Fijo versus Flexible: He ahí el dilema

Germán Ríos

La teoría económica sostiene que un tipo de cambio fijo es superior a un tipo de cambio flexible cuando la economía es vulnerable a shocks a la demanda de dinero. Estos shocks pueden ser ocasionados por cambios en la tecnología, cambios en el multiplicador monetario o cambios en el portafolio de los poseedores de dinero doméstico. Por el contrario, la teoría sugiere que un tipo de cambio flexible es superior a uno fijo cuando la economía es afectada por shocks en el sector real, tales como cambios inesperados en productividad o en los términos de intercambio.

La simple aplicación de la teoría en Venezuela es complicada por dos razones: la demanda de dinero es inestable y la economía está sometida constantemente a shocks en los términos de intercambio a consecuencia de la dependencia del petróleo. De allí que en la decisión sobre el régimen cambiario a adoptar se debe tomar en cuenta los costos y beneficios de cada opción de política, dadas las condiciones particulares de la economía. El objetivo de este artículo es discutir brevemente las ventajas y desventajas asociadas con un tipo de cambio fijo o flexible, sin considerar mecanismos híbridos, como bandas o depreciaciones anunciadas (crawling peg).

La primera pregunta que uno debe formular es: ¿Cuál es el objetivo de la política cambiaria? Si la respuesta es minimizar la volatilidad en la economía, entonces es necesario estudiar la naturaleza de los diferentes shocks y seleccionar aquel régimen que permita amortiguar su impacto. Otro objetivo de la política cambiaria puede ser combatir la inflación. Si el peso de los bienes transables es relativamente alto en la composición de la canasta de bienes utilizada para medir la inflación, entonces utilizar el tipo de cambio como un ancla nominal tiene sentido.

La segunda pregunta es: ¿Es la política cambiaria adoptada consistente con la política monetaria y fiscal? Una política monetaria restrictiva en una economía pequeña, abierta, con tipo de cambio fijo y sin restricciones a la movilidad de capitales resulta poco efectiva, puesto que la oferta monetaria bajo estas condiciones es exógena. Por otra parte, modelos sobre crisis de balanza de pagos muestran que un tipo de cambio fijo en presencia de un déficit fiscal deriva en una perdida de reservas internacionales y/o altas tasas de interés. Tarde o temprano los agentes atacan a la moneda a sabiendas que el gobierno no es capaz de defender la paridad.

Gran parte del éxito de una política cambiaria reside en el grado de confianza o credibilidad que le asignen los agentes. Para ello, es necesario que el gobierno y la autoridad monetaria garanticen su viabilidad y sostenimiento en el largo plazo a través de la elaboración de un marco coherente de políticas. Los recientes acontecimiento en Asia, Rusia y Brasil demuestran que los mercados castigan aquellas políticas que no son creíbles. Este es un factor particularmente importante cuando existe incertidumbre política.

Algunas Consideraciones para Venezuela

En Venezuela muchos analistas piensan que la adopción de un tipo de cambio fijo garantizaría la reducción inmediata de la inflación. Esto no es necesariamente cierto. Una economía que ha estado sometida a tasas de inflación del orden de 40% durante los últimos diez años, indudablemente ha desarrollado mecanismos de indexación. La simple fijación del tipo de cambio no va a acabar con el incremento en el nivel de precios. La experiencia de otros países latinoamericanos muestra que acabar con la indexación no es tarea fácil y es necesario concertar con los diferentes sectores que fijan precios (trabajadores, empresarios y gobierno) para romper con el círculo vicioso de la indexación.

Es indudable que un factor clave en la determinación del régimen cambiario más adecuado para Venezuela tiene que ver con la forma en que se manejan los recursos petroleros. Para mantener un tipo de cambio fijo es necesario garantizar una situación fiscal viable. La historia ha demostrado que la estabilidad cambiaria no es sostenible si el gobierno no cuenta con los mecanismos que aseguren la disciplina fiscal. La volatilidad de los ingresos fiscales petroleros sumado a la ausencia de reglas presupuestarias adecuadas, se traduce siempre en una situación fiscal insostenible como la que hoy atraviesa Venezuela.

Esto nos lleva a la raíz del problema: ¿Cómo resolver el dilema fiscal en Venezuela?. No es el objetivo de este articulo discutir las opciones de política fiscal en Venezuela, pero es evidente la necesidad de diversificar los ingresos fiscales y mejorar la eficiencia del gasto público. Algunos opinan que no podemos esperar cambiar la situación fiscal para adoptar el tipo de cambio fijo porque eso tomaría mucho tiempo. Sin embargo, proceder de esa manera es una receta segura para el fracaso, puesto que lo único que se obtendría eventualmente es agotar las reservas internacionales y devaluar el tipo de cambio.

Si el gobierno fija el tipo de cambio y no avanza en el área fiscal, puede caer en la trampa de las altas tasas de interés. Si el mercado no cree que el ajuste fiscal es viable o que no está progresando lo suficientemente rápido, las autoridades monetarias se ven obligadas a subir las tasas de interés para evitar las salida de capitales, causando estrés en el sistema productivo. Si el país no tiene acceso a los mercados de capitales externos o contratar deuda externa es extremadamente caro (lo cual es probable si el mercado no cree en el ajuste fiscal), la única opción es recurrir al endeudamiento interno. Dada las altas tasas de interés, el pago por intereses se incrementa, el déficit fiscal aumenta, y es necesario emitir mas deuda. Esta situación no puede ser sostenida indefinidamente y lo más probable es que se tenga que abandonarse la defensa de la moneda. Si sumamos los costos de la producción perdida por culpa de las altas tasas de interés, un tipo de cambio fijo sin disciplina fiscal es una pésima idea.

Finalmente consideremos el problema de credibilidad. Un gobierno que no tiene un plan económico coherente y el consenso político para llevarlo adelante, es poco creíble a los ojos de los inversionistas. Un tipo de cambio fijo puede ser una buena idea para Venezuela, pero primero hay que hacer la tarea. Si el problema fiscal no es resuelto, un tipo de cambio fijo no estará fijo por mucho tiempo.