Benesuela versus Venezuela: El Combate Educativo del Siglo

José Luis Cordeiro

"El primer deber del gobierno es dar educación al pueblo."
Simón Bolívar, 1825

La realidad educativa venezolana a finales del siglo XX es patética. Más de dos millones y medio de niños y jóvenes están excluidos del sistema educativo formal. A pesar de que la educación es obligatoria y gratuita, según la misma Constitución de la República de Venezuela, nuestros niños no están en la escuela. Esto no es un simple fraude, es mucho peor: un gran crimen contra la humanidad y contra nuestro propio futuro.

La bomba de tiempo sigue creciendo: apenas 1 de cada 2 niños termina la primaria y tan sólo 1 de 4 se gradúa de bachiller. Hay más de medio millón de niños que están repitiendo algún año escolar y casi otro medio millón de menores que están abandonando el sistema educativo formal año tras año. Las tasas de escolaridad, repitencia, ausentismo, deserción y exclusión escolar están entre las peores a nivel internacional. Por si esto no fuera suficiente, los pocos que tienen la suerte de estar en la escuela están recibiendo una de las peores educaciones del mundo, con un nivel más bajo que el de muchos países africanos. Los parámetros educativos venezolanos tanto de cantidad como de calidad son deplorables: La educación "benesuelana" está al nivel de países africanos pobrísimos como Malawi y Mozambique. Según la OCEI, ni siquiera la mitad de los venezolanos son capaces de leer y entender este artículo, incluyendo la mayoría de nuestros "politiqueros". La educación presente es una arma de la opresión, de la desigualdad y de la ignorancia. Es una educación maldita.

Hoy, más que nunca, necesitamos con urgencia un gran plan educativo para Venezuela. Un plan basado en el desarrollo de la inteligencia, en la utilización de las nuevas tecnologías y en las prácticas más modernas de la educación. No un programa quinquenal del gobierno de turno, sino un verdadero programa nacional educativo a largo plazo. Tenemos que dejar atrás las ideas demagógicas de los políticos y concentrarnos en las ideas pedagógicas de los educadores.

La verdadera riqueza de un país no está en su materia prima sino en la materia gris de sus ciudadanos. La única industria básica y estrategia es la educación. Venezuela puede tener mucho petróleo pero nunca será rica si los cerebros de nuestros niños están vacíos. Durante la revolución agrícola lo importante eran los recursos naturales, con la revolución industrial aparecieron los grandes recursos financieros, y para la revolución de la inteligencia sólo importará el recurso humano. El capital humano será en el futuro lo que el capital físico y el capital financiero fueron en el pasado. En el futuro ya no contará la mano de obra sino el "cerebro de obra".

Las batallas del futuro no serán entre los armados y los desarmados, ni entre los que tienen y los que no tienen, ni entre los fuertes y los débiles. Las guerras que vienen, tanto internas como externas, serán entre los que saben y los que no saben. El combate será entre la barbarie y la civilización, entre la ignorancia y la inteligencia. La única arma real será la educación. La verdadera guerra del futuro será por el conocimiento, por la educación, por el desarrollo de la inteligencia de todos los niños.

La educación tiene que dejar de ser aburrida y castradora para ser entretenida y motivadora. Las batallas educativas, para pasar de la Benesuela actual a la Venezuela posible, serán duras. La politización, partidización y estatización han creado una "buRRocracia" educativa que impide el desarrollo nacional. El combate educativo tiene que ser de todos. La educación es demasiado importante para dejársela sólo a los educadores. Tenemos que estar claros que, en el combate educativo, los que no somos parte de la solución somos parte del problema.

Estamos a la encrucijada entre dos países posibles: una Benesuela ignorante, atrasada, pobre y esclava y otra Venezuela culta, moderna, próspera y libre. Benesuela debe morir y Venezuela debe renacer. La Venezuela del siglo XXI será una República educada o simplemente no será una República. "Para que haya República hay que educar republicanos", dijo Simón Rodríguez. Sin educación sólo existirá una Benesuela pobre y sin futuro, un país donde los más demagogos esclavicen a la enorme población ignorante.

Los venezolanos conscientes tenemos un compromiso para luchar por una Venezuela libre, educada y próspera y no una Benesuela esclava, ignorante y atrasada. ¡Venezolanos a las armas! ¡Venezolanos a la educación!

LA COMPETITIVIDAD, LA EDUCACIÓN Y EL FUTURO

Cuando se habla de competitividad, lo primero que nos viene a la mente son robots, rayos láser y computadoras. Muchas veces confundimos competitividad con productividad y por eso la identificamos con el lado "duro" de la producción industrial. Sin embargo, la competitividad es mucho más que eso y tiene sus orígenes en los aspectos "blandos" ligados a las empresas, los individuos y los mismos países.

El único camino que puede seguir un país para lograr alcanzar su verdadero desarrollo es la competitividad. Las ventajas competitivas se construyen basadas en tres pilares fundamentales: primero, la educación, segundo, los sistemas económico-político-sociales y, tercero, la visión de país y sociedad. La competitividad no es un concepto que se aplica o se desarrolla aisladamente; más bien, representa el resultado sistémico de aplicar todos los elementos anteriores, los tres muy relacionados entre sí.

Todo comienza con la educación ...

Los países no son competitivos por sí mismos, sino que dependen de la competitividad de sus habitantes y de las instituciones que ellos forman. "Nadie nació aprendido" dice un refrán popular. En países tan jóvenes como los latinoamericanos, donde más de la mitad de la población no alcanza los 20 años, la educación tiene que ser una prioridad básica, una obsesión nacional.

Durante la historia de los pueblos han existido diferentes ventajas competitivas a través del tiempo. Hace siglos que la principal fuente de competitividad fue la posesión de tierras y otros recursos naturales. Luego fue la mano de obra barata y más tarde fueron las máquinas y el dinero. Al umbral del siglo XXI la educación se ha convertido en la principal ventaja competitiva de las naciones. El capital humano está desplazando al capital físico y al capital financiero como el verdadero generador de riqueza en el futuro.

Hay quienes piensan que la educación es cara, pero la ignorancia es todavía más cara. El denominador común de todas las sociedades que han logrado avanzar comienza con sistemas educativos orientados al desarrollo humano. Sólo hay que ver a Japón para comprender este concepto.

Japón es un país muy pequeño, tan pequeño que entraría tres veces en Venezuela y, sin embargo, tiene seis veces la población venezolana. En Japón no hay petróleo, hierro, aluminio, azúcar, café, cacao. Lo único que hay son montañas, terremotos ... y ... una población altamente preparada. La riqueza y la ventaja competitiva de Japón radican en su población.

Japón es un país pobre pero con gente rica, mientras que Brasil es un país rico con gente pobre. A los japoneses les enseñan desde pequeños que Japón es un país pobre y sin recursos, donde para "sobrevivir" hay que estudiar y trabajar duro. A los brasileños, por otro lado, les dicen que viven en el "maior país do mundo" y que cuentan con todos los recursos imaginables. Los resultados tan distintos de la educación en Japón y Brasil hablan por sí solos. Además, mientras que la educación en Japón sirvió para generar riqueza nueva, en Brasil sólo sirvió para acceder a la riqueza ya existente en forma de recursos naturales, no para generar riqueza adicional.

En un mundo tan cambiante como el actual, la educación se hace aún más importante. Una persona que no se actualice deja de ser "educada" en poco tiempo. La "aceleración" de la historia hace imprescindible la continua renovación del conocimiento humano. Como dijo el gran prócer cubano José Martí "la educación comienza con la vida, y no acaba sino con la muerte". Esa misma afirmación es más válida hoy bajo las rápidas transformaciones económicas, políticas y sociales de un mundo que cambia a pasos agigantados.

... pasa por los sistemas nacionales ...

La educación es un elemento fundamental para la competitividad pero no es el único elemento. Se puede decir que es una condición necesaria pero no suficiente para la verdadera competitividad. Basta ver el caso de Cuba para entender que la educación no es suficiente. Cuba tiene niveles educativos similares a Costa Rica y Puerto Rico, sin embargo, la competitividad internacional de Cuba es mucho menor. Fuera de Latinoamérica también se podría decir lo mismo de Polonia o Rusia, países con poblaciones educadas pero que ahora no son competitivos dentro de un mundo globalizado

El segundo elemento básico de la competitividad es el sistema económico-político-social del país. Hay unos sistemas que aceleran la competitividad mientras que hay otros que frenan el desarrollo.

Dentro del enorme abanico de sistemas que han sido ensayados en los diferentes ámbitos de la actividad humana se pueden concluir ciertas generalizaciones a lo largo de los años y alrededor del planeta. En el campo económico ha demostrado ser exitoso el sistema de mercado basado en la propiedad privada y la ley de la oferta y la demanda. En la política ha funcionado la democracia representativa basada en la participación popular y la responsabilidad de los líderes. En el ámbito social es fundamental la igualdad de oportunidades y la justicia pública.

Mientras la realidad económico-político-social de un país se acerque más a los conceptos anteriores, mejor le irá a esa nación. Mientras más se aleje, peor le irá. La historia nos da hermosos ejemplos de países hermanos que han sido divididos y que han evolucionado muy diferentemente debido a los sistemas utilizados. Durante muchos años Alemania Occidental (capitalista) se volvió rica mientras que Alemania Oriental (comunista) se quedó relativamente pobre, Taiwán (capitalista) progresó mientras que China Comunista se estancó, Corea del Sur (capitalista) creció enormemente mientras que Corea del Norte (comunista) no avanzó.

No hay pueblos inferiores, ni razas inferiores. No hay culturas inferiores, ni religiones inferiores. Tampoco hay "climas" inferiores, como algunos pseudo-expertos han tratado de explicar. Lo que sí hay son sistemas inferiores. Latinoamérica no es subdesarrollada por su población, raza, cultura, religión, historia, idioma, etc. Latinoamérica es subdesarrollada por un sistema económico-político-social inferior, un sistema que se aleja en muchos respectos de lo mejor de la experiencia mundial. Mientras ese sistema inferior continúe, Latinoamérica no podrá ser competitiva.

... y culmina con la visión

A inicios del siglo XIX Latinoamérica y Norteamérica tenían niveles de ingreso muy similares. Hoy en día Estados Unidos es muy rico y Latinoamérica es muy pobre. La falta de visión como país y como región han causado gran parte del atraso de los latinoamericanos.

Aún en 1950 los países latinoamericanos tenían ingresos por habitante más altos que la mayoría de los países asiáticos. Sin embargo, nuestros países nunca tuvieron una verdadera visión de futuro y eso les costó muy caro en los años siguientes.

Tomemos como ejemplo el caso de Venezuela en Latinoamérica y distintos países de otros continentes durante la última mitad del siglo XX. En 1950 Venezuela estaba considerado entre los 20 países más ricos del mundo, mientras que muchos países en otros continentes a penas estaban saliendo de los rigores de la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1960 Japón, un país competitivo y visionario, superó a Venezuela. En la década de 1970 España superó a Venezuela, en la de 1980 Corea del Sur pasó a Venezuela y en la de 1990 Malasia también lo hizo. Muchos países que una vez fueron más pobres que Venezuela lograron salir adelante mediante la determinación de metas y objetivos claros: una estrategia, una visión de país.

Un país sin visión es como un barco a la deriva, que va de un lugar a otro según el viento que sople al momento. En un mundo globalizado e interdependiente se hace imperativo tener una genuina visión de país para ser competitivos.

La visión de país tiene que ser una visión a largo plazo. Una visión de futuro que vaya más allá de los beneficios a corto plazo y de las soluciones inmediatas. Una visión que permita pensar, planificar, crear, construir. Una visión de país competitivo y desarrollado. Una visión soñadora que nos deje romper todos los viejos paradigmas mentales. Soñar, como indica el dicho, no cuesta nada. Así que es mejor siempre soñar en grande. Pensar que lo que es imposible hoy, puede ser posible mañana. ¡Qué los venezolanos también podemos ser competitivos!

"Nada grande puede hacerse con hombres pequeños" ha sido la consigna de los triunfadores. La gran diferencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados, entre las empresas exitosas y las fracasadas, entre los seres humanos realizados y los esclavizados, es sin lugar a dudas una visión de grandeza. Mientras pensemos en pequeñeces seremos pequeños, mientras pensemos en mediocridades seremos mediocres. Sólo cuando pensemos en grande, seremos grandes.

Autor de "Benesuela vs. Venezuela"
"El Desafío Latinoamericano"
www.eud.com/lecturas/cordeiro.htm
E-mail: cordeiro@eud.com