Las dos ConstitucionesLa Asamblea Nacional Constituyente deja atrás, en medio de una gran
incertidumbre, la única Constitución que en toda nuestra historia fue capaz de
convertirnos en una nación moderna. La Constitución del 61, por más improperios que se
quiera levantar contra ella, permitió consolidar un país verdaderamente democrático en
un continente que sufría en aquellos momentos los embates de terribles dictaduras. Esa
constitución garantizó en Venezuela la convivencia civil, la pluralidad, la libertad de
expresión y la protección de los derechos de las minorías, cuando históricamente
estuvimos acostumbrados a discutir a golpes limpios, sin intermediarios, sin el
conocimiento y el uso de la palabra tolerancia. Es un verdadero milagro civilizador el
hecho que nuestra carta magna haya logrado mantenerse por más de 35 años de vida
republicana. Por primera vez en nuestra historia el texto constitucional no era sólo de
papel sino que también tuvo implicaciones reales para la vida de cada uno de los
venezolanos. Las muertes también se celebran con homenajes.
Esperamos que la Constitución que nos disponemos a redactar a partir
del mes de Agosto de este año tenga la mismas bondades ilustradas. Sin embargo, hasta
ahora la realidad política nos señala que esa esperanza es tan sólo un deseo
imaginario. Para que la nueva Constitución produzca resultados lejanamente similares
tienen que ocurrir una serie de cambios importantes en nuestro nuevo sistema político.
Cambios en su mayoría improbables: retirada de las fuerzas armadas de las funciones
civiles, transformación de la idea que la democracia es tan sólo la voluntad de la
mayoría, reconocimiento de la existencia de ese otro país que no necesariamente comulga
con las ideas redentoras y mesiánicas, abandono de políticas populistas para atender los
graves problemas sociales, reconocimiento de la necesidad de proteger la división de
poderes para el mantenimiento de un sistema de libertades, reconocimiento del proceso de
descentralización como uno de los mayores logros democráticos de las últimas décadas
y, sobre todo, diseñar un sistema de libertades y derechos económicos que permitan la
generación de bienestar. Este último factor es vital. No existe ningún sistema
político que haya logrado sostenerse sin crecimiento económico al menos que los
gobiernos estén dispuestos a apelar a la fuerza para controlar el descontento.
Tenemos la esperanza que los que pretenden dominar la Asamblea de forma
legítima por la vía electoral permitan, a pesar de su presencia mayoritaria, que surga
el diálogo democrático. El pueblo venezolano durante cada una de las elecciones
anteriores ha reflejado ese deseo de una forma ejemplar: producir un cambio radical dentro
de un sistema democrático, es decir, un cambio que deje atrás las viejas prácticas
clientelares pero que mantenga un sistema capaz de proteger los derechos políticos de los
ciudadanos y, en especial, de las minorías. El Polo Patriotico ahora tiene que demostrar
que es verdaderamente democrático y que no sólo desea llegar a la Asamblea para
"imponer" un proyecto político. El Polo ahora tiene que ser capaz de diseñar
una Constitución, que para poder llamarse democrática, debe dejar espacio a la
oposición y garantizar la alternancia en el poder. De ocurrir lo contrario la
Constitución del 2000 será reflejo de una simple aspiración personalista. La nueva
constitución no será otra cosa que un efimero adefesio jurídico para proteger los
intereses de una nueva clase política que llega al poder con sed de venganza. Esperamos
que eso no ocurra. Sin embargo, para ello es necesario transformar las emociones que
puedan producirse después del probable triunfo del Polo y aceptar el diálogo y el camino
de la razón. Sólo de esta manera lograremos superar el legado que nos deja la noble
Constitución del 61: "por ahora moribunda". |
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