ Descendió el polvo de los caminos?. Arturo Sosa ha publicado (A) "Rómulo Betancourt y el Partido Mínimo (1935-1937)" y (B) "Rómulo Betancourt y el Partido del Pueblo (1937-1941)", siguiendo el rastro de una experiencia distante y cercana a la vez. El (activo) jesuita (activista) inscribe sus indagaciones en el marco de la historia de las ideas, "dimensión iluminadora y poco trabajada dentro de las ciencias políticas venezolanas" (A:19) o "mejor, Historia Intelectual de Venezuela" (B:32), asumiendo la complejidad de la acción política tan bien sustentada en el lenguaje y en las ideas: por un lado, resalta el deslinde terminológico con el PCV (B:268,293); y, por el otro, la aplicación del "método de producción dialéctica" que permitió superar la edad en la que todos "vasconceliábamos" (B. 238, 328). El interés histórico Una realidad que permite explorar las raíces del proceso actual para inferir su nivel de legitimidad (B: 447 s.), aprovechando los instrumentos politológicos que, a la par de moler los datos históricos, aseguran una mayor claridad y precisión metodológica y sirva como ejemplo las fuentes chilenas para establecer la paridad cambiaria (B. 144). Abordaje que ayuda a predecir el curso del PDN (B:72), siendo el partido un tema ineludible en el tratamiento histórico (A:9). Ahora bien, Sosa avista la originalidad organizacional del PDN y sus filones leninista-tayloristas, arribando a la idea de Partrido del Pueblo en el cuadro de una sugerente relación de lo personal y de lo colectivo (A: 29, 71, 91, 96; B: 235, 249, 447, 460). No obstante, predomina el interés histórico por encima del politológico, su herramienta esencial, ya que el tratamiento de posibles categorías como el "orvismo" (A:33, 45) pospone la caracterización de la organización al admitir la necesidad de profundizar en el modelo leninista (B: 463s.). El camino del aprendizaje Resultan importantes los escenarios personales (políticos, familiares, amistosos) para superar los esquemas tradicionales, acaso panfletarios. El PDN resulta del profundo aprendizaje humano, intelectual y político, del cambio de percepciones en relación a los hechos y actores, impulsando el diálogo y la negociación, la flexibilidad y la madurez (B:22, 447, 468) que décadas más tarde dará frutos. Al contrariar ciertas versiones en boga, la dirigencia opositora de entonces se esforzó por controlar la realidad, intentando superar el mito de la complejidad del negocio petrolero (B:376), aunque se hubiera planteado la nacionalización (B:375). El senador Múñoz, incluso, alegó la incapacidad de los venezolanos para manejar la industria del crudo de acuerdo a la magnífica cronología en buena parte preparada por Patricia Soteldo (B:596). Y, para curiosidad de muchos, hay un espacio de coincidencias programáticas con el gobierno (A:92), inevitable dado el objetivo crecientemente compartido de la modernización a pesar de los obvios matices. La originalidad de los procesos, el esfuerzo de presentar opciones alternativas al positivismo y al comunismo, plantea una "interesante veta de investigación" (B:26). Evidenciamos un trasfondo cultural que tardará en despejarse, esbozada una perspectiva positivista que toma en cuenta el factor racial e ingenuamente apela a José Ingenieros (B: 242, 337, 453). Y surgen los problemas concretos, como el de las primas de exportación (B:76) y la deuda pública (A:20), versionando la modernidad reclamada y la pugna entre las élites que pueden impulsarla (B: 38, 228, 373 o 473). Los rostros del desafío Dos actores, Eleazar López Contreras y Rómulo Betancourt, disputan desigualmente la escena. Estilos y contenidos que dibujan una época harto difícil para el pacífico y convincente relevo político. Ambos se encuentran en la ruta del estadista, uno más adelantado que el otro, en la medida que asumen "la responsabilidad de tomar decisiones desde una visión global de la sociedad", como lo definiera Sosa (B:140). López Contreras logra zafarse de la imagen gomecista (B:79), diseñando una correlación de fuerzas favorable y diferente (B:177) sin que se vea obligado a pactar con la oposición (A:52). Y ésta cuida del componente modernizador oficialista (B:338), en un juego interesantísimo en el que el mandatario emplea artículos anónimos para debatir en la prensa (B: 72, 459). Betancourt es el fundador (A:9), tiene una terca vocación de poder (B:191), está empeñado en comprender la economía (B:119), estimula la especialización de los compañeros (B: 230, 315), aguijonea el debate doctrinario (B:238). El más perseguido por la policía (B:72) y, a la vez, un lector voraz en otras lenguas (B:465), tecleador de artículos y programas que levanta una red propia de corresponsalías (B:51), sin desdeñar el oficio directo de hacer la propaganda (B:139). Logra que lo perciban como un dirigente íntegro y responsable, mientras otros hablan de su actitud intransigente y manipuladora (B: 161). El Betancourt socialista (A: 19, 33, 96) que no tan simplemente dejará de serlo (A: 67,96) en el decantamiento impuesto por las realidades que interpreta. El PDN era también trinchera de tendencias que se esforzaban por el control del poder interno, cuestionado el liderazgo de Betancourt (B: 190 o 392). Un partido que desea llegar a todos los sectores (B: 290, 412), antecediendo al "catch-all-party" ( "recogelotodo"), modelo que actualmente despunta y preocupa tanto a los europeos, y por ello se entiende la táctica misma de promover a sendos fiscales de precios (B:91), sorteando el itinerario errático, a la postre fatal, encarnado por Jóvito Villalba. La urbe política En el extenso trabajo de Sosa encontramos el magnífico paisaje político de la época. Las protestas de febrero de 1936, calculada la movilización en unas 40 mil personas, se dieron en una ciudad de 200 mil habitantes y un mitin en Parque Carabobo reunió a 25 mil prosélitos (A:37,57), obligando a la comparación porcentual respecto a los actos que se realizan hoy. Los gremios activaban sin inhibiciones, incluyendo la iniciativa del Orfeón Lamas (A:36). Los telegramas representaban una vital demostración de apoyos (B:63). Había una espesa capa de prejuicios respecto a la Iglesia, con sus ignoradas interioridades, la que también utilizaba el arma de la excomunión con fines políticos (B: 98,100 o 601). Al lado del articulismo, irrenunciable tribuna política, estaba la falsificación de cartas dirigidas a la prensa (B:72). La unión de las izquierdas también levantaba su edificio mitológico (B:174). Reticencia y corrupción electoral (B: 106, 386) o inquietud política y vida sexual (B:152). La obra histórica de Arturo Sosa, cuyo betancurismo es, al menos, más productivo que el de los obcecados seguidores del guatireño, empleado el bisturí politológico, constituye un extraordinario aporte para la discusión de procesos que aún no son completamente ajenos. Surgen numerosas preguntas sobre el pasado, en torno a la transición del Partido Unico a Partido del Pueblo y del mismo Betancourt de calculador a conciliador, el papel del emblemático Villalba, las FF.AA., la influencia de Valmore Rodríguez, el dinamismo de los medios. Preguntas que fuerzan a una visión del futuro, pero ¿descendió el polvo de los caminos?. El antibetancurismo de Sáez " ... Pero ya es ridículo hablar de Ettore Scola http://www.Lanacioncom/suples/revista/971116/ r-139.htm Impreso en diciembre próximo pasado, está circulando "La cara oculta de Rómulo Betancourt. El proyecto invasor de Venezuela por tropas norteamericanas" (Fondo Editorial Almargen, Caracas). El anticomunismo y el entreguismo vocacional y persistente explican la conducta y supervivencia del exgobernante, según el autor, incluyendo datos y testimonios, observaciones y conceptos dignos de un futuro desarrollo, como el exilio dorado y la distribución de la ayuda recibida del tesoro puertorriqueño a propósito de la dictadura perezjimenista (pp. 107, 338), el "urbanejismo" (15, 20, 23) o el inadvertido olvido adeco del fundador (39). A nuestro modo de ver, hablamos de una generación de militantes acciondemocratistas que hizo la resistencia práctica a la dictadura y chocó traumáticamente con el líder decisivo del partido en los albores de 1958. La revolución, el modelo auspiciado por Muñoz Marín o la reubicación de los cuadros dirigenciales constituyen las pistas de un debate que, inevitablemente, llevó a la ruptura. Y es más evidente la importancia de Sáez Mérida por aquel tiempo, gracias a las fotografías que incluye en el referido libro, hoy caracterizado por un lenguaje de rencor no mitigado, pendiente de las heces que llegan al tope (376), aunque aclara que - al hacer la primera entrega de toda una serie- no pretende decir la última palabra, fungir de juez o presumir de inocente (9). Tampoco emplea la fuente de los adversarios del guatireño, excepto una cita de Domingo Alberto Rangel (11, 351). Contrapone a la historia oficial, aquella que lleva la sangre del conflicto social (9, 59, 108). La asunción peyorativa del anticomunismo Hay una interpretación peyorativa del anticomunismo en Sáez Mérida, cuya asunción es más cercana al panfleto que a la explicación y caracterización de un fenómeno inscrito en el proceso de construcción del populismo en Venezuela, internamente tan variado como el comunismo mismo si aceptamos el dilema que tanta suerte histórica tuvo para los cultores del maniqueismo. Un anticomunismo que luce más patológico o temperamental que contextualizado. Homogéneo que dubitativo. Firme o eficaz que tentativo. Unilateralmente consumado que operacionalmente sometido a distintas pruebas. Para el autor, Rómulo Betancourt se esmeró en el doble lenguaje. Primero comunista y después anticomunista (68s.), señalando que éste es antigüo, denso y estridente (300), aunque pareciera hablar de una repentina, súbita o explosiva conversión afincada en la traición. No repara en el proceso de ruptura que vivió entre 1935 y 1939, el explícito mensaje del abanderado adeco en la campaña de 1958-59 y la alianza con el anticomunismo doctrinario y el coyuntural que ensancha sus "espacios socioculturales", como refiere Luis Cipriano Rodríguez (Tierra Firme, Nr. 43 de 1993). Reforzando su perspectiva, Sáez Mérida pela a la madurez y putrefacción política precoz (75) del indiciado. El autor de marras relaciona el anticomunismo de Betancourt como un karma del converso que no vacila, fibroso, frenético (77); esquizofrénico (69); notorio, fanfarrón, iracundo, fóbico (127); rabioso (129); feroz (227); virueloso (261); desesperado y agónico, combinación perfecta de bilis y convicciones (389). Ubica su originalidad en la virulencia, malderrabia, obsesión maníaca (75). No obstante, es inevitable que le conceda una coherencia derivada de su afán autoritario y de la subordinación a Estados Unidos con su filón anticastrista (129, 227, 272, 389), en el cuadro de la Guerra Fría. En la dispersa tipología que intenta, localiza un anticomunismo energúmeno, el que cree que Betancourt está en la acera del frente en 1963 (114), observando otro más discreto que lo encarnan Leoni, Caldera, Pérez, Herrera Campins y otros, siendo Pérez Jiménez un ejecutante menor (68, 77, 127). La nómina que diseña es bastante particular, pues, agrega a Radomiro Tomic (337), quien nos puede ejemplificar el maniqueísmo exagerado de un autor que no acepta la existencia de un anticomunista en desacuerdo con la vía capitalista, reconocido por propuestas que se dieron en llamar "terceristas". El enemigo común Sáez Mérida sospecha una solución sistémica, pero no logra percibir que la insurrección marxista, como el golpismo de derecha, configuran esa suerte de "enemigos existenciales" del régimen populista sufragado por la renta petrolera. Destaca la permanente descalificación del adversario por parte de Betancourt (69), acompañada de actividades y manejos soterrados, aunque dibuja un anticomunismo elemental (227). Se trata del "superman represivo" que, al lado de Pérez, dejó un modelo apropiado para las dictaduras del Cono Sur (78, 130s.). Se refiere a un exceso de defensa ante la oposición de izquierda (237), concibiendo una invasión estadounidense como desproporcionada habida cuenta de las fuerzas guerrilleras y de su poder de fuego (159). Atina, al pesquisar el tono y el fondo, en el realismo betancurista, quien no era lerdo y gozaba de un excelente olfato político (353), subalterno, arrogante y sumiso al Imperio (272) que constrataba con el anticomunismo autónomo y de matiz local de aquellos que, después, fueron derrocados (78). El proyecto es el de una democracia autoritaria y anticomunista (113, 234), distante de la constatación que hace cuando exalta el poder de la prensa en Estados Unidos (228). Luis Cipriano Rodríguez, en un breve ensayo publicado en 1989, diserta sobre un anticomunismo más vertebrado y ofensivo, fruto del bloque de poder (Punto Fijo) y que apela a distintas instancias (CTV, massmedia, vecinos, loterías, testigos de Jehová, Cuerpos de Paz, etc.), en lo que creemos una contienda existencial del sistema. Hablamos de una vertiente más útil para el análisis de una materia definitivamente histórica y que, al derrumbarse el socialismo real, replantea las referencias. El dispositivo invasor La necesidad, oportunidad y legitimidad de las invasiones extranjeras no fue argüida exclusivamente por algunos de los que, de un modo u otro, ejercieron el poder en este lado del mundo. De entrada hay que recordar, en el otro, a Hungría, Polonia o Checoeslovaquia. Obviamente, el dilema comunismo-anticomunismo luce elástico, frágil, falso, acomodaticio. Hay una inteligente deducción de Sáez Mérida sobre las sospechosas operaciones "América" y "Unitas", patrocinadas y dirigidas por Estados Unidos, con participación simbólica de nuestras fuerzas, fruto de los cables internacionales, del despacho de los periodistas especializados, de las declaraciones de los funcionarios y militares nacionales y extranjeros, como del artículo publicado por Lino Iribarren (10, 227). El objetivo es invadir y, además, disponer de una base naval en la Venezuela del crucial 1963 (219, 293, 388). Un dispositivo invasor del que nadie sabía, ignorado por el pueblo (78, 159), salvo Betancourt que lo solicitó a Estados Unidos para enfrentar a sus adversarios existenciales (84, 220, 224, 238). Un subordinado que también era privilegiado por un país donde el Pentágono pugnaba por la directriz de su política exterior frente al Departamento de Estado sin apartarse de su fundamentalismo expansionista (34, 180, 292, 298, 305, 319). Solicitud que la reconoce en la terquedad de un marco de seguridad colectiva, con el rol estelar de la OEA (81, 345) y fundamentalismo que lo aparta del complejo y agudo entramado de la Guerra Fría. Y más inteligente es la asociación que hace entre Juan Vicente Gómez y Rómulo Betancourt para agenciar una intervención extranjera (405, 412ss.). Y los entendidos o expertos tendrán que comprobar que el líder guatireño no era un patriotero (254) que ejercía todo su cinismo frente a la subversión marxista (159), pues, Sáez Mérida, ha atado los cabos de lo que sin duda fue una traición a la Patria. A menos que digan otra cosa las investigaciones que pueden adelantarse (246) o que sean desclasificados una importante documentación oficial, en Estados Unidos. Los lisonjeros de oficio, los que acostumbran llenar las cuartillas de las alabanzas postmorten, tienen la palabra. Los estudiosos más serios, aunque injustamente despreciados por Sáez Mérida, pueden esgrimir sus tesis. La molienda de la historia Pocos o nadie puede salir ileso de la molienda de la historia. Son muchos los cabos a atar. Como elementos o categorías de investigación, el comunismo o el anticomunismo pueden ser inicialmente útiles. Como convicción, dan al traste con las mejores intenciones. Hay zonas grises. Reconociendo el valor del seguimiento informativo de Sáez Mérida, presto a la coincidencia o a la disidencia, aunque innecesariamente reiterativo a lo largo de su exposición, aflora un antibetancurismo que empaña su capacidad objetiva de interpretación. Viejos odios que hoy no dicen nada y entorpecen los hallazgos concretos e imparciales. Por lo demás, el mundo ha cambiado y el debate se centra en los principios, doctrinas, ideologías, programas o prácticas humanizantes o deshumanizantes. La llamada humeda A cuatro décadas del derrocamiento de la dictadura, surgen diferentes conjeturas de carácter histórico. Sobre la intención y pretensión de los actores enfrentados a una realidad inédita, se tejen múltiples hipótesis. Se dice que Pérez Jiménez pudo quedarse y sus escrúpulos impidieron el derramamiento de sangre. Sin embargo, en el supuesto de haber fracaso el alzamiento o que no se hubiera dado en su oportunidad, el plebiscito era un absceso incontenible y la pugna entre las corrientes interiores de la Institución Armada se intensificaba aceleradamente. No otro era el reclamo lógico de las circunstancias que marcaron el derrumbe cierto del régimen, descompuesto internamente. Si Rómulo Fernández pudo o no capitalizar el acuerdo básico de la alta oficialidad y sus correlatos del mundo civil, nos lleva a un sano ejercicio de política-ficción. Incluso, un personaje catalogado por J. Rojas Contreras (El Nacional, 23/09/67), como el jefe militar del movimiento que desembocó en la gesta del 23 de Enero, hubiese sido la piedra angular de la renovación dictatorial: Jesús María Castro León. Esguinces históricos Castro León sintetizaba, como muchos otros, los esguinces psicológicos del tránsito iniciado el 19 de Octubre de 1945. Protagonizó la intentona del 23 de Julio de 1958, asediado por la idea de una conjura malévola contra la patria. Eduardo Schaposnik, en su "Democratización de las fuerzas armadas venezolanas", cita un folleto del también apodado "Cabito" intitulado "La verdad para mi pueblo y ejército", mediante el cual manifiesta la inexplicable confianza de un regreso al país, reincorporado a las filas del ejército bajo el estímulo nada más y nada menos que de Rómulo Betancourt, simplemente porque Wolfgang Larrazábal - contra quien Castro insurgió- había perdido las elecciones. Se ha hablado de una medida disciplinaria de 1948 que atizaba el rencor contra el guatireño (Elite, 28/11/59). Lo cierto es que, al complementar las notas publicadas en otra oportunidad (El Globo, 09/09/92), podemos observar la consistencia del dispositivo simbólico del sistema político a propósito de la segunda intentona, ocurrida al amanecer del 20 de Abril de 1960, impulsada por quien Abdélkader Márquez, su secretario privado (Elite, 19/12/59), incluyó en la generación andina de 1943, con motivo del discurso pronunciado en la Sesión Solemne del Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal el 19/04/72. Generación que supo de Pérez Jiménez y Ramón J. Velásquez o Miguel Moreno y Leonardo Ruíz Pineda, forzado el orador a poner el acento de su cinismo: " ... Lo mismo produce los más empecinados enemigos de las libertades públicas y a los más caracterizados voceros del pensamiento democrático venezolano". A principios de Abril de 1960, Jesús Farías es llamado al Ministerio de Relaciones Interiores debido a la denuncia del PCV en torno a un plan de asesinato de dirigentes civiles y oficiales del ejército, combinado con el asalto de la UCV, la Casa Sindical y las sedes partidistas, fraguado por esbirros desempleados de la Seguridad Nacional que portaban credenciales falsas de AD y COPEI. Los comunistas ubican el epicentro del plan en la casa de Miguel Moreno en Nueva York, contactado directamente con el dueño de una línea aérea y Romero Villate, quien está en suelo colombiano. San Cristóbal es sobrevolada por aparatos con luces apagadas, supuestamente provenientes de la República Dominicana de Chapita Trujillo (Tribuna Popular, 08/04/60). La prensa andina, informa de la estancia de Castro León en Cucutá, así como la detención de Miguel José Hernández Carabaño, incautada por la DIGEPOL la carta suscrita por el cabecilla de la rebelión instándolo a acompañarlo a prender el fósforo en San Cristóbal (El Centinela, 19/04/60). Además de la invitación postal, le encuentran "Visión y revisión de Bolívar" de Salcedo-Bastardo, "Elementos de política" de Adam Güller y "Política y parlamento" de Numa Quevedo (AD, 23/04/60), piezas para una futura proclama. Atravesar la frontera y amanecer en la capital tachirense es el itinerario de rigor. Los actos de celebración de la Independencia, presumimos, obliga a diferir por un día las operaciones. El capitán Bernabé Serrano llega a Cucutá y trae al líder de la rebelión, escondiéndolo en la casa del coronel Lizarazo (autoascendido a general), hasta que es conducido al casino donde enciende su verbo frente a la oficialidad. El presidente Betancourt telefonea a su colega colombiano, preocupado por la concentración de "perezjimenistas" en la frontera. Pero el 20 de Abril, controlado el Cuartel Bolívar, hay toque de queda en San Cristóbal e intentos muy serios de avanzar y soliviantar a las guarniciones del país. Huelga general en San Cristóbal. Obreros, campesinos y estudiantes resisten. El comercio y el clero no se animan a incorporarse a la rebelión. Sin dudas, es el ejercicio de una defensa convencida de la democracia que se inicia. Las carreteras están selladas por la maquinaria pesada. Desde Caracas se toman las providencias del caso para bloquear a la entidad federal. Incluso, Simón Alberto Consalvi y Valmore Acevedo intentarán organizar una guerrilla de campesinos, cortar las comunicaciones, pero el aeropuerto de Santa Bárbara del Zulia, el más cercano al centro de los acontecimientos, está en manos del coronel Contreras, insurgente. El de Santo Domingo está bajo control oficial. En La Fría, el mayor Cárdenas contacta con el mayor Pacheco Vivas. San Antonio cae en manos del gobierno. 8 camionetas sin ruedas obstaculizan el paso hacia El Vigia. Con uniforme militar, el hermano de Castro visita a familiares en Capacho. Muertos. Heridos. Concentración popular en El Silencio, Caracas, el 21 de Abril. Hablan Ramón Quijada (Federación Campesina), José González Navarro (CTV), Héctor Pérez Marcano (estudiantes), Rafael Caldera, Raúl Leoni, Gustavo Machado y calentando los motores del II Congreso Prodemocracia y Libertad que quedará inaugurado al día siguiente- Galo Plaza y Carlos Lleras Restrepo. Llueven las razones de legitimación del régimen. Corta ilusión de gobierno Iluso, Castro León despacha desde el Cuartel Bolívar, yéndose el tiempo en la expedición de salvoconductos, inútiles correspondencias, y un ejemplo bastante elocuente radica en la libertad de movilización del gobernador Ceferino Medina gracias a una autorización firmada a nombre de un ciudadano inexistente. El Liceo Bolívar sabe de la ocupación militar, al igual que un banco. Algunas opiniones coinciden en sus lentas y quizás abigarradas decisiones, inseguro de las capacidades con las que estratégica y tácticamente cuenta. Tiene el respaldo de oficiales de estado mayor, pero no cuida de las medidas más elementales y el plan de operaciones no se muestra con nitidez, amparado en el azar y, por supuesto, provocando acciones desordenadas. A lo mejor pudo llegar a Barquisimeto y la espiral propagandística hubiese hecho lo suyo en el resto de los cuarteles del país. La situación es insostenible y Castro intenta huir, pero es apresado en "La Cedralita", Distrito Capacho, cuando se detuvo a tomar café en la casa de Antonio María Parada no sin proponerle llevarlo por mil bolívares a Cucutá. Lleva una cantidad considerable de dinero en cheques y en efectivo, pesos colombianos, dólares estadounidenses y canadienses que posteriormente entraron a la Caja de Tesorería General del Gobierno de Táchira (El Centinela, 24/04/60). En Caracas, son detenidos Gonzalo Veloz Mancera, expresidente de Televisa, y Angel Zambrano, presidente de la Federación de Béisbol Amateurs, "ligados a personeros del régimen depuesto el 23 de enero y colaborador de Pérez Jiménez" (El Nacional, 23/04/60). Alirio Ugarte Pelayo, embajador venezolano en México, asevera que los facciosos reclutaron a miembros de la hitleriana División Azul (ibidem). Sostenes de la democracia Jean-William Lapierre, en "El análisis de los sistemas políticos", ha versado sobre el sistema cultural, dado por el conjunto de creencias, normas, valores de sostén, difundidos a través de la propaganda y la educación. Un ancho terreno de abstracciones, necesario de abonar mediante actos muy singulares de satisfacción y de apoyo. Por una parte, el sostén específico está referido al nivel de satisfacciones que derivan de las decisiones públicas. La prensa de la época reseñó el contenido de la libreta de Castro León, en la cual apuntó su negación a la reforma agraria, en favor del desarrollo de las obras públicas (María Elena Páez, Elite: 30/04/60). El Centinela del 23/04/60 y 27/04/60, reseñaba que el grupo de captores de Castro León, además de Antonio María, sería beneficiario del Instituto Agrario Nacional. La edición del 24/04/60, informa que el gobernador Medina inaugura diferentes obras, como el acueducto y la planta eléctrica, en el Distrito Lobatera. Y, por otra, encontramos el sostén difuso, suerte de depósito de las actitudes de apoyo al régimen. La radio jugó un papel estelar. Eran muchas las arengas del general Castro León, aunque no logró el tiempo necesario para un ensayo similar al del general español Queipo de Llano. Cuando los facciosos se rinden, alrededor de las tres de la mañana, la emisora "Ecos del Torbe" transmite las señales de parlamentarios, de líderes estudiantiles y del gobernador. Lo más llamativo era la aceptación y respeto del compromiso militante, a diferencia de hoy. Y no tanto porque el órgano divulgativo acciondemocratista haya dicho que de los seis captores, tres eran de AD y tres de COPEI (AD, 23/04/60): hay un saldo de heridos y muertos en La Concordia, entre los cuales figura Víctor Gómez, miembro del Buró Liceísta de AD (Momento, 29/04/60), un joven que seguramente no figura en la memoria adeca. Incluso, los ánimos están exaltados y hay quienes, con un superapego simbólico, piden la ejecución de los alzados. En un artículo que formará parte de "Los días y la política", Gonzalo Barrios dirá: " Los sucesos del Táchira, demasiado breves para el gusto de algunos, iluminaron como un relámpago ciertas trastiendas. No sabemos si la consigna del paredón tuvo desde sus orígenes el valor de simple metáfora que ahora se le confiere. Pero algunos grupos aislados tal vez por su ignorancia- todavía continúan reclamando su aplicación en el más directo sentido de la palabra". No hay una contabilidad estricta y mecánica de los elementos concretos de apoyo al régimen, sino un margen presto al azar. El partido de gobierno, por ejemplo, no sabía de los niveles de lealtad del coronel Pablo Flores, oficial no confiable ya que fungía como director del Liceo Militar Jáuregui. Bastó que se opusiera a Castro León para "que se me pusiera en camino de asumir los más altos cargos dentro de la Institución Armada", pues, el 25/04/60 es nombrado comandante del Agrupamiento Militar Nr. 1 y alcanza el generalato en 1962, como dijera en "Reminiscencias de un general enjuiciado". La época tratada y la relación del elemento militar con la construcción del populismo en los términos de Juan Carlos Rey, ya no es motivo de interés. Puede verse, por ejemplo, la bibliografía de los últimos trece años en torno a la Institución Militar Latinoamericana (http:// www. Georgetown. Edu/ LatAmerPolitical/ military/biblio.html). No obstante, es conveniente contextualizar los hechos y proyectarlos en el tiempo, pues arrojan todavía útiles lecciones. Desplazamiento del enemigo existencial Ejercicio de precisión, los regímenes de transición conciben y tienden a imponer discursivamente al enemigo existencial para facilitar, impulsar y consolidar el consenso que les permita, simultáneamente, sortear las dificultades solapando los errores. Ayuda una fuerte descarga emocional que puede apelar a la violencia hábilmente personificado el adversario. Ha señalado Juan Carlos Rey, en "Problemas socio-políticos de América Latina" (1980): "Cada oponente ve en el otro la negación del propio ser o de las propias posibilidades vitales y falta un marco normativo común aceptado por ambos que dé significado a sus acciones" o - logrado tal marco - no puede aplicarse enteramente, "incluso en lo relativo a las relaciones entre quienes l (o) aceptan". La Junta Revolucionaria de Gobierno, conformada a raíz del golpe del 18 de Octubre de 1945, dispuso de un conjunto de instrumentos (juicios de responsabilidad civil y administrativa, inmediata represión de los sucesivos intentos de contragolpe, diferimiento del conflicto del partido oficialista, sumada la movilización de las masas y el radicalismo verbal), provocando un efecto moral decisivo en el cuadro de reubicación de los distintos factores de poder. Acentuadas las vulnerabilidades del anterior régimen, el nuevo consiguió un importante margen de libertad al esgrimir su vocación democrática, nacionalista y de honradez en el manejo del erario público, con tal impacto psicológico que aseguró la iniciativa frente a quienes creyeron el cuartelazo tradicional automático. Paradójicamente, la creciente fortaleza del gobierno se tradujo en una asombrosa debilidad. En las elecciones del 27 de Octubre de 1946 para la Asamblea Constituyente, Acción Democrática alcanzó el 78,43% de los votos. Había reforzado su prestigio con la creación de la Universidad del Zulia, aumentado el ingreso petrolero e, incluso, corregidas las fallas de los aludidos juicios a través de la Ley de Enriquecimiento Ilícito de Funcionarios y Empleados Públicos, cediendo después Rómulo Gallegos (75% de los votos), frente a la Iglesia Católica, al dejar sin efecto el celebérrimo Decreto Nr. 321 de 1946. Sin embargo, adquieren resonancia las denuncias en torno a las torturas físicas que los organismos de seguridad presuntamente prodigan en "El Trocadero" y el llamado "Inciso Alfaro" de 1947 que permite la detención preventiva de los sospechosos de conspirar. Realizada la Constituyente, el gobierno ya no monopoliza el ideario revolucionario, perdiendo la flexibilidad necesaria con la abstracción progresiva del "adversario de todos", además que las Fuerzas Armadas ya están integradas, afianzado el discurso de su "neutralidad", como partes del poder. Expresó Luis Ricardo Dávila que la "la acción de la política octubrista consistió en colocar a las fuerzas enemigas como la encarnación sin fin de los antivalores de la Revolución de Octubre" ("Imaginario político venezolano", 1992). Esta vez, la oposición se apropia de los postulados oficialistas y -en sus maniobras de laxitud, intensificando la propaganda - asegura los medios morales, desligada ya de los altos personeros del antigüo régimen procesados por corrupción: va al centro de gravedad del gobierno, a su gestión de todos los días, y, al juzgarlo de traidor de los ideales de 1945, alcanzando el clausewitziano punto culminante de la victoria, comienza a reescribir unas páginas que para finales de 1949 definitivamente no le pertenecerán. Incluso, ganada la iniciativa, los opositores teñirán su profesión de fe anticomunista. Germán Borregales, por ejemplo, ferviente partidario del franquismo, argumentará: "Por muy anticomunistas que nosotros seamos, no podemos aceptar, como algo bueno, una conducta arbitraria, así se cometa contra nuestros más encarnizados adversarios ideológicos y políticos. Ese rabioso anticomunismo del gobierno adeco, como de sus sindicatos, responde a una cuestión pura y simplemente convencional. Posiblemente, algunos elementos de ideología conservadora, estarán aplaudiendo estas medidas ... Ese anticomunismo no es el nuestro" ("Rómulo Betancourt, estadista y diplomático", 1948). André Beaufre advierte: "La estrategia no se juega como el ajedrez, con peones de valor constante y definido. Sus soluciones se asemejan a un guiso en que fuera preciso mezclar ingredientes en constante estado de transformación" ("Introducción a la estrategia", 1965). Y ausentes las reglas de juego, las que posibilitan el desarrollo del conflicto no existencial (o agonal), resultaron antigüos tanto el régimen como la oposición surgidos al calor del 18 de Octubre, creada la nueva oposición de militares y civiles. Para 1948 está avanzado el proceso de descomposición interna. Si hacemos caso a las observaciones formuladas por FranÇ ois Furet respecto a la experiencia soviética, encontramos que no hay evolución ni revolución, sólo desmoronamiento (Revista "Vuelta", Nr. 203 de 1993). El golpe de Estado del 24 de Noviembre no encontrará resistencia alguna y, por lo demás, será recibido, ingenuamente, como la gesta reivindicadora de los orígenes, no otro que el 18 de Octubre. Será en 1952 cuando tajante y definitivamente se abra el otro juego. |
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