Los Bejucos del Mal Hannia Gómez "En 1983 la "Revista Nacional de Arquitectura Punto" convocó a un número monográfico sobre "Arquitectura y Política". La escogencia del tema en lo que eran los dulces inicios de los ochenta no tenía, como pudiera creerse, matiz político alguno en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de entonces: internacionalmente se estaba celebrando un revival de la arquitectura totalitaria a raíz del desenterramiento que hiciera León Krier del arquitecto del Führer, Albert Speer y de la fascinación que tenían los italianos de la Tendenza con los clasicismos, sobre todo mussolinianos... "Punto" lo que quería era estar al día. A una distancia prudencial de la última dictadura,
significando ésta ya nada más que un mal recuerdo, los arquitectos en los ochenta
sentíamos que sus edificios podían, exentos ya del contenido político que les dio el
ser y persistiendo en la ciudad como poderosos acontecimientos formales y espaciales -las
Torres del CSB, el Círculo y la Academia Militar, el Hotel Humboldt, los Próceres- ser
proclives a una reivindicación en los Anales de la Arquitectura Moderna Venezolana.
Estábamos hambrientos de edificios proscritos, de arquitectos-tabú y de arquitecturas
del régimen. Y no nos faltaba razón. Ese Punto 66/67, por circunstancias que no vienen
al caso, tardó catorce años en publicarse, viendo la luz hace tan sólo un par de
meses... y hoy nos coloca ante la macabra situación de tener que leer de nuevo nuestros
textos, (el mío se titulaba "Las Flores del Mal", p.49) cómicamente inéditos
desde que los escribimos en nuestra más tierna edad, esos nuestros artículos
maravillados con el EUR, ésas nuestras palabras atónitas frente al Reichstag, ésos
nuestros deleites inocentes con la Delhi Imperial, ésas nuestras expresiones
boquiabiertas ante la Casa del Fascio, pero fatalmente sin la alegría y el desenfado de
entonces... porque entonces la confianza que nos daba la estabilidad política del país
nos permitía observar libremente la historia de la arquitectura como un repertorio de
soluciones formales inocuas, sin peligro alguno... ¡Cómo nos hicimos
arquitectónicamente pseudo-totalitarios por mero gusto estético en aquéllos años de la
democracia firme e inquebrantable! Nada temíamos, y las flores del mal emanaban un
perfume tan inquietante, irresistible y arrobador... Yo aún me confieso una demócrata
aficionada "inmoralmente" a los mármoles, al ónix, al bronce, a las
columnatas, al monumentalismo y a todo el chic fascistoide, una especialista en el estilo
pérezjimenista, una fanática de todas sus vertientes kitsch que se regocija en las
incoherencias estilísticas del guzmancismo y goza indeciblemente frente a cada naïve
miniatura Veo con temor la incubación en Venezuela de unas flores del mal aún más fétidas porque serían flores desnudas, desprovistas hasta de las corolas que a partir (Dios quiera que me equivoque) de la semana que viene serán execradas de los tallos por ser lenguaje de oligarcas, mientras temo que la ciudad de la dictadura soltará, como escribiera Colette, "...su tóxico aroma de ácido prúsico" desde un desierto de la ignorancia. El perfume chavista promete ser una especie de "Poison", pero tan vulgar, tan áspero, tan cianídrico, tan barato, que sospecho que puede que ya no provenga ni siquiera de Flores, en el buen sentido baudelaireano (demasiado exquisito para el caso) sino más bien de Bejucos del Mal... no olvidemos que de un bejuco nacional, muy patrio, el Maracure, se destila un intoxicante veneno: el curare." |
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