Del estamento militar venezolano: mitos y realidades
Sudán A. Macció.
I. Antecedentes históricos.
El nacimiento de Venezuela como República Soberana e independiente de España el 5 de Julio de 1811, como hecho político, hubo de ser consolidado a poste- riori por la vía de las armas en la guerra de Independencia, que bajo la conducción del Libertador Simón Bolívar, consolidó la independencia de las repúblicas de Colombia, Ecuador y Bolivia. De tal forma que ya desde los orígenes de nuestra nacionalidad la voluntad del soberano se vistió de uniforme militar para poder materializarse en el campo político. Desde el año de 1830 hasta la presente fecha, la sociedad civil ha sido incapaz de evolucionar políticamente y el país nacional crecer sin contar con el apoyo y las más de las veces intromisión del estamento militar venezolano. Sustentados por el mito de haber sido los Próceres de la Independencia, generales como Páez y Monagas no supieron convertir sus glorias militares en victorias civiles. La dirigencia civil no supo ni pudo reemplazar la fuerza de las armas por el estado de derecho y prevaleció la noción de hombre-Estado por sobre la de Estado-nación. Desmovilizado el Ejército Libertador es reemplazado por otro de menores dimensio- nes y de rudimentaria organización. Sesenta (60) hombres armados bastaron al ge- neral Cipriano Castro para asumir de facto la dirección de los destinos de la nación.
II. Nacimiento de las Fuerzas Armadas venezolanas
El General Cipriano Castro da inicio al proceso que culminaría con la consoli- dación de las Fuerzas Armadas Venezolanas, como una organización militar depen- diente del Estado Venezolano. Este proceso sería continuado después por los Gene- rales Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, quienes se apoyaron en dicha organización militar para ejercer el poder político absoluto. El General Isaías Medina Angarita, ya no por la vía de las armas pero sí apoyado por esta institución, ocupó la Presidencia de la República. El 18 de octubre de 1945, una parte de la organización militar en asociación con el partido Acción Democrática deponen el gobierno constitucional e interrumpen el proceso político que se venía desarrollando. Del gobierno cívico militar que surge con el triunfo de la Revolución de Octubre serán desplazados los civiles por el golpe militar que interrumpe el período constitucional del recién elegido Presidente Constitucional, Dr. Rómulo Gallegos. Los vencedores y nuevos dueños del poder gobernarán en nombre de las y con las Fuerzas Armadas como soporte hasta el 23 de enero de 1958. Otro movi- miento cívico-militar derrocaba al gobierno militar del Gral. Marcos Pérez Jiménez. Finaliza así la primera etapa en el presente siglo de gobiernos militares.
III. Las Fuerzas Armadas apolíticas, obedientes y no deliberantes.
Con este panorama se dio inicio a un nuevo período en la historia contempo- ránea de Venezuela. Quienes vienen del exilio, con Rómulo Betancourt a la cabeza, traen como norte el evitar a toda costa que se repitan los hechos acaecidos 10 años antes. Una vez lograda la Presidencia de Venezuela, Rómulo Betancourt y su partido Acción Democrática inician el proceso de desmantelamiento y neutralización del ya existente Estamento Militar. Las primeras medidas tomadas generan el rechazo de algunos oficiales y en respuesta ocurren los alzamientos de Castro León en el Táchi- ra, de la Marina e Infantería de Marina en Carúpano y Puerto Cabello y del Ejército en Barcelona. Se inicia una relación vinculante entre oficiales de las Fuerzas Armadas, el Partido Comunista Venezolano y el gobierno Revolucionario de Cuba. Como primera medida dirigida a neutralizar el resurgimiento de una nueva Elite Militar, se inicia el proceso de proletarización en las escuelas de formación de oficiales. Se cierra la Escuela Básica, unidad de adiestramiento en donde por un período de dos (2) años debían permanecer quienes después serían enviados a las escuelas de formación de oficiales de cada fuerza. Simultáneamente se redujeron los estándares de selección y se aumentaron las cantidades de aspirantes a oficiales. A la sazón, no pocos aspirantes ingresaron por cuenta y patrocinio de los partidos Acción Democrática y Partido Comunista de Venezuela. Como segunda medida el Ejecutivo Nacional decretó la autonomía admi- nistrativa de cada una de las fuerzas; vale decir que la centralización que ejercía el Ministerio de la Defensa a través del Estado Mayor Conjunto recayó en los Coman- dos de Fuerza. La lucha armada impulsada ideológica y militarmente por la revolución cuba- na, trajo consigo un proceso de guerra de guerrillas que comprometieron integral- mente a las FAN y que a la postre culminaría trece años después con la derrota militar de los alzados en armas. La incorporación de las FAN a la guerra de contra-guerrillas, significó la ade- cuación organizativa y operacional para este tipo de guerra, habida cuenta que las FAN hasta el año de 1960 estaban concebidas y organizadas para operar en un esce- nario de guerra convencional. Este nuevo escenario de guerra conllevó una desacele- ración del proceso de desintegración iniciado por Rómulo Betancourt en el año de 1959; ocupadas las FAN en objetivos y tareas puntuales como lo fueron un enemigo operando en diferentes escenarios geográficos del país, impidió por el momento que la organización militar se ocupara de asuntos diferentes a sus funciones específicas, cuales fueron las de vencer y eliminar a los alzados en armas que amenazaban de he- cho la estabilidad del régimen político recién constituido. El estamento militar, a diferencia del año de 1958, no se vio involucrado en los cambios políticos, sociales y económicos que en ese momento estaban siendo im- pulsados por la dirigencia política. La apoliticidad y no deliberencia fue inculcada como un dogma de fe a la oficialidad. A fin de no propiciar conflictos internos en la pirámide organizacional de las Fuerzas Armadas, se respetaron de forma los nombramientos de la cúpula militar y los partidos políticos (AD Y COPEI), mantuvieron una discreta pero no menos efec- tiva intervención en la política de ascensos de los cuadros superiores de las FAN.
Concluyen así los períodos constitucionales de los presidentes Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.
IV. Políticas, obedientes y no deliberantes
Con la asunción a la Presidencia del Dr. Rafael Caldera y del partido Social Cristiano Copei como soporte político del nuevo gobierno, se radicaliza la mediatiza- ción e intervención de las FAN de parte del Ejecutivo (Presidencia). El Presidente de la República escoge a un Alto Mando Militar seleccionado con criterio subjetivo, obviando la antigüedad y méritos de los oficiales generales activos. Fueron muy elo- cuentes los casos de los generales Martín García Villasmil y Pablo A. Flores Álvarez quienes entablaron públicos conflictos con el Presidente de la República. El primero por emitir opiniones contrarias al Presidente y el segundo porque se declaró en rebe- lión. En ambos casos las posiciones asumidas fueron consecuencia del desacuerdo que cada uno expresaba con respecto a la intromisión de los políticos en cuestiones estrictamente militares, práctica que en años posteriores se convertirá en ley. El segundo elemento socavador de la estabilidad institucional de las FAN fue la puesta en práctica de la Política de Pacificación iniciada por el gobierno. Una vez derrotados militarmente los movimientos guerrilleros surgidos en la década anterior, el gobierno procedió a decretar una amnistía para los alzados en armas para que así pudiesen reincorporase en paz al diario quehacer y al ejercicio de la política activa. Así fue como muchos de los que depusieron las armas se reincorporaron a la vida civil y no pocos a la actividad política. El proceso de pacificación se realizó a espaldas de la opinión de las Fuerzas Armadas que por 13 años estuvieron empeñadas en una guerra limitada que no pocas bajas causó. Los que una vez fungieron de vehículos para la importación de Revo- lución Cubana y que a nombre de ese credo político-religioso cometieron delitos de toda índole (asesinatos, secuestros, asaltos a bancos, terrorismo urbano, etc.), ahora por obra y gracia de una medida política no explicada, fueron reinsertados los gue- rrilleros a la vida civil como héroes. Los que cumplieron su deber al perseguirlos y derrotarlos pasaron a ser vistos y tratados por el estamento político como elementos incómodos ante el avance del proceso de consolidación de las instituciones demo- cráticas. Se suman pues dos elementos que agregados a otros que en el futuro surgirán, preparan la tumba donde los partidos AD Y COPEI serán inhumados por la institu- ción armada. La primera consecuencia de los elementos antes analizados se vio reflejada en los comentarios que dentro de las unidades militares los oficiales comenzaron a ver- balizar de forma sistemática. Fue de tal magnitud el malestar que el Comando de Ejército a la sazón (1972) decidió investigar las motivaciones que originaban los ru- mores y murmuraciones que hasta ese comando ya habían llegado. A tal efecto se administró una encuesta de opinión a oficiales y sub-oficiales adscritos a las unidades tácticas del ejército acantonadas en el Fuerte Tiuna. El análisis de los resultados obte- nidos arrojó muchas conclusiones, las más significativas para este análisis fueron tres (3):
Primera: se había creado una matriz de opinión adversa al estamento político que dirigía los destinos de la nación (intromisión de los políticos en los ascensos y desa- cuerdo con la política de pacificación). Segunda: el unánime cuestionamiento por el cada día más precario nivel académico de los contingentes de reemplazos (léase recluta versus profesionalización del perso- nal de tropa), que impedía la adecuación operativa de las unidades tácticas a las exi- gencias de la guerra moderna. Tercera: el descontento podía ser motivación suficiente y eficiente para servir como base a una conspiración militar. Sólo faltaba la aparición en escena de quienes podrían liderarlo. sic. Durante este período se pone en vigencia el Plan Andrés Bello, se homologa el título y/o despacho de sub-teniente obtenido en las escuelas de formación de ofi- ciales de las Fuerzas Armadas con el título académico de Licenciado en Ciencias y Artes Militares. Esta homologación del título militar permite a los oficiales ingresar a las escuelas de posgrado de las diferentes universidades públicas y privadas de Ve- nezuela y del exterior. Ya en años anteriores muchos oficiales estaban cursando estu- dios en las universidades con miras a obtener títulos acádemicos desvinculados de la carrera militar. De tal forma se abren las puertas de los cuarteles y la oficialidad comienza a interactuar con profesionales civiles en ambientes abiertos. La discusión de los asun- tos militares se movió de escenario y los oficiales encontraron una audiencia donde descargar sus frustraciones y también enterarse de primera mano de lo que en el país nacional estaba sucediendo, se establecen vasos comunicantes entre el medio civil y el militar que hasta esa fecha se habían conservado en compartimientos estancos. Se sientan las bases de lo que después se convertirá en una Logia Militar con el nombre de MBR 200. Una vez concluidas las operaciones antiguerrilleras, las Fuerzas Armadas se ven involucradas en un nuevo escenario, pero esta vez de guerra convencional; el litigio fronterizo con Colombia amenaza con convertirse en una confrontación bélica, en virtud de lo cual el Gobierno a marchas forzadas inicia la reestructuración organi- zacional y operativa de las FAN. A tal efecto se aumentan sensiblemente el número de unidades operativas y se inicia una masiva incorporación de material de guerra de última generación. El conflicto nunca ocurrió y a la postre se reequiparon las FAN con sistemas de armas (AMX-30, Mirages, etc.) que no serían utilizados, pero que significaron para el país la erogación de grandes sumas de dinero. Se inicia el primer gobierno del señor Carlos Andrés Pérez. Siguiendo los pa- sos y ejemplos del Comandante en Jefe la organización militar, por efectos de los vasos comunicantes ya existentes, entran en plena sintonía con el país nacional. Todo se tiñe de indisciplina y laxitud. Los oficiales con los rangos de teniente coronel y coronel, así como los generales que aspiran a cargos cónsonos con su condición, ya no sólo debían contar con el apoyo político de AD y/o COPEI, sino que por sobre todo con el visto bueno de la pública amante del presidente, la Srta. Cecilia Matos. A esta instancia debían acudir los generales que aspiraban tal o cual cargo y todo aquel militar que deseaba ser ungido con la bendición del Presidente de la República. Los integrantes del Alto Mando Militar, salvo pocas excepciones, fueron cómplices y aduladores de oficio de la corte marital del Comandante en Jefe. A la degradación moral que se vieron sometidas todas las instituciones del país no escaparon las Fuer- zas Armadas Nacionales. Los destinos de la república se decidían en los conciliábulos del Partido Acción Democrática, de tal forma que todo, absolutamente todo, debía contar con la bendición de los líderes políticos de la Gran Venezuela. La pirámide organizacional se invierte, los oficiales subalternos ven que cada día hay mayor cantidad de oficiales generales y almirantes de los que las Fuerzas Ar- madas requieren. Como el festín alcanzaba para todos los venezolanos, o a casi todos, sólo algunos desadaptados al nuevo orden se atrevían a cuestionar la depreda- ción de la que el erario nacional era objeto. Pocas voces se levantaron para alertar sobre lo que estaba sucediendo. El cáncer de la corrupción comenzó a echar profun- das raíces en todas las instancias del país nacional, en el ámbito político, social y eco- nómico. En el interín, en la sociedad civil y en la militar se mantenían algunos reduc- tos de personas reticentes a ceder frente al derrumbe moral que el país estaba sufrien- do. La muy sui géneris conducta personal del Comandante en Jefe era obser- vada directamente por sus personas más cercanas, léase oficiales de la Casa Militar; éstos no sólo eran observadores directos de la heterodoxa conducta del Presidente sino también fueron testigos presenciales de no pocos hechos de manifiesta ilegali- dad. La Casa Militar fue convertida en una agencia de mayordomos armados y sus oficiales en sirvientes y lacayos de lujo. Este manifiesto desprecio del Presi- dente de la República por el estamento militar, fue avalado por la cúpula mili- tar, sin percatarse éstos del daño que a la moral y disciplina militar se estaba causando. La ruptura de los cánones éticos y morales que significó este período de go- bierno para Venezuela, también afectó a las Fuerzas Armadas. Tal como señalábamos arriba, la política de marginalización y proletarización iniciada en el gobierno de Ró- mulo Betancourt, tuvo en el gobierno de CAP un agregado más: sobredimensiona- miento y corrupción. La abundancia de recursos económicos producto del súbito in- cremento de la renta petrolera, no sólo dislocó a la sociedad civil, también afectó a las Fuerzas Armadas, donde la organización creció desmesuradamente desde el punto de vista cuantitativo más no así cualitativo. Se da inició a la práctica, después costumbre, donde de año en año se aumentará el presupuesto para el gasto militar en dimensiones geométricas sin que este guarde relación alguna con las verdaderas necesidades de- fensivas del país. Nace una nueva clase social, la de los oficiales generales millonarios, que al igual que sus homólogos civiles, comienzan a exhibir impúdicamente su riqueza. En el caso militar se hace mucho más patente y peligroso el contraste porque en la mente de los oficiales subalternos comenzaron a surgir dudas e incertidumbres acerca de la verdadera esencia de la institución militar y de la legitimidad de sus superiores, que no sólo eran designados por las simpatías con el partido de gobierno de turno, sino que además se convertían en depredadores de su propia institución y encima exhibían sin recato los bienes que con el sólo sueldo les era imposible obtener. Las Fuerzas Armadas Venezolanas se convierten en un inmenso castillo de naipes, donde la base de sustentación son conscriptos que en su mayoría son recluta- dos y provienen del estrato más bajo de la sociedad venezolana. Los analfabetas y analfabetas funcionales eran y siguen siendo las bases de una organización sobresti- mada por sus integrantes y sobrevaluada por la sociedad civil. La parte superior del castillo lo conforman la oficialidad graduada en las escuelas de formación específicas, donde el grado académico que obtienen los habilita para dirigir una organización conformada por soldados profesionales y no por marginales sociales arrancados de las ciudades y del campo. Las Fuerzas Armadas Venezolanas, habida cuenta los vasos comunicantes existentes con la sociedad civil, se contagiaron con el proceso de deterioro ético e institucional que se inició el año de 1974 con el gobierno de la Gran Venezuela. La fiesta era disfrutada por el Pueblo Soberano con gran alborozo y mayor incons- ciencia y era observada con preocupación por un grueso número de oficiales el Ejér- cito. Se comienza a conformar una matriz de opinión y lo que antes habían sido sólo murmuraciones toma visos de planteamientos de fondo. Se conforman los prime- ros grupos de análisis de la situación socio-política del país y se inicia el proceso que después se convertiría en conspiración. Por lo pronto, los oficiales que no estaban de acuerdo con el rumbo que estaba tomando la institución armada y donde los méritos para ascender y detentar cargos de importancia poco o nada tenían que ver con el cumplimiento de sus deberes específicos, decidían pedir su baja de la institución e integrase a la vida civil. Debemos recordar que en tiempos de la Gran Venezuela la invocación de valores éticos tales como disciplina, honradez, espíritu militar, etcé- tera, comenzaban a ser vistos y sentidos por el país nacional como valores exóticos y poco prácticos.
V. Obedientes, políticas y deliberantes.
En el año de 1979 asume la Primera Magistratura el Dr. Luis Herrera Cam- pins. El nuevo Comandante en Jefe delega en el partido COPEI el manejo de la política militar. Durante este quinquenio los miembros del Alto Mando a la vista y complicidad de subalternos saquearon a las FAN y se hicieron dueños de inmensas fortunas que exhibían y exhibirán en el futuro con mayor desparpajo que en períodos anteriores. Quienes comandaron las Fuerzas Armadas en este período (1979-84) tenían la inelu- dible responsabilidad de rescatar los valores éticos y morales de la institución armada. No sólo no lo hicieron, sino que alienaron y desmoralizaron la institución armada mucho más allá de lo que el estamento político se había propuesto. La descarada apropiación de bienes de la nación, la inmoral utilización de los individuos de tropa como servicio doméstico, etcétera, fue una practica que se hizo ley en este período. Desde el punto de vista organizativo, los altos mandos militares inventaron toda clase de planes e hipótesis de guerra para justificar la compra de materiales y equipos. Mil millonarias cantidades de dólares se dilapidaron y se robaron en ese pe- ríodo. Mucho de ese dinero reposa hoy en abultadas cuentas de oficiales generales cuya dispendiosa vida no resiste el más simple análisis. El latrocinio fue la norma de conducta de la dirigencia política, lo que depredaban los generales en las FAN lo hacían de igual forma los ministros en sus despachos. La inmoral conducta de los oficiales generales de este período fue lo que llevó a los oficiales del Ejército a la or- ganización de un movimiento tendiente a aglutinar a aquellos pocos oficiales que no estaban de acuerdo en seguir siendo mercenarios al servicio del dueño del poder de turno y menos aún verse comandados por superiores sin autoridad moral alguna. El MBR 200 no fue el único movimiento que surgió, desde el año de 1974 oficiales con el mismo rango ya habían hecho propuestas similares. En el interín, oficiales superiores y subalternos se ocupaban de asuntos muy diferentes a los estrictamente militares. Por una parte la cúpula militar en la actividad económica y política, por otra, un grueso de la oficialidad subalterna tratando de so- brevivir en aquella anarquía y unos pocos desadaptados tratando de introducir cambios institucionales. Todos eran pagados con dinero de la nación, Tirios y Troya- nos vivieron de un mismo presupuesto y cobraban por hacer todo menos operar efi- cazmente la organización que conformaban. Tiempo había de sobra para que cada facción se ocupara de todo menos de su labor específica, no existían entidades que pudiesen cuantificar el nivel de productividad de una organización que costaba y cuesta a la nación inmensos recursos económicos. El único escenario donde la colec- tividad podía apreciar en qué y cómo se invertían dichos recursos eran los desfiles militares que se celebraban en la conmemoracón de las fechas patrias. Los recursos económicos de la nación fueron gastados con total discrecionalidad y propio beneficio de quienes dirigían la organización militar. A la postre, las Fuerzas Armadas Venezolanas se convirtieron es una organi- zación política y todavía no deliberante, esto último vendría después. Con una cúpula de generales enriquecidos a la sombra de la dirigencia política, y frente a un país adentrándose a una crisis económica de trágicas consecuen- cias para la estabilidad institucional de la república, germinó en el Ejército la semilla de la sedición.
VI. Desobedientes, políticas y deliberantes
En este estado de postración moral se encuentran las Fuerzas Armadas Vene- zolanas cuando en el año de 1984 asume la Presidencia de la República el Dr. Jaime Lusinchi. Apenas se inicia el período constitucional son encausados penalmente algu- nos miembros del Alto Mando Militar del gobierno anterior, acusados de malversa- ción de fondos y otros delitos. Por primera vez desde 1958 son expuestos al escarnio público oficiales que habían sido ministros de la defensa y comandantes de fuerza; de ingrata recordación son los nombres de Vicente Narváez Chourión, Tomás Abreu Rascaniere, etcétera, que junto con otros civiles tales como Vinicio Carrera, Leonor García de Serrano, Domingo Mariani, Rodolfo José Cárdenas, entre otros muchos, pusieron en evidencia el saqueo de que había sido objeto una vez más la nación. Los oficiales ya organizados en células conspirativas se encontraron con una audiencia institucional que progresivamente se haría nacional. Para avivar aún más el fuego de la disidencia, la política militar seguida por el régimen de turno fue todavía más lacerante para la ya escarnecida autoestima de los oficiales . Era público y notorio que quien ejercía el poder desde el Palacio de Mira- flores era la secretaria privada y amante del Presidente, señorita Blanca Ibáñez, hoy doctora Blanca Ibáñez de Lusinchi. Los oficiales necesitados de los favores del régi- men ya no hacían antesala al Presidente de la República y menos aún ante el Secreta- rio General de Acción Democrática; bastaba con lograr el visto bueno de la Secreta- ria del Presidente para así obtener lo deseado. La degradación a la que se sometie- ron los generales y almirantes que alcanzaron los favores de la Srta. Ibáñez reventa- ron definitivamente los resortes morales y disciplinarios de la institución armada. Co- lofón de esta perversión lo fue la imposición de la condecoración Orden del Liber- tador en su primera clase a Blanca Ibáñez, y su exhibición ataviada con uniforme de campaña en un acto de proselitismo político. El país nacional poca importancia dio a este suceso, mas no así los integrantes del ya activo MBR 200 quienes en ese mo- mento preciso decidieron insurgir. La planificación de una rebelión armada se da inicio sin prisa pero sin pausa; a partir de ese momento la ejecución de un golpe militar se convirtió en punto de ho- nor para ya un grueso grupo de oficiales del Ejército quienes sólo debían esperar el momento preciso para hacerlo. Frente a un país hundiéndose en la vorágine de la corrupción, donde todas, absolutamente todas las instituciones públicas eran cuestionadas, donde la deshones- tidad era la norma y no la excepción, sólo la Iglesia Católica como institución se salva de aquel marasmo. Sin embargo, el Presidente de la República contaba, según las encuestas de la época, con un muy alto nivel de popularidad, y es lógico suponerlo porque lo realmente popular era el robo y el soborno. Venezuela estaba conformada por una sociedad de cómplices en todos sus estratos. Las aulas, patios de formación y casinos militares fueron escenarios ya no de comentarios y murmuraciones sino de encendidos debates y arengas insurreccionales de la joven oficialidad del Ejército. El mensaje de reivindicación moral argüido por los jóvenes oficiales encuentra eco favorable en la sociedad civil. Se intercambian ideas y se hacen los primeros esbozos de lo que se convertiría en el futuro inmediato en un proyecto político. Se escuchan en la calle los primeros rumores de la intranquilidad militar, pero estos son desestimados por la cúpula militar (con excepción hecha del Gral. Peñaloza Zambrano). La dirigencia política y los medios de comunicación, para acallar algunas voces agoreras argumentaban que las Fuerzas Armadas Venezolanas estaban integradas por oficiales de acrecentada e inquebrantable vocación demo- crática eufemismo que escondía el verdadero concepto que tenían de los militares venezolanos: el más absoluto desprecio. Una columna de vehículos blindados del Ejército toma sin oposición la sede del Ministerio de Relaciones Interiores, fue el primer aviso de lo que vendría después. La Marina de Guerra Colombiana provoca el incidente de la Corbeta Caldas en aguas territoriales venezolanas. La orden de no hundir la corbeta colombiana pro- veniente del Comandante en Jefe fue interpretada por el MBR 200 como una pusi- nalinimidad tanto del Presidente como del Alto Mando Militar. El incidente de la Corbeta Caldas fue utilizado como pretexto para que el Ejecutivo Nacional solicitara créditos adicionales y se embarcara en otros endeuda- mientos con la finalidad de adecuar las Fuerzas Armadas a las necesidades de la Guerra Moderna, adecuación que se convirtió en otro proceso de depredación de los recursos de la nación por civiles y militares, sólo que esta vez lo hicieron a la vista de una oficialidad que, con un alto sentido crítico, seguía uno a uno sus pasos. Finaliza así un período de gobierno que a diferencia del anterior y por la vía de sus errores y perversiones logra aglutinar los oficiales del Ejército alrededor del MBR 200 y enciende la chispa del ya indetenible golpe militar. Con estos antecedentes asume por segunda vez la Presidencia de la República el señor Carlos Andrés Pérez; su elección por El Pueblo Soberano fue una abso- lución política de los delitos y desafueros cometidos en su primer gobierno. En su política militar el señor Pérez repite los mismos errores de su primer gobierno y suma otros. Doña Cecilia Matos despachaba desde el Palacio de Miraflores, siguiendo el ejemplo de su antecesora como Primera Amante de la República. Como un hecho político y sociológico todavía no totalmente esclarecido se suceden los desórdenes civiles del 27 y 28 de Febrero de 1989, los que obligaron al gobierno nacional a utilizar a fondo a las Fuerzas Armadas para sofocar la rebelión popular que a lo largo y ancho de todo el país se estaba sucediendo. Por primera vez son utilizadas las FAN para reprimir de forma tan severa a la población. Fueron desplegadas unidades de combate para sofocar los graves desór- denes que se habían suscitado, causándose una masacre de proporciones todavía no cuantificadas, producto entre otras cosas del empleo indiscriminado del poder de fue- go de las armas en manos de soldados inexpertos y peor comandados. Llegó el mo- mento en el que los militares venezolanos dejaron de ser no deliberantes. Se rompe definitivamente el muro de contención que mantenía a los oficiales dentro de sus cuarteles y entran al escenario político como la fuerza de sustentación del régi- men. Los sucesos del 27 de febrero de 1989 marcan el inicio del fin del sistema político vigente desde el año de 1958. Consecuencia del miedo más que del sincero deseo de introducir cambios profundos en la forma y manera de conducir la República, la dirigencia política se ve sometida a la presión de corregir las perversiones de sus ejecutorias. El arrepenti- miento apenas dura tres meses: en el mes de junio de 1989, se habían olvidado de lo sucedido meses antes. No fue así para los oficiales integrantes del MBR 200; la ac- tuación de las unidades en la sofocación de los sucesos del 27F empujó a la diri- gencia del MBR 200 a asumir el papel de redentores del pueblo, para lo cual dirigen la proa de su proyecto político hacia el concepto de revolución popu- lar. La Conferencia Episcopal Venezolana hace pública su preocupación acerca de la situación social y de deterioro ético en que se encontraba la nación. Se establecen los primeros contactos entre la dirigencia del MBR 200 y algunos obispos así como también con párrocos con gran ascendencia en su feligresía. En el transcurso de los años de 1989, 90 y 91 se profundiza aún más la crisis social, política y económica. El Comando del Ejército abrió las investigaciones ten- dientes a identificar y develar la insurrección militar que se estaba gestando. Las ad- vertencias dadas por el Comandante del Ejército, Gral. Peñaloza Zambrano en el acto de entrega de su comando, fue la última voz de alerta que se oyó públicamente; una vez más no fueron escuchadas las advertencias y antes por el contrario el país político se aventuró a desmentirlas y cuestionarlas. Era casi imposible evitar la insurrección dentro del Ejército, como comentáramos antes, ya la institución no era una entidad monolítica en su organización y menos aún en su operatividad. Los oficiales cuestio- naban de viva voz no sólo a sus superiores jerárquicos, sino que también, y lo más grave, no reconocían la legitimidad de las autoridades civiles. Una vez perdida la dis- ciplina interna, cuestionada por el país nacional la representatividad de la dirigencia política y ante la incapacidad de la sociedad civil para generar los cambios que el país nacional estaba pidiendo a gritos, se abre la puerta para que emerja un nuevo factor de poder, apoyado no con los votos sino con las armas. Al traste fueron a dar los juramentos para defender la Constitución y las Leyes de la República, ya que si las autoridades civiles eran las primeras en violarlas y habían convertido a la Constitu- ción en letra muerta, los militares asumieron como deber defender ese instrumento legal que la autoridad civil también al igual que ellos habían jurado cumplir. En el mes de noviembre de 1991 no pocos civiles conocían del golpe que se estaba gestando, y lo conocían porque los dirigentes del MBR 200 establecieron contactos directos e indirectos con muchos de ellos. Gran sorpresa se llevaron más los oficiales que los civiles ya que los contactados no daban crédito a lo que los ofi- ciales les planteaban. Estos concientizaron entonces cuán profundo era el desprecio que los civiles sentían por la institución que ellos representaban y por ellos mismos como personas. Descubrieron que la dirigencia civil como un conjunto se había man- tenido de espaldas al estamento militar y no pocos se atrevieron hasta ridiculizar la posibilidad de que estos oficiales insurgieran. Es bueno recordar que para aquel en- tonces, y tal como hemos dicho antes, la democracia era un dogma de fe y que era inimaginable que a estas alturas del siglo y menos sin el consentimiento de los Estados Unidos pudiese ocurrir un golpe militar. Nadie, absolutamente nadie quería darse cuenta de lo que estaba sucediendo y de lo que iba a suceder, como efectiva- mente ocurrió el 4 de febrero. Amaneció de golpe el día 4 de febrero de 1992. Los venezolanos atónitos observaron en vivo y/o a través de los medios de comunicación lo que estaba suce- diendo. Las imágenes transmitidas parecían provenientes de otro país y no de Vene- zuela, los actores del drama eran militares. El golpe fracasó pero logró el mágico efecto de que un gran porcentaje de los venezolanos se identificaran y apoyaran en su fuero interno a los oficiales insurgentes. Los primeros sorprendidos por el mágico efecto del alzamiento fueron los propios insurgentes. Desde el punto de vista estrictamente militar los combates entre las fuerzas beligerantes dejaron en clara evidencia la poca preparación de las Fuerzas Armadas. Los comandantes insurgentes, entre ellos Hugo Chávez, sacaron a combatir a unida- des pobremente entrenadas, no aptas para el combate. Fueron llevados a la muerte jóvenes soldados a sabiendas de sus comandantes que no estaban preparados ni mili- tar ni emocionalmente para derrotar a un enemigo real. Igual espectáculo dieron la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina en el alzamiento del 27N: impericia, improvi- sación, subestimación del enemigo, sobrestimación de sí mismos. Ambas asonadas terminan con la cuestionable rendición de sus comandantes y el fracaso técnico de una operación militar mal preparada y peor ejecutada. Analizados con la óptica exclusivamente militar, en la operación militar del 4F los comandantes demostraron improvisación, poca preparación y desconoci- miento de las Ciencias y Artes Militares, amén de falta de coraje para no rendirse. Era de esperarse una brillante campaña militar habida cuenta la supuesta profesionali- zación de la organización militar. No fue así; antes por el contrario, en ambas asona- das golpistas los espectadores civiles vieron combatir y morir en muchos casos a ate- rrorizados adolescentes uniformados de soldados, comandados por oficiales que en ese momento olvidaron todo lo que habían aprendido como Licenciados en Artes y Ciencias Militares. Como corolario debemos colegir que la Organización Militar Venezolana adolecía de los mismos vicios y defectos que otras ramas del poder civil. Mucho tiempo utilizaban los jóvenes oficiales en analizar las variables socio-políticas del acontecer nacional, pero poco o nada se ocupaban de lo que a ellos concernía. La sobredimensión de las Fuerzas Armadas Venezolanas significó el surgimiento de una inmensa burocracia uniformada, donde los Generales de División comandaban unida- des que numéricamente no llegaban ni a regimientos y de allí hacia abajo. Debieron ocuparse sí de atender problemas específicos y puntuales como lo era el resguardo fronterizo. La mayor concentración de unidades e instalaciones militares las encon- tramos en las ciudades capitales de estados y pocas en la frontera. Al igual que la bu- rocracia civil, la militar se corrompió, no sólo porque sus mandos superiores depreda- ron presupuestos, sino porque los oficiales subalternos cobraban sin retribuirle a la nación lo que ésta invertía en mantener tan costosa organización. Es así como los insurgentes se preparan individualmente y se agrupan colecti- vamente para insurgir; cuando lo hacen demuestran la misma incapacidad e incohe- rencia que sus superiores. Se agrega un capítulo al libro de la mitología venezolana: El Mito de la Eficiencia Militar. Una vez encarcelados los protagonistas del 4F y agregados los del 27N, los líderes militares encabezados por Hugo Chávez se sorprendieron por las consecuen- cias políticas que los fallidos golpes generaron. Por una parte, al igual que el 27F la dirigencia política y económica prometieron realizar cambios que ya el país nacional sabe que no se materializarán. Por la otra, los oficiales detenidos se sienten deposita- rios de la voluntad popular y deciden asumir su liderazgo. En este punto ya encon- tramos dos estamentos militares claramente delimitados, los pro-gobiernos y los revolucionarios. Las reacciones del país político no se hicieron esperar. Unos adversaron frontalmente a los militares insurgentes, otros como el Dr. Rafael Caldera justificaron la asonada militar, otros tuvieron la visión de futuro acertada y se acercaron a los insurgentes y los más se sentaron a esperar los acontecimientos. Una vez consciente de la posibilidad de convertirse en un factor de poder, el MBR 200 reinicia su proyecto conspirativo que se convierte en proyecto político con la defenestración de Carlos Andrés Pérez como Presidente de la República.
VII. De organización militar a partido político
La asunción a la primera magistratura, por segunda vez, del Dr. Rafael Calde- ra significó la libertad de los encausados por rebelión militar. El sobreseimiento fue una decisión presidencial más producto del miedo a un nuevo golpe militar que de la argumentada especie de reconciliar al país y a la institución armada. El sistema político y sus instituciones agonizaban y sólo un cambio fundamental de las estructu- ras y del código ético y moral de la dirigencia podía quitar las banderas que comenza- ban a ser izadas por el MBR 200, hecho que no se materializó, por lo que entonces quienes fueron derrotados militarmente el 4 de febrero de 1992 tienen allanado el camino para su futura victoria política. La política militar desarrollada por el Dr. Rafael Caldera fue una repetición de la seguida en su primer gobierno. Con la diferencia de que ahora coexistían bajo un mismo techo y seno institucional dos (2) Fuerzas Armadas, unas comandadas por él mismo y las otras comandadas por el MBR 200. La dirigencia política venezolana encabezada por el Dr. Caldera, haciendo gala de su inveterado desconocimiento e irrespeto por el estamento militar venezola- no procede a tomar las siguientes medidas: a) Designa un (1) Alto Mando Militar de derecho (Ministro de la Defensa y Coman- dantes de Fuerza) y otro de hecho en la figura del General Rubén Rojas Pérez. b) Delega en la Guardia Nacional el resguardo de la estabilidad del régimen y la en- frenta al Ejército (MBR 200). c) Nombra al Gral. (GN) Rafael Rivas Ostos como director de la DISIP y Coman- dante Ejecutivo de la Guardia Nacional.
Los cambios institucionales prometidos por el Dr. Caldera en la campaña electoral, no fueron cumplidos a lo largo de su gobierno, por el contrario el suyo fue un quinquenio en donde exponencialmente se repitieron los errores y perversidades cometidas en los últimos 35 años. Los partidos políticos tradicionales, especialmente AD y COPEI, dejaron de ser los canales de representatividad política de la sociedad civil transformándose en empresas mercantiles. Los postulados ideológicos y la doc- trina política de los partidos fueron sustituidos por el pragmatismo de sus líderes, quienes utilizaron dichas organizaciones para beneficio propio y de sus respectivos entornos y no para el de los venezolanos que decían representar. El MBR 200 se transforma en el brazo armado de un movimiento político liderado por el Comandante Hugo Chávez quien convertirá la derrota militar de 1992 en una victoria política en las elecciones presidenciales celebradas el 6 de diciembre de 1998. El Ejército Venezolano/MBR 200 se constituye por primera vez en la histo- ria republicana de Venezuela en partido político y nace el Movimiento Quinta Repú- blica (MVR). A este nuevo partido son incorporados los civiles que conspiraron con los militares en los alzamientos del 4F y 27N. La coalición de los partidos: MVR, PCV, PPT, MAS, MEP, Fuerza Moral, Movimiento Independencia y los grupos guerrilleros Bandera Roja, Tercer Camino, Movimiento Desobediencia Popular; integran el POLO PATRIÓTICO, coalición de partidos civiles que seleccionaron al comandante Hugo Chávez como su candidato para la elecciones presidenciales de 6 de diciembre de 1998.
VIII. De la democracia puntofijista a la república bolivariana
Los 188 años transcurridos desde el 5 de julio de 1811 hasta la presente fecha no han sido suficientes para que en Venezuela se consolidara la noción de ESTADO. Vemos repetirse con terquedad la sucesión de hechos históricos que más que evolu- ción han resultado un retroceso en lo político, en lo social y en lo económico. El con- cepto etimológico de República ha sido desvirtuado y no pocas veces manipulado por quienes a nombre del pueblo soberano han dirigido los destinos de la nación. El espíritu republicano con que nació Venezuela el 5 de julio de 1811 fue enterrado por los militares que una y otra vez en 188 años se han atribuido el derecho y asumido por la fuerza la representación de la voluntad popular. La crónica incapacidad de la sociedad civil para gobernar a la nación dio paso al estamento militar para que asumiera roles ajenos a la naturaleza específica de su formación y funciones. Al igual que en épocas pasadas el soberano delega hoy en el mesías de turno la mágica solución de sus problemas sin imputarse a sí mismos la responsabilidad de la tragedia pasada. La meta que se trazaron los firmantes del Pacto de Punto de eliminar a las Fuerzas Armadas Venezolanas se cumplió con creces, con el agregado no previsto y menos aún avizorado de que también desaparecería junto con aquellas el régimen político que estaban fundando. Los oficiales del ejército venezolano ya no son profe- sionales de las armas al servicio de la nación, son ahora militantes del partido de go- bierno; son las milicias populares que Acción Democrática no logró consolidar en 1945. El MBR 200 pretende reeditar con una tropical y exótica versión el Gobierno del Nuevo Ideal Nacional del Gral. Marcos Pérez Giménez . El histórico fracaso de la sociedad civil venezolana fue no haber creado un Estado sobre el legado de Nación que nos dejaron los precursores. Pensaron que ren- dían sobrado tributo a aquella gesta por medio de extravagantes desfiles militares e inflamados discursos. La histórica incapacidad civil para manejar los destinos de la Nación, dio paso de una u otra forma, al establecimiento de regímenes militares que han resultado ser peor remedio que el mal que pretendían erradicar. En el caso que nos ocupa vemos como el estamento militar venezolano asume otra vez más el control de los destinos de la nación, sólo que ahora pretenden mate- rializar un proyecto político y refundar una república bajo los fundamentos del Pen- samiento Bolivariano. Una vez más y como ya ha sido tradicional en nuestra historia, la memoria y obra del Libertador Simón Bolívar son utilizadas como plataforma de lanzamiento de proyectos políticos. El pensamiento bolivariano es muy rico en lo mi- litar y político. Sus preceptos tuvieron plena vigencia en el contexto histórico en que fueron escritos y su validez a futuro no es absoluta. Sus propuestas no son dogma de fe y además extemporáneas como soporte ideológico para refundar una república.
IX. Del Neoliberalismo Salvaje a la Economía Humanística.
Una muy alta estatura intelectual mejor formación académica y abundante ignorancia en materia económica fueron y siguen siendo las más resaltantes cualida- des de quienes dirigieron y dirigen los destinos de la nación. Los resultados están a la vista y no pueden ser más elocuentes. Imbuida y alucinada por las doctrinas social demócrata y demócrata cristiana, la dirigencia política condujo a la economía al estado de postración que hoy se en- cuentra. La inflación desbordada, la devaluación de la moneda, el aumento indiscrimi- nado e incontrolado del gasto público, la improductividad de las empresas del Estado e institutos autónomos, el endeudamiento exterior, etc., son sólo algunos de los re- sultados obtenidos. Crearon una economía híbrida, vale decir, de enunciados capi- talistas pero de principios socialistas. Esta definición es contradictoria y paradójica al mismo tiempo y así fueron los resultados que de ella se derivaron. La no preparación académica e inexperiencia gerencial de quienes estuvieron al frente de la primera ma- gistratura de Venezuela, fueron los factores determinantes del fracaso económico acumulado durante 40 años de improvisaciones y demagogia populista. La políti- ca económica y el marco legal que la sustenta fueron concebidos para proteger los intereses económicos del entorno de los presidentes de la República y los partidos políticos del estatus. La equitativa distribución de la riqueza benefició a la mili- tancia de los partidos políticos y a sus socios de turno. Bajo este criterio los altos intereses de la República fueron reemplazados por los del estamento político. Al- rededor de este núcleo creció una economía privada sin rumbo ni concierto definido, protegida y no competitiva. Mientras la economía venezolana retrocedía en progresión aritmética, las eco- nomías de los países desarrollados crecían exponencialmente. El mundo que rodeaba a Venezuela en 1958 es totalmente diferente al de 1999. El de hoy es un mundo glo- balizado donde los países y sus economías compiten por colocar sus productos en los mercados. Ya no sólo es condición determinante la posesión de materia primas como el petróleo, el hierro, etc., es necesaria la capacitación tecnológica suficiente y efi- ciente para poder competir. Los ideólogos que redactaron la Constitución de 1961 otorgaron al Estado Venezolano el papel de director y regente de la economía; en consecuencia quedaba en manos del gobierno el diseño e implementación de la política económica. Estatifi- caron la economía. Por si fuera poco lo anterior, el fondo demagógico de las leyes laborales, endilga a los patronos el papel de explotadores, EL TRABAJO como suprema y única fuente de generación de riqueza, se convirtió en el producto de una relación perversa entre el explotado y el explotador. La dirigencia política navegó en ese mar de contradicciones; por una parte se enriquecían administrando directa- mente el erario público y por medio de subsidios, becas, bonos y otras limosnas hicie- ron a los venezolanos mendigos y pedigüeños. No alcanzaron los ingresos petroleros para que los políticos cumplieran las demagógicas promesas que cada cinco años hacían a una población cada vez más ávida de fácil riqueza y menos trabajo. Para crear la Gran Venezuela que C.A. Pé- rez soñó en sus delirios tercermundistas y sufragar las excentricidades de los presi- dentes que vinieron después, los gobiernos contrajeron inmensas deudas en el exterior con lo que aceleraron el proceso de empobrecimiento e envilecimiento de la calidad de vida de los venezolanos. Incapaces como nación de honrar los compromisos ad- quiridos, pasamos a la jurisdicción del Fondo Monetario Internacional, organismo que tiene como función el velar porque la nación pague lo que debe al sistema financiero internacional. Esto significa que la nación venezolana por obra y gracia del criminal fracaso de la dirigencia política perdió su independencia económica. Venezuela es un país políticamente libre, pero económicamente hipotecado a los bancos del exterior. No contenta la dirigencia política con depredar a la nación y envilecer moralmente a los venezolanos, también la dejó hipotecada. A pesar de lo evidente de las responsa- bilidades de los elegidos y de los electores, derivamos la culpa hacia otros y no hacia nosotros mismos, por tal razón el responsable de nuestra precaria situación económica a juicio del colectivo venezolano es del FMI y su política económica neoliberal ahora rebautizada como neoliberalismo salvaje por el nuevo gobierno revolucionario. Como si 40 años de padecimiento no fueran suficientes, ahora la nación pasa a las manos del estamento militar. Una vez más el bravo pueblo cae en su propia trampa y repite el error que cada cinco años religiosamente comete: elige los más incapaces para regir sus destinos. Obnubilado por sus resentimientos, preso en su ignorancia y envilecida su autoestima, el soberano sucumbe hipnotizado bajo los encantos del carisma seductor de un Espartaco caribeño. Demostrando una ignorancia supina en el ejercicio de su propia profesión y transformados ahora en partido político, los militares venezolanos pasan a dirigir los destinos de la nación. Al igual que sus antecesores toman el atajo de las reformas políticas, antes que el camino seguro de la recuperación económica, con el agravante de pretender utilizar hoy el pensamiento político del Libertador vigente en el siglo XIX para refundar una república que ya existe en las postrimerías del siglo XX e inicio del siglo XXI. La poca preparación académica del comandante en jefe venezolano y sus atá- vicos resentimientos sociales le impiden ver que la equitativa distribución de la ri- queza no es la mágica distribución de los panes descrita en el Nuevo Testamento, la riqueza se crea, y para crearla se requiere de un Estado ajeno a ese menester y una conciencia colectiva clara en que la riqueza es producto del trabajo creador y no de las dádivas de un gobierno demagógico y populista. La Economía Humanística enunciada por los nuevos ideólogos del tercermundismo van dirigidas a repartir equitativamente la pobreza. Los militares venezolanos reniegan del Capitalismo sin saber de qué se trata y lo llaman salvaje. No se atreven a declararse socialistas para guardar las apariencias y se disfrazan de bolivarianos. Pero sí se ocupan de enfrentar al colectivo venezolano, exacerbar los odios entre clases sociales y sembrar así la semilla de la guerra ci- vil.
X. Proyecto Geopolítico Bolivariano o la Globalización de la miseria.
Como de repartir pobreza se trata y no de crearla, los delirios filosóficos de los militares venezolanos traspasaron las fronteras. Los civiles hoy asociados a los neo-bolivarianos en la construcción de una sociedad justa e igualitaria, son los mismos que en la década de los años 60 trataron de importar la Revolución Cubana a Venezuela. El sueño revolucionario de ayer es la realidad de hoy para Cuba. Los lo- gros de esa revolución no pueden ser más palpables: repartieron equitativamente la pobreza y sacaron de su territorio al 13% de la población que era capaz de fabricarla, como efectivamente lo lograron en el exterior. Ni hablar de otras exquisiteces ideoló- gicas tales como libertades y derechos individuales; estos simplemente no existen, son conculcados por un sistema político que dice representar al pueblo soberano en una Asamblea Nacional , que convierte en ley los delirios revolucionarios del Coman- dante en Jefe. El castrismo de ayer se convierte en el chavismo de hoy; al fracasar es- truendosamente en Venezuela el experimento político nacido en 1958 surge de sus mismas entrañas una reedición del comunismo camuflado de movimiento nacionalista y humanista. Lidera este movimiento el más genuino representante del tercermundis- mo trasnochado, y como es lógico suponer, no buscaron aliados ni modelos a seguir en los países desarrollados, porque los países llamados capitalistas por nuestros re- sentidos líderes militares, son todos regidos por democracias que no hemos sido ca- paces de construir. La Nueva República que los bolivarianos pretenden refundar está encua- drada dentro de un movimiento político que tiene en Cuba una de sus bases y en la República Libia de Muhamar Ghadafi la otra. Será la versión mejorada y ampliada de la revolución cubana con una adaptación del guión a los nuevos tiempos y actores. La folclórica versión venezolana se corresponde en esencia y presencia a la personalidad de los nuevos visionarios. Bolivarianas también son ahora las FARC y el ELN, boliva- riano es el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional de Xiapas-México, boliva- rianos son hoy los líderes de la Revolución Sandinista, bolivarianos son los Caras Pintadas Argentinos, bolivariana es la logia militar que gesta el golpe en el Ecuador. Para hacer realidad la gesta americana soñada por los nuevos próceres vene- zolanos, cuentan con los recursos económicos provenientes del petróleo. Como el proyecto político del gobierno militar es humanista, no va dirigido a resolver la infla- ción, el déficit fiscal, lograr el fortalecimiento de la moneda, auspiciar el crecimiento de los ingresos per cápita, la estabilización de la balanza de pagos y algún otro desva- río capitalista. Con esos recursos se financiará la Revolución Latinoamericana y Venezuela encabezará la lista de naciones donde con el mayor de los éxitos se globa- lizará la pobreza. La pobreza y la obediencia serán las promesas de renunciamiento sanciona- das como ley, y junto al patrioterismo serán los votos consagrados por los vene- zolanos ante el altar de la patria. Los apóstatas deberán buscar otros horizontes (exilio).
XI. De la Venezuela Virtual a la Venezuela Posible.
Como efecto y no como una causa en si misma, con el gobierno militar de Hugo Chávez se cierra el proceso histórico iniciado el 18 de octubre de 1945. En medio siglo transcurrido se agotaron y desaparecieron los partidos políticos como representantes de la sociedad civil y de igual forma las Fuerzas Armadas Nacionales como organización militar del Estado venezolano. Como malvado hechizo nos encontramos hoy con la reedición de la Acción Democrática de 1945 en el Movimiento Quinta República, el partido del pueblo de ayer y el chavismo de hoy como Alfa y Omega de un proceso que pretende cam- biar el ensombrerado Juan Bimba adeco por la versión actualizada de boina roja. A la vista está el legado de nación que el populismo y la demagogia de los gobiernos cívico/militares nos dejaron; virtual es su existencia aparente en la imagina- ción de la dirigencia política y la élite social, pero real para los 20 millones de vene- zolanos que la sufren. La Venezuela posible surgirá cuando los aventureros de la política, civiles y militares, dejen de ser los conductores de los destinos de la nación. Esto sólo ocurrirá cuando las élites intelectual, social, política y económica antepongan los intereses del país a los propios y decidan arrebatar de las manos del analfabetismo funcional la conducción de los destinos de la nación. Están en deuda con Venezuela no solamente los que la desgobiernan, sino también los venezolanos que lo permitimos. Culpables somos todos, somos responsables por acción u omisión de la tragedia que se cierne sobre el país y sobre la vida de todos y cada uno de los venezolanos. La comodidad, el miedo y la cobardía impiden a los que pueden actuar hacerlo efectivamente. Encuentran en la legalidad institucional el refugio donde esconderse y ahora en la constituyente la excusa para no actuar. Vivimos 40 años bajo amparo legal de una constitución que fue letra muerta, porque muy poco de lo allí escrito fue cumplido o hecho cumplir por los gobiernos de quienes la redactaron. Tuvo razón nuestro Napoleón caribeño cuando la calificó como moribunda. Ciertamente lo es, y lo es porque con esa constitución se deberá cerrar el libro escrito por los marginales de la política, y de los cuales nuestro - por ahora - presidente es el más conspicuo representante. Es un deber histórico ineludible el ayudar a bien morir a la democracia punto- fijista. Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba fueron los creadores, socios y accionistas principales de ese gran negocio llamado Democracia Represen- tativa. A las fuerzas armadas convertidas por obra y gracia de sus mentores en montoneras de lujo les toca inhumar los restos mortales del sistema y enterrarse con él. La marginalidad intelectual y social de quienes dirigen los destinos de la na- ción impide al colectivo entender que el siglo que finaliza es el XX y no el XIX. Quienes tienen la posibilidad de actuar para llevar a Venezuela a un destino mejor lo deben hacer más temprano que tarde. Falsa de toda falsedad resultó la demagógica afirmación del Dr. Rafael Calde- ra de que el pueblo nunca se equivoca. ¡Claro que se equivoca! Se equivocó eli- giéndolo a él dos veces, a Carlos Andrés Pérez otras dos, a Jaime Lusinchi, a Luis Herrera Campins, y ahora para cerrar con broche de oro el siglo XX, elige a un jefe de montoneras con ínfulas de mesías. Ciertamente la democracia venezolana ha sido representativa, lo ha sido de una población cada vez más pobre culturalmente y prolijamente contagiada de las perversidades de su dirigencia, presa de sus mitos y anhelante de un bienestar producto de las dádivas y no del trabajo. Ésta es la sociedad que construyeron los demócratas venezolanos y los militares que gobiernan son el producto de ese sistema que ahora pretenden desconocer. La Venezuela posible podrá construirse cuando finalice la dictadura del proletariado que cada cinco años elige gobiernos a su imagen y semejanza. La élite social y económica está en la obligación de asumir las riendas de la conducción de los destinos de Venezuela. La patria, en el amplio concepto, no sólo es el territorio geo- gráfico donde se hacen negocios y se exhiben privilegios. Quienes fundaron la Repú- blica no surgieron del seno del pueblo llano, fueron los más cultos y ricos que con valor y sentido de historia decidieron fundar una nación. Los miembros de la primera Asamblea Constituyente eran los hombres con las mentes más lúcidas de su tiempo. No se sometieron a la voluntad de comandantes de montoneras como hoy lo vemos, eligieron a un hombre como Simón Bolívar para consolidar militarmente la decisión política y no a José Tomás Boves.