Devaluación del bolívar realista
Gonzalo F. Vázquez
Los precios del petróleo no necesariamente pudieran tener en el corto plazo una recuperación a niveles que reviertan la actual situación deficitaria que vive el gobierno y que conjugare con una reducción drástica de la producción petrolera, producto de los acuerdos que Venezuela ha suscrito con otros países productores de crudo. Esta caída del mercado del crudo ha creado en nuestro caso un déficit fiscal sin precedentes, que ha obligado al gobierno a tomar medidas de emergencias para tratar de subsanar, en el muy corto plazo, esta difícil situación.
Entre las acciones inmediatas propuestas durante los primeros días del nuevo gobierno para cubrir el déficit, tenemos un programa fiscalista que abarca desde el Impuesto al Débito Bancario, Impuesto al Valor Agregado, una modificación a la actual Ley de Impuesto Sobre la Renta y hasta una depuración al problema de la alta evasión que existe al pago de aranceles en las aduanas.
Las estimaciones indican que estas medidas fiscales sólo podrán cubrir hasta 2,5 puntos del PIB y se tendrá que tomar en consideración que estos ingresos adicionales se verán mermados en aproximadamente 1 punto del PIB, debido a los efectos del anunciado aumento salarial para los empleados del sector público.
Con este escenario en puerta, nos convencemos aun más que entre las alternativas a corto plazo que tiene el nuevo gobierno para cubrir dicho déficit, están aquellas dirigidas hacia la obtención de dinero fresco a través de nuevos endeudamientos (en condiciones que serán muy onerosas por cuanto reflejarán un incremento importante del «riesgo país») y que solamente vemos accesibles, por la magnitud involucrada, a aquellos financiamientos provenientes de agencias multilaterales como pudiera ser la suscripción de una facilidad ampliada con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Por otro lado el gobierno ha mencionado la posibilidad de tratar de renegociar el perfil de vencimientos de la deuda externa a través de programas de canje de deuda («buybacks»; «debt/debt swaps»; «debt/equity swaps»; etc.), que le permitan obtener condiciones que le alivien la deficiencia de caja en el corto plazo, a través de la obtención de períodos de gracia a un costo sin precedentes.
Hay que advertir que cualquier propuesta a ser presentada al FMI o de reprogramación a través de nuevos endeudamientos deberá venir acompañada con un sólido programa de recuperación económico en el corto, mediano y largo plazo, que tome en consideración las medidas para reactivar el aparato productivo, la reducción de la inflación a niveles de un dígito, la continuación del programa de privatizaciones, la reducción del gasto público, entre otros y que permitan estimular un crecimiento sostenido de la economía.
La situación en los mercados de capitales internacionales aún no es propicia para mercados emergentes, tal es el caso de Colombia que siendo un emisor del tipo «investment grade», salió con un cupón bastante alto.
Los inversionistas siguen cautelosos y es previsible que le exijan a Venezuela que utilice el petróleo como garantía o colateral.
Al agregarles a esta situación de déficit fiscal, expectativas inflacionarias, deficiente manejo de una política monetaria y fiscal coherente, sobrevaluación del bolívar, altas tasas de interés, etc., seguimos definitivamente ante un ambiente de desbalance que estimula unas expectativas de «pura desconfianza».
Por su parte, el Banco Central de Venezuela sigue fijando una política monetaria restrictiva para reducir substancialmente la liquidez monetaria, manteniendo las tasas de interés a niveles insostenibles, a través de los rendimientos de los Títulos de Estabilización Monetaria (TEM), como medida para frenar la salida de capitales. Esta política, a juzgar por los resultados, ha venido estrangulando a la industria nacional a tal extremo que muchas empresas hoy tienen verdaderamente pocas posibilidades de recuperación.
Esta situación de altas tasas de interés, en el corto y mediano plazo, pareciera no mostrar una tendencia hacia la baja en términos reales, y más aún cuando la necesidad de mantener tasas reales positivas (exigidas por el FMI) se conjuga en un ambiente donde la inflación acumulada en los últimos doce meses se ubica alrededor del 29% y las expectativas inflacionarias para finales de este año, pudieran estar holgadamente por encima del 30% en lugar del 20% que anunció el gobierno inicialmente.
Seguir manteniendo por mucho tiempo la política de altas tasas de interés tendrá un efecto directo en la contracción de la demanda, producto de la desaceleración de la economía. A consecuencia de esto se observará un incremento mayor en los índices de desempleo y subempleo, aumentos en términos reales negativos de los sueldos y salarios, la disminución del poder adquisitivo (producto de la inflación acumulada), el incremento en el deterioro de la cartera de créditos de los bancos y con seguridad el inicio de un período de recesión crónica que pudiera prolongarse más allá del próximo año.
Es evidente que todos los factores mencionados anteriormente giran alrededor del mal de la inflación y que cualquier propuesta económica viable y con cierto grado de credibilidad, deberá contener la solución inmediata y contundente a dicho mal.
Lo que sí está claro es que el gobierno dentro de sus políticas de ajuste, no prevé devaluar el bolívar para permitir llevarlo a su nivel de equilibrio. Una vez más, quedará en manos del gobierno y su equipo técnico, entender que se deberán tomar las medidas necesarias para hacer los ajustes que permitan encaminar a la economía a un mejor destino y que se deberán anunciar en forma inmediata.
Entre tanto seguiremos observando una fuerte tendencia hacia mantener posiciones importantes en divisas como consecuencia de las expectativas inflacionarias, y el reconocimiento a corto plazo de la eventual necesidad del nuevo gobierno de devaluar el signo monetario a un nivel acorde, con el diferencial inflacionario interno y externo («purchasing power parily»), entre otras exigencias que con seguridad le estará propiciando el FMI, dentro del nuevo programa de ajustes.
Economista, egresado de la Universidad de Illinois
Director Ejecutivo de la firma Vázquez & Asociados
e-mail: gvazquez@tecel.net.ve