Tres perspectivas en cuanto a la crisis venezolana

Eduardo Ortiz Ramírez

Introducción

Este trabajo se refiere a la crisis venezolana desde tres perspectivas: el liderazgo empresarial, las expectativas económicas y el cambio institucional.

Puede señalarse que la escogencia de las tres perspectivas deriva de: a) la disminución de las expectativas de los ciudadanos en cuanto al aumento de su bienestar o mejoramiento de su situación socioeconómica representa el problema fundamental que tienen los mismos; b) aun con los múltiples problemas que presenta el entorno económico, el liderazgo es el tópico más relevante que se presenta en la dimensión empresarial; c) el avance e impulso del cambio institucional es la línea fundamental para un mejor diseño y ejecución de la política económica, desde la perspectiva del gobierno y los propios ciudadanos.

I. cambios en la estrategia de crecimiento

El proceso de apertura y cambio iniciado en la economía venezolana a partir de 1989 presenta similitudes considerables con los iniciados en otros países latinoamericanos. Todos ellos conciernen, en resumen, al cambio de orientación en la estrategia de crecimiento iniciado a mediados de los años ochenta. Se pasó, así, de una orientación interna a una orientación externa, cuyas implicaciones debía abarcar medidas como las recogidas en el publicitado trabajo de Balassa y otros (1986).

Visto ese proceso de cambio en la retrospectiva del período de más de 10 años ya transcurrido, se puede decir que ha significado procesos como los siguientes: Apertura comercial, Apertura a la inversión extranjera. Reconversión, Privatización, Implementación recurrente de planes de ajuste y estabilización.

Esta sucinta referencia de los cambios en la estrategia de crecimiento ha inspirado varios planes en Venezuela. Los fundamentales han sido el Gran Viraje y las Agenda Venezuela. Más allá de los resultados macroeconómicos, que en algunos momentos y casos terminan siendo efímeros, existen por lo menos dos preguntas que son fundamentales. ¿Ha avanzado Venezuela como nación después de los cambios de estrategia? ¿Presenta el país progreso o mejoramiento en su organicidad económica?

En sentido positivo a alguna de las preguntas puede señalarse la difusión de un conjunto de ideas que se ha venido presentado en el contexto de la economía y que pueden considerarse valiosas en cuanto al impulso del crecimiento y desarrollo de la economía venezolana. Tales ideas han venido ganando espacio en los foros, escenarios de discusión e instituciones, en lo que atañe a la problemática económica y a la formulación de estrategias de solución de la misma. Algunas de ellas son por ejemplo: a) se necesita un consenso entre todos los sectores de la sociedad, b) se debe pensar en el largo plazo, c) hay que invertir en el recurso humano.

II. Nuevas ideas y ausencia de liderazgo

No puede negarse ni el esfuerzo serio ni la sinceridad de varios agentes participantes en el proceso de difusión de las ideas señaladas en el punto anterior. Pero, realmente, el proceso de conformación de esa sabiduría convencional en cuanto a las necesidades de perfiles estratégicos para la economía venezolana, ha estado influido por la presencia, inevitable pero no siempre útil, de los políticos tradicionales y algunos tecnócratas, pero también, en ocasiones, de falsos empresarios o capitanes de empresa. La mayor parte de estos, por lo demás, no se han perfilado como Líderes del desarrollo, en el sentido de suministradores de orientaciones de utilidad para la participación de los distintos agentes económicos en los procesos económicos en curso.

No es difícil encontrar en la actualidad venezolana el mal de las posiciones extremas. Un ejemplo de ello está asociado al hecho de que, de haber tenido la nación un crecimiento y desarrollo basado en la protección estatal y la ausencia de elaboraciones puntuales que hubiese apuntalado mejor a este último, se busca, ahora, suplir bruscamente, aunque sea mayormente en la expresión oral, tal conjunto de insuficiencias e ineficiencias.

III. Las expectativas

Es de interés señalar que en la coyuntura y situación de crisis venezolana hacen falta, entre otras, dos cosas: por un lado, pensar ponderadamente y con puntos intermedios; por el otro, plantearse etapas a alcanzar según pueda darse una sistematización de las aspiraciones de la actual generación.

Se trata del mejor aporte que para la solución de la crisis actual pueda brindar la generación más representativa, significativa y que presente mayor empuje y fuerza. No la generación del 28 o la del 58, ya demasiado manida y cansada la primera, y suficientemente probada la segunda, durante el llamado período democrático y en la ejecución de lo que en cuanto a crecimiento se ha llamado modelo de sustitución de importaciones o de orientación interna, por un lado, y de apertura y liberalización u orientación externa, por el otro.

Aun con su necesidad, no puede afirmarse que en la sociedad venezolana actual exista un planteamiento generacional. Tampoco el que la sociedad, por la vía de alguna de sus instancias, haya sistematizado un conjunto de etapas a cumplir que, en el campo económico e institucional, puedan ser de beneficio para el futuro de la nación. Debe señalarse, sin embargo, que, más allá de los elementos polémicos asociados, la apertura petrolera si representa la fijación de una etapa a cumplir.

Las expectativas de los agentes económicos

Existe en Economía, por otra parte, una discusión de interés en lo que concierne a las expectativas que pueden formarse los ciudadanos en cuanto a las posibilidades de mejoría o aumento de sus niveles de Bienestar. Muy importante en el pensamiento económico reciente es, también, el concepto de expectativas racionales, que se asocia a la llamada Nueva Economía Clásica. Tal concepto concierne a una perspectiva anticipativa que en cuanto a expectativas en una variable como los precios, se forman los agentes económicos haciendo uso de toda la información disponible.

En cuanto al punto señalado, debe resaltarse el planteamiento de P. Krugman en su notable libro La era de las expectativas limitadas. Este libro, dedicado al análisis de la economía estadounidense atiende, entre otros, problemas relativos a la distribución del ingreso, al bienestar y a la formación de las expectativas por parte de los ciudadanos de EE.UU. Se trata, en resumen, del hecho importante, según Krugman, de que en los años más recientes estos últimos habrían visto disminuir las expectativas de mejoría en su bienestar ante lo que fueron las presentadas por generaciones anteriores, presentándose, así, una perspectiva político social que debe ser motivo de preocupación y atención por parte de elaboradores y ejecutores de políticas.

Resultados después de tres décadas de progreso

Guardando las distancias entre la economía venezolana y la estadounidense, a ese análisis de Krugman puede hacérsele cierta extrapolación. Es el caso de que la propia sociedad venezolana presenció un mejoramiento de las expectativas que podían formarse los ciudadanos(o con más precisión, algunos segmentos de la población) sobre la base de mecanismos diversos de ascenso social (la Educación, por ejemplo). Esto fue claro en los años sesenta y hasta entrada la década de los setenta, como parte final de un período iniciado con la crisis de 1945, que dio paso al ingreso de las masas a la dinámica social venezolana. El asunto para la actualidad es que el grado de desarrollo alcanzado por la nación o de bienestar concebible por parte de los ciudadanos, se encuentra considerablemente disminuido (al estilo de lo señalado por Krugman), tal cual se indicó más arriba.

Cinco directrices de interés

Cinco directrices o elementos, entre otros seguramente, pueden señalarse como de importancia para una tarea de tal naturaleza: a) no es el hoy ni el mañana, hay que pensar en los dos; b) hay que corregir la impuntualidad, que en Venezuela existe en varios ordenes; c) debe desarrollarse la constancia; d) debe usarse la perseverancia; e) hay que tener precisión en los objetivos y las metas a conseguir. Es indudable que elementos como estos están asociados en la dinámica socioeconómica a factores de desarrollo cultural como la escuela y los institutos de educación.

Sobre el último punto de los referidos y más estrictamente en el campo económico hay que decir que no se trata sólo de precisiones puntuales, sino también de objetivos de guía en, por ejemplo, la canalización de inversiones y el rumbo económico en general, tal cual puede reconocerse en el caso de la ya referida apertura petrolera en la economía venezolana. Esto ha dado frutos en el caso de otras naciones. Puede señalarse así, cómo, en el caso de Corea, y para la Política Industrial, es realmente relevante la secuencia y rigor de los tratamientos sectoriales. En los años sesenta tuvo privilegio la inversión en fertilizantes, cemento y refinerías de petróleo; en los setenta la de astilleros, bienes durables (incluyendo automóviles) y de capital; y en los ochenta, la realizada en informática, electrónica y telecomunicaciones.

IV. El liderazgo

Líderes del desarrollo y condicionantes actuales

Cualquier evaluación de experiencias o modelos de desarrollo, nos remite por una u otra vía a elementos como los referidos. La gran tarea de los Líderes del desarrollo está en saber usarlos y en poder crear objetivos nacionales creíbles y vendibles que, fundamentados en perfiles estratégicos, puedan orientar y entusiasmar a los agentes económicos y a los ciudadanos.

Por supuesto que, los perfiles o perspectivas de Liderazgo en estos asuntos, están enfrentados en la actualidad al conjunto de cambios de la Globalización y a lo que se ha precisado como un juego del cambio. En tal juego lo relevante y novedoso es la propia prevalencia y ritmo del cambio. En este sentido distintas formas de funcionamiento y análisis organizacional y empresarial están adquiriendo notable desarrollo. Se trata de la insistencia en la visión, el servicio al cliente o usuario, los valores de consenso, los equipos autodirigidos, la reingenieria, el benchmarking (identificación de los mejores procesos) y las estrategias globales o amplias(ver Joy McFarland y otros, 1996). Varias de estas dimensiones son útiles, en mayor o menor grado, para el sector público o privado y forman parte de los nuevos escenarios del Liderazgo.

Liderazgo surgido de las crisis del siglo XX

Evaluando la sociedad venezolana actual, e incluso la evolución de la nación a través de las crisis fundamentales del siglo XX (1903, 1928, 1945, 1958, 1992), puede afirmarse que aparte de figuras muy excepcionales (Romulo Betancourt entre ellas), se ha conformado un perfil de liderazgo con más sentido político que económico o técnico en cuanto al crecimiento y desarrollo. Hoy día, ese liderazgo tradicional se encuentra bastante probado y agotado.

Ese perfil de liderazgo que ha resultado de -o ha estado asociado a- las crisis del siglo XX en Venezuela y a los desempeños más frecuentes de sus líderes, se manifiesta en la repetición de los mismos comportamientos o personajes, aunque los resultados y situaciones remitan al agotamiento y ausencia señalada más arriba. A través de las encuestas y análisis realizadas por instituciones dedicadas a la evaluación y manejo de escenarios (Datanalisis, 1997), puede percibirse el vacío y las dificultades que en estos asuntos ha existido en el país. Así, para 1994, Rafael Caldera se había perfilado como una opción frente a la imagen negativa de otros actores (partidos o sindicatos) y la ausencia de alternativas novedosas. El panorama para 1997 y 1998 se presentó con las complicaciones asociadas a la disminución de la popularidad del Presidente Caldera y su gobierno. El año 1999 ha dado entrada al liderazgo traumático del Presidente Chavez con las secuencias y altibajos ya conocidos.

En el escenario democrático que tiene el país (que se percibe es dentro del cual los ciudadanos quieren encontrarle solución a sus problemas), es de resaltar, como positiva, la alta figuración que han venido adquiriendo algunos gobernadores y alcaldes. Pero, de la misma manera, y en sentido contrario, se puede destacar el que la generalidad de los partidos u organizaciones (incluidas las que inician su gobierno en 1999) sigue sin presentar un proyecto de país y, menos aun, uno económico, que pudiese ser, por una parte, referencia significativa para el consenso y la transformación de la nación y, por la otra, para la concepción, surgimiento o fortalecimiento de un nuevo tipo de liderazgo en esta última.

V. El cambio institucional

Instituciones formales e informales

Los elementos que acaban de señalarse, pueden relacionarse con una perspectiva de análisis que se ha entendido como la del Cambio Institucional o de relaciones entre las instituciones y el desempeño económico. Se trata del perfil analítico que ha impulsado el premio Nobel D. North.

Concierne la línea de análisis de North, a la concepción del Cambio Institucional como fundamental para comprender el cambio histórico de las sociedades. Una afirmación básica de este autor se asocia al hecho de que "Las instituciones reducen la incertidumbre por el hecho de que proporcionan una estructura a la vida diaria..."(North, 1993; pg.14). Pero también, ellas pueden ser formales (normas que conciben los seres humanos, por ejemplo) o informales (acuerdos y códigos de conducta, por ejemplo).

Los organismos u organizaciones, por su parte, son los que proporcionan las estructuras para la interacción entre las personas. Entre ellas pueden señalarse las de sentido político (partidos, congreso, por ejemplo), económico (empresas, cooperativas, por ejemplo), social (iglesias, asociaciones de deporte, por ejemplo) y educativo (Universidades, centros vocacionales, por ejemplo).

North insiste en la interacción entre instituciones y organismos como una perspectiva fundamental del Cambio institucional, en la medida en que las primeras se acotan como las normas subyacentes del juego, y las segundas, como agentes del cambio referido. Igualmente, insiste en el hecho de que al corresponder las instituciones a una creación del ser humano, el individuo aparece como el basamento y el interés primario de su perfil teórico.

Los códigos de conducta en el escenario actual

Grosso modo, el período que en la sociedad venezolana va desde 1945 hasta iniciada la década de los setenta (alrededor de tres décadas), puede entenderse como el del acceso de las masas a la sociedad. Mejor participación política, aumento en los niveles de vida, iniciativas organizacionales importantes (estudiantil, laboral, por ejemplo), buena disposición laboral y cívica de los ciudadanos, son factores que, entre otros, permiten afirmar que en ese período se había venido conformando una sociedad para el trabajo y el mejoramiento del bienestar (en tal sentido es falso lo que algunos afirman sobre que se tienen cuarenta años de desastres). En la actualidad de la crisis, varios de esos elementos han desaparecido o se han transformado, y se requiere, aun con la fuerza que siguen teniendo los valores de la paz, la democracia y la homogeneidad cultural, encauzar o redimensionar los hábitos y valores, en la perspectiva de buscar el mejoramiento y el progreso económico para la nación en su conjunto.

La cultura y los valores compartidos en la perspectiva empresarial venezolana

Los asuntos referidos pueden también enfocarse microeconómicamente en la perspectiva empresarial u organizacional. En esta, ha venido adquiriendo creciente relevancia la dimensión de la cultura y los valores compartidos. Debe entenderse la primera como la guía de las decisiones y acciones de los individuos así como la línea unificadora para la materialización de la visión que manejen las empresas, instituciones, organizaciones o agentes del cambio en el sentido de North. De manera más específica aun, y para los fines aquí planteados, puede definirse la cultura como la manera en que se hacen las cosas (ver Joy McFarland y otros, 1996).

En el caso de los llamados valores compartidos, se conciben como los valores para el éxito, en la medida que señalan la manera más adecuada de comportamiento para alcanzar aquél, en cuanto precisan formas de interacción entre los miembros de las empresas e instituciones o la mejor manera de formar parte de equipos cohesionados y productivos.

A continuación se señalan algunos de los valores que se indican más frecuentemente en los ámbitos empresariales e institucionales (Joy McFarland y otros, 1996; pg. 161): Ética e integridad; Comunicación abierta, fluida y honesta; Servicio, excelencia y calidad a largo plazo; Responsabilidad personal; Aprendizaje continuo y desarrollo del conocimiento; Responsabilidad social y comunitaria.

Es indudable que, al cotejar la realidad venezolana en el campo empresarial e institucional con la dimensión y precisión de los valores señalados, surgen grandes interrogantes o pueden plantearse importantes retos que forman, en nuestra opinión, parte significativa de la propia transformación económica.

Conclusiones

En primer lugar, no hay todavía liderazgo empresarial en Venezuela que pueda cumplir el papel de liderazgo del desarrollo que se ha señalado en el trabajo. Las experiencias positivas que en tal sentido hay, no han adquirido aun una dimensión regional o nacional contundente. Las figuras de líderes del desarrollo, que hemos señalado como necesarias, tampoco se observan en la actualidad venezolana.

En segundo lugar, en el campo de las expectativas generacionales no se presenta tampoco claridad en la formulación de expectativas que permitan precisar donde quiere la generación actual que se encuentre el país en el mediano y largo plazo. La figura ajustada y remozada de un líder como R. Betancourt podría ser de referencia tanto en esta perspectiva como en la señalada en el punto anterior. En el caso específico de las expectativas económicas de los ciudadanos, éstas se han venido deteriorando significativamente a través de los años noventa, y los últimos programas económicos no han permitido alterar lo que puede ubicarse como un período de expectativas disminuidas para los venezolanos. Desde finales de 1998 y en lo que va de 1999 se ha venido presentando un fenómeno de conversión de expectativas económicas en políticas, que se ha retroalimentado con el liderazgo traumático del Presidente Chávez.

En tercer lugar, el cambio institucional, aun con todo lo ejecutado en casi tres lustros de Reforma del Estado, sigue siendo todavía terreno de compromisos, con más sentido político e inercial, que técnico y operativo para transformar el País. En el campo estrictamente económico, las aduanas, Ministerios, organizaciones empresariales y también académicas, continúan en dimensiones muy tradicionales y en perspectivas de defensa de sus intereses particulares más que de colaboración con el consenso que varios agentes piensan debe existir en el país.

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