Actividades de la Santa Sede durante 1.998
Magaly Arocha
La historia de los últimos cincuenta años no podrá comprenderse, sin referirse a la acción de la Santa Sede, como testigo activo e imparcial de los intereses superiores de la humanidad. Este papel no es estático. La Santa Sede ha tomado conciencia, que las perspectivas en las que ella ha afrontado los problemas internacionales, han cambiado completamente en el último medio siglo.
Su participación en las actividades internacionales, le ha permitido entender que la sociedad mundial, que estaba naciendo, sería pluralista y que tendría reglas propias de comportamiento. Por eso Juan Pablo II afirmó, en su discurso a la ONU, que las organizaciones internacionales son indispensables, porque son lugares donde los hombres provenientes de horizontes diversos, pueden encontrarse y aprender a conocerse.
Así, los últimos años han visto reforzarse el papel de la Sede Apostólica, como conciencia moral de la humanidad. Como se deduce del volumen "Serving the Human Family: The Holy See at the Major Conferences"1, ella se ha convertido en uno de los participantes más activos en las conferencias y cumbres de esta década 2.
Vale señalar que en casi todos los Estados del mundo, hay un representante diplomático de la Santa Sede acreditado y, los nuevos Estados que se forman, piden a la Santa Sede establecer relaciones diplomáticas a nivel de Nunciatura.
Del Anuario Pontificio de 1997 se deduce que 47 Estados tienen un Nuncio Apostólico, que es también decano del Cuerpo Diplomático y 94 tienen un Nuncio Apostólico no decano del Cuerpo Diplomático; mientras los Delegados apostólicos, que representan a la Santa Sede ante los episcopados nacionales son una decena.
Y la prueba de la consistencia en el plano internacional de la Santa Sede y de su derecho de legación activa y pasiva, es decir, el derecho de enviar Nuncios Apostólicos en los distintos Estados y de acreditar embajadores de esos Estados ante ella, fue dada en los años que siguieron a la disolución del Estado Pontificio (1870), cuando la Santa Sede aunque ya no tenía territorio, no sólo mantuvo relaciones diplomáticas con los otros países como en el pasado, sino que cumplió una intensa actividad de arbitraje, mediación y arreglo de controversias entre los Estados: entre España y Alemania en 1885; entre Inglaterra y Portugal en 1890; entre Inglaterra y los Estados Unidos en 1894; entre Haití y Santo Domingo en 1895; entre Argentina y Chile en 1896; entre Colombia y Perú en 1905; entre Ecuador y Colombia en 1906.
La actividad diplomática de la Santa Sede tiene una sólidad base jurídica, en cuanto es expresión sea de la Iglesia como "ordenamiento jurídico primario," sea de la soberanía espiritual del Papa reconocida internacionalmente, como lo demuestra el hecho que la Santa Sede ha suscrito instrumentos internacionales, como la Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas (1961) y ha participado a pleno título en la Conferencia de la CSEC (hoy OSCE: Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa), que condujo al Tratado de Helsinski, aun declarando querer permanecer "ajena a las competencias temporales entre los Estados y a los Congresos internacionales convocados a tal objeto."
La naturaleza diplomática de las Nunciaturas ha sido reconocida por el derecho internacional positivo puesto que en el art.1 del Reglamento sobre el rango de los agentes diplomáticos del Congreso de Viena (1815) incluye a los Nuncios en la primera clase de tales agentes. Ello fue confirmado en el art. 4 de la Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas (18 de abril de 1961) y después por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (23 de mayo de 1969) y por la Convención de Viena sobre la Representación de los Estados en sus relaciones con las Organizaciones Internacionales (14 de marzo de 1975)3.
Por lo demás, la Santa Sede está presente en la ONU, desde 19644, con el estatuto de Observador Permanente, producto de una libre escogencia. Fue miembro fundador de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, solicitando, algunos años después, su participación en calidad de observador, optando, en función de su naturaleza especial, por un modo de colaboración que le permitiese abstenerse de cualquier tipo de participación en las discusiones políticas5.
Juan Pablo II, al recibir los augurios del Cuerpo Diplomático el 9 de enero de 1995, hablando de la razón de ser de la Santa Sede en el seno de la Comunidad Internacional declaró que era la de "ser la voz que la conciencia humana espera recordando incansablemente las exigencias del bien común, el respeto de la persona humana, la promoción de los más altos valores espirituales". Puesto que lo que está en juego, precisaba, "es la dimensión trascendente del hombre: ella no debería ser sometida a los caprichos de hombres de Estado o ideologías."
Es en el corazón del hombre donde nacen la paz y la guerra. A este hombre, que debe escoger entre el bien y el mal, la Iglesia tiene, por vocación, la misión de dirigirse. Ella lo acompaña en el camino de la vida y le indica la justa vía que debe tomar. Ella interpela su libertad, su responsabilidad. En estas profundidades se construye la paz.
En su visita más reciente a la ONU Juan Pablo II reiteró la necesidad que "esta organización supere la fría fase de institución de tipo administrativo para pasar a ser un centro moral, en el cual todas las naciones del mundo se sientan en su casa, desarrollando la conciencia común de ser, por así decirlo, una "familia de Naciones". El concepto de "familia" va más allá de simples relaciones funcionales o de la sola convergencia de intereses. La familia es, por su naturaleza, una comunidad fundada en la confianza recíproca, en el apoyo mutuo y en el respeto sincero.
Cabe recordar las palabras del entonces Secretario de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, en el seno de la OSCE, Cardenal Angelo Sodano, (actualmente Secretario de Estado), en una reunión en Nueva York, el 2-10-90:
"La naturaleza religiosa de la Santa Sede la lleva a subrayar siempre la primacía de la paz y la necesidad de la búsqueda de soluciones pacíficas a los problemas internacionales. La naturaleza universal de la Santa Sede la lleva a seguir con preocupación todas las situaciones críticas del mundo. Por esto, además de seguir el drama del Golfo Pérsico, no deja de insistir en la urgencia de buscar una solución al drama de Palestina".
La actividad diplomática de la Santa Sede tiene un fin que no es político y mundano, sino espiritual y religioso en cuanto, por una parte, persigue la libertad de la Iglesia de cumplir su misión estrictamente religiosa; por la otra, se propone colaborar con los Estados y las organizaciones internacionales para afirmar los valores morales y sociales más altos y para la promoción de las iniciativas de solidaridad entre las naciones y, en modo particular, para la promoción del bien supremo que es la paz, como fruto y consecuencia de la justicia entre las clases sociales de un Estado y entre los pueblos.
En la actividad diplomática, el fin espiritual se obtiene promoviendo y apoyando las relaciones entre la Sede Apostólica y la autoridad del Estado; abordando lo relativo a la estipulación y aplicación del concordatos y de otras convenciones similares, para asegurar la libertad de la Iglesia y la paz religiosa; promoviendo todo lo que a la paz, al progreso y a la cooperación entre los pueblos se refiere.
La fuerza de la Santa Sede se encuentra en el hecho que interviene en las relaciones entre la opinión pública y los poderes políticos. Ella representa una opinión pública, "experta en humanidad" como afirmaba Pablo VI -. Se presenta como intérprete de la conciencia moral, habla en nombre de la persona humana.
Sabe que su discurso toca ámbitos controversiales y que inclusive algunos gobiernos pueden fortalecerse con el apoyo de una parte de la opinión pública como sucedió en Teherán en las dicusiones sobre los derechos humanos o en El Cairo con los problemas de la población o en Pequín con el estatuto de la mujer.
La opinión pública como bien señala Joseph Joblin6 - tiene un peso en la escena internacional; la Sede Apostólica aparece en las grandes conferencias como el portavoz de las "fuerzas ideales" presentes en la sociedad pero que no tienen posibilidad de expresarse.
Como observa Monseñor Renato Raffaele Martino, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, los diplomáticos enviados por los Estados están obligados por los propios intereses políticos, aun cuando sus posiciones sean similares a las de la Santa Sede, las condiciones actuales de la vida internacional hacen que su empeño se vea condicionado por consideraciones nacionales.
Libre de toda dependencia política, la Santa Sede representa y defiende la dimensión moral de las cuestiones tratadas; mantiene la exigencia de inscribir en la realidad las reivindicaciones objetivas que nadie se ha atrevido a negar: las de la dignidad del hombre, del respeto de la conciencia, de la obligación de perseguir el crecimiento humano de todos y cada uno. Tal modo de actuar se basa en una antropología que reconoce que la conciencia del hombre se abre lentamente a los cambios morales y, afirmando que cada hombre es hecho para la verdad, declara que el llamado de ésta requiere su adhesión.
Acción de la Santa Sede en favor de la paz 7
Iniciativas por la paz en este siglo:
A estas acciones se une la acción cotidiana de los representantes diplomáticos de la Santa Sede. A la actividad de los Nuncios en los 169 países con los cuales la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas, se debería añadir el trabajo de las Misiones Permanentes de la Santa Sede en la ONU y en las Agencias Especializadas en Nueva York, Ginebra, París, Roma y Viena, sin incluir la Nunciatura Apostólica ante la Unión Europea en Bruselas y la Misión del Enviado Especial ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. Un puesto especial debe ser reservado a la acción de la Santa Sede en el seno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, una conferencia diplomática en la cual ha participado desde sus orígenes en 1972.
"Estrategia" en favor de la paz:
Si pensamos en la acción de la Santa Sede durante la crisis libanesa (17 años de guerra), en el proceso de paz en el Medio Oriente, en la guerra en Yugoslavia, en el conflicto en Bosnia-Hezergovina, en la Crisis de África Central, en el fondo, "la estrategia" pacífica del Papa y de sus colaboradores ha sido la misma:
La Santa Sede se ha empeñado y continúa empeñándose para crear una cultura de la vida y una cultura de la paz. Esta se inicia a partir de las familias, en las escuelas, en el puesto de trabajo, como en las Cancillerías y en las reuniones internacionales.
Ella se vale en particular del instrumento privilegiado que es la Diplomacia no para ambiciones humanas sino para reunirse con los responsables de la vida internacional, en el signo de la cortesía, de la discreción y de la lealtad: actuando así, la Santa Sede difunde una pedagogía de la paz, como decía el mismo Santo Padre Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático en enero de 1986 "educando las conciencias a la apertura y al respeto del otro, a la tolerancia que va acompañada de la búsqueda de la verdad, y de la solidaridad". Puesto que "las raíces del mal, del egoísmo, de la rigidez, de la violencia, del odio, están en el corazón del hombre".
El contexto internacional: logros y desafíos
La Santa Sede está conciente de que el mundo que nos rodea es una realidad en constante cambio, cuyo equilibrio puede ser comprometido por un conflicto imprevisto, por una crisis económica improvisa o por las consecuencias nefastas de la propagación inquietante de la pobreza, de allí que siga tan de cerca su evolución.
El Santo Padre ha reconocido los logros y avances de los últimos años8: Europa Central y Oriental se han ido liberando gradualmente del peso del totalitarismo; Bosnia y Herzegovina viven una paz relativa, y para que sea estable los derechos de las tres comunidades étnicas que componen el país deben ser respetados; la apertura de la Unión Europea hacia el Este y los esfuerzos realizados para alcanzar una estabilidad monetaria deberían conducir a una complementaridad de los pueblos, en el respeto de la identidad y de la historia de cada uno sugiere el Pontífice ; El proceso de democratización ha proseguido en América Latina, aunque hechos trágicos como los de Chiapas, en México, han obstaculizado su camino; son positivos los coloquios que se realizaron en Ginebra entre las dos Coreas.
Se destaca la sensibilidad del mundo hacia las cuestiones ligadas al respeto de un ambiente digno del hombre y así como el consenso internacional qu permitió la firma de un Tratado sobre la interdicción de las minas anti-personas en Otawa, en diciembre de 1997 (ratificado en 1998 por la Santa Sede). Ello revela un respeto cada vez mayor hacia la persona así como del papel del hombre como administrador de la creación.
Las iniciativas adoptadas por la comunidad internacional en favor de la infancia, la lucha contra el crimen organizado o el comercio de la droga, los esfuerzos realizados para contrarrestar la trata de seres humanos en todas sus formas, demuestran que con la voluntad política, se pueden combatir las causas de las irregularidades que con frecuencia desfiguran la persona humana.
Las oscilaciones financieras que recientemente han tenido lugar en algunos países asiáticos - ha sostenido Juan Pablo II - invitan a la reflexión sobre la moralidad de los intercambios económicos y financieros que han conducido a un desarrollo considerable de Asia en los últimos años. Una mayor sensibilidad hacia la justicia social y un respeto mayor de las culturas locales podría evitar en el futuro malas sorpresas, de las cuales las poblaciones terminan siempre por ser víctimas.
La Santa Sede sigue con interés la evolución de la situación en China. El deseo del Santo Padre es que se puedan instaurar relaciones serenas con la Sede Apostólica, ya que ello permitiría a los católicos chinos vivir su fe, plenamente integrados en la comunidad de toda la Iglesia en el camino hacia el Gran Jubileo.
El Santo Padre ha insistido, a lo largo de 1998, en recordar los puntos "calientes" que muestran la fragilidad de nuestras sociedades.
Argelia: país víctima de una violencia inhumana que ninguna causa política, menos aun religiosa, podría legitimar. Juan Pablo II ha repetido que nadie puede asesinar en nombre de Dios; Sudán: donde los cristianos continúan siendo objeto de discriminaciones de las que la Santa Sede se ha hecho portavoz en diversas ocasiones ante las autoridades civiles, sin que, lamentablemente, se haya constatado mejora alguna.
El proceso de paz en el Medio Oriente se ve comprometido por iniciativas ambiguas e incluso violentas. El Pontífice ha insistido en que los principios de la Conferencia de Madrid y las orientaciones de la Conferencia de Oslo de 1993, son los únicos elementos válidos para avanzar. La Santa Sede continuará dialogando con todas las partes involucradas, a fin de alentar la voluntad de paz de unos y otros y de sanar las plagas de la injusticia.
El drama de las poblaciones de la parte central de África: Ruanda, Burundi, República Democrática del Congo y Congo-Brezaaville. Ante los combates, el drama de los refugiados, las condiciones sanitarias insuficientes, la carencia de administración de justicia, el Pontífice se dirige a los responsables políticos de estos países diciendo:
Su Santidad ha insistido en que los africanos no deben esperar todo de la ayuda externa. Hay muchos hombres y mujeres en África que tienen todos los dotes humanos e intelectuales para enfrentar los retos de nuestra época y para dirigir y administrar adecuadamente la sociedad. Es necesario sin embargo, una mayor "solidaridad africana" para apoyar a los países en dificultad y también para que no les sean impuestas medidas o sanciones discriminatorias.
Reiteró la necesidad que los países africanos favorezcan la pacificación y reconciliación del Continente, y si es necesario, por medio de fuerzas de paz compuestas por soldados africanos. Entonces la credibilidad de África sería más real a los ojos del resto del mundo y la ayuda internacional se haría más intensa, en el respeto de la soberanía de las naciones.
La Santa Sede destaca el hecho que nuestros contemporáneos con frecuencia son sometidos, a ideologías que les imponen modelos de sociedades o comportamientos que pretenden decidir todo, sobre la vida y muerte, la procreación y el patrimonio genético. Se descuida a la persona incapacitada y al anciano porque son cargas, se considera que el no nacido es un intruso en una existencia planificada en función de intereses subjetivos poco generosos. El aborto y la eutanasia aparecen entonces como "soluciones" aceptables.
La Sede Apostólica sostiene que quienes son garantes de la ley y de la cohesión social de un país, o quienes presiden organizaciones creadas para el bien de la comunidad de las naciones, no pueden eludir la fidelidad a la ley no escrita de la conciencia humana, fundamento universal de la dignidad y de la vida en sociedad. Ante la conciencia, "no hay privilegios ni excepciones para nadie. Ser el dueño del mundo o el último "miserable" en la tierra no tiene ninguna diferencia: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales".
IRAK - EMBARGO
La Sede Apostólica no ha olvidado a la población de Irak, sometida a un embargo inhumano, que la coloca en condiciones de supervivencia aleatorias. Juan Pablo II en su discurso al Cuerpo Diplomático en enero de 1998, interpeló la conciencia de quienes, en Irak y en otros lugares, colocan consideraciones de carácter político, económico y estratégico por encima del bien fundamental de las poblaciones, y les pidió dar una prueba de compasión. Los débiles e inocentes no deberían pagar por errores de los cuales no son responsables.
En el "Angelus" del 8-2-989, el Papa repitió: "Nunca más la guerra en cada ángulo de la tierra, a partir de Irak" como un intento desesperado de poner fin a los vientos de guerra que soplaban en el Golfo Pérsico. Así lo había hecho en 1990, con los bombardeos sobre Bagdad, cuando dijo que "la guerra es una aventura sin regreso".
Por su parte, Monseñor Giuseppe Lazzarotto, Nuncio Apostólico en Irak y en Jordania desde 1994, en una entrevista a la revista "Il Regno", publicada por "Avvenire"10, expresó que " El estatuto del embargo debe ser revisado porque la historia demuestra que se convierte en un castigo colectivo, que deja intacta la situación que debería resolver. Sadam es más fuerte hoy que hace siete años".
La pobreza es el resultado de esta política internacional: "El país es privado de los elementos mejores. Se van los más preparados, porque no encuentran una salida". En este cuadro se coloca la situación de la comunidad cristiana de Irak, que posee un grande "patrimonio de fe y de mártires".
La profunda preocupación de Juan Pablo II frente a la agudización de la crisis en Irak fue expresada, el 14-02-98, por el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, el Arzobispo Renato Martino, quien realizó en este sentido gestiones ante el Secretario General de la ONU, Kofi Annan.11
Junto con la preocupación del Santa Padre se lee en el comunicado Monseñor Martino manifestó al Secretario General la invitación del Papa a visitar Bagdad para evitar toda opción militar en la difícil situación actual".
Ataque americano contra Bagdad en diciembre 1998
En la declaración oficial de la Santa Sede, en relación al ataque, leída el jueves 17 de diciembre por Navarro Valls, se habla de "agresión":
"La Santa Sede dijo el portavoz comparte plenamente lo que ya ha expresado el Secretario General de la ONU, que "hoy es un día triste para las Naciones Unidas y para el mundo". La Santa Sede espera que esta agresión termine cuanto antes y sea restablecido el orden internacional".
De la desaprobación de la Santa Sede se hicieron intérpretes los medios de comunicación vaticanos:
"Es necesario perseguir con esfuerzo tenaz las fatigosas pero fértiles vías de la paz se lee en el Editorial de "LOsservatore Romano" la violencia no puede escavar pozos más profundos, crear nuevas divisiones y alejar el día en que pueblos diversos podrán convivir en la tolerancia y en el respeto recíproco. El diálogo sigue siendo el único instrumento capaz de librar las conciencias del rencor acumulado en años de rígidas contraposiciones".
Para Radio Vaticana el ataque americano "no puede parecer sino una decisión apurada", una iniciativa que "golpea a un pueblo ya exhausto" y no resulta "ni a breve ni a largo plazo el paso más eficaz para la vía de la paz".
"Son sobre todo las víctimas inocentes las que nos preocupan afirmó el Director de la Radio, el Padre Federico Lombardi No existen armas inteligentes: no se puede pensar en un ataque masivo sobre grandes ciudades sin víctimas civiles, y el que estos sufrimientos golpeen a un pueblo ya exhausto por años de privaciones nos produce dolor".
JERUSALÉN
El Arzobispo Jean Louis Tauran, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, ha expuesto la posición de ésta última sobre Jerusalén12. Expresó que existen algunos conflictos a causa y en el ámbito de Jerusalén todos vinculados a su unicidad universalmente reconocida.
Ella es única en sí y en consecuencia lo es también en los conflictos. Es distinta de cualquier otra ciudad. Es santa para los pertenecientes a las tres religiones; es objeto de reivindicaciones nacionales contrastantes por parte de dos pueblos y su población es heterogénea al máximo grado.
La situación actual fue creada y mantenida con la fuerza. Desde 1967 una parte de la Ciudad fue ocupada militarmente y seguidamente anexada. En esa parte de la ciudad se encuentra la mayor parte de los Lugares Santos de las tres religiones monoteístas. Jerusalén Oriental fue ocupada ilegalmente. Por tanto es errado sostener que la Santa Sede esté interesada sólo en el aspecto religioso y que descuida el aspecto político y territorial.
La Santa Sede está interesada en ese aspecto y tiene el derecho y el deber de estarlo mientras la cuestión continúe sin solución y sea causa de conflictos, injusticias, violaciones de los derechos humanos, limitaciones a la libertad de religión y conciencia, temores e inseguridad personal.
Monseñor Taurán aclaró que si bien no es competencia de la Santa Sede inmiscuirse en las disputas territoriales entre las naciones, ni imponer soluciones detalladas, tiene el deber y el derecho de recordar a las partes en causa la obligación de resolver las controversias de manera pacífica según los principios de justicia y equidad en el ámbito legal internacional.
La Santa Sede pide que Jerusalén sea respetada por lo que es en sí o más bien por lo que debería ser en confrontación a lo que es actualmente. Jerusalén es un tesoro de toda la humanidad. Cualquier solución unilateral u obtenida con la fuerza no es ni puede ser una solución. La Santa Sede opina que cualquier reivindicación exclusiva sea religiosa o política es contraria a la lógica de la ciudad misma.
Nada impide ni prohibe que Jerusalén, con la unidad y unicidad que le son propias, pueda convertirse en el símbolo y el centro nacional de ambos pueblos que la reivindican como la propia capital. Es patrimonio cultural de todos, incluso aquellos que la visitan simplemente como turistas.
En Jerusalén existe un problema político para israelitas y palestinos que es muy concreto. La Conferencia de Madrid de 1991, y las que le siguieron, suscitaron esperanzas en un futuro de paz. Esperanzas que se han visto bien fundadas en los acontecimientos de Wye Plantation de 1998.
La paz y la coexistencia en la Tierra Santa y en el Medio Oriente no tienen futuro, a menos que se encuentre una respuesta a la cuestión política de Jerusalén. La Santa Sede entiende por solución política adecuada el reconocimiento que la situación actual es de conflicto. Pretende que los israelitas y los palestinos, con la colaboración de quienes puedan ayudarlos, alcancen un acuerdo que responda en cualquier modo a sus particulares, legítimas y razonables aspiraciones, y respete los principios de la justicia.
Sin embargo, la solución única de la disputa territorial no es suficiente para Jerusalén, precisamente porque es una realidad que no tiene comparaciones: forma parte del patrimonio de todo el mundo.
La Santa Sede pide que Jerusalén sea tutelada por un "estatuto especial garantizado internacionalmente", con esto pretende:
Es esencial que las partes en las negociaciones tengan en consideración el carácter sagrado y universal de la ciudad. Ello exige el apoyo de las tres religiones monoteístas a cualquier solución posible, sea a nivel local que internacional.
La Santa Sede cree en la importancia de ampliar la representación de los promotores del proceso de paz para que ofrezcan su propia contribución y se aseguren que ningún aspecto de los problemas es descuidado afirmando así que toda la Comunidad Internacional es responsable de la unicidad y de la sacralidad de esta ciudad incomparable.13
DEUDA Y DESASTRES NATURALES
Juan Pablo II ha renovado su esperanza de ver re-examinada la cuestión de la deuda14 que pesa sobre muchos países pobres impidiéndoles el progreso y el bienestar de las poblaciones y conduciéndolos a situaciones de violencia que con frecuencia son incontrolables.
Reconoce que se debe actuar con vigor sobre las causas del endeudamiento, sobre todo reduciendo los gastos inútiles y excesivos, y retribuyendo más equitativamente a los países productores y haciendo lo posible para que los fondos de la solidaridad internacional lleguen efectivamente a las poblaciones a las cuales son destinados.
La Sede Apostólica a través del Consejo Pontificio Justicia y Paz , después de las devastaciones del huracán Mich, solicitó a los acreedores que cancelen la deuda externa de los países centroamericanos afectados y que se comprometan no sólo a reparar los daños, sino a construir una sociedad más justa.15
Juan Pablo II recordó a lo largo de 1998 las dificultades que experimentan muchos países en vías de desarrollo para acceder al crédito en condiciones que favorezcan un desarrollo humano y social equilibrado. El Papa ha pedido a Dios que ilumine a los hombres políticos de los países más desarrollados para que encuentren medios para hacerse generosamente cargo de los costos de los programas internacionales de reducción o de condono puro y simple de la pesada carga que oprime a las poblaciones menos afortunadas de tantas regiones del mundo.16
Y en la Bula de convocación al Gran Jubileo del 2000, de noviembre 1998, el Pontífice sostiene que la deuda representa una de las nuevas formas de esclavitud más sutiles que enfrenta hoy el género humano. Muchas naciones se encuentran oprimidas por una deuda que ha adquirido tales proporciones que hace prácticamente imposible su pago.
En el Mensaje para la Jornada Mundial de la paz de 1999, el Papa dirige un llamado a los responsables de las relaciones económicas a escala mundial para que se interesen por la solución del problema de la deuda internacional de las naciones más pobres. Escribió: "es preciso un esfuerzo rápido y vigoroso que permita al mayor número posible de países, de cara al 2000, salir de una situación ya insostenible".
SEGURIDAD ALIMENTARIA
El Santo Padre ha insistido constantemente en que una visión adecuada de la economía internacional debe permitir la satisfacción del derecho a la nutrición de todos los habitantes de la tierra, según los términos definidos por los distintos instrumentos internacionales.17
Las diversas circunstancias que acompañan las catástrofes naturales, los conflictos internacionales o los conflictos civiles no deben ser pretextos para no respetar tal obligación, que concierne no sólo a las organizaciones internacionales y a los gobiernos de los países que viven en situación de emergencia alimentaria, sino también, y en particular, a los Estados que son depositarios de riquezas y de recursos materiales abundantes.
Una solidaridad internacional bien entendida de acuerdo a la Sede Apostólica debe hacer que todas las decisiones nacionales e internacionales puedan tomar en cuenta los intereses del país y las necesidades externas, evitando transformarse en un obstáculo al desarrollo de los otros y aportando siempre una contribución al progreso mundial, sobre todo al de los países en vías de desarrollo.
DERECHOS HUMANOS Y 50 ° ANIVERSARIO DE LA DECLARACIÓN
En el mensaje que envió al Presidente de la 53° Asamblea General de la ONU, Didier Opertti Badan, en ocasión de las celebraciones de los 50 años de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, Juan Pablo II invita a los Estados a hacer de este aniversario el momento oportuno "para un examen de conciencia" sobre la aplicación de cuanto fue escrito en esos 30 artículos.
"Proclamando un cierto número de derechos fundamentales que pertenecen a todos los componentes de la familia humana escribe Juan Pablo II la Declaración ha contribuido de manera decisiva al desarrollo del Derecho Internacional, ha formulado interrogantes a las legislaciones nacionales y ha permitido a millones de hombres y mujeres vivir más dignamente".
"No obstante ello recuerda el Papa no se puede obviar que en el mundo de hoy los derechos fundamentales son todavía objeto de violaciones graves y continuas", porque con demasiada frecuencia "se afirma la tendencia de algunos a escoger este o aquel derecho, haciendo a un lado lo que contrasta con los intereses del momento".
"Otros tienden a aislar de su contexto algunos derechos particulares para actuar de la manera que les es más cómoda, confundiendo libertad con licencia, o para asegurarse ventajas que tienen bien poco en común con la solidaridad humana." Estas dos tendencias hacen pensar en los llamados "nuevos derechos" (realidades que esconden otros intentos: aborto, eutanasia, eugenética) y en las "cláusulas culturales" (los usos y costumbres locales) que algunos países asumen como un pretexto para limitar las libertades fundamentales.
El Papa reitera en cambio, la universalidad y la indivisibilidad de los derechos y afirma que la lucha para defenderlos "exige a todos perseverancia y creatividad". "En este fin de siglo destaca el Pontífice vemos alrededor demasiados hermanos y hermanas afectados por calamidades naturales, por enfermedades, postrados en la ignorancia y la pobreza o víctimas de guerras interminables. Junto a ellos, otros más afortunados parecen estar protegidos de lo precario y gozan a veces con obstentación de lo necesario y lo superfluo. La dignidad, la libertad y la felicidad agrega el Papa no serán nunca completas sin la solidaridad. Es lo que enseña la historia atormentada de estos 50 años".
Acoger esta lección significa, para Juan Pablo II, actualizar ideas y conceptos históricamente inconcebibles hace 50 años. Así debería ser superada la visión de una comunidad internacional compuesta sólo de Estados, ya que hoy existen "personas y organizaciones" que "tienen una influencia decisiva en el futuro de millones de hombres y mujeres". Ello significa dotar a la Declaración "de una base antropológica y de referencias morales explícitas".
Quienes la redactaron sabían que los principios proclamados se desvalorizarían si la comunidad internacional no hubiese tratado de radicarlos en las diversas tradiciones nacionales, culturales y religiosas. Es, quizás, "la tarea que nos espera ahora concluye el Papa para servir fielmente a la unidad de su visión y promover una pluralidad legítima en el ejercicio de las libertades proclamadas por este texto".
UN TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL
La Santa Sede participó activamente en las reuniones del Comité Preparatorio que precedieron a la Conferencia de Plenipotenciarios para la creación de un Tribunal Penal Internacional celebradas en la FAO, Roma, del 15 de junio al 17 de julio de 1998.
Posición de la santa Sede en relación al establecimiento de una Corte Penal Internacional:
La Santa Sede destacó la necesidad de formular estatutos para esta Corte que aseguren su independencia de presiones políticas. Un elemento inherente a la justicia es que cada individuo es igual ante la ley. Cualquier estructura o regla que pueda tomar decisiones acerca de la culpabilidad o inocencia basada en consideraciones políticas más que jurídicas es cuestionable en los estatutos propuestos.19
La Sede Apostólica considera que la Corte debe tener competencia en el genocidio y en los crímenes de guerra como también en las graves violaciones del Derecho Internacional como la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, la esterilización forzada y las otras graves formas de violencia sexual, como las que son víctimas sobre todo mujeres en los recientes conflictos en la Región Balcánica y en los Grandes Lagos de África, crímenes que deben ser condenados sin reservas.20
DROGA
La Santa Sede apoya de manera total la lucha contra el tráfico ilícito de la droga. Constata que el fenómeno alcanza proporciones terribles, no respeta ni sexo ni edad ni nacionalidades, está conectado con la delincuencia, la mala vida y los factores de la decadencia general; su contexto es de explotación sexual, de comercio de armas, de terrorismo, de destrucción de las relaciones familiares; su tráfico está controlado por organizaciones dirigidas por grupos fuertemente centralizados con la implicación de una amplia gama de personal entrenado.
El vacío de valores, la convicción de que no valga la pena vivir, el sentido de soledad y de falta de comunicación, la ausencia de intimidad con Dios, la falta de proposiciones humanas y espirituales vigorosas, la fuga para olvidar, la estructura social carente de satisfacción dentro de una lectura materialista y destructora de las necesidades humanas, empuja a los jóvenes y adultos a la droga.
De acuerdo con la Santa Sede, el abuso de la droga es totalmente incompatible con los principios fundamentales de la dignidad y de la convivencia humanas; los traficantes de la droga son mercaderes de la muerte que asaltan a la humanidad con el engaño de falsas libertades y perspectivas de felicidad en un comercio infame.
En cuanto a la liberalización de la droga, la Sede Apostólica es de la opinión que la droga no se vence con la droga. La experiencia ha enseñado que la liberalización no es una solución sino una rendición. La distinción entre drogas pesadas y ligeras conduce a un callejón sin salida, la tóxico-dependencia debe combatirse en lo que conduce un individuo a drogarse.
La Sede Apostólica sugiere tres pistas para remediar este flagelo: prevención, represión y recuperación.
En cuanto a la prevención: hay que recuperar los valores humanos del amor y de la vida, únicos capaces de dar pleno significado a la existencia. Corresponde a las instituciones públicas emplearse en una política seria, dirigida a subsanar situaciones de desajuste personal y social, entre las sobresalen la crisis de la familia, la desocupación juvenil, los problemas habitacionales, la falta de servicios sanitarios, las deficiencias del sistema escolar, etc. El método más seguro para esta prevención es la serena convicción de la inmortalidad del alma y de la responsabilidad eterna de los propios actos.
La represión: no es suficiente pero es necesaria. Hay que combatir la organización mercantil y financiera internacional de la droga; hay que formar un frente compacto que se empeñe en denunciar y perseguir legalmente a los traficantes; hay que frenar la expansión del mercado de sustancias estupefacientes; es necesario que salgan a la luz los intereses de quien especula en este mercado, se exige que sean identificados los instrumentos y mecanismos de los cuales se sirve y proceder a su desmantelamiento.
La recuperación: es necesario llevar al individuo que se droga al redescubrimiento de su propia dignidad y ayudarlo, como sujeto activo, a hacer crecer aquellos recursos personales que la droga había sepultado, mediante una reactivación de la voluntad orientada hacia ideales nobles y seguros, pues el miedo al futuro y que se observa en los jóvenes hoy en día, los hace particularmente frágiles, con tendencia a cerrarse en si mismos; se ven atraídos por la droga y la violencia.
La Sede Apostólica reconoce que son muchas las acciones requeridas para el combate eficaz del abuso de la droga, pero hay una central sin la cual nada se podrá lograr: la acción de restaurar en toda su fuerza la convicción del valor trascendente e irrepetible del hombre y su responsabilidad de libre autorealización.21
De todo lo anteriormente expuesto, se puede apreciar que el rol jugado por la Santa Sede en el escenario internacional ha sido muchas veces determinante en la solución de los casos afrontados. Es natural que la sola "buena intención" no es siempre suficiente. No obstante, aún la sola opinión del Sumo Pontífice, en los tan controversiales conflictos internacionales y problemas sociales que aquejan al mundo contemporáneo, es, sin lugar a dudas, una referencia siempre válida a la hora de encontrar la solución más justa y duradera a tales asuntos.
Él es la única autoridad moral en un escenario en donde hasta la ética pareciera estar en discusión. Su figura, aquejada por el dolor y la enfermedad, sin intentar esconderlos, parece imponerse para recordar al hombre de hoy, empecinado en una lucha contra la vejez, el dolor y la muerte, que también la desventura es parte de la vida, que de ella se aprende y que puede afectar tanto a una autoridad mundial o a un jefe de estado como a cualquier ser humano común y corriente.
Magaly Arocha, enero1999.
Notas:
1 Presentado el 16 de abril de 1998
2 Ha participado en las conferencias dedicadas a: la infancia (Nueva York, 1990), el ambiente y el desarrollo (Río de Janeiro, 199"), los derechos humanos (Viena, 1993), el desarrollo duradero de pequeñas Islas-Estado en vías de desarrollo (Bridgetown, 1994), prevención y reducción de las consecuencias de los desastres naturales (Yokohama, 1994), población y el desarrollo (El Cairo, 1994), desarrollo social (Copenhagen, 1995), sobre la mujer (Pequín 1995), habitat (Estambul, 1996), la alimentación (Roma, 1996)
3 Giuseppe De Rosa: "Le Nunziature Apostoliche". Natura e fini della diplomazia pontificia, La Civiltá Cattolica, 7-3-98, N° 3545, págs. 451-460.
4 La Santa Sede ha participado en las actividades de las Naciones Unidas, no solamente a partir de la creación formal de la Misión de Observador Permanente en 1964, sino también antes de la fundación de la Organización, hace más de cincuenta años, cuando se hizo miembro de algunas agencias internacionales, que posteriormente fueron consideradas partes de la llamada "familia de la Organización de las Naciones Unidas".
5 Promemoria della Segreteria di Stato, Sezione Rapporti con gli Stati sulla partecipazione della Santa Sede ai lavori de la CSCE, "LOsservatore Romano", 4-10-92.
6 Joseph Joblin: "Al servizio della famiglia umana". La Santa Sede nella vita internazionale, "Civiltá Cattolica" 3559, 3-10-98, p. 55.
7 Intervención del Arzobispo Jean-Louis Tauran, Secretario para las Relaciones con los Estados, en ocasión de la II Jornada de Estudio de la Academia Pontifica de las Ciencias Sociales que se desarrolló, el 23 de abril de 1998, en la Universidad Lateranense, Roma, y que tuvo como tema: "El derecho y la fuerza" ("Avvenire" del 24-04-98, p. 2-3; "LOsservatore Romano" del 25-04-98, p. 8.)
8 Juan Pablo II: Discurso al Cuerpo Dilplomático, 10-1-98,"LOsservatore Romano" del 11-01-98, p. 1-4-5-6.
9 "La Repubblica" del 9-2-98, p. 9.
10 "Avvenire" del 8-2-98, p. 3.
11 "Avvenire" 17-02-98, p. 3.
12 El 26 y 27 de octubre de 1998, presidentes y delegados de diversas Conferencias Episcopales y de las uniones de Conferencias Episcopales de Europa, de América, de África y Asia, Cardenales invitados y miembros de la Asambleas de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa, se reunieron en Roma, invitados por Su Beatitud Michel Sabbah, Patriarca Latino de Jerusalén, ante el Patriarcado Latino, para reflexionar sobre la cuestión de Jerusalén.
13 "LOsservatore Romano" del 2-3/11/98; "Avvenire" del 4-11-98
14 Juan Pablo II al recibir a los nuevos Embajadores de Nigeria, Guyana (el primer Embajador de este país ante la Sede Apostólica),
Kirghistan y Mongolia el 17 de diciembre de 998.
15 "Avvenire" del 20-11-98; "LOsservatore Romano" del 20-11-98.
16 "Avvenire"; "LOsservatore Romano" del 1-12-98
17 Juan Pablo II a los participantes de la Conferencia de la Unión Interparamentaria recibidos en audiencia el 30-11-98, "LOsservatore Romano" del 1-12-98
18 Juan Pablo II: Discurso al a la Asociación mundial de Juristas de la paz mundial a través del Centro de la Ley, 9-5-92
19 "LOsservatore Romano", 17-06-98, p. 2.
20 "LOsservatore Romano" del 12-07-98, p. 1.
21 Intervención de Monseñor Javier Lozano Barragán, Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Operadores Sanitarios del 10 de junio de 1998 en la Asamblea General de las Naciones Unidas que dedicó su XX sesión Extraordinaria (8-10 de junio de 1998) a la lucha contra la producción, la venta, la demanda, el tráfico y la distribución ilícita de estupefacientes y sustancias psicotrópicas."LOsservatore Romano", 12-13/06/98, p. 2.