| La computadora más grande del mundo será tuya Roberto Hernández Los discos duros son pequeños y además blandos. Se caen y se acaban y siempre los terminas desbordando, sin importar su tamaño. Un disco verdaderamente duro tiene que sobrevivirte y uno verdaderamente grande tiene que desbordarte. Ver Los discos duros son blandos. Pues bien, rectifico: ese disco duro existe. Se llama Internet. Es externo, infinito, confiable y durísimo. Aunque tiene varias desventajas con respecto a los otros: es aún más lento, costoso y caótico. Aunque entendámonos: todo disco duro ajeno es caótico y aun el de uno mismo puede volverse ininteligible en cualquier descuido. Axioma: si eres ordenada la computadora te vuelve más ordenada, pero si eres desordenado te vuelve más desordenado todavía, porque la computadora repite los aciertos y los errores exponencialmente, sin importarle la diferencia entre tino y yerro. En Internet hay ya un volumen de información tan grande que ni varias vidas te alcanzarían para siquiera leer el catálogo de páginas y servicios que ofrece hoy, para no hablar de mañana. A este paso dentro de veinte años ni la humanidad entera en mil años podrá leer todo eso. Imagínate qué quedará para Internet si en la Biblioteca Nacional de Francia, con un acervo mucho más pequeño que el de Internet, nadie ha leído nunca el 85% de los libros que allí reposan. Es, lo hemos dicho, la propia Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges, quien, aunque no era computista, contribuyó con la invención de Internet, al menos dotándola de teoría. Los genios son así. Pero hay una diferencia: en la Biblioteca de Babel ningún libro es inteligible, pues su número es tan desmesurado que la posibilidad de encontrar uno que entendamos es computable en cero. Es más, si alguna vez hallamos uno no sabremos si las letras que entendemos tienen otro sentido en otra lengua teóricamente posible. Como pregunta Borges en una de las cimas de la imaginación paradójica: "Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?" En Internet, en cambio, las páginas tienen siempre una interpretación, todas son comprensibles. Y no hablemos de la posibilidad borgiana de multiplicar los apócrifos, pero de eso puedo comentarte algo otra tarde. Ver De la biblioteca de papel a la Biblioteca de Babel. El problema es cómo manejar lo que es propiamente un huracán de datos. Los motores de búsqueda son tan estúpidos que te dan o demasiada o muy poca información. O te ahoga o te mata de sed. Pide cualquier palabra en varios buscadores y verás que cada uno te da un número diferente de sitios, lo que significa que nunca estás seguro de si esas son todas las páginas disponibles. O si sobra un montón. Otros te repiten la misma dirección mil veces, o todos presentan más o menos la misma información. Y uno no decide cuál buscador es mejor. Para mí el menos malo, el menos impreciso, ha sido hasta ahora Excite (www.excite.com), aunque tampoco es que estoy muy seguro allá, porque más de un resultado insatisfactorio me ha dado. Pero ese soy yo, cada quien tiene su buscador favorito, así como su sistema operativo preferido. De todos modos pienso que, como en los sistemas operativos, hay dos tipos de buscadores: los malos y los pésimos. Excite y Alta Vista (www.altavista.com) están entre los malos. La versión 8,5 del sistema operativo de Macintosh que está entre los malos; los pésimos ya sabes cuáles son ofrece un buscador interno y externo a la computadora, llamado Sherlock, que busca a través de Internet. Ya veremos qué da. está pendiente en www.analitica.com/bitblio/bitblio.htm. Es un problema de mucha monta, porque está en juego la utilidad misma de Internet, que puede volverse totalmente inmanejable apenas crezca un poco más, para lo que no falta mucho. Ante una búsqueda que te da ochocientos mil sitios y otra que te presenta solo tres, que no tienen nada que ver con lo que pesquisas, hay un intermedio no menos inclemente. Es fatigante buscar ciertas informaciones. Porque aquí también estamos ante dos extremos, entre Escila y Caribdis: hay o mucha basura o demasiados sitios valiosos, o ambas cosas a la vez. Como si el problema de la basura no fuera ya lo suficientemente serio, se te añade la abundancia de sitios pertinentes ante los cuales no encuentras cómo decidirte. Y no tienes el tiempo suficiente para dedicarte a desbrozar el fango, como un garimpeiro cerniendo pepitas de oro en plena selva. A veces pasas más tiempo decidiendo qué leer que leyendo. Pasa igual en el mundo de papel, entras a una librería y sientes que no te alcanzan los centavos de Bill Gates para comprar todo lo que te interesa y luego la longevidad de Matusalén para leerlos. Pero en papel hacemos de necesidad virtud, la dificultad de la distribución opera una selección perversa y te contentas con "lo que hay". No así en Internet, donde tienes disponible todo en todo momento. La incompetencia de los motores de búsqueda no goza de una perversidad comparable, porque a medida que les aprendes las mañas vas encontrando que puedes hallar cada vez mayor cantidad de información que te interesa, desembarazándote de la que no. Un buen ejemplo de lo que puede ser un buen recurso de orientación son los servicios que te hacen discriminaciones previas y te dan la confianza de que lo que recomiendan es bueno. Pasa con la Enciclopedia Encarta, creada por la empresa de tu tío Bill, cuyas recomendaciones no me han decepcionado hasta ahora. También la Encyclopædia Britannica tiene un motor de búsqueda recomendable y, a diferencia de Encarta, gratuito (www.ebig.com). Hay también buscadores especializados por regiones, por temas, por idioma. Ve mi lista en www.analitica.com/bitblio/buscadores.htm. No es exhaustiva porque no puede serlo en un medio tan lábil e inestable. Suerte. Una sola computadora para todo el mundo Gracias a la tecnología Jini de Sun Microsystems www.sun.com es posible enlazar todo con todo. Cualquier equipo electrónico puede interactuar con cualquier otro a cualquier distancia. Tu computadora imprimiendo en mi impresora a través de Internet. Viendo a tus niños en casa o en la escuela por una cámara de televisión. Controlando desde Varsovia tu aire acondicionado en Caracas. Mandando a grabar a tu VHS desde Londres una película de la que te enteraste hojeando el Time Out de Londres. Desde cualquier computadora. O reparar un problema de tu computadora desde cualquier otra. Imagínate las consecuencias, las ventajas, los peligros. Todas las computadoras se vuelven una sola. Ni siquiera necesitas tener una porque cualquiera puede serlo, pues tendrás tus programas y tus documentos en tu servidor central, en tu proveedor de servicios. Como con los teléfonos públicos, a donde quiera que vayas tendrás tu computadora, con tus datos registrados en lugar seguro. Ya eso comienza con servicios de correo electrónico gratuito o de noticias personalizables. Donde quiera que vayas tienes tu correo y tus informaciones a tu medida. Pero ¿están tus datos en un lugar seguro? Cierto que ahora no lo están ni en tu computadora privada, pero, a menos que seas agente de la CIA no habrá demasiadas personas intrigadas por tu libreta de teléfonos. Pero por Internet puede haber gente interesada en conocer tu número de tarjeta de crédito y quién sabe qué más. Si los hackers han invadido los servidores de la NASA, del Pentágono, del New York Times y MTV, imagínate. De todos modos no sé cómo va a parar esto exactamente, pero en esa dirección nos encaminamos. Unos lo piensan hacer por satélites de órbita baja, otros por fibra óptica, otros por las líneas telefónicas actuales, otros por la red eléctrica, otros por microondas, otros mediante una combinación de todo eso y de otras tecnologías, algunas de las cuales están por inventarse aún. Hasta las palomas mensajeras podrán conectarse, si les pones una cámara de televisión en vez de anillos en las patas. O un rastreador por satélite para ver por dónde van, como algunos servicios de entrega inmediata. Puedes poner una cámara de televisión en la ventana de tu casa para que todos sepamos por Internet cómo ves el mundo. También puedes añadir un modo de que tus visitantes muevan la cámara a su gusto. Podrías asimismo manejar tu microondas. O bajar la llave del baño. No sé para qué sirve todo eso, pero ya se ha dicho: la computación es un conjunto de soluciones en busca de problemas. |
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