Regreso de la inversión a los países emergentes. ¿Alcanzará a Venezuela?
María Inés Fernández
Los mercados bursátiles de los países emergentes fueron duramente golpeados en 1997 y 1998. En 1997, con el inicio de la Crisis Asiática, fueron los mercados de esas regiones los que presentaron el peor desempeño. En 1998 fue el turno de América Latina, donde los desequilibrios financieros globales y la caída de los precios de las materias primas, principales productos de exportación de la región, hicieron que los inversionistas extranjeros salieran de sus mercados. Brasil siguió presentando problemas hasta principios de este año, cuando tuvo que desistir de su modelo cambiario y se vieron caídas impresionantes en sus mercados bursátiles, seguidos de fuertes recuperaciones. Finalmente, el mercado brasileño se equilibró, junto con el paquete de ayuda económica ofrecido por el exterior y medidas económicas que restablecieron la confianza.
Las perspectivas para 1999 son mucho más positivas. La Crisis Asiática parece haber terminado y se espera un crecimiento económico de un 1% en 1999 y superior en los años subsiguientes. Lo que se lee entre líneas en este aspecto, es que de salir de la recesión esa región, podemos esperar que aumente la demanda, principalmente de los productos que fueron más fuertemente golpeados con la crisis, las materias primas. De ocurrir esto, sus precios subirían, mejorando las perspectivas económicas de regiones como América Latina, cuyos ingresos en divisas provienen principalmente de este tipo de productos. De esta forma, aún con una desaceleración del ritmo de crecimiento de Estados Unidos (cuya economía parece estar lejos aún de entrar en una recesión y se mantiene sana) y las perspectivas desfavorables de Europa, el crecimiento mundial puede mantenerse en niveles del 3%, favoreciendo el desempeño de los países emergentes.
Algunas señales de este cambio de tendencia ya se han observado en las pasadas semanas: después de haber registrado los peores resultados en enero y febrero, los mercados bursátiles de América Latina se recuperaron espectacularmente en el mes de marzo, con un aumento del 20,04% (tomando como medida el índice EMF Latin America de Morgan Stanley) frente a un aumento del 4,47% del Standard & Poors 500. Asia siguió sus pasos de cerca, aumentando 12,61% (índice EMF Asia de Morgan Stanley). En abril, hasta mediados de mes, seguían siendo estas dos regiones las que lideraron los aumentos, y para el 20 de mayo el crecimiento acumulado en el año para Asia capitalizaba un 27,56%, mientras queAmérica Latina hacia lo propio, con un 22,61%, frente a un 6,18% de Standrd & Poors o un pobrisimo desempeño de Europa, con una baja de 0,56% (índice MSCI Europe, de Morgan Stanley). De esta forma vemos que el panorama de inversión en los países emergentes parece ser mucho más despejado en estos momentos de lo que era a principios de año. De acuerdo al Wall Street Journal, buena parte de las inversiones que están entrando en Asia, provienen de Fondos Mutuales europeos, tan vez buscando mejores rendimientos que los que su región puede ofrecer.
Sin embargo, es importante notar que los mercados emergentes son muy volátiles, y que las ganancias antes señaladas pueden revertirse con facilidad, en caso de que exista alguna razón para pensar que las expectativas que alimentaron el alza estaban equivocadas. Ahora bien, si es cierto que los países asiáticos están saliendo de la recesión y se están recuperando, y con ellos aumenta su demanda, es una buena noticia para América Latina. En el caso particular de Venezuela, el crecimiento económico en la región Asiática implica un aumento en la demanda de petróleo, lo que puede asegurar que los precios se mantengan en los actuales niveles o incluso suban, si los países productores no deciden producir mas para satisfacer una demanda creciente. El aumento de los precios del petróleo, o que los mismos se mantengan en los actuales niveles aún cuando PDVSA decida aumentar la producción, implica una mejor posición para Venezuela. De hecho el actual deterioro de la economía venezolana, si bien en buena parte es producto de una pésima administración de recursos, falta de previsión y de planificación, también se ubicó en el marco de un entorno mundial poco favorable, con precios del petróleo en franca caída y huida de los capitales extranjeros de los mercados emergentes. Es bien sabido que este tipo de capitales extranjeros, los "capitales golondrina", crean distorsiones dentro de la economía de los países receptores, especialmente a nivel de sus cuentas externas y su tipo de cambio. Sin embargo su presencia indica que es hoy mucho más fácil de lo que era hace seis meses la llegada de inversión extranjera de cualquier tipo a América Latina, y específicamente a Venezuela, en otras palabras, una parte de las dificultades que atravesó el país el año pasado, la parte proveniente del exterior, parece ir mejorando.
En este punto es importante señalar que es bien sabido a nivel de todas las grandes casas de bolsa internacionales e inversionistas extranjeros, la Bolsa Valores de Caracas es la que se cotiza a los niveles más bajos y su recuperación, cuando se den las condiciones necesarias, podría ser muy grande. El interés existe, lo que falta es que se produzcan las condiciones. Estas a nivel del entorno mundial están comenzando a favorecernos, falta que el entorno interno haga lo mismo. La fuerte subida de la Bolsa de Valores de Caracas a mediados de abril da una señal del potencial de crecimiento que existe, pero los inversionistas que están entrando en el mercado en estos momentos son muy arriesgados y altamente especulativos, no tienen apariencia de tratarse de inversiones a largo plazo. Ahora bien, ¿qué pasaría si se llegaran a acuerdos significativos entre los poderes públicos, si se desenvuelve el proceso constituyente sin problemas, si se percibe un estado de seguridad en las inversiones en el país? Esa inversión interesada en Venezuela, que por el nivel de riesgo que se percibe por la situación política en estos momentos es altamente especulativa, puede tornarse en inversiones directas o inversiones de largo plazo, las cuales son las que el país requiere urgentemente en este momento para revertir la espiral de recesión en la que se encuentra actualmente la economía. Ya se han conocido interesados en invertir en la privatización del sector del aluminio, a pesar de los precios deprimidos de sus productos finales.
Venezuela tiene un gran potencial para el crecimiento económico. Tiene una fuerte propensión al consumo que permite aumentar con relativa facilidad la demanda agregada, y una gran de necesidad de producción de bienes y servicios. Si a esto se le une un entorno mundial más benigno, entonces es sólo cuestión de política y de política económica, en poder del Estado venezolano, que Venezuela siga en la recesión, o que en cambio retome la senda del crecimiento económico.
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