¿Vuelve el poulismo a América Latina? (el caso venezolano)
Américo Martín
"El Presidente debe mostrar la mano visible del Estado. Una pobreza del 80% ofrece una gran tentación para un presidente populista, pero ese tipo de política nunca tiene éxito".
(Círculos diplomáticos de Washington, según corresponsal Everett Bauman)
"No me importa que me acusen de haber sido ingenuo y crédulo por lo que creí ayer. Sí me importa que me acusen de ser cómplice de lo que hoy veo con pasmosa claridad. El presidente Chávez: quiere instalar un sistema plebiscitario que en la mayoría de sus manifestaciones a lo largo de la historia ha servido para legitimar autocracias tiránicas, inhumanas y brutales, como el bonapartismo en el siglo pasado y el fascismo y el nazismo en el presente. Hoy no tengo la menor duda de lo que Hugo Chávez quiere"
(Jorge Olavarría, escritor, hombre de confianza del presidente y miembro renunciante de la Comisión presidencial para la Constituyente.)
"En la revolución será victorioso aquel que le parta el cráneo a otro"
(Nicolás Bujarín)
1. Tres fuentes del movimiento chavista
Por la investidura del movimiento que controla el poder en Venezuela y goza de un, diría, agresivo respaldo mayoritario en el infraproletariado urbano, debo comenzar por decir que en el presidente Chávez se reúnen tres vertientes, componentes fundamentales de la cultura política dominante:
EL POPULISMO MILITARISTA: según el modelo peronista de un Estado centralizado que no va a la creación de riqueza sino a su remate y que halaga incesantemente al pueblo mientras la emprende contra fantasmas del pasado, tales como los "godos" o la "oligarquía". En forma más refinada, ese esquema predominó en Venezuela desde la presidencia de López Contreras en 1936 hasta hoy, con sólo dos intentos de viraje que en lo esencial han sucumbido: el de Carlos Andrés Pérez en 1989 y el de Caldera a partir de 1996.
Es bien sabido que el pensamiento de la vieja CEPAL, brillantemente expuesto por Raúl Prebisch en la primera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo, reforzó ese populismo primario al incorporarlo al concepto más amplio de "desarrollo". "Desarrollo" al margen de la productividad y la competencia, bajo el marco del proteccionismo, todo ello acompañado de la súplica arrojada con palabras duras a los países industrializados para que ayuden a los subdesarrollados aviniéndose a un intercambio comercial desigual: precios políticos altos para nuestras materias primas y precios políticos bajos para sus manufacturas. En la misma dirección operaron desde el siglo pasado la democracia cristiana con el catolicismo popular de Ozanam y otros, y el socialismo en sus vertientes leninista y socialdemócrata, separadas y no es poco por el problema de la democracia.
Más notable que las dos tendencias euromarxistas de las que desde los años 30 se separó con ardor polémico, ha sido el "nacionalismo revolucionario", ideología que habla con Vasconcelos y Haya de la Torre de "Indoamérica" y se inspira en la revolución mexicana, la reforma universitaria de Córdoba y la revolución boliviana. En un momento de exaltaciones, Haya pudo escribir: "Así como el marxismo superó dialécticamente a Hegel, el Apra superó a Marx".
Por su parte, el militarismo viene desde los orígenes de nuestras Repúblicas pero en este siglo se bifurcó en las dictaduras clásicas de la guerra fría (a las que debe incorporarse las que surgieron por obra de la contrainsurgencia en Brasil, Argentina y Chile); y los regímenes uniformados de izquierda de Juan Velasco Alvarado, Morales Bermúdez, Torrijos, Noriega, quienes sufrieron en distinto grado la influencia deslumbrante de Fidel Castro. En esta última, llamémosla escuela, puede ubicarse, con las reservas que se describen más abajo, el bloque en el poder de Venezuela.
ECONOMÍA, SIERVA DE LA POLÍTICA: El predominio de la política sobre la economía es una constante en todos los modelos que disocian y contraponen las recetas económicas y las sociales. Como es natural es en el marxismo donde esta idea aparece en forma explícita y sin concesiones, vinculada a la planificación central y a la restricción del mercado y por ende de conceptos fundamentales como los de rentabilidad, costo de oportunidad, productividad y competencia.
El predominio de lo político va parejo con el del Estado. Pero en el Tercer Mundo operan razones - si puede llamárselas así- adicionales. Desde las profundidades de nuestro subdesarrollo - se alega- no necesitaríamos recorrer el largo camino hacia la madurez seguido por los países desarrollados, con base en un lento desenvolvimiento de las fuerzas del mercado. Tenemos el Estado, fuerte, centralizado, de procedimientos expeditivos, para tomar atajos en el despliegue de capacidades productivas. Controlando las empresas básicas o estratégicas, asirá el eslabón que arrastre la cadena y permita dirigir la economía. Bancos Centrales operando con los gobiernos para acabar con la neutralidad de la moneda, manejo del arancel y subsidios a la agricultura e industria para premiar la improductividad.
He ahí el camino. El camino que con su clásica impetuosidad recorrió Ernesto Guevara creando centenares de industrias consolidadas protegidas de la competencia. Cuba - innecesario es recordarlo- regresó melancólicamente de tan descabellada industrialización política, a su secular condición de exportador de materias primas. El camino seguido - aunque de modo menos explícito- por América Latina a lo largo de tres décadas que culminaron con la catástrofe de los años 80.
El énfasis en lo político es un homenaje a la cultura estatista. Para que nuestras sociedades puedan asumir las nuevas realidades del mundo necesitarían la comprensión del país. En la derrota de las aperturas intentadas por los presidentes Pérez y Caldera, esta cultura, extendida a todos los sectores incluso los empresariales ha sido el factor determinante. Unas pocas cifras revelarán su importancia en Venezuela.
INTERVENCION DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA ( %)
La economía en su conjunto depende directa o indirectamente del Estado (del Petroestado) en tanto que la Administración Pública es con mucho la primera bolsa de trabajo. Casi todos los estratos, incluidos en gran medida los empresariales, dependen del Estado y tienden a sometérsele. Esto lo ha comprendido el presidente Chávez, sin embargo con una visión arrogante y despreciativa que seguramente le deparará sorpresas.
Pese a que el imperativo de la realidad le arranque concesiones, el pensamiento básico de Chávez reaparece, como se verá más adelante, a la menor oportunidad. Ese pensamiento está consagrado en su Programa de Acción Política, que si bien lleva estampado el sello "Confidencial" se filtró a la opinión pública durante la campaña electoral. Destaquemos sólo un fragmento característico:
"Empresas básicas y estratégicas: petróleo, hierro, aluminio, electricidad, minería y tecnología militar, cuyo régimen de propiedad corresponde al Estado"
EL CULTO A LOS LIBERTADORES: Aunque los grupos nacional revolucionarios de raíz civil y calculadamente los grupos leninistas de América han querido revestir sus proyectos presentándolos como continuación de la obra de los fundadores de nuestras Repúblicas, han sido las logias de índole militar las que han llegado a extremos más exagerados en este sentido.
En el vaivén de la larga guerra de independencia Bolívar convocó 4 Constituyentes y propuso la creación de un cuarto Poder, el Moral, razón más que suficiente para que el presidente Chávez eleve la Constituyente al rango de oferta omnicomprensiva y postule también el Poder Moral, una de las ideas más desafortunadas de aquel hombre heroico. Tan desafortunada, que fue derrotada en la misma reunión de Angostura (hoy, Ciudad Bolívar). El Libertador no insistió en el tema pero posiblemente el presidente Chávez considere que Bolívar fue traicionado y por eso en homenaje póstumo haya decidido retomarlo.
Han transcurrido 160 años, pero en respeto a un simbolismo que no muere jamás, la convocatoria a la Constituyente se hará desde .... ¡Angostura! . Por desgracia el culto a los fundadores de nuestras Repúblicas ha servido con frecuencia a la causa de la desintegración de Iberoamérica en contraste con la poderosa federación del norte. Sartre escribió que los muertos son alimento de los vivos. Por eso difícilmente estos esforzados luchadores del siglo XIX puedan protestar por la forma como se confisca el sentido de sus realizaciones. Las autocracias y dictaduras más feroces se autoproclaman hijas de ellos.
En Venezuela y Colombia el culto a Bolívar alienta a los guerrilleros del ELN y de las FARC y llegó al paroxismo con las dictaduras de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez , tan dados a las marchas militares patrióticas. En términos prácticos el retorno espiritual del nuevo gobierno venezolano a los tambores batientes y actos sumarios de la independencia, se esgrime para desacreditar las instituciones democráticas y sus procedimientos.
Cesare Beccaría, a mediados del siglo de las luces, elevó el Derecho Penal a la condición humana al consagrar el debido proceso, la presunción de inocencia, el derecho a la defensa y la igualdad en los juicios para defender al individuo contra los poderes del absolutismo. Pero el bloque político dominante en Venezuela considera que si alguien, acusado en la tribuna pública pretende defenderse en los tribunales, no es más que un "leguleyo", y si el Congreso objeta tal o cual decisión del gobierno en nombre de la Constitución también es "leguleyo", y si la Corte Suprema de Justicia decide un recurso en contra de los deseos del Gobierno es porque no oye al pueblo y en cambio se ha rendido a los corruptos.
La corrupción es un mal endémico de nuestros países, vinculado a las dimensiones del Estado y al amplio espacio que ocupa la administración discrecional, pero apabullar las instituciones que el proceso civilizatorio ha creado, en nombre de la lucha contra los delincuentes de los caudales públicos, equivale a retornar al absolutismo. Un absolutismo inquisitorial, si se recuerda que basta que desde las alturas del poder se acuse a alguien para que la víctima sea condenada, porque a tenor de la doctrina penal del nuevo bloque en el poder acusación equivale a sentencia y ¡ay de quien moleste la paciencia presidencial defendiéndose en los órganos jurisdiccionales!. Mucho me temo que si no se miden las consecuencias de este peligro, eso será lo que ocurra en Venezuela.
2. El movimiento por dentro
Durante la campaña electoral el candidato Chávez no pudo presentar el programa que había venido anunciando con solemne insistencia. Los equipos integrados de la coalición chavista trabajaron intensamente y llegaron incluso a elaborar un borrador que por razones no explicadas fue archivado.
Por otra parte los papeles contentivos de los decretos del golpe del 4 F de 1992, mantenidos en el más riguroso de los secretos, se filtraron al país. Esos documentos eran de un radicalismo más riguroso que las medidas expropiatorias de la tierra y el decreto desmovilizador de la paz dictados por Lenin en los primeros días de la triunfante revolución bolchevique. Al principio se puso en duda su autenticidad, hasta que el candidato Chávez y el comandante Arias Cárdenas se rindieron a la evidencia, para aclarar que se trataba de un "material viejo".
Estas contradicciones no obedecen en lo esencial al deseo de engañar al país con ofertas digeribles que se convertirán en indigestas a la hora señalada, no. Reflejan la investidura contradictoria del movimiento y la desubicación del liderazgo en relación con los temas de nuestro tiempo. Eso explica la adaptabilidad del lenguaje del Presidente según los países visitados en sus dos primeras giras a Europa, EUA...y Cuba.
No debe dudarse que las realidades expuestas por los líderes occidentales a Chávez incluidos los Presidentes Menen y Cardoso, lo impresionaron, como también los elogios de sectores empresariales e intelectuales, siempre tan exuberantes. Pero sin duda más lo hizo la larga entrevista con Fidel Castro que probablemente reafirmó sus sospechas contra el sentido oculto de tantos gestos de amistad en el mundo industrial y quizás lo indujo a iniciar la presión contra el Congreso, la Corte y la debilitada oposición sacando las turbas a la calle, método éste que siente más afín a su temperamento que el de la manía democrática de escuchar, debatir y luego decidir.
Pese a que el Presidente Chávez tiende a imitar ciertos gestos y se inclina por los discursos largos salpicados del típico informalismo retórico de Castro, no debe creerse que sea un simple eco de éste o que estemos en el pórtico de una nueva revolución cubana. La incertidumbre ideológica lo hace refugiarse en un pragmatismo abierto a cualquier posibilidad, siempre sobre la base de un sistema cada vez más unipersonal, cada vez más intolerante y cerrado a la disidencia.
En cuanto a las fuerzas internas del chavismo, su abierta o solapada competencia que ha hecho de la unidad una fábula grata al Presidente (porque le permite reafirmar su papel de árbitro y de prodigarse eligiendo en cada caso a quienes quiere escuchar), evocaré la opinión del profesor de Filosofía y Ciencias Políticas de la Universidad de Los Andes, Alberto Arvelo Ramos (El dilema del chavismo. Una incógnita en el poder. José Agustín Catalá, editor. El Centauro, ediciones. Caracas, 1998), quien en su momento - ya no- había defendido honradamente al comandante insurrecto del 4F y conoce bien las interioridades del movimiento. El profesor Ramos habla de tres grupos principales.
El primero, extremadamente débil e iluso, es sin embargo ampliamente mayoritario. Quiere reformas difusamente radicales pero en democracia y sobre todo, en un clima de paz y convivencia. El segundo, el grupo militar, enemigo de la política, los políticos, el juego parlamentario y la independencia de los tribunales, que juzga lentos y manipuladores. Hay en ese grupo un marcado desprecio a la condición civil y una muy fuerte propensión dictatorial. El núcleo duro es el de los viejos compañeros de Chávez en las Fuerzas Armadas, varios de los cuales conspiraron con él a lo largo de diez años. El Presidente los ha ido colocando en posiciones de poder claves, son sus amigos y hombres de confianza. Constituyen, como es obvio, una minoría pero en cambio influyen más que ningún otro sector. El tercero, los partidos leninistas y sectores de izquierda extrema, coinciden con los militaristas en su desinterés por los procedimientos democráticos y piensan que deberá producirse una segunda etapa en la revolución, pero van más a la movilización de masas o turbas. Tengamos en cuenta los piquetes enfurecidos que se desplegaron en la instalación del Congreso y que ahora se arrojarán contra la Corte Suprema de Justicia - como amenazó desde Ciudad Bolívar el Presidente- si los asediados magistrados se atrevieran a declarar con lugar las tres demandas de nulidad interpuestas contra el Decreto de convocatoria del Referéndum constituyente.
3. La tentación totalitaria
¿Qué tipo de relación tiene o quiere tener el Presidente con su movimiento y con el país?
Hay demasiadas evidencias de que Chávez no se siente cómodo dentro de las complejidades y contrapesos de la democracia. Tampoco es paciente con las críticas (se exaspera hasta la irritación cuando las oye o lee) ni exalta las organizaciones de directa participación popular que ordinariamente se identifican con la sociedad civil. Por otra parte le inquieta la descentralización administrativa y prefiere hablar de desconcentración. Razones de espacio no me permiten abundar en la diferencia jurídica entre los conceptos de descentralización y desconcentración, pero baste con retener que en el primero desaparece la relación jerárquica en tanto que en el segundo permanece intacta. En fin: un poder central fuerte, muy discrecional, con débil contrapeso parlamentario y Corte Suprema de Justicia y tribunales que en lugar de decidir conforme a derecho lo hagan de acuerdo con la voluntad del pueblo expresada en "el ágora".
Es una relación del Presidente, fuente del mensaje, y el pueblo, receptor. Es el "diálogo" de plaza pública, de donde Fidel Castro obtuvo el voto a mano alzada para sus célebres Declaraciones de La Habana. Desde allí puede decretarse que la disidencia conspira contra la Constituyente o que al oponerse a los planes del gobierno defiende oscuros intereses.
El Presidente ha dicho en forma expresa que se propone gobernar diez años seguidos "si el pueblo no dice otra cosa"; inmediatamente ha declarado moribunda la Constitución; ha excluido de un plumazo la representación de la CTV de las reuniones tripartitas alegando "ilegitimidad" y sin embargo con todas las críticas justificadas que se enfilen contra la CTV (no muy distintas de las que merece el sindicalismo en cualquier parte) no hay otra Central que tenga ni de lejos similar representatividad. ¿Por qué excluyó a la parte sindical desechando el tripartismo recomendado por la OIT?. Sólo hay una explicación: si Gaitán se consideraba encarnación del pueblo y Luis XIV del Estado, el presidente desea ser "pueblo" y "Estado" en el ejercicio del poder.
Ha anunciado sistemáticamente la disolución del Congreso, como "refugio último de la corrupción", no obstante que los parlamentarios fueron electos hace cuatro meses en condiciones tan limpias como las que le dieron a él la Presidencia, y que el 75% de los diputados y senadores nunca antes había estado en el Congreso.
Esta vinculación del presidente con su pueblo, sin enojosos intermediarios, recuerda inmediatamente a Juan Domingo Perón, quien había creado una CGT a su servicio incondicional, sobre la base de una estrategia populista que acabó con la industria y la prosperidad argentina, incrementó el poder del Estado, elevó los salarios sin consideración a la estructura de costos de las empresas ni atención al límite de la productividad del trabajo. Legó a Argentina, en medio de un asfixiante nacionalismo económico y espiritual, un pavoroso déficit fiscal, una inmerecida inflación, un empresariado dependiente del Fisco, una fétida corrupción y el desvanecimiento de la moral del trabajo.
Mucho más tarde, en 1981, el comandante nicaragüense Tomás Borges, explicando también en plaza pública la política económica, dirá:
"La política es la expresión concentrada de la economía. Esto quiere decir que la política económica es un problema de poder".
Más claro, difícil.
La presión de los de abajo
Con alguna frecuencia nos inclinamos a aceptar lo que el profesor Augusto Mijares denominó sociología pesimista.
¿Por qué el pueblo no valora la democracia y con frecuencia se inclina hacia fórmulas autoritarias?. Al poner en solfa para los lectores de hoy el ensayo de Maurice Joly, Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, comenta Fernando Savater que en este diálogo imaginario el florentino "se propone demostrar a Montesquieu que el instrumental político de la democracia es tan apto como cualquier otro para vehicular el despotismo y mejor que todos para legitimarlo. ¿Qué le importa al proletariado, inclinado sobre su trabajo...que algunos oradores tengan el derecho de hablar y algunos periodistas el de escribir?...Tales derechos.... no son otra cosa que una amarga ironía del destino".
¿En realidad le importa al infraproletariado de nuestras favelas, villas miseria o rancherías que la prensa sea amordazada o se prohiban los derechos políticos? ¿Es nuestra democracia un falso transplante de la cultura europea? ¿La "democracia igualitaria" que nos viene de las guerrillas históricas -como postuló nuestro positivista Laureano Vallenilla Lanz en 1926- antes que exquisiteces de las sociedades ricas pide más bien un César o Gendarme necesario que implante la paz y distribuya la justicia?.
Es éste un problema, como el sol del Soneto de Shakespeare, siempre viejo y siempre nuevo. Su simple recurrencia, inmune al tiempo, nos debería prevenir contra respuestas sumarias. Creyendo, como creo, que la democracia es una gran conquista de la civilización y que, por tanto, no tiene nacionalidad específica, me parece que en situaciones especialmente críticas, cuando las calamidades sociales se acumulan y la autoestima decae, la lealtad hacia ella tiende a debilitarse.
Pero lo alentador es que, como las espadas toledanas, el entusiasmo se comba pero no se parte. Las más recientes encuestas, no obstante otras indicaciones inquietantes, ratifican el gran respaldo de que goza la democracia en el país incluso, aunque con márgenes menos amplios, entre quienes se consideran chavistas. Un reciente muestreo preparado por especialistas de varias universidades y del prestigioso IESA (Instituto de Estudios Superiores de Administración) para saber lo que se espera del gobierno de Chávez, revela lo siguiente:
· solución a los problemas de educación, empleo vivienda y seguridad.
· Mayor intervención estatal
· 60% quiere capitalismo y 30% socialismo, pero entre los chavistas, más del 60% prefiere socialismo.
· 75% quiere democracia y 25% dictadura. Entre los chavistas todavía 65% se inclina por la primera y 35 por la segunda, de donde: casi las dos terceras partes de los seguidores del Presidente sigue favoreciendo el sistema democrático.
La calidad de vida del venezolano se ha venido abajo en los tres últimos lustros. En ese lapso, según el presidente de la empresa DATOS, Edmon Saade (La pérdida de la calidad de vida del venezolano en cifras), la clase media se ha reducido en un 50% mientras que la marginalidad ha ascendido en un 32%. Según estudios de la Universidad Católica Andrés Bello, el 35,7% de la población está excluida de los servicios sociales básicos, y dos millones de jóvenes entre 13 y 25 años no estudian ni trabajan.
Mientras tanto la recesión-inflación (stagflation) se proyectará en el escenario más optimista hasta el próximo año. El gobierno estima el déficit fiscal de 1999 en 9% del PIB quedando para el servicio de la deuda 40% del presupuesto. Según el profesor Francisco Vivancos, se puede esperar que el precio petrolero oscile entre US $ 7 y 7.50, muy cerca de 2.000 millones de dólares menos que en el presupuesto ya reajustado. El desempleo, según cifras de la CTV, se ubica en el 20% de la fuerza de trabajo.
La presión de tantas calamidades sociales, sobre un presidente que ha asumido mesiánicamente la relación con "el pueblo", sugiere que se inclinará hacia una política populista que, como se ha visto, le es afín. Ha sido el presidente el más duro opositor a lo que llama la tecnocracia neoliberal, a la que acusa de insensible. En sus recorridos por los sectores de extramuros visita hogares humildes, abraza ancianas y promete una y otra vez que pondrá fin al espectáculo de la infancia abandonada. Es difícil no respaldar esa promesa...el problema es que no cuenta con chequera para honrarla, ni hay en él interés alguno en incentivar la productividad de la economía para generar la riqueza que desea distribuir. Por eso seguramente los círculos diplomáticos y empresariales de Washington dudan. Everett Bauman (corresponsal de El Universal en Washington) envía un despacho donde se lee:
"El momento es crítico para el presidente (Chávez) porque tiene que explicar al mundo si continuará con una política demagógica y populista, o no"...."Será difícil hacer pasar la tesis de la tercera vía de Blair (que Chávez ha esgrimido creyendo colocarse en equidistancia del capitalismo y el comunismo). Esta política ofrece una cubierta conveniente para aquellos que no quisieran especificar lo que realmente es su política"
El editorial del Washington Post del 12-02-99 ofrece esta paradoja: "La principal interrogante que se formula la gente sobre el nuevo papel del Estado es si va a cumplir con sus promesas de tinte izquierdista formuladas en la campaña (en realidad sugirió más que formular promesas, aparte de la piedra filosofal, la Constituyente. Nota mía) con lo que desestabilizaría la economía, o si piensa renegar de ellas, lo que desestabilizaría su base política".
Chávez se disocia de las instituciones democráticas, hostiga a la oposición, aparta al movimiento sindical, impone una relación de ordeno-mando con el bloque que lo respalda aprovechándose de sus crecientes contradicciones, todo con el fin de establecer una cómoda conexión con el hombre de la calle, serializado y separado de sus organizaciones de directa participación, para fundar un liderazgo incontrolable, de manos libres y puesto allí por diez años o más, mientras el pueblo descamisado lo respalde. Pero al proceder de esa manera asume la incompartida responsabilidad de colmar las elevadas expectativas sociales, y de hacerlo sin retardo y sin excusas. Si hubiera heredado, como Perón de Yrigoyen* , una economía sólida, bien podría repartir canastas alimentarias por un tiempo. Pero no es ese su caso, y los ahorros que se está procurando por la vía de reducir escoltas, eliminar teléfonos celulares y automóviles para el servicio público, aparte de convenientes como ejemplo de austeridad, son irrisorios frente a la doble coyunda de una caja sin fondos y un pasivo desproporcionado en el corto plazo.
¿Seguirá adelante aplicando medidas "heroicas" como la moratoria de la deuda, los controles de cambio, precios e intereses y la receta neokeynesiana del crónico déficit spending?. Fue hasta cierto punto, se recordará, el camino seguido por el presidente Caldera con resultados funestos, incluso en lo relacionado con su popularidad. Caldera llegó a gozar del 70% de respaldo en sus primeros meses y culminó en algo así como el 4%. Pero el veterano presidente no encontró una situación más dramática que la que debe encarar el nuevo gobierno, de donde se desprende que la catástrofe ahora sería mayor. Con el agravante de que el presidente Chávez, al romper hostilidades con quienes disienten y al estrangular la democracia, se está negando a sí mismo la posibilidad de colaboraciones que lo ayudarían a superar la emergencia.
Registremos sin embargo una diferencia significativa entre los dos casos. En Chávez el populismo, las políticas de "demanda" y no de "oferta" y el intervencionismo de los controles confiaría su estabilidad a un gobierno fuerte y autoritario, dueño de medios de manipulación ideológica mayores y asistido por una red de organizaciones paramilitares en los barrios destinada a desanimar protestas populares, de esas que florecen con más rapidez en los sistemas democráticos. Si se trata de una espiral, el retroceso autoritario será progresivamente más acelerado y la tradicional democracia venezolana podrá pasar a la historia.
Pero la inviabilidad de semejante camino bien podría revertir esta tendencia, si aprovechando la interdependencia de la globalización el gobierno, al borde del abismo, diera marcha atrás. Dar marcha atrás, en ese caso, sería una operación total: restablecer la democracia, abrir la economía, captar inversiones y tecnología, levantar el nivel gerencial privado y público y adiestrar el personal calificado a la altura del estándar internacional, como manda la competencia en los mercados regionales integrados y en el mercado mundial.
Porque pese a todo, aunque no se haya diversificado la economía ni se haya quebrantado el modelo estatista de políticas destinadas a fortalecer la función de la demanda, Venezuela sigue siendo un país petrolero en trance de volver a disponer de recursos fiscales y de divisas elevados, lo que hará las delicias de los futuros populistas o brindará medios para facilitar la apertura reclamada por las nuevas realidades. Cierto es que se vive una coyuntura de precios a la baja y que no hay horizontes de recuperación claros, pero aún así el país es actualmente el sexto del mundo en reservas probadas y desplazará cómodamente a Arabia Saudita del primero, una vez que se incorporen la enormes reservas de la Faja Petrolera del Orinoco.
No hay para Chávez vías fáciles. Un viraje tal le haría pagar un costo político muy alto que amenazaría la estabilidad del gobierno. Pero entrar más profundamente en el parque jurásico lo condenaría, tal vez, a sufrir un destino peor.
EPÍLOGO
Quisiera aprovechar para incluir, a título de apéndice, tres cuadros ilustrativos de la distribución de fuerzas según las elecciones parlamentarias de noviembre y presidenciales de diciembre. En las primeras el mismo pueblo que le dio en diciembre una amplia victoria a Chávez, apenas 30 días antes entregó sus votos a partidos distintos y contrarios al actual Presidente. Puede servir para demostrar la intrínseca volatilidad de las fuerzas que hoy corean al Presidente, unidas a él por un lazo puramente emocional y por lo tanto frágil, como suelen ser las emociones humanas.
Pero además, se verá que la votación real de Chávez fue de 33.36%, importante es cierto, pero de apenas la tercera parte de los electores efectivos.
ELECCIONES VENEZOLANAS 1998 VOTOS SENADORES AL CONGRESO NACIONAL 5 PRIMERAS FUERZAS
| PARTIDOS POLITICOS RESPALDO DE LA POBLACION | AD |
MVR |
PRVZL |
MAS |
COPEI |
| VOTOS | 1.235.473 | 1.002.169 |
517.732 |
464.308 | 618.235 |
| % SOBRE TOTALVOTOS VALIDOS | 24.36 |
18.76 |
10.21 |
9.15 |
12.19 |
| INSCRITOS EN EL REGISTRO ELECTORAL | 10.991.482 |
|
|
||
| % DE PARTICIPACION EFECTIVA | 11.24 |
9.11 |
5.62 |
4.71 |
4.22 |
| ABSTENCION | 5.132.042 | ( 46.69 % ) |
|
FUENTE: Estadísticas CNE
ELECCIONES VENEZOLANAS 1998 VOTOS DIPUTADOS AL CONGRESO NACIONAL 5 PRIMERAS FUERZAS
| PARTIDOS POLITICOS RESPALDO DE LA POBLACION | AD |
MVR |
PRVZL |
MAS |
COPEI |
| VOTOS | 1.185.683 |
980.259 |
517.070 |
438.878 |
591.639 |
| % SOBRE TOTALVOTOS VALIDOS | 24.05 |
19.88 |
10.49 |
8.90 |
12 |
| INSCRITOS EN EL REGISTRO ELECTORAL | 10.991.482 |
|
|||
| % DE PARTICIPACION EFECTIVA | 10.78 |
8.91 |
4.70 |
3.99 |
5.38 |
| ABSTENCION | 5.227.391 | ( 47.56 %) |
|
FUENTE: Estadísticas CNE
ELECCIONES VENEZOLANAS 1998 VOTOS PRESIDENTE DE LA REPUBLICA 3 PRIMEROS CANDIDATOS
| CANDIDATOS RESPALDO DE LA POBLACION | HUGO CHAVEZ | SALAS ROMER | IRENE SAEZ |
| VOTOS | 3.673.685 | 2.613.161 | 184.568 |
| % SOBRE TOTALVOTOS VALIDOS | 56.20 | 39.97 | 2.82 |
| INSCRITOS EN EL REGISTRO ELECTORAL | 11.013.028 |
|
|
| % DE PARTICIPACION EFECTIVA | 33.36 | 23.73 | 1.78 |
| ABSTENCION | 4.024.737 | ( 36.55 % ) |
FUENTE: Estadísticas CNE