Magaly Arocha
La Iglesia católica sostiene la tesis de una garantía internacional para los Lugares Santos, de libertad de acceso y circulación. "La "cuestión de Jerusalén" reviste un interés que va más allá de las dos partes. Para los israelitas y los palestinos, la Ciudad es símbolo, disputado, de su misma identidad nacional: los primeros la han proclamado "capital única e indivisible" de su Estado y como tal quisieran mantenerla, los segundos la sueñan y evocan como capital espiritual.
Visión histórica
En diciembre de 1917, las tropas inglesas ocuparon Jerusalén y en la Conferencia de San Remo del 24 de abril de 1920, se discutió la oportunidad de confiar a Gran Bretaña este mandato en nombre de la Sociedad de las Naciones. El 24 de julio de 1922 se establecieron los términos del mandato, que aprobaba la constitución de una "Agencia hebrea apropiada" para mantener los vínculos de cooperación con la administración palestina y el "hogar nacional" que se crearía. Gran Bretaña obtuvo el mandato oficial en septiembre de 1923.
La organización sionista mundial había trazado, desde la Conferencia de Paz de París de 1919, los límites de la zona para el "hogar" nacional, algunas líneas iban más allá de Palestina y se extendían a parte del Líbano, a las colinas del Golán, en Siria, de Aman, al Mar Muerto, y hasta el Golfo de Acaba; en Occidente iban desde El Arish, en la costa mediterránea, hasta Sharm al-Sheikh, en el Golfo de Acaba.
La Sociedad de Naciones reduce estos límites pero Gran Bretaña incluye en su mandato Transjordania, transformándola en Emirato. La reacción de los árabes fue de oposición. La oposición se transformó en violencia, especialmente entre 1922 y 1929.
El 2 de abril de 1947, y dada la situación de violencia imperante, Gran Bretaña admitió su incapacidad para mantener su mandato transfiriéndolo a la ONU. El 29 de noviembre de 1947, a través de la Resolución 181 (II), la Asamblea General aprobó la división de Palestina en dos Estados independientes, pero unidos económicamente.
Atribuía al Estado árabe, Galilea occidental, la región montañosa de Samaria y Judea - excluida la ciudad de Jerusalén - la llanura costera de Asdod hasta la frontera con Egipto; el Estado hebreo resultaría compuesto por Galilea oriental, la llanura de Esdrelon, la mayor parte de la llanura costera y del Negev. Giaffa y Bersabea quedarían como dos enclaves árabes por vía de su población de mayoría árabe.
Para la ciudad de Jerusalén y las localidades circundantes la resolución preveía el llamado corpus separatum como otro enclave entre el Estado hebreo y la Transjordania, sujeto a "un régimen internacional especial (....) administrado por la Organización".
En cuanto a los otros Lugares Santos, fuera de los límites antes mencionados, el gobernador escogido por la ONU tendría que vigilar por la fiel aplicación de garantías constitucionales hebreas y árabes, que habrían asegurado el respeto absoluto de las memorias de la Redención.
La reacción de la Santa Sede a esta solución fue favorable, porque pese a que no representaba "L'optimum" que se podía esperar después que la Tierra Santa había pasado a manos cristianas, la solución "constituía un reconocimiento internacional del valor universal de los Lugares Santos, los libraba del condicionamiento de cualquier poder estatal, los hacía el centro de una organización autónoma que habría vivido en función de ellos, y podía en fin, ofrecer algunas garantías para el desarrollo de las comunidades cristianas y de la católica en particular".
El 14 de mayo de 1948, Ben Gurion, Presidente del Comité Ejecutivo de la Agencia Hebrea, proclamó el nacimiento del Estado de Israel, reconocido inmediatamente por los Estados Unidos y la Unión Soviética.
En Tel Aviv se constituyó un Gobierno provisional con Ben Gurion como Primer Ministro y otros miembros del ejecutivo de la Agencia Hebrea en los Ministerios más importantes. Las primeras elecciones se realizaron en enero de 1949. El gobierno de Israel, en contraste con la ONU, declaró el 2 de agosto de 1948, Jerusalén occidental "territorio ocupado por Israel".
En este contexto, Pío XII reiteró la posición de la Santa Sede sobre el problema de Jerusalén en la Encíclica "In multiplicibus" del 24 de octubre de 1948, subrayando la importancia de "un régimen internacional jurídicamente establecido que garantizase la protección de los santuarios" y el libre acceso a los Lugares Santos, la libertad de culto para las diversas confesiones cristianas, y el respeto de las costumbres y tradiciones religiosas heredadas del pasado".
La Asamblea General de la ONU, a través de la resolución del 3 de diciembre de 1948, creó una Comisión de Conciliación para Palestina compuesta por tres Estados miembros de la ONU en sustitución del mediador, que presentaría propuestas particulares relativas a un régimen internacional permanente para el territorio de Jerusalén y, formularía recomendaciones relativas a los Lugares Santos, para los cuales solicitaría a las autoridades políticas de las regiones interesadas, garantías formales respecto a la protección y acceso a los mismos. Compromisos que serían sometidos a la aprobación de la Asamblea General.
La Resolución establecía que Jerusalén gozaría de un tratamiento particular y distinto al de las otras regiones de Palestina y tendría que ser sometida al control efectivo de la ONU.
El 11 de mayo de 1949 el Estado de Israel fue admitido en la ONU.
El 9 de diciembre de 1949 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 303 por la que reafirmó su intención de ver instaurado en Jerusalén un régimen internacional permanente, que predispusiese algunas garantías para la protección de los Lugares Santos, y confirmó que Jerusalén sería constituida en corpus separatum bajo régimen internacional especial y sería administrada por las Naciones Unidas.
El Gobierno y el Parlamento israelitas se trasladaron de Tel Aviv a Jerusalén y el 23 de enero de 1950, el Parlamento proclamó que esta ciudad "había sido siempre la capital de Israel". Estos gestos unilaterales, independientes de los debates y de las decisiones de la ONU, verdadera política de "los hechos cumplidos" caracterizará la acción de Israel con relación a Jerusalén y los Lugares Santos.
Las distintas treguas instituidas con los países árabes no les impidieron a estos últimos considerar la creación de Israel una usurpación de los territorios árabes y por tanto una negación de los principios de la ONU. Una política defensiva dominará la vida del nuevo Estado, fundada sobre el principio que debía ser militarmente superior a todos los Estados árabes.
El 4 de abril de 1950, el Consejo de Tutela ONU aprobó el estatuto especial de la ciudad de Jerusalén, sobre la base de las decisiones de la Asamblea, para su constitución en corpus separatum administrado por el Consejo de Tutela ONU. Sin embargo,esta "internacionalización territorial de Jerusalén" no fue aplicada porque las partes, árabe e israelita que, en el conflicto del 48, ocuparon respectivamente la parte oriental y occidental de la Ciudad.
El Consejo de Tutela, el 14 de junio de 1950, reenvía la cuestión de la internacionalización de la Ciudad Santa de Jerusalén a la Asamblea General 2, presentándose la falta de solución de un problema tan importante y que tantas consecuencias tendría en los decenios siguientes, con la amarga constatación de la grave impotencia de la ONU para resolver las cuestiones internacionales.
En junio de 1967 estalla la llamada "guerra de los seis días" surgida como reacción egipcia ante la permanencia de tropas de la ONU en su territorio, el bloqueo del puerto Eliat, en el Golfo de Acaba y las tensiones fronterizas.
El 5 de junio de 1967, Israel ataca a Egipto, Jordania, Siria e Irak y en sólo cinco días conquista la Península del Sinaí, Jerusalén, Cisjordania y las alturas del Golán. En respuesta, el 6 de junio, Nasser, cierra el Canal de Suez solicitando a los países árabes productores de petróleo la suspensión del suministro de crudo a los países occidentales aliados de Israel.
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó un cese al fuego el 7 de junio de 1967 y el 22 de noviembre de 1967 adopta la resolución 242 3.
En 1969, Yasser Arafat, fue elegido Presidente de la OLP, intensificándose los ataques terroristas contra Israel, que en represalia, bombardea Siria y el Líbano (bases militares de la OLP).
El 6 de octubre de 1973 estalla la "Guerra del Yom Kippur" (festividad judía más solemne: Día del perdón). Siria ataca las colinas del Golán por el norte, y los egipcios atacan por el sudeste, desde el Canal de Suez, obligando a los israelitas a retirarse de su línea de defensa Bar-Lev, y de los campos petrolíferos de Balayim. Sin embargo, el contraataque israelí obliga al repliegue egipcio y sirio.
El acuerdo se logrará sólo el 17 de enero de 1974, con el retiro de las fuerzas israelitas del Canal de Suez, la reducción de las fuerzas egipcias en la orilla oriental del canal y la creación - entre los dos ejércitos - de una zona neutra presidida por tropas de la ONU; en octubre de 1974, la ONU reconoce a la OLP como representante del pueblo palestino.
Entre Egipto e Israel se iniciará un clima de distensión: apertura del Canal de Suez, en junio de 1975, y el Acuerdo de Sinaí de septiembre de 1976, con el cual Egipto obtuvo la restitución de algunos territorios ocupados por Israel (los pasos de Mitla y de Giddi y los pozos petroleros de Abu, Radis en el Sinaí).
En noviembre de 1977 el Presidente egipcio Anwar Sadat realizó una visita a Israel, sentando las bases para los acuerdos de paz de Camp David, con la mediación del Presidente americano Jimmy Carter, y firmados por el Presidente egipcio Anwar Sadat y el Primer Ministro israelita Menahem Begin, el 26 de marzo de 1979, estableciéndose el compromiso israelita de negociar la autonomía de los territorios palestinos.
Los Estados Unidos organizaron una Conferencia Regional de Paz para el Medio Oriente en Madrid, el 30 de octubre de 1991, con la presencia de George Bush, Presidente de los Estados Unidos y de Mikhail Gorbachov, Presidente de la USS (la Unión de Estados Soberanos).
En ocasión de la conferencia, Juan Pablo II envió a los Presidentes americano y soviético una carta, en la que reitera que "... un acuerdo es posible si se busca con perseverancia y si es perseguido por todos los interesados con constante sensibilidad hacia los derechos de los otros, y en la firme convicción que una paz verdadera y duradera, puede ser obtenida si se satisfacen las solicitudes de justicia"..
En la Conferencia de Madrid participaron los representantes de Israel, Siria, Líbano, Egipto, Arabia Saudita, de la Unión Árabe del Maghreb, de la Liga Árabe, de la ONU y de la CE, en calidad de observadores, y una delegación mixta jordano-palestina (el gobierno israelita exigió que los palestinos estuviesen representados por ciudadanos palestinos residentes en los territorios ocupados y no por exponentes de la OLP, considerados terroristas).
Los logros de esta conferencia fueron: el reconocimiento israelita de un interlocutor palestino; la seguridad que las negociaciones tendrían como punto de partida las Resoluciones 242 y 338 de la ONU, es decir "tierra a cambio de paz"; la aceptación palestina de un autogobierno provisional, con la renuncia del objetivo inmediato de la fundación de un Estado palestino.
La Conferencia de Madrid fue reconvocada en Washington, donde se afrontarían, en negociaciones bilaterales, las cuestiones a resolver entre Israel, por un lado, y, por el otro, los palestinos y los países limítrofes.
En junio de 1992, en Israel se celebraron elecciones para renovar el Parlamento, con la victoria del Partido Laborista. Se constituyó un nuevo gobierno en Tel Aviv presidido por Yitzhak Rabin, quien confió el Ministerio de Exteriores a Shimon Peres.
Este nuevo gobierno (que había basado su campaña electoral en la aceptación del principio "restitución de los territorios a cambio de la paz") inició negociaciones secretas sobre los aspectos fundamentales de un acuerdo con los dirigentes de la OLP, contando con la mediación del Ministro de Exteriores de Noruega, Johan Joergen Hols.
El 9 de septiembre de 1993, en París, el representante israelita, Uri Savir, y el de la OLP, Abu al Ala, firmaron el "Protocolo de acuerdo" intitulado "Declaración de principios para acuerdos provisorios de autonomía".
Ese mismo día, 9-9-93, el Presidente de la OLP, Yasser Arafat, envió al Jefe del gobierno israelita una carta en la que, en nombre de la OLP, reconocía oficialmente a Israel el derecho de existencia como Estado en paz y seguridad; renunciaba al terrorismo y a la violencia y se empeñaba en respetar esa renuncia y a castigar a quienes la violasen; se comprometía así mismo a cancelar de la Carta Nacional Palestina todas las cláusulas en contradicción con tales compromisos.
A su vez, en la carta de respuesta del Primer Ministro Yitzhak Rabin, con la misma fecha, por primera vez, oficialmente y por escrito, el Gobierno israelita reconocía a la OLP como legítimo representante del pueblo palestino.
El 13 de septiembre de 1993, en Washington, se suscribió la "Declaración de principios" con la cual se da inicio a un proceso de paz en el Medio Oriente, que preveía como primer paso la realización de un "proyecto piloto" consistente en asumir la Franja de Gaza y la ciudad de Jericó como un área dentro de la cual dar curso a la transferencia de poderes a los palestinos, que seguidamente se aplicaría a toda Cisjordania.
El 30 de diciembre de 1993, la Santa Sede y el Estado de Israel, firmaron "El Acuerdo sobre algunos principios fundamentales que regulan las relaciones recíprocas".
En enero de 1994, siguiendo lo estipulado en el Acuerdo Fundamental entre Israel y la Santa Sede, el Santo Padre nombró como Representante Especial de la Santa Sede ante el Estado de Israel al Arzobispo Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, Nuncio Apostólico. Por su parte, el Consejo de Ministros israelitas, aprobó el nombramiento de Representante Especial del Estado de Israel ante la Santa Sede al diplomático Shmuel Adas.
El 4 de mayo de 1994 el Primer Ministro israelita, Rabin y el Presidente de la OLP, Arafat, firmaron el llamado "Acuerdo del Cairo" para el otorgamiento a los palestinos de la autonomía a Gaza y a Jericó, que estipula: el retiro de las tropas israelitas de Gaza y Jericó; formación de un Gobierno Provisional Palestino ("Autoridad Nacional Palestina") presidido por Arafat, que sería sustituido por el "Consejo de Autonomía" que sería electo por sufragio en octubre de 1994 y que extendería sus poderes a toda Cisjordania.
Sin embargo, la cuestión de la naturaleza jurídica de Cisjordania y Gaza (si sería, por ejemplo un Estado independiente, o si se uniría federalmente a Jordania) deberá ser afrontada por las dos partes antes de la conclusión definitiva del proceso de total autonomía sobre todos los territorios ocupados (Gaza y Cisjordania) previsto para 1999.
Se acordó que la seguridad "externa" de los colonos israelitas (legales) que habitan en casas construidas en áreas de Gaza y Cisjordania (que debían ser restituidas a los palestinos y de las cuales debían retirarse las tropas israelitas), sería garantizada por el ejército israelita.
Y la "interna" (Cisjordania y Gaza) sería confiada a tres fuerzas de policía: una palestina, una israelita y una común. Sin embargo, las modalidades de actuación de esta policía implicaban la solución de problemas prácticos que contribuían a retardar la aplicación de los requisitos establecidos en el acuerdo de Washington del 93, actualizado en El Cairo en 1994.
En junio de 1994, la Santa Sede y el Estado de Israel establecen relaciones diplomáticas, a nivel de Nunciatura Apostólica por parte de la Sede Apostólica, y de Embajada por parte del Estado de Israel. La Santa Sede nombró (28-6-94), como Nuncio Apostólico en Jaffa, Tel Aviv, al Arzobispo Andrea Cordero Lanza di Montezemolo y en septiembre de 1994, el primer Embajador del Estado de Israel ante la Santa Sede, Shmuel Hadas, presentó sus Cartas Credenciales al Papa.
El 25 de octubre de 1994, se establecen relaciones entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). La Sede Apostólica subrayó que: "No se trata propiamente de relaciones diplomáticas" pero que "esta nueva relación será un instrumento práctico para alcanzar fines de interés común entre las dos partes y de interés general para los pueblos de la región". Entre estos fines se encuentra como prioridad la búsqueda de la paz en la región, que debe lograrse con el apoyo a los pueblos y a los líderes moderados. El Acuerdo representa un apoyo explícito a quien, para resolver los problemas, se empeña en el diálogo y se opone a la violencia.
El 24 de septiembre de 1995, en la ciudad de Taba, en el Mar Rojo, Yasser Arafat y Shimon Peres (Ministro de Exteriores de Israel) inicializaron el llamado "Acuerdo de Taba". La firma oficial por el Primer Ministro Israelita, Rabin, y el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Arafat, se produjo el 28 de septiembre de 1995, en Washington, con la presencia del Presidente americano Bill Clinton, el Rey Hussein de Jordania y el Presidente de Egipto Hosni Mubarak.
El Acuerdo estableció el retiro de las tropas israelitas, para lo cual Cisjordania fue dividida en tres zonas: "A"; "B" y "C"; las responsabilidades de los lugares de culto serían transferidas a la Autoridad Palestina (la Tumba de los Patriarcas de Hebrón permanecerá temporalmente bajo control israelita, con libertad de acceso a los musulmanes).
El 4 de noviembre de 1995, el Primer Ministro de Israel, Yitzhak Rabin, fue asesinado por un hebreo, Yigal Amir, durante una manifestación en la plaza de los Reyes de Israel, organizada por el Partido Laborista en apoyo a la obra de la paz del Primer Ministro y del Ministro de Exteriores, Shimon Peres.
Durante el Angelus del domingo 5 de noviembre, Juan Pablo II manifestó su conmoción expresando:
"... Yitzhak Rabin, servidor de su país, hábil estadista, era sobre todo uno de los principales protagonistas del proceso de paz para el Medio Oriente ... Espero que este hecho grave y doloroso no afecte en modo irreparable la búsqueda de la paz sino, al contrario, constituya un símbolo ulterior. La acción del Primer Ministro en favor de la paz... y su sacrificio produzcan frutos de reconciliación ... Al mismo tiempo espero que todos los ciudadanos de Israel ... continúen el camino iniciado ..."
El asesinato del Primer Ministro Israelita sacó a la luz la fractura profunda, la oposición y resistencia presentes en la sociedad israelita. De hecho, los organismos de información detectaron la presencia de grupos y personajes ultraortodoxos hebreos, tanto fuera como dentro de Israel, con tintas de un "fundamentalismo" hebreo cercano al islámico. El asesino, Yigal Amir, es uno de estos fanáticos ultrarreligiosos.
Después del asesinato de Rabin, el Ministro de Exteriores, Shimon Peres asumió el cargo de Primer Ministro. El 20 de enero de 1996, los palestinos acudieron a las urnas para elegir el Parlamento y el gobierno; Yasser Arafat es elegido Presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Seguirán una ola de atentados contra Israel. El Primer Ministro Peres aunque garantizó la continuación del proceso de paz, estableció un bloqueo temporal (que luego será reiterado por su sucesor) a los territorios palestinos, prometió guerra al terrorismo y ordenó la separación física de Israel de los territorios palestinos.
El 24 de abril de 1996 el Consejo Nacional Palestino, por propuesta de Arafat, aprobó la revisión del Estatuto de la OLP, siendo derogados los artículos que negaban el derecho a la existencia del Estado de Israel e invocaban su destrucción. Por su parte, el Partido Laborista de Shimon Peres, el 25 de abril, derogó un artículo de su normativa que negaba el derecho de los palestinos a tener un Estado independiente.
El líder del Partido Conservador "Likud" (Derecha) Benjamín Netanyahu, resultó electo Primer Ministro en las elecciones del 29 de mayo de 1996. En junio obtuvo la confianza del Parlamento. David Levy es nombrado Ministro de Exteriores.
Desde la elección del líder conservador, las negociaciones árabe-israelitas han registrado primero una detención brusca, después un período de "congelamiento" hasta llegar a una ruptura neta. De hecho, por una parte el Primer Ministro dice estar listo a negociaciones con el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, para definir los términos del retiro de las tropas de Cisjordania, pero por otra parte excluye categóricamente la posibilidad de interrumpir la política de establecimientos (construcción de 6.500 habitaciones en la zona Suroriental de Jerusalén) iniciada el 18 de marzo de 1997, que se presenta como la principal causa de una nueva ola de desórdenes.
En el tradicional "Angelus" del domingo 9 de marzo de 1997, Juan Pablo II se pronunció con relación a la política del Gobierno de Israel. Dijo:
"En Jerusalén, las Autoridades de Israel han adoptado graves decisiones que llaman la preocupada atención de la comunidad internacional. Ellas podrían afectar seriamente el proceso de paz y el espíritu de confianza tan necesario para su proseguimiento ... Son situaciones dolorosas que nacen de posiciones intransigentes y egoístas. Es significativo que sólo con el respeto de todos y con un diálogo constructivo se pueden encontrar soluciones dignas para cada uno, útiles a la paz social y a la comprensión entre los pueblos."
En septiembre de 1997 se produce un nuevo atentado de la organización extremista islámica Hamas, contraria al proceso de paz. El Primer Ministro Netanyahu anunció el bloqueo del retiro de los territorios ocupados - previsto en los acuerdos de paz -.
Netanyhahu cederá a las presiones aceptando retomar las negociaciones. Sin embargo, excluye de la agenda de coloquios las solicitudes de los palestinos de retiro total de los territorios ocupados, de bloqueo a nuevos establecimientos hebreos y de revocación del cierre de los territorios.
En octubre de 1997, el Primer Ministro israelita propondrá al líder de la OLP, Yasser Arafat, la creación de un Estado palestino asociado dentro de los límites todavía por definir entre Gaza y Cisjordania.
Netanyhahu reitera su neta oposición a un estado independiente y explica que los palestinos no podrán tener una política exterior autónoma ni considerarse libres en términos de seguridad y de control del territorio, pero podrán beneficiarse de todos los símbolos de un Estado independiente: la bandera, el himno nacional, la moneda nacional y la carta de identidad para sus propios ciudadanos.
El 10 de noviembre de 1997 la Santa Sede y el Estado de Israel, firman el "Legal Personality Agreement" que es un desarrollo de lo que ya había previsto el "Fundamental Agreement", del 30-12-93.
En el presente Acuerdo, el Estado de Israel prevé el pleno reconocimiento a todos los efectos civiles, en el ámbito de la legislación israelita, de las personas morales y legales constituidas por la Autoridad de la Iglesia Católica, según el Derecho Canónico (Patriarcados, Diócesis, Monasterios, Congregaciones religiosas, institutos religiosos de distinto tipo, como los de educación y asistencia, así como asociaciones y fundaciones canónicamente establecidas).
El Ministro de Relaciones Exteriores israelita, David Levy, precisó que el acuerdo no confería inmunidad a la Iglesia sino el derecho de administrar sus asuntos internos autónomamente, en el respeto de la legislación israelita.
En enero de 1998, el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, David Levy renuncia a su cargo, siendo sucedido por Ariel Sharon.
En abril de 1998, después de una larga serie de intentos y negociaciones, el mediador norteamericano para el Medio Oriente, Dennis Ross, obtiene del Presidente Arafat una confirmación escrita de la aceptación de la propuesta según la cual Israel debe retirarse del 13,1 % de los territorios de la Cisjordania. Netanyahu sin embargo, reitera su rechazo y afirma estar dispuesto a ceder no más del 9 % del territorio.
En junio de 1998, el gobierno israelita aprueba unánimemente un plan para ampliar los límites de la ciudad de Jerusalén y acercarla a los establecimientos hebreos de los territorios palestinos.
El 23 de octubre de 1998, después de un proceso de negociaciones "maratónicas" (duraron nueve días) en la localidad de Wye Plantation, en Maryland, Estados Unidos, la Autoridad Nacional Palestina e Israel, firmaron un Pacto conocido como "The Wye River Memorandum".
El Acuerdo establece una serie de obligaciones para las partes que se remiten al principio "tierra a cambio de paz" fijado por la Conferencia de Madrid de 1991, después recogido en los "Acuerdos de Oslo", de 1993.
Israel se compromete a retirar sus tropas del 13,1 % de Cisjordania en noventa días. En una segunda fase efectuaría otro retiro del 14,2 % de la región. Se trata de zonas ya administradas por los palestinos, pero en las que la seguridad es garantizada por los israelitas. Israel se compromete a liberar 750 prisioneros palestinos: cada mes un grupo de 250.
Serían abiertos dos "corredores terrestres" en Israel para comunicar los Territorios palestinos en Cisjordania con la Franja de Gaza. Además en la ciudad de Gaza, sería abierto al tráfico civil, el aeropuerto que se había terminado de construir meses atrás y que no se había hecho operativo por la prohibición impuesta por el gobierno de Netanyahu.
A cambio de las concesiones, la Autoridad Nacional Palestina, ofrecería mayores garantías sobre cuestiones relativas a la seguridad. Los agentes de la policía de Arafat desarmarían a los grupos fundamentalistas islámicos que actúan en los territorios y arrestaría los presuntos terroristas. El Consejo Nacional Palestino además, sería convocado, con la presencia de Clinton para derogar las normas de la Carta Constitucional que prevén la destrucción del Estado de Israel.
Existe tensión por las elecciones del 17 de mayo de 1999 en Israel, y la eventual proclamación de Arafat de un Estado Autónomo prevista para el 5 de mayo, cuando se vence el período transitorio fijado en el 93 por los Acuerdos de Oslo.
En definitiva, después de los sucesos que han visto el nacimiento del Estado de Israel, las guerras árabe israelitas y las sucesivas anexiones de Jerusalén, perdura un conflicto territorial, que pone en peligro la identidad especial de la Ciudad Santa. Los 50 años transcurridos y los hechos que la han afectado, han marcado la ciudad, todo el área y en particular a sus habitantes y los porcentajes demográficos.
La falta de solución adecuada a la cuestión de Jerusalén, así como la postergación resignada del problema, no hacen sino comprometer la esperada solución pacífica y equitativa de la crisis en todo el Medio Oriente.
La Santa Sede.
Las preocupaciones de los Sumos Pontífices y de la Santa Sede, con relación al Medio Oriente, en general, y a Jerusalén y los Santos Lugares, en particular, se centraban, en un principio (1878, período a partir del cual se realiza este estudio) especialmente en el aspecto caritativo y en las ayudas que el mundo católico tenía la obligación de destinar a los Lugares Santos y a los fieles que vivían en condiciones de pobreza y de angustia.
Pero ya Pío XII comienza a inserir en el problema meridional un elemento de más amplia consistencia pastoral y política, asegurando también la imparcialidad de la Santa Sede y la condena de la violencia, "de cualquier parte que venga", reiterando que la imparcialidad de la Santa Sede por encima de los conflictos no debía ser interpretada como indiferencia.
A partir de 1947, el tema predominante en las intervenciones será la salvaguardia de los Santos Lugares, la libertad de acceder a ellos para todos los fieles de las tres religiones sin ningún peligro, el derecho de las tres religiones monoteístas - cristianismo, hebraísmo e islamismo - a tener control absoluto sobre sus respectivos Lugares Santos. Por esto, la Santa Sede se adhirió a la fórmula de la ONU de constituir un corpus separatum para estos lugares confiándolos a la tutela internacional.
La Sede Apostólica sostiene que la cuestión de Jerusalén no puede reducirse al "simple acceso libre para todos los Lugares Santos"; se debe, más concretamente: 1.- garantizar con medidas apropiadas el carácter global de Jerusalén como patrimonio sagrado, común a las tres religiones monoteístas; 2 .- salvaguardar para ellas la libertad religiosa, en todos sus aspectos; 3.- proteger el conjunto de derechos adquiridos por las distintas comunidades sobre los santuarios, los centros de espiritualidad, de estudio y de asistencia; 4.- asegurar la permanencia y el desarrollo de las respectivas actividades de carácter religioso, educativo y social; 5.- aplicar, de manera equitativa, todo lo anterior, a las tres religiones, mediante una "protección jurídica apropiada" que no sea emanación de una sola de las voluntades interesadas.
Tal "protección jurídica apropiada" corresponde, en sustancia, al "estatuto propio" que la Santa Sede auspicia para Jerusalén: "La Ciudad Santa encierra intereses y aspiraciones compartidos por pueblos distintos". El universalismo mismo de las tres religiones monoteístas, que constituyen la fe de centenares de millones de creyentes de cada continente, postula una responsabilidad que va más allá de los límites de los Estados de la región. El significado y el valor de Jerusalén son tales que superan los intereses de un solo Estado o de acuerdos bilaterales.
Las tres dimensiones de Jerusalén - terrestre, humana y espiritual - forman un componente constante en las intervenciones de los Pontífices. La posición de la Santa Sede, aun permaneciendo estable y precisa en la solicitud de garantías internacionales, no es estática, porque al exigir, en el nombre de la fe, una solución justa y honorable, pretende invitar a superar las dificultades y "antagonismos de orden político militar para buscar una solución que sea "en honor a Dios y a los Lugares Santos".
El acuerdo internacional es auspiciado como una solución capaz de educar a la paz, a los derechos y a la dignidad, como un principio de unión o como un paso adelante en la vía de la conciliación. En las preocupaciones de la Santa Sede por Palestina prevalece siempre el carácter humano: primero los hombres, después su ambiente, porque los lugares están en función de los hombres.
Ampliando su mirada más allá de la Ciudad y los Lugares Santos, y pidiendo que se haga de la zona un centro espiritual para todos los miembros del monoteísmo, la Santa Sede permanece firme en sus convicciones, adaptando, sin embargo, sus deseos a los hechos y a los problemas de las épocas, con sus debidos matices y correcciones. Desde León XIII a Pío XII, de Juan XXIII a Pablo VI y a Juan Pablo II la posición de la Santa Sede ha permanecido orientada hacia el mismo ideal.
La Sede Apostólica no está interesada en la cuestión de cuántos kilómetros cuadrados constituyen el territorio disputado, pero se reserva el derecho de expresar su juicio sobre las dimensiones morales que cada una de esas cuestiones comportan. La cuestión de Jerusalén no es mencionada en el Acuerdo por su carácter internacional y multilateral que impide que sean solucionadas por un Acuerdo Fundamental que, por su naturaleza, es bilateral, comprometiendo sólo a las dos partes que lo firmaron.
En todo caso, la actitud de la Santa Sede respecto a la situación territorial de Jerusalén es la misma de la comunidad internacional: la parte de la ciudad ocupada militarmente en 1967 y sucesivamente anexada y declarada capital del Estado de Israel, es territorio ocupado y todas las medidas israelitas que exceden el poder de un ocupante beligerante bajo la ley internacional son por este motivo nulas. Esta posición está recogida, en la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 20-08-1980, que declara la "ley fundamental israelita" concerniente a Jerusalén "nula y vacía".
La Santa Sede al decir "salvaguardar la identidad de Jerusalén" y solicitar "garantías" pretende: que las características históricas y materiales de la Ciudad, así como las religiosas y culturales sean preservadas; igualdad de derechos y tratamiento a las comunidades de las 3 religiones de la Ciudad, en el contexto de la libertad de las actividades espiritual, cultural, civil y económica.
La Sede Apostólica insiste además en que los Lugares Santos situados en la Ciudad tienen que ser preservados y los derechos de libertad de religión y culto y acceso para residentes y peregrinos, sea de la misma Tierra Santa o de otras partes del mundo tiene que ser salvaguardados. Sin embargo, estima que la "extraterritorialidad" de los Lugares Santos, asegurando a los peregrinos que podrían visitarlos sin sufrir daños, no sería suficiente. La identidad de la Ciudad incluye su carácter sagrado que no pertenece a los diferentes sitios o monumentos, como si pudiesen ser separados el uno del otro o aislados de las respectivas comunidades. El carácter sagrado compromete a Jerusalén en su totalidad, sus lugares sagrados y sus comunidades.
La Santa Sede destaca que aunque las dimensiones territorial y religiosa muchas veces son separadas para facilitar la discusión apropiada y exhaustiva de la situación, están tan estrechamente relacionadas que una solución política no sería válida si no toma en consideración, de manera justa y profunda, las necesidades religiosas presentes en la Ciudad.
A modo de conclusión, se podría decir que en el conjunto del problema conviven, se interceptan y, a veces, parecen contraponerse diversas "identidades" a las cuales corresponden "intereses": dos identidades nacionales, la palestina y la israelita, tres identidades religiosas locales, la hebrea, la cristiana y la musulmana, una identidad internacional, debida a los intereses que, desde el punto de vista religioso y cultural, una gran parte de la humanidad nutre por la Ciudad..."
Notas:
1 El presente artículo es una actualización del que fue publicado en febrero de 1997 en el diario "La Religión" y se basa fundamentalmente en el libro intitulado: "Gerusalemme nei Documenti Pontifici" (Libreria Editrice Vaticana, 1987, 378 pág.) que es una recopilación de documentos realizados por Monseñor Edmont Farhat, contentivo de elementos y propuestas de la experiencia secular de la Iglesia en relación al tema. Además de "L'Osservatore Romano" y las revistas "Civiltá Cattolica (Nº IV, de 1973; Nº 3393, del 2-11-91; Nº 3395, del 7-12-91; N° 3492, del 16-12-95, N° 3504 del 15-06-96 y N° 3528 del 21-6-97 y "Adista"(del 8-1-93), y algunos documentos vaticanos (Las publicaciones: "LAttivitá della Santa Sede" en 1996 y en 1997; el documento:"Jerusalem-Considerations of the Secretariat of State", mayo 1996, 10 páginas; los Boletínes de la Sala de Prensa de la Santa Sede; el Acuerdo Fundamental entre la Santa Sede y el Estado de Israel del 31-12-93; "Il Libro dei Fatti" de 1994 a 1999 (edición italiana de "The world Almanac and book of facts"). Si desea la versión completa escríbame a:
magalyarocha@usa.net2 La Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU han reiterado constantemente, comenzando por la resolución del 4 de julio de 1967, la invalidez de todo procedimiento que pretenda cambiar el "status" de la Ciudad. Y la Resolución del Consejo de Seguridad N° 478, del 20 de agosto de 1980, declara inexistente y sin valor la "ley fundamental" israelita, que proclama Jerusalén unificada capital eterna del Estado de Israel e invita a los países que tienen Embajadas en Jerusalén a desplazarlas a otros lugares.
3 La resolución 242 reitera la "inadmisibilidad de la adquisición de territorios con la guerra y la necesidad de actuar por una paz justa y duradera que permita a cada Estado de la región vivir en la seguridad". Propone dos principios para la paz: "retiro de las fuerzas armadas de los territorios ocupados en el conflicto" y el "cese de todas las invitaciones a la guerra o de todos los estados de beligerancia, y el respeto y el reconocimiento de la soberanía, de la integridad territorial y de la independencia política de cada Estado de la región y de su derecho de vivir en paz en el interior de fronteras seguras y reconocidas, libres de amenazas o de actos de fuerza".